MEDVIEDENKO: ¿Por qué?. (Reflexivamente). No puedo comprenderlo. Tiene usted buena salud. Su padre, sin llegar a ser rico, es un hombre acomodado. Mi vida es mucho más dura que la suya. No gano más que veintitrés rublos al mes, y de ellos me hacen los correspondientes descuentos. Sin embargo, no me visto de luto. (Se sientan).
MASHA.- El dinero no es lo que me importa. Incluso un pobre puede ser feliz.
MEDVIEDENKO: Eso es en teoría, pero la realidad en la práctica es que sólo contamos mi madre, mis dos hermanas, un hermano pequeño y yo con esos veintitrés rublos. Y todos tenemos que comer y beber, ¿no es cierto?. Y comprar azúcar y té. ¿Y qué me dice del tabaco?. Hay que rebañar y ahorrar..."
"La gaviota", Anton Chêjov.
Llevo una semana infernal. Salgo de casa cuando aún no se ha despertado nadie del barrio y vuelvo- después de mil horas de zulo- cuando todos andan poniéndose las zapatillas de cuadros. Apenas me quedan fuerzas para cenar (he adelgazado dos kilos, cómo no) y tengo la tele rota. It's a motherfucker- que queda requetemejor- porque yo esta semana me empacharía a telebasura, para no pensar. Pero no puedo. Cruzo todas las noches y todas las mañanas la plaza mariagustina (se escribe así, todo junto, la licencia no es mía, sino del imaginario de esta ciudad que lo pronuncia de esta manera), nuestra plaza del quince de mayo local. Y siempre me hago la misma pregunta: por qué siguen aquí. Qué piden ahora (después de las elecciones, quiero decir, por qué no buscan otras vías).Si mi piel fuera un termómetro de mercurio la pobre mariagustina estaría esmaltada en plateado. Mi indignación no da para más. Cada vez que piso esos baldosines compruebo que los acampados de la spanishrevolution han ganado un palmo de espacio. Así, como quien no quiere la cosa, enfrente de la subdelegación del gobierno. Hay plantas, talleres de crochet y ayer comían cuando yo soñaba-medio zombie- con un sándwich y una cama, ensalada de pasta.También hay un par de indignados que juegan a fútbol, un Piqué y un -no sé, pongamos Sergio ramos- de camiseta tirilla, celebrándose la táctica de un extremo a otro del círculo. Dos veces que he cruzado dos veces que casi me sacan un ojo y después se quejan de mi presencia, supongo: "la pija esta..." No añado más que me enciendo.
Lo jodido, lo más jodido, es que no puedo decir que estoy hasta las narices de la democracia real, la spanishrevolution y los indignados sin tener remordimientos. Será porque no he leído yo a Saramago, joer...Parece que decir algo así en voz alta sea...¿subversivo?¿pepero?¿más rancio que José Luis lópez Vázquez en "Mi querida señorita"?
Pues será que yo ya he alcanzado ese punto de hacerme (ham) burguesa (aprovecho el paréntesis para comunicar el disgustazo que me ha dado alemania esta semana...Mira que ha estado feo-feísimo-lo de los pepinos.El otro día escuché por la radio al presidente de los invernaderos de pepinos de no sé dónde y me dieron ganas de ir a la frontera a volcar camiones repletos de trajes de chaqueta como los que usa la Merkel. Germany, cero points. Que lo sepas) o bizarra o sorayasaézdesantamaria, soñando con estar buena, no lo sé.
El caso es que no soy la misma. Y que iba a contar mi conversión a lo bíblico, en plan san Pablo, con caída incluida, pero estoy tan cansada que no puedo (ni sé) literaturizar esto. Pero es un hecho real, de verdad de la buena, que me sucedió hace un par de meses y que explica mi yo actual: una eva abducida o una eva a la que le marean los términos. Para no alargarme más, sintetizo:
Madrugada del viernes uno de abril del año en curso, tras cinco días de fiestas locales en la ciudad y sumando pólvora yo me las piro. Un billete en la maleta. ¿Lo han adivinado? Cómo no, Madrid, alvia de las..¿seis, siete? don't remember. Tres despertadores, ducha rápida, camisetilla de rayas y café por encima. Llamo taxi, san isidro labrador, le mandamos el veintitrés. Me apuro, no me resbalan los botines. Por mi callejón, como en la canción de pedro navaja, una pareja. Perrifláutica ella (delgada, corte de pelo bildu, camiseta de tirantes y sudadera dos tallas más, fumando) chico trabajador él (camisa manga corta de cuadros, vaqueros bolsillos de vaso) tejiendo cenefas con su tonteo. Ella: "que yo no pienso dormir con gente, tío...que yo paso...que quiero estar contigo". Ohhhhhh, parapadeo, romaticismo entre gayatas, oh my goddd. Él: (carraspeo) pues vamos a mi tienda, si quieres, está cerca...(manos en los bolsillos) Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhh...¿tienda de electrodomésticos?¿de colchones? ¿remake de gabino diego cantando a Frank? Me enternezco...
