martes, 24 de diciembre de 2013

Junito

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La Navidad tiene siempre una película, nos pongamos como nos pongamos. Para unos es "Qué bello es vivir"  arruinados pero medio cocidos, con los corchos quemados del cava, abatidos en el sofá de nuestros padres; para otros es la resaca de Shirley MacLaine en "El apartamento", esa soledad comepasillos que se desliza por el umbral de la puerta después de la medianoche, al volver a tu piso y ese momento de, "ah, me pongo un gintonic cortito" con el batín y las nordikas como toda compañía. Lo del cine en Nochebuena es un rito pagano pero que debería estar bendecido por este Papa moderno. No sabe él lo que reconforta.
Esta Navidad la película perfecta la dieron ayer en la dos, y se llama "Juno". Ya sé que todos la conocéis. Ya sé que todos la habéis visto. Ya sé que es una joya. Ya sé que el guión es de óscar. Lo que no sabía yo es que anoche, en televisión española, alguien quiso mandarle un mensaje a Gallardón. 
Ahí va el christmas que esperabas, Albertito.
No voy a contarte, ministro, el daño que nos estás haciendo con tus delirios- llámense tasas, llámese condenas revisables- a los ciudadanos y muy especialmente a los que trabajamos con algo tan lleno de barro como es la justicia. No pretendo, ministro, levantarme la camiseta de felpa y decirte que mi cuerpo es sagrado y que no está hecho para que tú te re-corras siete artículos volviendo al ochenta y cinco. Yo por entonces, ministro, tenía la edad de Juno en la película, dieciséis y ya sabía qué significaba la expresión "charter y a Londres" y ya escuchaba cómo se demonizaba a las mujeres que emprendían ese viaje. 
Solo espero, ministro, que ayer vieras la tele y que no retorcieras lo evidente. Que comprobaras la delicadeza de una niña de dieciséis años que se enfrenta a su vida y sonríe con sarcasmo.
Que aprendieras lo que quiere decir valentía.
Que dale. Que no somos víctimas.
Que somos lo que queremos ser.
Que tenemos voz aunque tú no nos escuches.
Y que ya estamos hartas de que nos minimicen los de tu especie.
La verdad ministro, me produces tal rechazo que ni siquiera puedo ponerme en plan macarra y despedirme con un "que te den". Solo quiero que te falte el poder dentro de muy poco, de muy poquito y que no llegues a dar a nuestras pesadillas boe y alma. Solo espero que te apartemos entre todos y te podamos olvidar. 
Que solo seas un necio. Nada más.
Y que si puedes, te recuperes de tus conflictos viendo películas en Navidad, sin necesidad de que te lo recomienden dos psiquiatras.
Feliz nochebuena a todos.


jueves, 28 de marzo de 2013

El tiempo gana

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Soy un animal de digestión lenta, uno de esos que tardan meses, semanas e incluso años en poner final a cada proceso. A veces mis decisiones tienen que pasar por cuatro estómagos, acompañarme desde que me propongo hacer régimen- pasada la Navidad- hasta el momento en que me vencen las cremalleras, allá por marzo. Soy lenta, una tortuga, como decías, aunque reniegue de ello y salga por ahí sin caparazón.
Hace seis años Isaac escribió en "Tentari" un post sobre Carlos Berlanga y sus letras. Como entonces hacía cada mañana, pasé por allí  y lo leí (lo devoré, esa es la verdad). Después continué viviendo y hasta este verano no regresé a  aquel texto: de repente surgió en una conversación telefónica a la vuelta de Cádiz y tuve curiosidad. Ahí quedó larvado, hasta este fin de semana  que me dió por comprar verdurar para llenar tuppers y supe- no entiendo por qué- que había llegado el momento de descorchar a Berlanga. Me metí en Deezer, pensé una etiqueta que me recordara a Isaac- ya que era él quien me lo había recomendado- y  surgió el "oloroso" de las tarbernas  a las que Maria del Mar y él me llevaron en Jerez,  a comienzos de marzo, bajo la lluvia. Durante toda la mañana bailé entre pucheros, repetí algunos títulos en cadena y me dejé llevar por esa melancolía de hotel de playa vacío, esa lasitud tan decadente que al menos para mí  había quedado fija, como en una fotografía borrosa, desde la primera canción de Carlos Berlanga que me perturbó, "Deseo carnal".
  Anteayer me llegó este último disparo de Isaac, "El tiempo gana". Abrí el correo y estaba esperándome, con la mira en mi costado izquierdo, sin silenciador. "En Semana Santa nada que estrenar, en verano viajes al fondo del mar, la luz de septiembre me hace recordar". La escucho hasta cuando cierro los ojos y me escondo debajo de las sábanas. No me suelta y yo no quiero perder ese fogonazo, la carne de gallina del después de la explosión.
Ahora  apenas escribo y si lo hago me sale así, con ganas de hablar hacia dentro. Mudo y cuido mi piel. Me chifla el fútbol cuando juega la selección y he descubierto que el amor engorda, aunque nadie quiera hablar de ello. Todo está bien, hasta mi casa en ruinas que sigue quejándose debajo del parqué se engalana para recibir al buen tiempo. Ese que siempre gana por mucho que tarden las cosas.

