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MissCBD

  • 420

    abril 20th, 2026

    GRITO A LA LIBERTAD

    Hay días en los que solo tienes energía para respirar.

    Hoy es uno de ellos.
    Y aun así, aquí estoy.

    No es una metáfora.
    No es una exageración.
    No es una queja.
    Es literal.

    Hoy es 20 de abril
    (muchos habrán acabado la frase automáticamente, aunque sea mentalmente, del 90, ¿o no?).

    Para mí, desde hace unos años, hoy es 420.

    Y yo, que soy de la tierra donde nació Nino Bravo cantando “Libre”, he decidido contar públicamente cómo es esto de la quimioterapia.

    Es negociar cada día con tu propio cuerpo.

    Es no dormir.
    Es dolor.
    Es cansancio.
    Es carácter que cambia sin pedir permiso.

    Es ver cómo cae el pelo.
    Aunque, como buena leona, no pienso quedarme sin él.

    Es levantarte y no saber con qué versión de mi voy a encontrar.

    El que la inventó…
    no probó la planta en su vida.

    Y luego está lo de .ser una paciente cannábica.

    Cómo te miran.Cómo te tratan.

    Que puedes y no puedes hacer.

    Como si fueras un equipo de segunda división jugando en una liga que no te corresponde.
    Como si tu dolor fuera negociable.
    Como si tu vida valiera un poco menos.

    Y no.

    Yo no quiero salvar a nadie que no sea mi reflejo en el espejo.

    No quiero medallas.

    Quiero algo mucho más simple:

    Una calidad de vida “normal”.

    ¿Es eso mucho pedir?

    Yo vivo, actualmente y de manera temporal, con un tratamiento con capecitabina.Y sí, duele. Mucho.

    No hay palabras para describir lo cruel que es la quimioterapia.
    No las hay.

    Y cuando además tu sistema nervioso ya viene tocado por una esclerosis múltiple,pues la cosa se pone interesante.

    Días de tsunami.

    Días de dana emocional.

    Días en los que entiendes demasiado bien lo rápido que se puede evaporar el aliento.Y aun así, doy las gracias.

    Porque hay gente que hoy no despertó.

    Así que, con este cuadro, vuelta a los orígenes. Cuando el dolor se vuelve insoportable, acudo a mi amiga MARIA.
    Como en la peli de Julia Roberts y Susan Sarandon.

    El formato lo decide mi cuerpo.

    He pasado años experimentando, escuchándome, entendiendo mi sistema endocannabinoide y buscando formas de consumir la planta de la manera más saludable posible.

    Y sí, hay momentos en los que el alivio es… ufffff…no te lo podría definir.

    Y quien no vive con dolor, no lo puede entender.

    Pero tampoco hace falta entenderlo todo para respetarlo.

    En marzo de 2017 probé el cannabis por primera vez.

    Gracias a mi amigo Adrien.
    Y a su amigo cardiólogo.

    Nunca antes lo había probado.
    No buscaba nada lúdico.
    No sabía nada de este mundo.

    Mi cuerpo dejó de doler.
    Y dormí una noche entera por primera vez desde diciembre de 2013.

    Una noche entera.

    Pero lo que de verdad lo cambió todo fue una frase.
    Allá por 2020.

    De mi hija:

    «Yima, ¿por qué no usas la planta como prevención en lugar de como solución?»

    Ella lo vio antes que yo.

    Que yo podía vivir mejor.

    Porque la clave no está en la planta.

    Está en escuchar el cuerpo. Saber que tienes un sistema endocannabinoide y aprender a regularlo.

    Hoy es 20 de abril.
    Hoy es 420.

    Un número que empezó como un código entre chavales en California
    y que hoy es símbolo de algo mucho más grande.

    Para algunos es ocio. Como quien toma una copa de vino.

    Para mí, es calidad de vida.

    Así que disculpen las molestias.

    Es mi cuerpo.
    Mi salud.
    Y mi vida.

    Y no, no voy a pedir perdón por querer vivirla con dignidad.

    Si quieres juzgarme, te dejo un ratito caminar en mis zapatos.

    Como paciente, no me cansaré de reclamar una legalización y una regulación.

    Por seguridad.
    Por derechos humanos.
    Por algo tan básico como poder vivir sin dolor.

    Porque no estoy pidiendo privilegios,
    sino sentido común
    y respeto hacia la comunidad científica.

    Feliz 420.

  • Día Mundial contra el Cáncer: hablemos de pacientes

    febrero 4th, 2026

    Sumergida de lleno en un proceso oncológico en el que me encuentro, una de mis rutinas se ha convertido en visitar centros de salud y hospitales.

    Te cuento que esta semana, en consulta, el médico me preguntó sobre drogas antes de una prueba, y yo le respondí con una pregunta: ‘¿Consideras el CBD como una droga?’
    ‘Ahí me pillas’, contestó él.

    El siguiente facultativo que me atendió si sabia lo que es el CBD y el RSO (Rick Simpson Oil). Que gusto de conversación.

    Ese es uno de los problemas. Cuando hablamos de CBD o cannabis medicinal, la norma general es que a tu mente venga la imagen de un Bob Marley o similar y nada mas lejos de la realidad.

    ¿Consumo CBD? Si. Lo consumo de forma consciente, informada y responsable. He estudiado para ello. Pero no existe una regulación ahora mismo lo que hace difícil que los pacientes consigan productos de calidad y orgánicos, porque recordemos que si no es orgánico, su valor terapéutico es, como mínimo, cuestionable. Hablamos de una planta que nace de la tierra, como tantas otras —incluidas las amapolas, de las que se extraen derivados usados a diario en medicina.

    El verdadero problema no es que exista el RSO o el CBD. El problema es la desinformación, incluso dentro del propio sistema sanitario. Que un médico no sepa diferenciar entre una droga recreativa y un cannabinoide no psicoactivo como el CBD no debería ser considerado como una simple anécdota. Porque cuando falta formación, quien sale perdiendo es siempre el paciente.

