martes, 28 de junio de 2011

Cuerno de rinoceronte


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 Retraso de posts (lunes)
Velas flotantes (sábado)
Erizos de mar nadando en platos de duralex (jueves)
Trabajar como cebo en una fiesta sorpresa (martes)
Kikos y cava en el Sabat café (miércoles)
Correos de tristeza (en dias alternos)
Un vestido de alas de mariposa (viernes)
Doblete de 40 cumpleaños (sábado)
"Leonora"(domingo)
Proformas de minutas (miércoles)
Pamelas y tuppers con ensalada de arroz (sábado)
Siesta en sofá-cuna (domingo)
Llamadas perdidas, llamadas bolso, llamadas de atención (sin determinar)
Un volcán de dolor (lunes)
The lovecats (madrugá del fin de semana)
Maleta, medidas de divorcio y Vitoria (hoy que no es hoy)
El color del sujetador de Irma la Dulce, la toquilla de mi madre: así es el verano del 2011.

Conjunto de señales de humo que solo quieren decir que vengo y voy, q en la última semana he vivido más que en doce meses, que la rutina ha echado a correr cuesta abajo y q esta mañana solo me da para ser críptica pero prometo volver antes de que pasen veinte años y contar los entresijos de este huracán de finales de junio que no es nada pero que me ha quitado del estante de los saldos.



jueves, 23 de junio de 2011

Noche de fin de curso

ImageMañana es otro de esos días de felicidad obligada, como nochevieja, san valentín o a nivel más local, el sábado de madalena. En cuanto  se haga de noche la playa de Benicàssim se llenará de gente con bermudas y neveras portátiles. El ayuntamiento repartirá leña y habrá pequeñas fiestecillas alrededor del fuego, cada diez metros. No podrán contarse el número de hogueras pero al dar las doce, las hordas bárbaras- es la única vez que todos al unísono nos disponemos como si fuéramos ejército, ejército al estilo Braveheart, a lo bruto, pero en posición de ataque- correrán hacia el agua para darse el primer baño oficial del verano. Algunos saltarán tres olas y pedirán un deseo: ilusos. Hay veces en que el destino es así de capullo y hasta se cumplen. Suele pasar con esos deseos-trampa de los que luego te arrepientes siete años seguidos y maldices el momento de la noche de San Juan en que le echaste un pulso a los dioses. ¿No querías salir con aquel tipo que te parecía irresistiblemente canalla? Pues venga, guapa, dos tacitas: te compraste piso, le regalaste una nespresso y se enrolló con todas tus amigas. El próximo veinticuatro de junio pide una pandilla nueva y no se te ocurra saltar las brasas que ya has visto cuáno queman.
  Por eso yo no iré. Miento. No iré por otras razones (mi vida social esta semana está siendo tan intensa que parece que viva en el eterno photocall; tres cumpleaños, una cena improvisada en Valencia, kikos y cava en la mesa milagrosa del sabat y aún no hemos llegado al viernes) pero no lo echaré de menos. Me gusta mucho la playa en esta época del año y tengo nostalgia de todas las cenas que no he hecho en plan californiano, con las mejillas tirantes y botellas enterradas en la arena, pero esa noche no es la mía. No resisto las colas de coches agolpándose en la carretera del paseo marítimo, ni la liturgia de las sonrisas de pasta tras el fuego ni los sortilegios de canal nou que más de uno se sabe. A mí, que me estoy volviendo cada día más misántropa, me entretiene pasar esa noche en la terraza, tumbada con una copa de vino blanco o de champán. Tal vez con un gintonic si me da la vena inglesa, pero con poco más: darme un baño largo, derrochando sales, cremas, exfoliantes y otros afeites, estrenar camisón de principios de siglo y después  contemplar los cohetes y las luces a lo lejos, en plan Rapunzel.
 Esa noche se me ocurren muchas cosas. Esa noche divago con banda ancha y suelo hacer listas, planes, mapas de intenciones que luego no llegaré a cumplir, pero que saben a verano. Celebro mi particular fiesta de fin de curso, me pongo a los Beach boys-wouldn't it be nice- saludo al vecino de enfrente al que castigan a fumar al balcón y si nadie me mira, hay años en los que termino algo borracha.
 Alguna vez me he quedado dormida en la tumbona. La copa verde en el suelo, las gatas  en mis pies y los huesos calados. El amanecer desde mi casa tiene toda la paleta de grises y azules, avanza en pequeños estratos según las horas y hay días en los que resulta un espectáculo tan envolvente como ciertos cuadros de Monet. Los amaneceres de verano se merecen que resucite Shakespeare para ser revisitados.
 Por eso, porque nadie me obliga a celebrar la calma hoy dejaré en la nevera una botella de champán, haré un dispendio en el supermercado. Y después que sea lo q venga, pero si amanece y ves que estoy dormida, despiértame por favor, no seas cafre. Así tacho el primer deseo.

