"Y, sin embargo, me alegro de haber nacido, y, aunque la vida que llevamos los hombres en el planeta Tierra sea (para unos más que para otros) loca, entendí muy pronto que no iba a disponer de otra y que lo mejor sería devorar esta con glotonería, ávida de todos sus sabores, de todo cuanto pudiera ofrecerme, que ha sido mucho. A veces siento tentaciones de sumar mi voz a la de Violeta Parra, pero me da corte dirigirme en esos tonos de loa y gratitud a una señora, la vida, que no me han presentado. Si, cosa que no creo, soy consciente en el momento de mi muerte de que me estoy muriendo, me reconfortará pensar que nada me he perdido por prudencia y pereza, que le he arrancado a bocados a la vida- a las buenas o a las malas, y algunas veces a un precio exorbitante, por eso me siento exonerada de darle las gracias- cuanto ha puesto a mi alcance"
"Confesiones de una vieja dama indigna",
Esther Tusquets
Ayer en el obituario del facebook se propagaba la noticia de la muerte de Esther Tusquets. A mí, que con los años se me ha quitado cualquier vena groupie en lo que a literatura se refiere, se me quedó la boca seca, un sentimiento de orfandad inconfesable y me empezaron a venir a la mente frases, citas, sensaciones vividas al abrigo de las novelas de esta dama. Hoy apenas he dormido- por la proximidad de los finales, que no se me dan nada bien, y ya estamos en julio, tiempo de descuento- y en mitad del insomnio me he puesto a buscar sus libros en la estantería. No he parado hasta dar con "El mismo mar de todos los veranos" al que ya casi se le caen las tapas de tanto roce. En la segunda página he encontrado su letra microscópica, de escritora escondida. Me he acordado de la tarde que le pregunté por qué Wendy (la novela arranca con esa cita de John Barrie, "Y Wendy creció") y me dió la respuesta más sencilla y fulminante del mundo: Porque creció. Casi me he puesto a temblar.
Ya sé que los periódicos hoy glosaban a Uribarri (nada que objetar) pero a mí me sigue pesando la Tusquets. Ojalá el cariño que regalaba convertido en hormigas en su dedicatoria se transforme en un trocito de herencia. Que no nos abandone nunca su glotonería ni su indignidad deslenguada.
Que ella y la otra señora de la literatura española, Carmen Martín Gaite, con su boina, nos protejan.
Ya sé que los periódicos hoy glosaban a Uribarri (nada que objetar) pero a mí me sigue pesando la Tusquets. Ojalá el cariño que regalaba convertido en hormigas en su dedicatoria se transforme en un trocito de herencia. Que no nos abandone nunca su glotonería ni su indignidad deslenguada.
Que ella y la otra señora de la literatura española, Carmen Martín Gaite, con su boina, nos protejan.