    El CBD arrastra un estigma absurdo y cansino. Se asocia automáticamente al kanuto, al colocón, a una imagen cultural que poco tiene que ver con la realidad actual. El CBD no coloca, no genera adicción ni anula a nadie. Al contrario: muchas personas lo utilizan para poder seguir con su vida, trabajar, dormir o convivir con el dolor y la ansiedad en cualquiera de las modalidades que ofrece el mercado actual.

    The CBD Revolution nació precisamente por eso: para informar, para cuestionar y para abrir conversaciones incómodas pero necesarias. Y si esa conversación tiene lugar en un hospital, quizá sea exactamente donde más falta hace.

    Porque la verdadera revolución está en pensar, en informarse y en poner al paciente en el centro. En la empatía.

    Al fin y al cabo, uno de los deberes de los gobiernos es garantizar el bienestar general. Y los pacientes, aunque a veces se les olvide, también forman parte de ese deber.


    Hoy, 4 de febrero, es el Día Mundial contra el Cáncer. Motivo más que suficiente para seguir reivindicando mis derechos como ser humana.

    Gracias por leerme.

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  • Queridos Reyes Magos

    enero 6th, 2026

    Este año me gustaría pedir algo verdaderamente valioso: saquitos de sentido común.

    Desde que comencé esta carrera de fondo hacia la regularización y normalización del consumo de cannabis medicinal, he notado algo tan curioso como doloroso: cuanto más evidente es mi recuperación, más se duda de ella.

    Y algo no encaja.
    Se siente como un castigo haber mejorado mi calidad de vida gracias a una planta que, como el cerdo, se aprovecha en todas sus partes. Como si mejorar invalidara el sufrimiento previo. Como si recuperar autonomía despertara sospecha en lugar de alivio.

    Como cuento en este post, hace apenas tres años vivía dependiendo de bastones para desplazarme y usaba una scooter de movilidad que era, a la vez, un apoyo y también símbolo de una limitación. Y aun así, me caía al suelo. Regularmente. Sin previo aviso. Cada salida requería una planificación exhaustiva. Cada escalón era una negociación con mi propio cuerpo. Cada viaje, una montaña que escalar.

    Hoy camino con autonomía.
    Hoy puedo viajar sin asistencia especial.
    Hoy tengo mi vida de vuelta.

    He recuperado lo que muchas personas dan por sentado: una vida “normal”.
    Una vida donde la dignidad no es una lucha diaria.

    El coste de la incomprensión

    Hay un problema que casi nadie quiere nombrar: la sociedad es adicta.
    Al alcohol, a las pastillas, al juego, al tabaco… Hay adicciones tan normalizadas, tan permitidas y tan celebradas que ni siquiera se reconocen como tales.

    Y, sin embargo, cuando hablamos de cannabis medicinal —y no olvidemos que en mi caso hablamos exclusivamente de una herramienta terapéutica— se levanta un pánico moral que no existe para nada de lo anterior.

    El potencial medicinal de esta planta se criminaliza bajo la sombra de un uso recreativo que puede abusarse, sí, pero ese abuso no anula la realidad de los pacientes.

    Una cuestión de prioridades

    No estoy aquí para cantar loas a una planta.
    Estoy aquí porque elegí vivir, no solo respirar.

    El medio es irrelevante. Lo importante es el resultado: que una persona pueda vivir con dignidad. Eso debería ser lo único que importe.

    Así que aquí estoy, de nuevo, en esta carrera de fondo, viendo cómo se lucha por algo que ya debería ser evidente. Viendo cómo se criminaliza lo que sana. Viendo cómo se castiga la esperanza.

    Y me pregunto:
    ¿Hasta cuándo seguiremos permitiendo que el sentido común sea un lujo?
    ¿Hasta cuándo la lógica será considerada polémica?
    ¿Hasta cuándo tendremos que agradecer poder vivir como seres humanos “normales”, cuando debería ser un derecho fundamental?

    Deseo, queridos Reyes Magos, un futuro no muy lejano donde la regulación llegue acompañada de educación real, protocolos claros y todo lo necesario para reducir riesgos. Un futuro donde podamos hablar de cannabis sin ideología, sólo con datos.

    Porque, si somos honestos, hay bebidas energéticas que circulan libremente en cualquier supermercado con niveles de cafeína, taurina y azúcar que generan dependencia, arritmias cardíacas y problemas metabólicos comprobados. Nadie las criminaliza. Nadie debate su peligrosidad con la misma fiereza. Y, sin embargo, ahí están: normalizadas, en manos de adolescentes, con publicidad en redes sociales, financiando deportes, vendidas como estilo de vida.

    La pregunta no es si esta planta tiene riesgos.
    La pregunta es por qué elegimos regular unos riesgos mientras cerramos los ojos ante otros.

    Quizá el problema nunca fue cómo mejoré,
    sino lo poco acostumbrados que estamos a ver a alguien hacerlo. Y esa es mi definición de éxito.

    Feliz día de Reyes 🙂

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  • Potus, WTF?

    diciembre 19th, 2025

    O lo que es lo mismo: «No esperaba estar escribiendo esto en 2025».

    Y es que, Trump lo ha vuelto a hacer. Después de su video, allá por octubre de este mismo año, acerca del sistema endocannabinoide, ayer, 18 de diciembre de 2025, el presidente de Estados Unidos, Potus, firmó una orden ejecutiva instruyendo al fiscal general que acelere el proceso de cambiar el cannabis de Categoría I a Categoría III en la Ley de Sustancias Controladas de EE.UU.

    Se empieza a ver luz al final del túnel. O eso quiero pensar.

    Y aunque no quiero hacer castillos en el aire, tampoco puedo ignorar que algo se mueve. Tomemos un momento para entender qué significa realmente este cambio, especialmente para quienes esto tiene un impacto a nivel personal.

    Para los pacientes.

    ¿Qué significa exactamente este cambio de clasificación?