ps: Supongo q más de uno se habrá dado cuenta, pero al escribir el post no sabía el día en el que vivíamos. No en el que vivía yo. Estaba convencida de que el solsticio, sanjuan, hogueras etc...era mañana. El comentario de Raúl ha despertado mis sospechas: he perdido una noche. Hoy he quedado para cenar, así que adiós terraca, adiós almibar, adiós patio del diecinueve. Mi primer plan para el verano ya es un fracaso. Empezamos bien...


lunes, 20 de junio de 2011

Barandillas y algún salvavidas de pared.

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Yo no sé si todo el mundo tenemos el mismo caos interior o si hay gente que aprende a dormirlo o que vive con este volcán en silencio. Sé que hay semanas, días en las que todo lo hago sobre el alambre: voy a trabajar con pértiga, cruzo la calle mayor a cuarenta metros del suelo mirando siempre al sur, para que el vértigo no me traicione; atiendo a  los asuntos fijándome mucho en los detalles para no resbalarme y evitar la caída con catástrofe, rompiendo algo que protegen , destrozando un escaparate. Hay días en los que el mundo se convierte en una bola de cristal, de esas de tienda barata de souvenirs. De repente se agita, de repente todo se tambalea. Hasta mi propia habitación, de vez en cuando, se convierte en un trozo de océano y mi cama en un cayuco. En mitad de la noche hay olas de cuatro metros tratando de engullirnos y mis gatas y yo nos agazapamos entre las sábanas conteniendo la respiración, rezamos en voz baja como me enseñaron antes de dormir y esperamos a que amanezca y nuestra playa de azoteas nos reciba con una calma de hoja en blanco, de libreta por estrenar. 
  Pese a los años, hay temporadas en las que el epicentro del terremoto anida entre nuestras costillas y no es la crisis, ni el crack del 29, ni el desasosiego de estar retrasando una tarta que pone cuarenta años con la certeza de que no has cumplido ni uno solo de tus proyectos. No, no se trata de eso sino de la incertidumbre que aún se te agarra al estómago, preguntándote dónde vas a ir, quién quieres ser, quién eres. Las dudas que cantan a coro, como en un musical: "Te equivocas" y el ruido de guillotina de la cerradura de casa, cuando esperas que alguien te reciba con un abrazo. Y el ruido de la caja de seguridad de la cerradura de casa, cuando llegas corriendo y con ganas de darle al boton de "stop" para seguir viviendo pero un poco más despacio.
  Es ese balanceo. Ese rumor en el gazpacho y en la sopa. Esas horas perdidas entre siestas y resacas. Esas llamadas que no haces. O las que haces y no reciben respuesta. Esas palabras que dijiste y que borrarías la mañana posterior. Esa milonga pegajosa que no puedes quitarte ni con el gel exfoliante. Ese exceso de luz que a veces confundes con la bruma.
 Los días así yo solo sé hacer una cosa: escribir. Escribo sin sentido, sin buscar nada, sin miedo a lo q aparezca. Escribo los olores: magnolia, azufre, polvo, viejo. Las canciones a las que me agarro, una y otra vez "Banderas rojas". Las frases que solo tienen sentido para mí:los años hechos de baldosas amarillas, el discreto encanto de los chicos que no bailan...y escribo con cuidado, para que me salga muy buena letra. La caligrafía, los armarios ordenados, el dinero en el banco, cumplir los horarios de trenes, etc. son las barandillas que construyo para seguir andando. También los sitios bonitos en los que he estado y los q aún ni imagino. Cuelgo fotografías de ellos por la casa: desde la nevera, el espejo del baño y la parte trasera de la puerta. 
Y sigo.
Me tropiezo.
Pero sigo andando. Soy una liquidadora en Fukushima.

