" Como no podía dormir, Anitram llamó a su padre monstruo y le explicó por primera vez sus miedos.
- Escucho a esa niña ruidosa pero no sé cómo es.¿Y si fuera increíblemente grande, como tú? ¿Qué podría hacer?
- Llamarme- le contestó su padre- Escucha. Yo mataré miedos por ti. ¿Sabes? El miedo es elástico, como un chicle. Se hace pequeño hasta desaparecer, cuando tú te creces.
Y en aquel momento, Anitram notó que había crecido por dentro"
"Yo mataré monstruos por ti", Santi Balmes.
Ayer la noticia era la dimisión de Juan Luis Gómez Colomer, vicerrector de la UJI, catedrático- además- de Derecho Procesal, después de haber denunciado a un colega de la propia universidad por maltrato psicológico y acoso laboral hacia su hija, estudiante y colaboradora de un máster.
Juan Luis Gómez Colomer es uno de los profesores más reconocidos de la Universitat Jaume I. Yo, que no estudié aquí, tuve la suerte de conocerle en los cursos de doctorado y después he asistido a las múltiples conferencias que ha impartido tanto en el Colegio de Abogados de Castellón como en la Universidad. Como profesor me pareció brillante, exigente y preocupado por sus alumnos. Como investigador y teórico, sus textos siempre han sido una referencia: es rápido, domina como nadie el derecho Público y defiende una idea de justicia y garantías con la que no todo el mundo tiene tanto compromiso, porque la utopía parece que sea sinónimo de renuncias.
Desde mi escasa relación lo tengo por un hombre íntegro y honesto. Por eso ayer, la noticia fue una sacudida violenta. Un golpe en el estómago para cualquiera que, como yo- no me oculto- le admire.
No conozco el caso ni sé de la otra parte, así que no voy a añadir más porque no quiero prejuzgar por el mero hecho de llenar la hora del desayuno. Al contrario, espero que la justicia en este caso sea real y efectiva, como siempre debería serlo y por respeto a la justicia, precisamente, me reservo mi opinión.
Pero sí que quiero recoger el artículo que el martes- dos días antes de conocerse la noticia- el catedrático publicaba en el periódico El Mundo sobre el maltrato. Entonces, cuando no sabíamos nada sobre el fondo del asunto, ya me impresionaron sus palabras por acertadas y valientes. Tanto es así, que lo guardé para no olvidarlas en el despacho. Sé que algunos no se lo creerán, pero cuesta mucho- mucho- defender unos ideales sin miedo y decir ciertas cosas a veces resulta poco popular.
Sin embargo hay que intentarlo, hay que luchar cada semana, nos guste o no y muchos lo hacemos, lo intentamos siempre, aunque haya personas que opinen que la justicia queda muy distante de la toga nuestra de cada día.
Os dejo con el artículo de Juan Luis Gómez Colomer:
"Maltratos y acosos silentes.
Dicen que los peores tumores son los silentes, aquellos que van carcomiendo el cuerpo humano silenciosamente, de manera tal que cuando son descubiertos ya no hay nada que hacer. El maltrato silente es como esa firma de desarrollarse un cáncer, pues para la mujer maltratada que no denuncia, cuando es descubierto el hecho, es ya tarde. Y hay demasiados casos en nuestra sociedad para que nadie haga nada.
No es tan fácil sin embargo exigir a la mujer maltratada, física o psíquicamente, o acosada laboralmente en cualquier forma (que al final del viaje es lo mismo), que si es mayor de edad, lo que suele ser el caso, denuncie para acabar con la situación.Las leyes suelen exigir, tanto las penales y procesales, como las laborales y disciplinarias, pero quienes las han redactado o no conocen la realidad, o ignoran las enormes dificultades que esa exigencia conlleva.
Primero, porque el maltratador o acosador varón sueles ser una persona inteligente, o al menos él se lo cree, con cierto poder, de vida personal y familiar generalmente muy difícil, tremendamente ególatra, creedor de que es el mejor y que merece todos los premios del mundo. Cree que por su condición de jefe puede hacer lo que quiera con las mujeres que son parte de su equipo, a cualquier nivel. En realidad eses varón, que cuando se le pone de manifiesto el hecho suele aparentar sorpresa y pone cara de niño bueno es un ser monstruoso, pura basura. Pero lo cierto es que a la mujer que lo sufre suele cohibir mucho esta situación de prevalencia, sobretodo si es joven y depende laboralmente de él.
Segundo, porque la preocupación inmediata de la mujer y de su entorno familiar no es la denuncia , sino la salud mental, lo que hace a veces que se retrase demasiado la decisión de denunciar, y cuando llega el momento en que afortunadamente la mujer o está mejor o se ha curado, piensa que ya no vale la pena (el efecto calmante-suavizante del paso del tiempo). A veces en ese plazo se ha encontrado otro trabajo o una vía de escape satisfactoria, y la víctima se conforma con ello, prefiriendo "olvidar" el hecho y su situación anterior, aunque sepa con seguridad que va a ser imposible dejar de pensar en tamaña afrenta durante todos y cada uno de los restos de años que le queden de vida.
