Las cuatro mujeres del señor Duc.

Hanoi, Vietnam, septiembre 2009.
Como turista, en Hanoi puedes morir por dos motivos: deshidratación, al ser imposible controlar tu sudoración, o atropellado por una de los miles de motocicletas que surcan kamikazes sus calles. Tiger, Bia Ha Noi, Halida o incluso agua, si no te gusta la cerveza, te ayudan a prevenir el primero, y cierta técnica al cruzar la calle, saltar a la carretera y para delante, que ellos te esquivan, previene el segundo.
Afortunadamente en Sapa el calor es mucho más llevadero y el tráfico infinitamente menor, la comida igual de buena y los mercados para volverse loco.
Saludos desde Sapa (22 19.933N 103 50.608E).

Mai Chau, Vietnam, septiembre 2009.
El señor Duc muestra su hospitalidad con su aguardiente de yuca, solo para intrépidos, o con el aguardiente de arroz con miel para los que arriesgan menos y para ellas. Son sus pequeños tesoros que comparte con el visitante, aunque posee otros, más valiosos que no se comparten, sus dos hijas y sus dos nietas, que regentan la casa. Guapas, elegantes, trabajadoras y difíciles de casar. El señor Duc, es tradición -dice-, pide una dote que no está al alcance de cualquiera. Pero Antoane, nuestro guía, le cae bien y el señor Duc estaría dispuesto a negociar la dote, aunque esto lo diga después de unos cuantos tragos de aguardiente de arroz pegajoso, otro pequeño tesoro que también ha compartido con nosotros.
El viaje continúa rodado, ya estamos en Hué y mañana salimos para Hoi An, ciudad Patrimonio de la Humanidad. Continuamos comiendo de cine, el calor no da tregua, creemos que en Camboya aún es peor, y el estrés de la ciudad ya lo hemos olvidado, aunque nos han dicho que no hay nada que te prepare para el tráfico en Ho Chi Ming. Futuro nada esperanzador, pero tenemos la suerte de cara, acabamos de esquivar un tifón que ha inundado la ciudad de Hoi An hace tan solo un par de días. Ahora todo ha vuelto a la calma. Cruzaremos los dedos…
Saludos desde Hué (16 27.631N 107 35.489E).

Ho Chi Ming, Vietnam, septiembre 2009.
Ho Chi Ming, aglutina tres ciudades, una de ellas, la antigua Saigón. Razón teníais los que nos advertíais de que Hanoi era un juego de niños con respecto a Ho Chi Ming, en lo que a motos se refiere. Y es que una cosa es que te lo cuenten y otra verlo. Yo aún no me lo explico, y menos aún después de haber estado ayer con una moto por el centro de Hoi An, una ciudad pequeña y tranquila. Aún me tiemblan las piernas, y Marisol tiene agujetas de la tensión. Nada, puede prepararte contra el trafico en Ho Chi Ming.
Hemos elaborado un pequeño menú para hacerse una idea de lo bien que comemos aquí, especialmente hoy, donde hemos recuperado el nivel del norte, y no es que en el centro se coma mal, pero particularmente, preferimos el norte y el sur. Nuestro nuevo guía, Che como Che Gevara, también estudió en Cuba como Hui nuestro anterior guía, pero son de generaciones diferentes, y mientras los más jóvenes, Hui y Antoane son mucho más atentos y serviciales, el señor Che opta por un rol de padre que no escatima en consejos y lecciones de vida, ese tipo de persona al que no tienes más remedio que querer.
Saludos desde Ho Chi Ming (10 47.072N 106 41.761E).
Siem Reap, Camboya, septiembre 2009.
Este es el último correo que mandamos al finalizar este viaje. Hemos estado cinco días en Camboya. Entramos vía fluvial por el Mekong hasta la capital, Phnom Phen, cuyo palacio real nos ha sorprendido y la Pagoda de plata, dentro de palacio, merece por sí misma una visita. De Phom Phen a Siam Reap, el paisaje uniforme de arrozales, casas de madera sobre pilotes y palmeras, es de gran belleza. Ya en Siem Reap, Angkor Wat es la maravilla más representativa de la arquitectura khemer, pero el complejo religioso de Angkor posee cientos de templos que merece la pena descubrir. Sentimos que las fotos no hagan justicia.