    En Estados Unidos, las sustancias se clasifican en Categorías según su nivel de peligro y potencial de abuso:

    Categoría I (donde está ahora el cannabis): Máximo peligro, máximo potencial de abuso, sin usos médicos aceptados. Junto a la heroína y el LSD. Una locura, dada toda la evidencia científica que demuestra lo contrario.

    Categoría III (donde Trump quiere moverlo): Potencial moderado a bajo de dependencia física y psicológica. Menor potencial de abuso. Significa que los investigadores podrían acceder más fácilmente a la planta para estudiarla, y que ciertos beneficios médicos serían reconocidos a nivel federal.

    Es como avanzar una pantalla más de un videojuego. No es ganar el juego completo (legalización total), pero tampoco es empezar de cero (criminalización).

    Sin embargo, este cambio de clasificación abriría puertas que han estado cerradas durante décadas. Me centro en la parte médica, ya que aún no está todo descubierto:

    Investigación médica expandida: Los científicos podrían finalmente acceder a la planta sin entrar en bucles burocráticos infinitos. Esto significaría estudios clínicos más amplios, comprensión más profunda del sistema endocannabinoide, nuevos medicamentos a base de cannabinoides…. Orgánicos, por favor—ya que si no es orgánico no es medicinal. Todo eso que ya sabemos que funciona, pero que la ciencia oficial aún no puede validar porque está prohibido investigarlo. Bienvenidos a 2025.

    Reconocimiento potencial de usos médicos: El cannabis podría ser reconocido federalmente para determinados usos médicos. Para alguien como yo, esto significa validación. Significa que mis médicos podrían prescribir cannabis sin temor. Significa que dejo de ser una loca que se auto-medica para convertirme en una paciente. Sin juicio. Sin culpa. Sin vergüenza. Significa que empezamos a reducir el estigma.

    Las limitaciones que nadie menciona

    Pero hay un pequeño detalle.

    Trump no puede hacer esto solo. El cambio de clasificación no es un acto presidencial unilateral. Aunque la orden ejecutiva inicie el proceso, la aprobación final depende de la DEA (Administración para el Control de Drogas). Y aquí es donde las cosas pueden complicarse, especialmente dentro de la administración Trump, donde no hay consenso total sobre este tema.

    El proceso legal es largo y burocrático. Pero mantengo la esperanza. Cuando el río suena, agua lleva. Y yo escucho el río.

    Mi perspectiva honesta

    Miro esta noticia desde dos lugares simultáneamente:

    Desde mi lugar de paciente: Es un paso hacia la dirección correcta. Un pequeño reconocimiento de que quizás—solo quizás—hemos estado criminalizando a la gente equivocada durante demasiado tiempo. Es algo. Y algo es más que nada.

    Desde mi lugar de activista: Es un inicio. Porque mientras discutimos si el cannabis debe estar en Categoría III o si debería ser totalmente legal, hay pacientes reales en hospitales reales que no pueden acceder a un tratamiento que podría mejorar su calidad de vida. Hay veteranos de guerra con TEPT que siguen siendo criminalizados por medicarse. Hay personas como la que escribe que ha tenido que elegir entre su cuidarse y vivir con miedo.

    Creo firmemente que el cambio verdadero no vendrá de Washington. Vendrá de nosotros. De las personas que, como yo, decidimos contar nuestras historias, educar y dejar de esconder nuestra verdad. Las personas que se atreven a hablar. Las que se niegan a esconder su verdad. Las que educan, no porque sea fácil, sino porque es necesario.

    El cambio de clasificación sería papel mojado sin nuestra voz. Sin nuestra educación. Sin nuestra presencia.

    Me resulta hipócrita ocuparse de la salud de una misma y ocultarlo como si fuera un secreto vergonzoso.

    Cada vez que hablo del sistema endocannabinoide, estoy plantando una semilla. Cada vez que digo «necesito CBD, no tu opinión», estoy desafiando el estigma. Cada vez que escribo un post como este, estoy contribuyendo a que la conversación sea más sofisticada, más humana, más real.

    Este cambio de clasificación no es la solución milagrosa que algunos esperan. Pero es un movimiento. Expansivo. Esperanzador.

    Mientras tanto, seguimos aquí. Seguimos estudiando sobre la materia, contando historias, derribando muros. Porque el cannabis medicinal no es un debate político. Es medicina. Es dignidad. Es el derecho humano fundamental de cada persona a decidir cómo cuidar su cuerpo.

    Y eso no necesita firma presidencial para ser verdad.

    Yima

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  • STOP. Para!

    noviembre 21st, 2025

    Hay momentos que dividen la vida en dos.
    Hace exactamente dos semanas vino de visita uno de esos momentos, de nuevo.

    No lo cuento desde el drama.
    No lo cuento para inspirar lástima — que no es lo mismo que compasión.
    Lo cuento desde ese lugar donde las máscaras caen y solo queda la verdad.
    Desde un espacio de vulnerabilidad consciente, donde mostrarme tal como soy también está bien.

    Porque cuando la salud te toca de esta manera, no tienes tiempo para cuentos ni para aparentar. Solo para ser.

    Regresar a casa siempre es un viaje emocional.
    Volver con necesidades médicas específicas y urgentes…
    es otra historia.

    Y me encuentro con algo que me chirria viniendo de un país donde el cannabis medicinal llegaba a la puerta de mi casa como si fuera un pedido de Amazon…
    y, sin embargo, acceder a mi tratamiento en España es prácticamente imposible.

    No existe online.
    No existen los dispensarios, vamos, ¿en qué cabeza cabe?
    No se puede conseguir, de manera legal, un producto que sé que mi cuerpo necesita, que he usado antes y que forma parte de mi plan de recuperación porque las leyes no lo contemplan o porque el estigma pesa más que la salud del paciente.

    Y así, de repente, te encuentras en ese vacío absurdo entre lo que necesitas… y lo que el sistema permite.

    Pero lo más sorprendente no es la falta de acceso.
    Lo más sorprendente es la incoherencia.

    🍷 ¿Alcohol? Legal.

    🚬 Cigarrillos? Legales.