viernes, 17 de junio de 2011

Tómbola.

Este vídeo es una explicación y una disculpa por el post anterior, muy caótico y en la línea mujercazamariposasenelestómago de la que intento huir, aunque me pese. He tenido una semana de contrastes, de ratos brillantes y mañanas oscuras y de ahí el pastiche anterior. He visto a un señor llorar en un banco pidiendo dinero para comer, un señor con camisa de cuadros pequeños y pensión q se retrasa; he leído de amigos q han perdido el trabajo y de enfermos que siguen peor. Supongo q solo es una semana, unos días difíciles q pronto pasarán, pero hoy me he despertado muy perdida. Y he vomitado mi caos en el blog. Por eso no quería empezar el fin de semana sin desearos suerte en la tómbola. Os mando un abrazo, de luz y de color.

Del azul al amarillo.

ImageNo sé cómo se hace el amarillo. No sé cómo se explica un color a un ciego. No sé qué haría si no pudiera ver. No sé mirarte sin echarme a temblar. No sé temblar sin arrugarme por dentro. No sé qué caos de camisetas mal dobladas y ropa tendida tengo en mi interior. No sé quedarme en mí, sin excusas ni pretextos. No sé Benedetti, no sé Góngora, no sé Neruda (ni sé si me gustas cuando callas) ni Shakespeare. No sé  hacerte un poema. No sé ser tu musa. No sé ser gaviota. Ni eterna, ni canción.
 No sé si peco de pesada. No sé cómo traducir mis sueños al brayle y que me toques y hagamos magia. No sé cómo perder esa palabra: magia. No sé dónde esconderla para que no me mire porque ya estoy coja. No sé susurrar a los caballos. No sé leer entrelíneas ni se me ocurre cómo alguien pudo vivir entre tinieblas. No sé amanecer sin echarte de menos, aunque te parezca poco. Ni sé llegar a tu vida como una ola, ni matar el amor sin usarlo. No sé pasar página sin que se me escape mucho tiempo. Ni sé contaminarte sin mezclarme contigo, conmigo, con todo lo que soy.
 No sé caer de pie. Por no saber, no sé ni dar saltos. No sé convertirme en agua. Solo se enredar todo lo que toco, ser una reina midas de la cochambre. No sé multiplicar panes y peces, ni caminar sobre las aguas. No sé de milagros. No sé nadar y no quiero guardar la ropa. No sé cambiar de programa la lavadora, encender el horno a "y cuarto", arreglar la bomba de la calefacción. No sé seducir con la mirada, jugar con el kit de armas de mujer ni hacerme de rogar  porque no me gustan las historias de plástico.
  No sé vivir así.
  No sé morir de amor.
  Ni sé por qué tengo el alma herida.
  Ni sé por qué debo salir corriendo.
  No sé cerrar las puertas.
No sé desnudarme despacio, ni vestirme deprisa (menos si eres tú quien está delante). No sé hacer un striptease, ni besarte a quemarropa ni follar a vuelapluma. No sé, ni soy.
 Si mantengo la distancia me congelo, si dejo que no se apague la llama me quemo. No sé qué número es el jodido "término medio". No sé cómo quitar las manchas de mora, ni sé qué moras quitan esta sensación.
No sé de trucos ni de trampas.
No sé vender crecepelos en las glorietas.
No sé cambiar una bombilla.
No sé cuánto dura el olor a verbena.
No sé dónde poner el verano.
No sé quién se inventa los chistes.
Ignoro por qué le perdimos el respeto a la risa.
No sé contar los pies a mis gatas.
No sé elegir el vino.
No sé bendecir la mesa.
No sé cambiar los días de color.
No sé quién te escribirá dentro de veinte años. No sé quién me desenredará el pelo.
No sé aantebajocabequiénsegúnsinsobretrasmediante when I'm sixty four.