Tercero, por la gran dificultad de conseguir una prueba de cargo fiable generalmente, porque el varón suele acosar y maltratar sindejar testigos ni huellas , y si hay testigos éstos o se niegan a declarar, porque en general dependen laboralmente del maltratador, porque en general dependen laboralmente del maltratador, o declaran que no fue para tanto y que la víctima es una exagerada o ha malentendido la situación.
Finalmente porque nadie de los de arriba quiere problemas ajenos y hay una clara tendencia a que el tema acabe cuanto antes, generalmente mal para la mujer, y a mirar para otro ladi, o a que se tapem lo cual es mucho peor, de modo tal que quien debería no entra en el fondo del asunto, que no es otro que acabar con el maltrato o acoso y posibilitar el castigo del maltratador-acosador. Con ello sóolo gana el varón " presunto" delincuente, que consigue salir del problema de rositas, sin consecuencia alguna negativa para él y con vía libre para recibir a la próxima víctima.
Quienes ya lo han sufrido quizás no tengan remedio pero yo escribo esto para las mujeres que lo sufran en el futuropara ayudarle s y que sepan que siempre va a haber alguien a su lado dispuesto a todo, aunque sea hombre para que no hay más maltratos ni acosos silentes.
Propongo por ello que se introduzcan reformas legales que faciliten la persecución penal, laboral o administrativa del hecho, pues aunque en lo penal estamos ante un delito público que puede ser denunciado por cualquiera, lo cierto es que en la realidad no ocurre así. sería deseable por ello que esas reformas permitieran dejar a la mujer un poco al margen en los inicios del procedimiento, cobrando más importancia la actitud y valoración del cónyuge o compañero, de los padres, de los hermanos o de los familiares más cercanos, mayores de edad, independientemente de la voluntad de la mujer maltratada o acosada cuando fuese exigible; y que se garantizase objetivamente mcucho mejor que hoy que cualquier represalia por parte del maltratador será castigada con pena de cárcel, y que laboralmente, con condena firme, el maltratador-acosador sea despedido sin derecho a indemnización alguna, o expulsado del cuerpo de funcionarios con prohibición expresa de poder reingresar en la administración de por vida.
Parece muy difícil hoy que sea posible la rehabilitación del matratador, mis estudios en materia de violencia de género apoyan esta opinión. Por eso, si alguien cree que es una propuesta demasiado dura, que piense que a la mujer maltratada o acosada, el hecho sufrido le marcará negativamente y lo llevará en su mente y en su corazón de por vida. Es probable que visto así, la gente honrada y decente, la inmensa mayoría afortunadamente, la considere incluso demasiado blanda."
Ayer la noticia era la dimisión de Juan Luis Gómez Colomer, vicerrector de la UJI, catedrático- además- de Derecho Procesal, después de haber denunciado a un colega de la propia universidad por maltrato psicológico y acoso laboral hacia su hija, estudiante y colaboradora de un máster.
Juan Luis Gómez Colomer es uno de los profesores más reconocidos de la Universitat Jaume I. Yo, que no estudié aquí, tuve la suerte de conocerle en los cursos de doctorado y después he asistido a las múltiples conferencias que ha impartido tanto en el Colegio de Abogados de Castellón como en la Universidad. Como profesor me pareció brillante, exigente y preocupado por sus alumnos. Como investigador y teórico, sus textos siempre han sido una referencia: es rápido, domina como nadie el derecho Público y defiende una idea de justicia y garantías con la que no todo el mundo tiene tanto compromiso, porque la utopía parece que sea sinónimo de renuncias.
Desde mi escasa relación lo tengo por un hombre íntegro y honesto. Por eso ayer, la noticia fue una sacudida violenta. Un golpe en el estómago para cualquiera que, como yo- no me oculto- le admire.
No conozco el caso ni sé de la otra parte, así que no voy a añadir más porque no quiero prejuzgar por el mero hecho de llenar la hora del desayuno. Al contrario, espero que la justicia en este caso sea real y efectiva, como siempre debería serlo y por respeto a la justicia, precisamente, me reservo mi opinión.
Pero sí que quiero recoger el artículo que el martes- dos días antes de conocerse la noticia- el catedrático publicaba en el periódico El Mundo sobre el maltrato. Entonces, cuando no sabíamos nada sobre el fondo del asunto, ya me impresionaron sus palabras por acertadas y valientes. Tanto es así, que lo guardé para no olvidarlas en el despacho. Sé que algunos no se lo creerán, pero cuesta mucho- mucho- defender unos ideales sin miedo y decir ciertas cosas a veces resulta poco popular.
Sin embargo hay que intentarlo, hay que luchar cada semana, nos guste o no y muchos lo hacemos, lo intentamos siempre, aunque haya personas que opinen que la justicia queda muy distante de la toga nuestra de cada día.