    🌿 ¿Cannabis medicinal? Tabú.

    Vivimos en una sociedad donde puedes comprar botellas de alcohol en cualquier esquina.
    Donde los cigarrillos están normalizados a pesar de todas las muertes que provocan.
    Pero si un paciente quiere acceder a un tratamiento que le reduce el dolor, le devuelve calidad de vida o le ayuda a dormir… entonces es un problema.

    La incoherencia y la hipocresía no son solo evidentes.
    Son dañinas.
    Y deja a los pacientes solos, desprotegidos y, en muchos casos, desesperados.

    Yo no quiero formar parte de ese discurso de miedo.
    No quiero alimentar la idea de que el cannabis es “lo peor”.
    Porque no lo es.
    Lo peor es el estigma, la ignorancia, la falta de educación y la incapacidad de poner al paciente en el centro..

    En USA, adquirir dicho tratamiento es tan normal como comprar una vitamina o un suplemento.
    Forma parte de la vida diaria de miles de pacientes, la mayoria de ellos veteranos de guerra.

    Pero aqui…

    Aquí se mira con sospecha.
    Aquí se confunde.
    Aquí sigue pesando el estigma más que la ciencia, más que la experiencia, más que la salud.

    La palabra paciente viene de “el que espera”.
    Y sí, a veces nos pasamos la vida esperando:

    • esperando una cita,
    • esperando un diagnóstico,
    • esperando un tratamiento,
    • esperando que cambie una ley,
    • esperando que alguien nos escuche.

    Yo no quiero ser solo una paciente.
    Soy una persona humana.
    Y muchas de las personas que convivimos con enfermedades crónicas compartimos el mismo sentimiento:

    No queremos lástima.
    No queremos que nos hablen con pena.
    No queremos ser tratadas como víctimas ni como pobrecitos.

    Queremos información, apoyo, dignidad y esperanza.
    La esperanza no niega la realidad: la ilumina.
    La esperanza nos mueve.
    La esperanza nos recuerda que seguimos aquí.

    La lástima, en cambio, nos reduce.
    Nos encierra.
    Nos quita poder.

    No escribo esto para quejarme.
    No escribo esto para despertar lástima.
    Lo escribo porque sigo creyendo — más que nunca — que es necesario abrir conversaciones que otros prefieren evitar.

    Y porque sigo diciendo, con toda la calma del mundo:
    Soy una evidencia científica andante.
    Mi cuerpo y mi experiencia hablan por sí solos.

    He visto cambios.
    He sentido alivio.
    He recuperado partes de mí cuerpo que pensé que había perdido para siempre.

    ¿De verdad eso debería esconderse?
    ¿De verdad mostrarlo me convierte en algo reprochable?
    ¿De verdad cuidar mi cuerpo es un acto vergonzoso?

    El problema no es la planta.
    El problema es el estigma.

    Y el estigma hace más daño que cualquier enfermedad.

    No estoy hablando solo de mi.
    Estoy hablando de derechos humanos, de salud, de compasión, y sobre todo, de sentido común.

    Este nuevo capítulo podría haberme hundido y hacerme tirar la toalla.
    No ha sido así.
    Me ha dado más claridad, más fuerza y más propósito.

    No sé qué traerán los próximos meses.
    Pero sí sé que no voy a esconder mi verdad.
    No voy a pedir perdón por cuidarme.

    Como dicen los ingleses «chin up» – cabeza alta.
    No voy a caminar este proceso con miedo.

    A veces la gente confunde resiliencia con ser fuerte todo el tiempo.
    No.
    La resiliencia es otra cosa.

    Es decir:
    “Esto está ocurriendo.
    No lo elegí.
    Pero sí elijo cómo caminarlo y con quien”

    Y yo elijo caminarlo con mi familia (la de sangre y la de alma), con conciencia, con humor (siempre que puedo), con paciencia y con una profunda confianza en la vida.


    El cambio empieza por quienes nos atrevemos a contarlo.

    Porque al final, somos mucho más que pacientes que esperan.
    Somos personas que sienten, que aprenden, que se levantan y que siguen adelante.

    Gracias por estar ahí.
    Gracias por leerme.
    Gracias por acompañarme en este camino.

    Yima

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  • Cultiva Expo – Viena 2025

    octubre 8th, 2025
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    Acabo de regresar de mi primera conferencia en solitario en Viena. Anteriormente este año había participado en debates y mesas redondas sobre cannabis medicinal en Italia y Portugal. Había llegado la hora de volar «solo». Fui allí para contar mi historia, porque las historias son poderosas. Nos recuerdan que detrás de cada política, cada ley y cada producto, siempre hay personas reales, familias reales y vidas reales.

    Y aquí está mi historia. Una historia de superación, mejora continua y de romper estigmas. Prepara las palomitas, que empezamos.

    Me diagnosticaron Esclerosis Múltiple cuando tenía 39 años. Tengo una forma muy peculiar de celebrar mi 40 cumpleaños, ¿verdad?

    La Esclerosis Múltiple es una enfermedad autoinmune crónica que afecta al sistema nervioso central. Cada persona la experimenta de manera diferente, por eso le llaman la enfermedad de las mil caras. En mi caso, uno de los síntomas más debilitantes era la intolerancia al calor.

    No estamos hablando simplemente de sentir un poco de calor en verano. La intolerancia al calor en pacientes con EM puede ser devastadora. El calor empeora significativamente los síntomas neurológicos. Para mí, significaba fatiga extrema, debilidad muscular, problemas de visión y una sensación de que mi cuerpo simplemente dejaba de funcionar.

    En 2017, tomé una decisión que probablemente me convierte en la única española en la historia que ha hecho esto: me mudé de España al Reino Unido por el clima. Sí, leíste bien. Por el clima.

    Sin bromas.

    Mientras mis compatriotas huían del frío y la lluvia británica buscando el sol mediterráneo, yo hacía exactamente lo contrario. El clima de Reino Unido era, en ese momento, la diferencia entre poder funcionar mínimamente o estar postrada en la cama.