lunes, 13 de junio de 2011

Mediterracing (trozos de un fin de semana)

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El sábado me maté un poquito. Cuatro o cinco cervezas, un concierto de Josele Santiago que no me dijo nada y las ganas de salir, ver gente , bailar, etc que consiguieron que explotara. Y exploté: a las once el sitio donde cenábamos dio una voltereta. A las doce ya estaba en la cama con el rimel corrido y sientiéndome una cucaracha. El alcohol me asusta: descontrolado saca lo peor del fondo de armario. Ayer me costaba bostezar y las frases se me empachaban de letras. Tuve un momento black out con Miss B en la terraza en la que solo me salían palabras incorrectas (gramaticalmente hablando) si hubiera sido el "Un, Dos, Tres" de las faltas de ortografía yo hubiera ganado el apartamento en Torreblanca sin necesidad de pasar a la subasta. El pescado a la sal, escuchar a Miss B hablando de la poesía de Bernat (Bernat Artola)y la brisa que ponía nuestra vida en peligro en la sobremesa hizo que resucitara. 
 Cayó la tarde y yo seguía en el mismo sitio, amarrada a mi sombrilla nueva. A esas horas vinieron a verme mis padres. Mi madre siguió alimentando la curiosidad por las historias de un Castellón que se ha desvanecido y que culturalmente fue el más brillante. Nos reímos recordando los gritos que le dió mi abuelo al alcalde cuando murió su amigo, Bernat, en Madrid y tenían que trasladar el cuerpo a Castellón: "O lo trae el Ayuntamiento o lo trae Manuel Segarra Ribés" bramaba. Su enfado con eco por el pasillo.
  Después me quedé sola y me puse a ver el documental de Jacques Leonard ("El payo chac") y pensé cuántas veces la vida nos hace dar una voltereta y cuántas veces, al salir del ejercicio en las paralelas, caemos en nuestro sitio.

jueves, 9 de junio de 2011

Júrate

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Hay semanas así: ausentes. Son sacos de días en los que me separa de todo lo que me rodea una parafina que aisla los ruídos (hasta la flauta que no cesa, qué cruz, del que se pone a tocar todos los días a todas horas la misma canción debajo de mi ventana del despacho) las grandes ocasiones, o las primeras fiestas del verano. 
Hay temporadas en las que me disfrazo de astronauta, aunque  lleve un outfit veraniego (no, no pienso decir dónde me compré los zapatos ni lo maravillosas que son las camisetas vintage de aquella tienda o en qué centro comercial me reviento a tortitas de jengibre,no, porque revisando mi armario me he dado cuenta de que mi ropa tiene cosida una historia y que no, no son las marcas lo que me atan a los vestidos, sino los nombres, los lugares, los tiempos...) y así me enredo en escuchas telefónicas. Sustituyo las disquisiciones de Marías por literatura de la guardia civil- más americana, más directa- para abogadas, como yo, de troche y moche, del grupo que bordeamos la sombra del paro.
 Hay ratos también, en los que solo me fijo en los gestos pequeños y son estos los que me reconfortan: cómo barren las aceras las señoras del raval, cómo imitan a las cuatro amigas de Sexo en Nueva York las viudas que se reúnen los miércoles en el callejón de la judería (ayer, con una copa de champán en la mano, y la coleta trufada de canas hablaban de pollas insaciables. Tuve que ir dos veces al baño para confirmar la noticia y sí, me fuí a casa contenta, no debo preocuparme: se puede ser una adolescente con la tarjeta dorada de renfe), cómo va saliendo el sol después de este castigo de lluvias.
   Meses de zulo espacial que anuncian un verano entre asteroides.
En off corren rumores de citas y conciertos.
Tengo que volver al gimnasio, júrome.