Dificultades en la audición.
Ellos siguen negociando, yo me coloco en el borde de la avenida vacía.
Él:... pues si quieres desayunar le preguntamos a esta (algo se me tuerce; saltan mis dispositivos) si sabe un sitio abierto.
Ella: (tambaleándose, la observo por el rabillo del ojo, se acerca) ...vale...(traga, la avenida más oscura que nunca...
y de repente
me toca en el hombro
de repente
yo me giro
de repente,
de repente
sin ambages,
la "tipa" eructa.
De repente,
no un eructo
sino "el eructo universal"
retumba en los edificios
cierro los ojos
la avenida se quema como una fotografía maldita
y a mí, que soy hipersensible
solo se me ocurre mirarla con distancia británica y decirle
"Eres una cerda".
Manga, dagas voladoras, para qué os quiero
la tipa se indigna, la vena del cuello- hasta entonces un fino mecanismo- se le hincha, se pone roja rojísima, me mira y el que imitaba a Gabino Diego la sujeta.
La tipa: ¿qué has dicho?¿qué has dicho?
Yo he convertido mis labios en cremallera y no pienso abrirlos hasta madrid. Mi silencio clava alfileres en sus plantas de los pies.
La tipa: Pero tío, ¿has visto?¡Esta me ha llamado cerda!!!
Él: ya ...pero es que tú.
Ella que ya no se acuesta con él ni de coña:... pero tío, si era un eructo
Yo, en monólogo cobarde, para mí solita: Ya. Pero comenzó en mi cara y fue mi fukushima, cabrona, que hasta las rayas de la camiseta han desteñío...
Ella, mirándome cada vez más cerca: ...¿¿¿¿Serás machista????
Yo, por dentro, con hiperventilación: ¿Machista???¿Qué tiene que ver???
Un, dos, tres, cuatro, pezuña hacia atrás, cincooooooo...
Yo, en monólogo prudente: ¿Machista yo hijadelgrancabrón de los siete mares? ¡Eso no me lo dices en Themis!!!
Respiramos.
Dos centímetros de madrugada nos separan.
No pasa ningún coche.
Yo miro al más allá de nuestra comunitat.
Ella, afila colmillo.
El chico la coge de la camiseta.
Cristales rotos.
Me tiembla el equipaje.
Ella traga.
Cierro mis fosas nasales esperando lo peor
y de repente, la chica se encoge y como si se transformara, saliendo de un huevo, levanta los brazos y los dispone como un narrador teatral:
ahhh, ya sé...dice...
brazos casi en cruz,
intringulis
ella (papel estelar el suyo): ¡¡¡¡tú te has caído de un helicóptero!!!!
los codos en alto, suspendidos
¿Helicóptero?¿Marciana? me pregunto yo a la japonesa, sin mostrar emoción
aproxima su naricilla hasta mi camiseta
las rayas ahora se difuminan.
Los minutos pasan.
Su mandíbula se tensa.
Mueve las manos, hasta poner vertical las palmas.
Yo, en monólogo cobardica: Jooooo, pierdo el tren seguro.
Opciones:
¿Me muerdo las uñas de los pies y no le contesto o nos liamos a hostias?
Cerca de mi domicilio familiar va a quedar feo. Sigo de sal.
El chico discute con ella, trata de cogerla por la cintura, la chica coge carrerilla y ya viene hacia mí con la mano abierta, en posición y sí... un taxi se detiene a la altura de mis botines.
Milagro.
Abro la puerta con la calma de quien lleva un enorme sombrero. Meto mi maleta, la miro con desdén- y con susto, quién no- y le digo al taxista que salga corriendo, sin acritud, paladeando mi fuga.
La tipa tiene los ojos fuera de las órbitas:
Peperademierrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrdaaaaaaaaaaaaaa!!!!
Aúlla.
Ahí sí que tengo un impulso de "El Vaquilla" y hago ademán de bajarme del taxi, estoy a punto de perder el tren. No es cosa ni del pepé ni del psoe, sino del "demierda" que lo acompaña. Pocas cosas me parecen tan degradantes como esa. El taxista me mira por el retrovisor, sin entender nada. A la estación, le digo viéndome en el juzgado de guardia. Y a los tres metros se detiene en un semáforo, y entonces, de repente
de repente
de repente
sucede
sí
la tipa
alza sus manos lánguidas,
mueve sus brazos borrachos
y finge que vuela
tras el taxi,
bueno no, junto al taxi, en horizontal
pegada a mi ventanilla
mientras tararea con voz ronca
naná, naná, nananananá
(bis)
naná, naná, nananananá
(bis)
Nos alejamos.
Y así fue
como despertaron mi mala fé
y me hicieron la gaviota
una madrugada cualquiera.
Ahora, sí, llamadme Soraya.