    En 2018, descubrí el cannabis medicinal. Nunca antes había probado la planta. Como muchas personas de mi generación, crecí con todos los estigmas y la desinformación alrededor del cannabis. ¡Era una Karen de la vida en toda regla! Juicios sin información, prejuicios sin conocimiento.

    Pero fue en 2021 cuando descubrí el CBD, y eso fue un verdadero punto de inflexión en mi vida.

    Porque hablar de la planta es, en realidad, hablar del cuerpo humano. Del sistema endocannabinoide, ese gran desconocido que todos tenemos y que actúa como el director de orquesta de nuestro organismo.

    El CBD (cannabidiol) es uno de los muchos cannabinoides presentes en la planta de cannabis y cáñamo. A diferencia del THC, el CBD no te coloca. Y para mí, eso fue revolucionario.

    Por primera vez en años, no pasaba los fines de semana completamente postrada en la cama. Podía tener una vida. Podía planificar actividades. Podía ser algo más que mi enfermedad.

    Los cannabinoides—tanto del cannabis medicinal como del cáñamo y el CBD—mejoraron mi calidad de vida de maneras que nunca imaginé posibles. Mi fatiga disminuyó, mi dolor se volvió más manejable, mi inflamación se redujo. ¡Los síntomas empezaban a irse de vacaciones! Empecé a sentirme como una persona de nuevo, no solo como una paciente.

    Como cualquier persona que encuentra algo que funciona, quería entender por qué. Necesitaba saber cómo la planta interactuaba con mi cuerpo. ¿Qué estaba pasando a nivel biológico? ¿Por qué funcionaba cuando tantas otras cosas habían fallado?

    Empecé a estudiar. Cursos online sobre cannabis medicinal y aceite de CBD. Aprendí sobre el sistema endocannabinoide, ese sistema que todos tenemos en nuestro cuerpo pero del que casi nadie habla. Es el director de orquesta de nuestro organismo, regulando funciones vitales como el sueño, el apetito, el dolor, la inflamación, el estado de ánimo y la respuesta inmune.

    Cuando tienes una enfermedad autoinmune como la Esclerosis Múltiple, tu sistema endocannabinoide está desregulado. Los cannabinoides de la planta pueden ayudar a restaurar ese equilibrio.

    Cuanto más aprendía, más fascinada estaba. La educación se convirtió en mi puente hacia la libertad y la dignidad. Decidí cultivar una planta de CBD para continuar con mis propios experimentos y profundizar mi comprensión práctica de la planta.

    Mala elección.

    Mayo de 2022 lo cambió todo.

    Una serie de acontecimientos se desencadenaron que nunca, en mis peores pesadillas, imaginé posibles.

    Me encontré tratada como una criminal—por sanar. Por buscar alternativas. Por defender mi derecho a decidir cómo cuidar mi salud.

    Una planta de CBD. Del tamaño de mi dedo meñique. Esa fue la «evidencia».

    Alguien me denunció de forma anónima. Nunca sabré si fue alguno de los contratistas que reformaron mi baño porque ya no podía entrar en la bañera, o alguno de mis vecinos. Por aquel entonces había un anuncio en la radio que decía: «Si tú hueles cannabis, nosotros olemos trabajo». Este era el grado de desinformación en un país donde el cannabis medicinal era legal desde 2018.

    Y gracias a Dios que mi hija ya era adulta, porque de lo contrario no sé si estaría aquí contando esta historia hoy.

    Quedé devastada. No podía entender por qué me trataban como a una criminal por querer sanar.

    Dos meses después—agosto de 2022—asistí a mi primera feria de cannabis. Product Earth, en Coventry. Fue el comienzo de dejar de ser una víctima preocupada (Worrier) para convertirme en una guerrera (Warrior).

    Empecé a estudiar Coaching y un Máster en Cannabis en Estados Unidos para profundizar mi conocimiento del sistema endocannabinoide. Si iba a luchar por esto, necesitaba estar completamente preparada.

    Decidí que mi historia tenía que ser contada. Pero también entendí que las historias llegan de muchas formas, y que la educación podía ser un puente hacia la libertad.

    Escribí Yima y la Planta Mágica porque soñaba con derribar muros de silencio. Sabía que la educación tiene que empezar desde jóvenes, desmontando estigmas antes de que se arraiguen. Un libro infantil que acerca el conocimiento con un enfoque humano, accesible e inspirado en los principios Montessori.

    Creé mi propia marca: «Necesito CBD, No Tu Opinión» («I Need CBD, Not Your Opinion»). Un mensaje claro y directo sobre autonomía corporal y el derecho universal a decidir sobre nuestra propia salud.

    Y nació este blog, yima.blog, hace ya dos años. Un espacio seguro donde cada persona puede aprender, explorar y sentirse libre, en un entorno de respeto. Un espacio donde hablo de cannabis medicinal y CBD, porque educar sobre cannabis medicinal no es solo dar datos.

    En los últimos dos años, he colaborado con varias empresas de todo el mundo en la industria del cannabis, ayudándolas con su estrategia, apoyando la educación, la producción de eventos y el apoyo a pacientes.

    He participado en varios podcasts, he dado una charla en la Universidad de Alicante, mi nombre aparece en una tesis en Sevilla…

    Este verano pasado gané un premio que celebro profundamente: soy una WICE—Women in Cannabis—en la categoría de educación. Un reconocimiento que llega gracias a un trabajo que nace desde mi historia personal, desde lo más profundo de mi ser y desde mi pasión por aprender.

    Este premio es una señal de que hay muchas personas, como yo, que buscan alternativas, luchan contra el estigma y defienden el derecho a decidir cómo cuidar su salud como un derecho universal.

    También formo parte activa de EURECA, una asociación internacional creada en abril de 2024. Empezamos siendo 4 países. Actualmente somos 12 países europeos solicitando una regulación europea justa a la Comisión Europea.

    Y acabo de regresar de Viena, de mi primera conferencia en solitario. Cada vez que cuento mi historia, veo caras que se identifican, que entienden, que también han sido estigmatizadas.