Ahí va una pequeña muestra de todo lo visto durante estos días.

afterbluefrog
Surgió de repente, sin pensarlo. El 11 de diciembre agregaba un post en Facebook para recordar a mis contactos que faltaban 9 días para poder votar en el consurso de fotografía organizado por Endoethiopia. Había presentado una foto de un anciano de la etnia de los Oromo trabajando en Chew-Bet, casa de sal en amárico, y se me ocurrió añadir a la petición de voto una foto mía en el borde del enorme cráter junto con lo que escribí en el cuaderno de viaje sobre la excursión aquel día. Fotografía y cuaderno de viaje pensé, qué bien suena. No se me da bien la fotografía ni tampoco escribir, qué más quisiera yo, pero creo que el conjunto describe un pequeño bocado de realidad, de ahí el descriptor del blog, un instante congelado el tiempo y enquistado en la memoria mas allá de la calidad o técnica fotográfica, mas allá del estilo narrativo.
La fotografía de cabecera explica a la perfección lo que estoy tratando de decir.
Mumbai, septiembre de 2008.
Justo 25 días antes llagamos a esta ciudad para comenzar un viaje que nos llevaría a conocer lo más representativo del sur de la India. Un viaje muy intenso tanto en ritmo como en emociones, con maratonianas jornadas de coche que han molido nuestros huesos. Hemos visitado cuevas del siglo II antes de Cristo, templos impresionanes con mitología complicada y difícil de seguir. Hemos vibrado de nuevo con el Jainismo, conocido a Madhu y a su benefactor y benefactor de miles de dalits, un agotado pero tremendamente vital Vicente Ferrer. Nos hemos entregado a la voluptuosidad de la comida del sur mientras surcábamos canales rodeados de arrozales. Manos expertas han recompuesto nuestros doloridos cuerpos con antiguas terapias ayurvédicas junto a impresionantes playas solitarias.
Todos estos recuerdos golpean mi mente en la noche cerrada de Mumbai. Nuestro taxi avanza ágil por unas calles desiertas a estas horas. Sensación de velocidad aunque posiblemente sea solo eso, una sensación motivada por un firme en mal estado, un coche con demasiados años y kilómetros y una ventanilla bajada por la que se cuela y golpea nuestras caras la brisa suave de Marine Drive. El taxista para en la entrada a un oscuro callejón y con su dedo índicede nos señala hacia el interior. Pagamos 200IR y mientras nos adentramos en busca del Blue Frog, miramos hacia atrás para confirmar una vez más que vamos en la dirección correcta. El taxista mueve su mano en el aire y nos anima a continuar. Un poco más adelante, una puerta, dos chicos y nuestra reserva en el Blue Frog, un club y restaurante que nos ha recomendado Rafa,
— Si no sabéis donde ir os puedo recomendar lo último que se ha abierto en Mumbai, el Blue Frog. Es un club con música en vivo, comida también tipo western, copas, baile, etc. lo único es que hay que reservar con tiempo. Nosotros no encontramos hueco. Lo ha montado un tipo medio indio medio inglés y es super fashion, lo más de lo más en este momento. Si vais tenéis que sacar fotos!!!
y en el que nos daremos un pequeño homenaje. Diseño, exquisita iluminación, comida normal, música en vivo, gente guapa y unos sobresalinetes mojitos que junto al vino acaban lo que la ayurveda comenzó. Salimos relajados, las caras lo dicen todo, tenemos la sensación de abandonar un oasis y volver a una triste realidad. Una última foto en el penúltimo taxi y todo ello después del Blue Frog. Suena bien, tiene gancho, así que decido tomarlo a partir de ahora como seña de identidad, afterbluefrog. Mañana volamos a Madrid, un par de días para descansar y vuelta a la rutina, comienza la preparación del siguiente viaje.