ps: Me preocupa más quién me quita la ropa que quién me la vende. Soy adicta a la cata de patatas matutano: las de sabor cheeseburger son heroína en vena. Alejaos de ellas. Hablando de papas y adicciones, Miss B anda con su nuevo blog: gourmets de extrarradio. Y de paso, este fin de semana fiesta en el Downtown, concierto de Josele Santiago. Ayer cogí las entradas. Voy a echar de menos a Inu y a los chicos, en el aniversario de Nomepierdoniuna. ¿Alguien podría teletransportarme a Cádiz?

lunes, 6 de junio de 2011

Y no aniversari




Y aunque no lo entiendas ayer me pasé todo el día escuchando esta canción, una y otra vez, mientras arreglaba los armarios y me deshacía de los bikinis que transparentan, las zapatillas que han perdido el color, las camisetas que llevaban algún lazo, los vestidos que ya no se levantan en las trampillas del aire acondicionado.
Y daba vueltas este último disco de Manel mientras yo pensaba en aquel Fele Martínez tan dulce en "El amante menguante " y en el superhéroe con bambas a reacción que dibujó Alyona para Love of Lesbian, con gafas de Alfredo Amestoy y bambas pop que nosotros desgastamos en nuestros correos.
Y recordaba un post que escribí hace dos años- "Pruebas de mosquito"- en la Buena Vida, mientras devoraba un libro de cuentos de Miranda July, "Nadie es más de aquí que tú" entre sorbos de vino blanco.
Y así, mezclando recuerdos, me la aprendí. Al final supe que era la forma más dulce de asumir que  nos (sobre) pasan los años.




Ps: Ya tengo mi entrada para ir a verlos. Será en Morella, este verano. 


sábado, 4 de junio de 2011

La rubia de la curva (paréntesis).




Ayer Miss B. colgó este vídeo en mi muro, a propósito del anuncio de Estrella, hablando de Herman Düne. No pude verlo durante todo el día porque me faltó tiempo y sueño (llevo una semana dando vueltas por el techo de casa) y hoy, que se supone un día más tranquilo, me he pasado la mañana con mis sobrinos arreglando la terraza (ya, ya casi está, pero con estas lluvias tropicales no hay tiempo para nada. Prometo brunch, tortillas de patata con mojama, bombillas de colores, partidas de parchís y vermús con sombrilla en cuanto se organice el clima) y solo he sacado en claro dos ideas:
- Que la palabra favorita de Mar (6 años) es "Casanova", porque abre mucho la boca al decirlo y además es un chico que liga mucho y le parece graciosísimo.
- Que Juan (4 años) duda mucho de la existencia del número 66, porque bastante le ha costado aprenderse hasta el 39 (mi edad) y le parece una putada (bueno, no lo describe así, pero la cara de hartazgo es la misma) que nos hagan contar hasta tan lejos. Además, ¿alguien sabe el nombre artístico del 66? ¿A que no lo sabe nadie? Si al 22- esto sí que  es cosecha suya- le llaman "los dos patitos" y al 44 le tendrían que llamar "las dos sillas" (porque él ve inminente esa entrada en el Panhispánico), si el 66 fuera real- real de judias y acelgas, por cansino- tendría un nombre escrito con bombillas. Y él no sabe nada de eso y su familia tampoco. Así que del número del diablo no hemos ni hablado (pá qué).
Después de comer: jaqueca. O estoy en el techo o me caigo redonda sobre el sofá, digo yo...¿No podría haber un término medio? Para superarla enciendo la televisión (por fin, era solo cuestión de ruleta rusa con los enchufes y las antenas) no me puedo dormir por sobredosis de Rocio&Ortega Cano (aunque yo siempre haya reivindicado "Like a wave" como hit) así que no ha sido hasta después del atardecer con nubes e ibuprofeno que he podido ver el vídeo.
El vídeo (o la fábula de la rubia de la curva, que no llegó a nada con el conductor por llevar mal las mechas y ser un arquetipo, además de una leyenda urbana de los setenta):
Hay vida y hay Herman Düne después del anuncio de Estrella ( Atracos de farmacia a Miss B: el anuncio de estrella y el suyo que a mí, como siempre, Una de anuncios, me encantaría q fuera propio ) y para los raros como yo a los que los veranos suelen pasar de largo, también. 
No sé vosotros, pero yo, respiro con alivio. No es necesario ser rubia, tener el culo de una brasileña de diecisiete ni salir todas-todas las noches del verano para que te pasen cosas increíbles. Si eres un monstruo y te pintas los ojos de azul quién sabe, tal vez Dondraper te recoja en cualquier carretera y te invite a un concierto.(Habrá bombillas de colores, piruletas y podrás dormirte en el asiento del copiloto) Ojo, ni te gritará la Coixte ni te hará un par de huevos fritos el Bulli, ni viajarás con amapolas. Pero tus pies no tocaran el suelo del coche y no pasará nada. No te exigiran ser brillante y talentoso, ponerte un bigote de Dalí en Figueres ni guardar la compostura cuando tu novio babee con Elena Anaya. No. Nada de eso.
Porque una vez que sueñas, una vez que eres la guionista y te decides por apostar por la justicia poética si quieres un remake, que sea un guiño tan bonito como el de subirse al árbol como Audrey Hepburn en Sabrina.
Ayyy, las noches de los sábados....