    Necesitamos compasión, no estigma.

    Necesitamos políticas basadas en la ciencia, no en el miedo.

    Necesitamos CBD, no tu opinión.

    Los pacientes no somos criminales. Somos simplemente seres humanos con un sistema endocannabinoide desregulado.

    Antes de juzgar, piensa: ¿Qué importa más—tus creencias limitantes o mi salud?

    Creo firmemente que podemos cambiar cómo el mundo ve el cannabis, el cáñamo y el CBD. Y también podemos cambiar cómo el mundo ve a los pacientes.

    Y creo que debemos hacerlo.

    Porque hay más personas ahí fuera que, como yo, solo quieren vivir con dignidad, sin dolor, y sin ser criminalizadas por elegir sanarse.

    Hoy celebro los avances científicos, el galardón WICE y la fuerza que me impulsa a seguir construyendo una educación cannábica auténtica, clara y sin prejuicios.

    Esta es mi historia. Y seguirá siendo contada hasta que ningún paciente más tenga que vivirla como la viví yo.

    Porque como decía Montessori: «La educación no es lo que el maestro da, sino un proceso natural que se desarrolla espontáneamente en el ser humano.» 🌱


    💚 Estela

    Autora de Yima y la Planta Mágica | Creadora de «Necesito CBD, No Tu Opinión» | WICE Award Winner 2024 | Educadora del cannabis | Miembro activa de EURECA

    Puedes encontrar mi libro en Amazon y seguir mi trabajo en este blog.


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  • DROGAS, NO

    septiembre 8th, 2025

    Las leyes antidrogas y el descubrimiento del sistema endocannabinoide: ¿una brecha histórica?

    Durante más de un siglo, las políticas antidrogas han marcado la vida de millones de personas en todo el mundo. Desde las primeras conferencias internacionales sobre el opio en 1909, pasando por la Ley Harrison de 1914 en Estados Unidos, hasta el Convenio Único sobre Estupefacientes de 1961 y la Convención de Viena de 1988, el objetivo fue siempre el mismo: controlar, restringir y castigar, nunca educar acerca de sus peligros o consecuencias y por supuesto, nunca tomando en cuenta su valor terapéutico, ya que no se disponía de esta información.

    Estas leyes nacieron en un tiempo donde el conocimiento científico sobre el cuerpo humano y su relación con las sustancias psicoactivas era limitado, casi rudimentario. Sin embargo, es importante reconocer que las políticas antidrogas históricamente también se basaron en consideraciones sociales, económicas y geopolíticas, más allá del conocimiento científico disponible. Los efectos psicoactivos y algunos riesgos del cannabis eran observables empíricamente, aunque no se entendiera el mecanismo biológico subyacente.

    Pero aquí surge la paradoja: todas estas normas fueron escritas antes del descubrimiento del sistema endocannabinoide (SEC), uno de los hallazgos más trascendentales de la neurociencia moderna.

    El sistema endocannabinoide: un descubrimiento tardío

    No fue hasta finales de los años 80 y principios de los 90 cuando la ciencia comenzó a descubrir que dentro de nuestro organismo existe un complejo entramado de receptores, neurotransmisores y enzimas encargado de regular procesos esenciales como el apetito, el dolor, el estado de ánimo, la memoria e incluso la respuesta inmunológica.

    • 1988: se identifica el receptor CB1 en cerebros de ratas
    • 1990–1993: se clonan los receptores CB1 y CB2
    • 1992: se descubre la anandamida, el primer endocannabinoide, bautizada como «la molécula de la felicidad»
    • 1995: se identifica el segundo endocannabinoide, el 2-AG

    Hoy sabemos que el SEC es un regulador maestro de la homeostasis, pero cuando se escribieron las leyes que criminalizaron el cannabis y otras sustancias, este conocimiento no existía. ¿Cómo se puede legislar sobre algo que ni siquiera se sabía que estaba ahí?

    La desconexión entre ley y ciencia

    La brecha histórica es evidente. Mientras los gobiernos diseñaban políticas de guerra contra las drogas, la ciencia aún no había revelado que nuestro propio cuerpo produce compuestos similares a los cannabinoides de la planta. El resultado: una normativa global construida más sobre miedos y prejuicios que sobre evidencia científica sólida.

    Esta desconexión tiene consecuencias profundas. Miles de personas encarceladas, estigmatizadas, con acceso limitado a tratamientos médicos derivados del cannabis que hoy muestran eficacia en epilepsias resistentes, dolor crónico o esclerosis múltiple. Todo porque las leyes se adelantaron a la ciencia, y no al revés. Acerca de este tema, mantuve una conversación no hace mucho con Last Prisoner Project.

    Regulación y educación: el camino hacia la investigación responsable

    La regulación inteligente potencia la investigación científica. Cuando las sustancias se mantienen en el ámbito de la prohibición absoluta, la investigación se ve severamente limitada por barreras burocráticas, restricciones de financiamiento y estigma institucional. Un marco regulatorio que permita la investigación controlada y rigurosa abre las puertas a:

    Avances en investigación médica

    • Estudios clínicos más amplios y diversos sobre aplicaciones terapéuticas
    • Investigación sobre dosificación óptima y vías de administración
    • Desarrollo de nuevos medicamentos basados en cannabinoides sintéticos o naturales
    • Comprensión más profunda de las interacciones con otros tratamientos

    Educación basada en evidencia

    • Programas educativos que informen sobre riesgos reales y beneficios potenciales
    • Reducción del estigma que permita a pacientes y médicos discutir opciones terapéuticas abiertamente
    • Formación profesional para trabajadores de la salud sobre el sistema endocannabinoide
    • Información pública precisa que reemplace mitos y desinformación

    Investigación de seguridad y reducción de daños

    • Estudios sobre efectos a largo plazo en diferentes poblaciones
    • Investigación sobre factores de riesgo y poblaciones vulnerables (adolescentes, personas con predisposición a trastornos psiquiátricos)
    • Desarrollo de estrategias de reducción de daños basadas en evidencia
    • Comprensión de las diferencias entre uso médico, recreativo y problemático

    Un cambio en el horizonte

    El redescubrimiento del cannabis a través del sistema endocannabinoide ha obligado a varios países a replantearse sus políticas. Portugal apostó por la despenalización en 2001 y ha mostrado resultados prometedores en reducción de daños. Alemania acaba de legalizar su uso recreativo, y en varios países del mundo se empieza a abrir la puerta al uso medicinal del cannabis.

