Imagino
que me resulta demasiado complicado resistirme a estas letras.
Imagino,
que todas las que escriba quedarán en nada porque el tiempo no
vuelve y ellas tampoco lo harán por mucho que gritemos en su nombre.
Imagino
que este silencio que guardo, no podrá resistir la mezcla de
sentimientos que hoy tengo en la boca del estómago.
Hoy
escribo por algo parecido a la supervivencia... escribo porque
necesito algo que no sé si encontraré, pero que al menos necesito
buscar...
Escribo
porque duele sentirse débil, casi tanto como sentirse limitada...
duele verte a ti misma empuñando la llave del coche a las 6 de la
mañana cuando vas a trabajar, mientras agudizas el oído por detrás
y afinas la vista al frente... duele evitar el contacto visual si te
cruzas con algún hombre, y aguantar casi la respiración hasta que
suena el seguro del coche tras de tí... duele tener miedo, cuando
deberías sentirte libre... y lo que más me tira de las costuras, es
que me prometí que jamás volvería a tenerlo...
Ayer
lloré por Laura, hoy también... porque todas somos Laura y no es
una frase hecha, sino una demostración de la arbitrariedad de la
agresión... nos matan maridos, exmaridos, amantes y desconocidos...
nos matan, violan y acosan, aquellos que se supone que nos quieren, y
los que ni si quiera nos conocen... y si no nos matan, si los
conseguimos sobrevivir, nos juzgan como víctimas culpables del
delito de no haber tenido el miedo suficiente, o de haber tenido
tanto que te paralizó... nos juzgan por si bebimos, o volvimos por
donde no debíamos; nos juzgan si rehacemos nuestra vida después de
su miedo, nos juzgan por ser demasiado confiadas, o también por
rechazarles
con demasiado énfasis... nos juzgan la ropa y el comportamiento
porque
ambos
han de ser los de una víctima, no los de una mujer libre... el miedo
es casi una obligación para encajar sin ser señalada... aunque no
garantiza nada... somos mujeres, ese es motivo suficiente para
merecer el miedo... y de eso, no nos libra nada...
Yo
sé lo que es tener miedo, a una voz, a que una nimiedad absoluta
hiciera explotar aquella locura destructiva que era esa relación, yo
sé lo que es vivir con la tensión de medir cada milímetro de tu
vida para que nada se salga de los bordes del camino señalado... y
lo peor es que da igual cuanto te esfuerzes, porque nada es
suficiente... el que disfruta tu miedo
(porque sí, lo disfrutan), lo necesita para alimentarse, sin nuestro
miedo, simplemente,
no son...
Imagino
que el miedo no puede evitarse, se siente y no hay más que hacer...
al menos, me pasa con los míos... pero, creo que la clave es no
dejarles ganar, porque no sólo luchamos por nosotras, también por
las que ya no están, por las que ya no tienen voz, y por las que aun
no conocieron el miedo, a ver si logramos que alguna no llegue a
conocerlo... y no sólo sepa que tiene derechos, sino que también se
sienta libre, en lugar de valiente