(Miss B : Le Faux Manifeste, cueva de Ali Babá).

miércoles, 1 de junio de 2011

La gaviota: post-revolución.

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"MEDVIEDENKO: ¿Por qué va usted siempre vestida de negro?

MASHA: Llevo luto por mi vida. Soy muy desgraciada.

MEDVIEDENKO: ¿Por qué?. (Reflexivamente). No puedo comprenderlo. Tiene usted buena salud. Su padre, sin llegar a ser rico, es un hombre acomodado. Mi vida es mucho más dura que la suya. No gano más que veintitrés rublos al mes, y de ellos me hacen los correspondientes descuentos. Sin embargo, no me visto de luto. (Se sientan).

MASHA.- El dinero no es lo que me importa. Incluso un pobre puede ser feliz.




MEDVIEDENKO: Eso es en teoría, pero la realidad en la práctica es que sólo contamos mi madre, mis dos hermanas, un hermano pequeño y yo con esos veintitrés rublos. Y todos tenemos que comer y beber, ¿no es cierto?. Y comprar azúcar y té. ¿Y qué me dice del tabaco?. Hay que rebañar y ahorrar..."

"La gaviota", Anton Chêjov.


Llevo una semana infernal. Salgo de casa cuando aún no se ha despertado nadie del barrio y vuelvo- después de mil horas de zulo- cuando todos andan poniéndose las zapatillas de cuadros. Apenas me quedan fuerzas para cenar (he adelgazado dos kilos, cómo no) y tengo la tele rota. It's a motherfucker- que queda requetemejor- porque yo esta semana me empacharía a telebasura, para no pensar. Pero no puedo. Cruzo todas las noches y todas las mañanas la plaza mariagustina (se escribe así, todo junto, la licencia no es mía, sino del imaginario de esta ciudad que lo pronuncia de esta manera), nuestra plaza  del quince de mayo local. Y siempre me hago la misma pregunta: por qué siguen aquí. Qué piden ahora (después de las elecciones, quiero decir, por qué no buscan otras vías).Si mi piel fuera un termómetro de mercurio la pobre mariagustina estaría esmaltada en plateado. Mi indignación no da para más. Cada vez que piso esos baldosines compruebo que los acampados de la spanishrevolution han ganado un palmo de espacio. Así, como quien no quiere la cosa, enfrente de la subdelegación del gobierno. Hay plantas, talleres de crochet y ayer comían cuando yo soñaba-medio zombie- con un sándwich y una cama, ensalada de pasta.También hay un par de indignados que juegan a fútbol, un Piqué y un -no sé, pongamos Sergio ramos- de camiseta tirilla, celebrándose la táctica de un extremo a otro del círculo. Dos veces que he cruzado dos veces que casi me sacan un ojo y después se quejan de mi presencia, supongo: "la pija esta..." No añado más que me enciendo.
Lo jodido, lo más jodido, es que no puedo decir que estoy hasta las narices de la democracia real, la spanishrevolution y los indignados sin tener remordimientos. Será porque no he leído yo a Saramago, joer...Parece que decir algo así en voz alta sea...¿subversivo?¿pepero?¿más rancio que José Luis lópez Vázquez en "Mi querida señorita"? 
Pues será que yo ya he alcanzado ese punto de hacerme (ham) burguesa (aprovecho el paréntesis para comunicar el disgustazo que me ha dado alemania esta semana...Mira que ha estado feo-feísimo-lo de los pepinos.El otro día escuché por la radio al presidente de los invernaderos de pepinos de no sé dónde y me dieron ganas de ir a la frontera a volcar camiones repletos de trajes de chaqueta como los que usa la Merkel. Germany, cero points. Que lo sepas) o bizarra o sorayasaézdesantamaria, soñando con estar buena, no lo sé.