Ps: La versión que recibí es otra, acústica, más lenta. Está en el álbum "Reproches y vehemencias", creo.
Ps2: He incluido la canción como hacía antes, cuando escribía con regularidad en el blog, con goear porque ahora parece que los bloggers ya no se llevan y es también por esta razón que me apetece más que nunca volver al principio, a las postales de esquinas de cartón.
ps3: Y por último, cómo no, el post pide a gritos una relectura de "Tentari"- aparece en los enlaces-  que sigue colgado en la red, de Isaac Lobatón, mi  amigo y Cossío musical.

sábado, 19 de enero de 2013

Looney Tunes (o Toons)

Reig Plá ha organizado un curso de sexualidad "Como dios manda". Bárcenas y sus compinches se repartían sobrecitos con estrenas que acababan en Suiza. Suiza tiene que ser como la casa de Haensel y Gretel pero en dorado y con cajas fuerte en lugar de contenedores para el reciclaje. Las mujeres de la India acaban colgadas en árboles, violadas y condenadas a seguir viendo cómo destruyen a sus hermanas sin que nadie las defienda.Las mujeres de la India no pesan. Tampoco pesan los ahorros de aquellos que suscribieron en acciones preferentes.( Ayer me encontré con una de mis vecinas en el mercado y me dijo que ella y su marido habían invertido el ahorro de su jubilación en Bankia, para poder tener un fondo después con que manejarse cuando envejecieran y no ser una carga para nadie. Ahora se han quedado sin vejez y a su dignidad apenas le quedan fuerzas.) En Mali todo son desastres: guerras, espionaje, muertos cubiertos de polvo. Los duelos en el lejano oeste son ahora las guerrillas del próximo oriente. Rodamos películas, sorteamos los telediarios, aceptamos secuestros, negociamos recortes, esquivamos las trampas, fingimos tranquilidad...
    Así giran los días. La rutina se ha convertido en un carrusel de sinsabores y desengaños al que te subes o pretendes evitar. Hay tardes en las que la realidad es tan cochambrosa y salpica tanto, que no escribo por no alargarla, por no darle más escenarios. Intento ahuyentar los miedos y le doy la vuelta al cansancio de la rutina recreándome en lo bueno que está teniendo esta etapa de mi vida. Soy feliz, me siento querida, estoy bien de salud, puedo ayudar a los míos. Mi alegría es la de un jueves cualquiera en el chino del barrio, compartiendo rollitos vietnamitas y un vino del montón. No me hace falta París- pedí uno y convirtieron mi Downtown en el Barrio Latino, lo que ha resultado mejor- y me aburre intentar ser una hipster de provincias, una bohemia de calle Mayor. De un tiempo a esta parte me he convertido en ama de casa americana de los cincuenta: pongo música, nos servimos una copa antes de la cena, preparo menús los fines de semana y encierro en tuppers mi creatividad mezclada con el síndrome del nido. Aprendo a cocinar mientras escucho a Linda Mirada, hago cocido, lentejas, croquetas y arroces "mientras la música no pare". Leo a Roth en los minutos del pescado al horno. Plancho manteles de abuela inglesa e imagino alargando el brazo con el que manejo la plancha  que me pierdo por la ruta 66.
  Han pasado las navidades, quietas y llenas de visitas y amigos. Hicimos las listas de recuerdos, de álbumes y momentos del año. Pedimos nuevas oportunidades para el 2013, que según se mire va a molar mucho- mr.wonderful- o que va a ser una mierda-mr.wonderfuck- como cualquier otro. Es una época complicada, no hace falta ser analista para verlo. Allá donde nos acerquemos hay problemas, realidades ásperas, pero no nos podemos quedar emparedados entre las sábanas por eso. Hay que seguir, tampoco es tan horrible. A mí me gustaría ser como Azcona y transformar en risa dulce la penuria, pero eso es cosa de genios. Yo solo puedo decir que me escapo. Mis túneles son- afectos aparte- los conocidos: las novelas cortas de uVe en el facebook, las canciones de Nixon y Linda Mirada , las series del ordenador, los libros que me descargo, la hucha que estamos rellenando para fugarnos este verano, los besos, la alhambra especial, los puzzles de Ravensburger, las clases de francés- ya me atrevo a decir algo- y los proyectos.
  De ahí que haya pasado más de un mes sin acercarme por aquí. Hay momentos en los que me gustaría hablar de tonterías- como que el otro día me cruce con unos chavales haciendo el test de Cooper de camino al juzgado y me fijé que las chicas, adolescentes primerizas, corrían tapándose las tetas, como sin saber dónde ponerlas y pensé que pese a Oysho y Decathlon, pese a los sujetadores y a las series de instituto, el cuerpo se te descontrola a una edad y sea la década que sea, no sabemos cómo manejarlo, y nada ha cambiado mucho- y ser una Blanche Dubois de la blogosfera, pero después no me siento capaz de dejarme llevar y escribirlo por una mezcla de pudor y respeto.
  Por eso, me he vuelto  americana, china, japonesa o vietnamita y me enrosco en la tranquilidad de mi casa, con mis zapatillas silenciosas, en este bunker de sopas y pelis de domingo. No es que haya dejado de escribir, es que este es otro momento. De ahí el quedarme calladita en esta ventana. Es que no sé que decir.
Así que...eso es todo, amigos.
Que sean muy felices.