    Estos cambios no solo reflejan una evolución social, sino también el reconocimiento de que el conocimiento científico debe guiar las políticas públicas, no al revés. La evidencia emergente sobre el SEC está marcando una revolución silenciosa: ya no hablamos solo de drogas, hablamos de biología humana, de salud pública y de derechos fundamentales.

    Reconociendo la complejidad

    Sin embargo, es crucial reconocer que el descubrimiento del SEC no resuelve automáticamente todas las preguntas sobre riesgos y beneficios. Aún existen debates científicos legítimos sobre dosificación, efectos a largo plazo, interacciones medicamentosas y consideraciones especiales para poblaciones vulnerables. Esta complejidad subraya la necesidad de más investigación, no menos.

    Un enfoque regulatorio inteligente equilibraría:

    • El Acceso para investigación legítima y uso médico supervisado.
    • La Protección de poblaciones vulnerables, especialmente menores de edad.
    • Una Educación basada en evidencia científica actualizada.
    • Supervisión de calidad y seguridad en productos regulados.

    Conclusión: ¿hora de reescribir las leyes?

    La evidencia científica es clara: el sistema endocannabinoide existe, regula funciones vitales y responde a cannabinoides tanto endógenos como exógenos. Si las leyes que nos rigen fueron redactadas en la oscuridad de la ignorancia científica, es momento de revisarlas a la luz del conocimiento actual.

    La transición hacia marcos regulatorios basados en evidencia no solo es una cuestión de justicia social, sino una inversión en el futuro de la medicina y la salud pública. Cada año que mantenemos políticas prohibicionistas obsoletas es un año más de oportunidades perdidas para la investigación, el tratamiento y la comprensión científica.

    Porque tal vez la verdadera sustancia peligrosa no sea una planta, sino la inercia de un marco legal que quedó atrapado en el pasado, impidiendo que la ciencia ilumine el camino hacia políticas más justas, efectivas y humanas.


    Referencias:

    • Devane WA, Hanuš L, et al. Isolation and structure of a brain constituent that binds to the cannabinoid receptor. Science, 1992.
    • Mechoulam R, Parker LA. The endocannabinoid system and the brain. Annual Review of Psychology, 2013.
    • International Opium Commission, 1909.
    • United Nations. Single Convention on Narcotic Drugs, 1961.
    • United Nations. Convention Against Illicit Traffic in Narcotic Drugs and Psychotropic Substances, 1988.
    • Greenwald G. Drug Decriminalization in Portugal: Lessons for Creating Fair and Successful Drug Policies. Cato Institute, 2009.
    • Hall W, Degenhardt L. Adverse health effects of non-medical cannabis use. The Lancet, 2009.

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  • 🌿🌿🌿 I am a Woman in Cannabis 2025 (parte II)

    agosto 25th, 2025

    Hoy paso por aquí para celebrar con mi audiencia que sí, ¡soy una Woman in Cannabis en la categoría “Educación”!
    Y justo a tiempo para festejar el segundo aniversario de este blog. ¡Felicidades a mí y a todos los que habeis caminado conmigo estos 24 meses! 🌱✨

    Estos dos años han sido un viaje de aprendizaje, mejora continua y de romper estigmas… y lo mejor es que el camino apenas comienza.

    Este reconocimiento llega gracias a un trabajo que nace desde mi historia personal, desde lo más profundo de mi ser y desde mi pasión por aprender.

    Hablar de cannabis medicinal y CBD, en inglés y en castellano, con un enfoque accesible, humano e inspirado en los principios Montessori, es mi manera de acercar el conocimiento a más personas y demostrar que la educación puede ser un puente hacia la libertad y la dignidad.

    Porque educar sobre cannabis medicinal no es solo dar datos sobre el sistema endocannabinoide. Es también abrir espacios seguros donde cada persona pueda aprender, explorar y sentirse libre, en un entorno de respeto.

    Cuando escribí Yima y la Planta Mágica, soñaba con derribar muros de silencio. Hoy ese sueño cobra otra dimensión: este premio es una señal de que hablar de la planta es, en realidad, seguir hablando del cuerpo humano. Que hay muchas personas, como yo, que buscan alternativas, luchan contra el estigma y defienden el derecho a decidir cómo cuidar su salud como un derecho universal.

    🙏 Gracias a la asociación Women in Cannabis USA por darme voz y reconocer la importancia de la educación basada en valores.
    🙏 Gracias a quienes me apoyaron con votos, tiempo y energía.
    🙏 Gracias a quienes me escuchan en cada conversación sobre cannabis medicinal.

    Hoy celebro los avances científicos, el galardón y la fuerza que me impulsa a seguir construyendo una educación cannábica auténtica, clara y sin prejuicios.


    Este premio es un paso más. El camino continúa. Gracias por caminarlo junto a mí. 💚✨

    Como decía Montessori: “La educación no es lo que el maestro da, sino un proceso natural que se desarrolla espontáneamente en el ser humano”. 🌱

    #WICE2025 #CannabisEducation #CBD #MujeresEnElCannabis #MontessoriMethod #EducacionCannabica #YimaYLaPlantaMagica #Wellness

  • I am a Woman in Cannabis

    julio 3rd, 2025

    O podría perfectamente titular este post como:

    “Cuidado con lo que deseas…”

    Voy a contarte una historia.
    Toma asiento, por favor.