El caso es que no soy la misma. Y que iba a contar mi conversión a lo bíblico, en plan san Pablo, con caída incluida, pero estoy tan cansada que no puedo (ni sé) literaturizar esto. Pero es un hecho real, de verdad de la buena, que me sucedió hace un par de meses y que explica mi yo actual: una eva abducida o una eva a la que le marean los términos. Para no alargarme más, sintetizo:
 Madrugada del viernes uno de abril del año en curso, tras cinco días de fiestas locales en la ciudad y sumando pólvora yo me las piro. Un billete en la maleta. ¿Lo han adivinado? Cómo no, Madrid, alvia de las..¿seis, siete? don't remember. Tres despertadores, ducha rápida, camisetilla de rayas y café por encima. Llamo taxi, san isidro labrador, le mandamos el veintitrés. Me apuro, no me resbalan los botines. Por mi callejón, como en la canción de pedro navaja, una pareja. Perrifláutica ella (delgada, corte de pelo bildu, camiseta de tirantes y sudadera dos tallas más, fumando) chico trabajador él (camisa manga corta de cuadros, vaqueros bolsillos de vaso) tejiendo cenefas con su tonteo. Ella: "que yo no pienso dormir con gente, tío...que yo paso...que quiero estar contigo". Ohhhhhh, parapadeo, romaticismo entre gayatas, oh my goddd. Él:  (carraspeo) pues vamos a mi tienda, si quieres, está cerca...(manos en los bolsillos) Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhh...¿tienda de electrodomésticos?¿de colchones? ¿remake de gabino diego cantando a Frank? Me enternezco...
Dificultades en la audición.
Ellos siguen negociando, yo me coloco en el borde de la avenida vacía. 
Él:... pues si quieres desayunar le preguntamos a esta (algo se me tuerce; saltan mis dispositivos) si sabe un sitio abierto.
Ella: (tambaleándose, la observo por el rabillo del ojo, se acerca) ...vale...(traga, la avenida más oscura que nunca...
y de repente
me toca en el hombro
de repente
yo me giro
de repente,
de repente
sin ambages,
la "tipa" eructa.
De repente,
no un eructo
sino "el eructo universal"
retumba en los edificios
cierro los ojos
la avenida se quema como una fotografía maldita
y a mí, que soy hipersensible
solo se me ocurre mirarla con distancia británica y decirle
"Eres una cerda".
Manga, dagas voladoras, para qué os quiero
la tipa se indigna, la vena del cuello- hasta entonces un fino mecanismo- se le hincha, se pone roja rojísima, me mira y el que imitaba a Gabino Diego la sujeta.
La tipa: ¿qué has dicho?¿qué has dicho?
Yo he convertido mis labios en cremallera y no pienso abrirlos hasta madrid. Mi silencio clava alfileres en sus plantas de los pies.
La tipa: Pero tío, ¿has visto?¡Esta me ha llamado cerda!!!
Él: ya ...pero es que tú.
Ella que ya no se acuesta con él ni de coña:... pero tío, si era un eructo
Yo, en monólogo cobarde, para mí solita: Ya. Pero comenzó en mi cara y fue mi fukushima, cabrona, que hasta las rayas de la camiseta han desteñío...
Ella, mirándome cada vez más cerca: ...¿¿¿¿Serás machista????
Yo, por dentro, con hiperventilación: ¿Machista???¿Qué tiene que ver???
Un, dos, tres, cuatro, pezuña hacia atrás, cincooooooo...
Yo, en monólogo prudente: ¿Machista yo hijadelgrancabrón de los siete mares? ¡Eso no me lo dices en Themis!!!
Respiramos.
Dos centímetros de madrugada nos separan.
No pasa ningún coche.
Yo miro al más allá de nuestra comunitat.
Ella, afila colmillo.
El chico la coge de la camiseta.
Cristales rotos.
Me tiembla el equipaje.
Ella traga.
Cierro mis fosas nasales esperando lo peor
y de repente, la chica se encoge y como si se transformara, saliendo de un huevo, levanta los brazos y los dispone como un narrador teatral:
 ahhh, ya sé...dice...
brazos casi en cruz,