Os dejo con el artículo de Juan Luis Gómez Colomer:
"Maltratos y acosos silentes.
Dicen que los peores tumores son los silentes, aquellos que van carcomiendo el cuerpo humano silenciosamente, de manera tal que cuando son descubiertos ya no hay nada que hacer. El maltrato silente es como esa firma de desarrollarse un cáncer, pues para la mujer maltratada que no denuncia, cuando es descubierto el hecho, es ya tarde. Y hay demasiados casos en nuestra sociedad para que nadie haga nada.
No es tan fácil sin embargo exigir a la mujer maltratada, física o psíquicamente, o acosada laboralmente en cualquier forma (que al final del viaje es lo mismo), que si es mayor de edad, lo que suele ser el caso, denuncie para acabar con la situación.Las leyes suelen exigir, tanto las penales y procesales, como las laborales y disciplinarias, pero quienes las han redactado o no conocen la realidad, o ignoran las enormes dificultades que esa exigencia conlleva.
Primero, porque el maltratador o acosador varón sueles ser una persona inteligente, o al menos él se lo cree, con cierto poder, de vida personal y familiar generalmente muy difícil, tremendamente ególatra, creedor de que es el mejor y que merece todos los premios del mundo. Cree que por su condición de jefe puede hacer lo que quiera con las mujeres que son parte de su equipo, a cualquier nivel. En realidad eses varón, que cuando se le pone de manifiesto el hecho suele aparentar sorpresa y pone cara de niño bueno es un ser monstruoso, pura basura. Pero lo cierto es que a la mujer que lo sufre suele cohibir mucho esta situación de prevalencia, sobretodo si es joven y depende laboralmente de él.
Segundo, porque la preocupación inmediata de la mujer y de su entorno familiar no es la denuncia , sino la salud mental, lo que hace a veces que se retrase demasiado la decisión de denunciar, y cuando llega el momento en que afortunadamente la mujer o está mejor o se ha curado, piensa que ya no vale la pena (el efecto calmante-suavizante del paso del tiempo). A veces en ese plazo se ha encontrado otro trabajo o una vía de escape satisfactoria, y la víctima se conforma con ello, prefiriendo "olvidar" el hecho y su situación anterior, aunque sepa con seguridad que va a ser imposible dejar de pensar en tamaña afrenta durante todos y cada uno de los restos de años que le queden de vida.
Tercero, por la gran dificultad de conseguir una prueba de cargo fiable generalmente, porque el varón suele acosar y maltratar sindejar testigos ni huellas , y si hay testigos éstos o se niegan a declarar, porque en general dependen laboralmente del maltratador, porque en general dependen laboralmente del maltratador, o declaran que no fue para tanto y que la víctima es una exagerada o ha malentendido la situación.
Finalmente porque nadie de los de arriba quiere problemas ajenos y hay una clara tendencia a que el tema acabe cuanto antes, generalmente mal para la mujer, y a mirar para otro ladi, o a que se tapem lo cual es mucho peor, de modo tal que quien debería no entra en el fondo del asunto, que no es otro que acabar con el maltrato o acoso y posibilitar el castigo del maltratador-acosador. Con ello sóolo gana el varón " presunto" delincuente, que consigue salir del problema de rositas, sin consecuencia alguna negativa para él y con vía libre para recibir a la próxima víctima.
Quienes ya lo han sufrido quizás no tengan remedio pero yo escribo esto para las mujeres que lo sufran en el futuropara ayudarle s y que sepan que siempre va a haber alguien a su lado dispuesto a todo, aunque sea hombre para que no hay más maltratos ni acosos silentes.
Propongo por ello que se introduzcan reformas legales que faciliten la persecución penal, laboral o administrativa del hecho, pues aunque en lo penal estamos ante un delito público que puede ser denunciado por cualquiera, lo cierto es que en la realidad no ocurre así. sería deseable por ello que esas reformas permitieran dejar a la mujer un poco al margen en los inicios del procedimiento, cobrando más importancia la actitud y valoración del cónyuge o compañero, de los padres, de los hermanos o de los familiares más cercanos, mayores de edad, independientemente de la voluntad de la mujer maltratada o acosada cuando fuese exigible; y que se garantizase objetivamente mcucho mejor que hoy que cualquier represalia por parte del maltratador será castigada con pena de cárcel, y que laboralmente, con condena firme, el maltratador-acosador sea despedido sin derecho a indemnización alguna, o expulsado del cuerpo de funcionarios con prohibición expresa de poder reingresar en la administración de por vida.
Parece muy difícil hoy que sea posible la rehabilitación del matratador, mis estudios en materia de violencia de género apoyan esta opinión. Por eso, si alguien cree que es una propuesta demasiado dura, que piense que a la mujer maltratada o acosada, el hecho sufrido le marcará negativamente y lo llevará en su mente y en su corazón de por vida. Es probable que visto así, la gente honrada y decente, la inmensa mayoría afortunadamente, la considere incluso demasiado blanda."