    Era el 5 de mayo de 2022.
    7:30 de la mañana. Manchester.
    Doce policías tiraron abajo la puerta de mi casa buscando una granja de cannabis que, claramente, no existía.
    Lo único que encontraron fue el tallo de una planta de CBD, no más grande que la mitad de mi dedo meñique.
    Ellos solo hacían su trabajo. Cumplían con su deber.

    Así conocí, de golpe, el lado más oscuro de un sistema que aún criminaliza a quienes elegimos sanar con una planta milenaria.

    Dos meses después acudí a mi primer evento cannábico en Coventry.
    Justo al llegar, estaba teniendo lugar una conferencia que me resonó profundamente: “Women in Cannabis”.

    Me senté.
    La vi entera.
    La disfruté.
    Y decreté en ese mismo instante que algún día yo también sería una Mujer en el mundo del Cannabis.

    Por entonces recién me graduaba en Business Management por la Buckinghamshire New University.
    Tenía 46 años y una necesidad muy clara:
    entender cómo interactúa esta planta con el cuerpo humano. Asi que comencé a estudiar un master en Cannabis.

    Y vaya si lo entendí.

    Un año más tarde comencé a escribir mi primera obra.
    Un cuento.
    Una historia real contada en clave de fábula, para que los adultos con dolor crónico puedan hablar con los más pequeños sobre cannabis medicinal y cannabinoides… si así lo deciden.

    “Yima y la Planta Mágica” cuenta cómo descubrí el cannabis medicinal y el CBD, y cómo cambió mi vida.
    Hoy puedes encontrarlo en La Casa del Libro, tanto en versión tapa dura como en ebook.

    Y fue anoche cuando recibí un correo que me hizo llorar.

    Una mujer de la asociación Women in Cannabis USA me escribió para informarme de que he sido nominada en la categoría “Educación” para el evento Women in Cannabis Exhibition (WICE), que se celebrará en Nevada el próximo agosto.

    ¡Para mí, esto es como estar nominada a los Oscars!

    Y no puedo estar más orgullosa de este camino que empezó, sin saberlo en ese momento, aquel 5 de mayo de 2022.

    Porque nadie debería pasar por un episodio así solo por buscar una solución a un problema que hoy en dia sufre el 20% de la población: el dolor crónico.
    Porque todavía me pregunto cuál es la diferencia entre una persona diabética que necesita insulina… y yo, que necesito cannabinoides para tratar los síntomas de mi esclerosis múltiple.
    Porque creo —con todo esto— que algún día tendremos poder de decisión sobre qué medicina usar.
    Porque no todo es para todo el mundo.

    Gracias, WICE, por la nominación.
    Gracias por dar voz a quienes seguimos rompiendo el estigma que rodea a una planta que solo quiere ayudarnos a volver al equilibrio.
    Una planta que interactúa con nuestro sistema endocannabinoide de forma única, personalizada y sabia.

    Hoy puedo decirlo alto y claro:

    ¡Soy una WICE! ¡Olé yo!

    ¿Me votas? Solo hay que hacer clic en el siguiente enlace. Mi nombre esta en el apartado Educación al final de la lista.
    👉 Haz clic aquí para votar por mí

    Gracias anticipadas por la lectura, tu apoyo, tu tiempo.
    Suena «when you believe» mientras preparo este post. 💚


  • Como hemos cambiado

    mayo 22nd, 2025

    Como dirian mis queridos Presuntos Implicados.

    La galería de mi móvil me recuerda que hace ahora dos años viajé a México para la boda de Gema y Vicente.
    ¡Qué guay, eh!, pensaréis muchos.
    ¡Qué vida se pega esta tía!, pensará el resto.

    Lo que muy poquita gente sabe es que, en ese viaje, mi amiga Gema –gran organizadora de viajes, btw– solicitó asistencia especial para mí tanto a la ida desde Londres como a la vuelta desde México.
    Te lo cuento para que veas mi grado de movilidad por aquel entonces.

    Tampoco lo saben muchas más personas, aparte de los asistentes, pero yo llevaba un scooter para moverme por el hotel. Algunos días lo usaba desde las 16h, otros desde las 12 del mediodía.
    Pero te aseguro que lo utilicé todos los días de mi estancia en Punta Cana.

    Ni cenotes, ni Chichén Itzá, ni ná.
    Miento: un día planificamos ir a Playa del Carmen por la noche… y ya.
    Gracias Kike, aqui.
    Y gracias a mis niñas. Las mejores.

    En la contra portada de Yima y la Planta Mágica hay una foto de este viaje (la única) en la que salgo con el scooter de mobilidad. Me costó mucho verme así. No te voy a engañar.
    Creo que hasta Gema tardó como 6 meses en decirme que había “echao” esta foto, ¿verdad?

    Ha llovido mucho desde entonces. Hoy puedo caminar sin bastones, correr, bailar… en fin…le he vuelto a decir Si a la vida de nuevo. Sin miedo.

    Me emociona ver todo lo que he conseguido en todo este tiempo. Olé yo.
    Gracias a ser culo inquieto y no dejar nunca de estudiar (no me cansaré jamás de decir que no soy más que un alma curiosa), descubrí que todos tenemos un sistema endocannabinoide.
    Y eso, en mi caso, marcó un antes y un después.

    Regular mi SEC, junto con un gran trabajo interior, hacen que hoy sea una persona completamente distinta a la que fue durante 10 días en un scooter por México en Mayo de 2023. Escribo esto mientras suena «Heaven is a place on earth»…

    Hoy acabo de regresar de Portugal. Yima ha llegado a CannaPortugal. 3 ciudades en 7 dias. He caminado, bailado samba en Cais do Sodre, subido y bajado cuestas y castillos…. vamos, dos años han pasado, pero yo no soy la misma.

    No ha sido solo el CBD.
    Fue mi cuerpo el que reaccionó cuando aprendí a escucharlo.
    No es magia. Es ciencia.
    Y esto debería ser suficiente

    ¿Crees que llegará el día en el que esto sea tan normal como lo es hoy una botella de vino o un paquete de Fortuna?

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    A veces, lo que ves en una foto no te cuenta toda la historia.

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