intringulis






ella (papel estelar el suyo): ¡¡¡¡tú te has caído de un helicóptero!!!!
los codos en alto,  suspendidos
¿Helicóptero?¿Marciana? me pregunto yo a la japonesa, sin mostrar emoción 
aproxima su naricilla hasta mi camiseta
las rayas  ahora  se difuminan.
Los minutos pasan.
Su mandíbula se tensa.
Mueve las manos, hasta poner vertical las palmas.
Yo, en monólogo cobardica: Jooooo, pierdo el tren seguro.
Opciones:
¿Me muerdo las uñas de los pies y no le contesto o nos liamos a hostias?
Cerca de mi domicilio familiar va a quedar feo. Sigo de sal.
El chico discute con ella, trata de cogerla por la cintura, la chica coge carrerilla  y ya viene hacia mí con la mano abierta, en posición y sí... un taxi se detiene a la altura de mis botines. 
Milagro.
Abro la puerta con la calma de quien lleva un enorme sombrero. Meto mi maleta, la miro con desdén- y con susto, quién no- y le digo al taxista que salga corriendo, sin acritud, paladeando mi fuga.
La tipa tiene los ojos fuera de las órbitas:


Peperademierrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrdaaaaaaaaaaaaaa!!!!
Aúlla. 


Ahí sí que tengo un impulso de "El Vaquilla" y hago ademán de bajarme del taxi, estoy a punto de perder el tren. No es cosa ni del pepé ni del psoe, sino del "demierda" que lo acompaña. Pocas cosas me parecen tan degradantes como esa. El taxista me mira por el retrovisor, sin entender nada. A la estación, le digo viéndome en el juzgado de guardia. Y a los tres metros se detiene en un semáforo, y entonces, de repente
de repente
de repente
sucede

la tipa
alza sus manos lánguidas,
mueve sus brazos borrachos 
y finge que vuela
tras el taxi, 
bueno no, junto al taxi, en horizontal
pegada a mi ventanilla
mientras tararea con voz ronca
naná, naná, nananananá
(bis)
naná, naná, nananananá
(bis)
Nos alejamos.
Y así fue
como despertaron mi mala fé
y me hicieron la gaviota
una madrugada cualquiera.
Ahora, sí, llamadme Soraya.