Blue Frog
Zeba Center
Mathuradas Mills Compound,
Senapati Bapat Marg, Lower Parel,
Mumbai 400 013, India.
19° 0’2.43″N 72°49’47.15″E
Mursi people
Salimos hacia el poblado de los Mursi en el Parque Nacional de Mago al que se accede poco después de atravesar el río Neri. Si creíamos haberlo visto todo en lo que a malos caminos se refiere estábamos muy equivocados. Nada más pasar la raída cuerda que protege la entrada al parque, la mullida pista de tierra batida asciende por una colina para precipitarse después hasta el fondo de un valle. Nos vemos obligados a cerrar las ventanillas del coche para evitar así la entrada del más violento depredador con el que hemos topado hasta ahora: una especie de tábano. Se cuelan dentro del coche y sin más preámbulos comienzan a morder violentamente. Incluso a través de la ropa dejan su impronta. Finalmente, gracias a la habilidad de Mesfin y al sombrero de Marisol, logramos reducir su número y continuamos viaje en una tensa vigía, con las ventanillas subidas y un aire acondicionado que no es suficiente para poder refrescar un habitáculo excesivamente caldeado. Marisol lo pasa mal y apunto está de marearse justo en el momento en el que llegamos.
Kumbi nos habló ayer sobre lo agresivos que se ponen los Mursi cuando los grupos de turistas les visitan, pero estamos tan agobiados por el calor que nada más llegar al poblado salimos del coche ansiosos por respirar y lo último que pensamos es en el más que seguro acoso de los Mursi, por cierto ¿dónde están los Mursi? Dos hombres armados, uno joven y otro mayor, unas tres mujeres y cinco o seis niños es todo lo que sale a recibirnos. Sentados a la sombra de un gran árbol hay dos chicos y una chica con una cámara dispuesta sobre un trípode, todo ello de aspecto muy profesional, frente a ellos. Kumbi viene con malas noticias después de hablar con el joven armado. Al parecer conflictos entre los Bodi y los Mursi han ocasionado dos muertos de estos últimos, lo que ha desencadenado en una guerra tribal. Y en eso están, en algún lugar del parque pegándose tiros los unos a los otros.
Los dos chicos y la chica, australianos, resultan ser del National Geograpic Channel y están aquí rodando un documental sobre Etiopía. Después de pasear por la aldea y tirar un par de fotos charlamos con ellos de lo que nos gusta su trabajo, lo que nos gusta su revista y que gracias a un reportaje del número de julio del 2001, —Guardianes de la fe. El legado vivo de Aksum—, sobre el reino de Axum y las iglesias excavadas en roca de Lalibela, Marisol y yo estamos aquí. Me emociono tanto que no puedo menos de hacerme una foto con ellos. Por supuesto todos los niños que nos rodearon nada más llegar se colocan alrededor nuestro para salir en la foto y poder así cobrar unas monedas. En cuanto Kumbi les hace saber que no pagaré ni un solo birr, salen corriendo como alma que lleva el diablo, todos excepto uno, reticente a abandonar el regazo del chico.
Los viajes tienen estas cosas. Posiblemente los Mursi sean la etnia más conocida y más espectacular de Etiopía y nosotros no los veremos. Dejamos el poblado y a los chicos del NGC para emprender el camino de regreso. A pocos kilómetros paramos en la carretera en lo que parece ser una especie de puesto fronterizo, un control que protege el poblado. Hay más Mursi, tanto hombres como mujeres dispuestos para la foto. Solo Dios sabe que me pasa por la cabeza para no sacar la cámara de vídeo ni querer tirar fotos a las que posiblemente sean las últimas Mursi que veremos. Esme cámara en mano comienza a grabar a las mujeres enseñándoles el resultado a los hombres que entre risas van señalando a la que va apareciendo en la pequeña pantalla. Siento una envidia sana de lo bien que se lo ha montado y de como se los ha camelado. Quedamos en que me mandará una copia del CD para tener algo que editar.
Mago National Park, Ethiopia (05 51.097 N, 36 16.991 E). September 8, 2006.

