Entre el sueño y la vigilia


ImageMuchos momentos de mi vida los expreso con frases de Hook, tal vez porque siempre me sentí atraída por la fantástica historia de Peter Pan, donde la magia convive con lo real y logran la máxima dimensión todas y cada una de mis obsesiones: la infancia como refugio, la certeza de que existen las hadas y que de hecho habitan entre nosotros, el don de volar y la existencia de un lugar donde se detiene el tiempo y podemos ser eternamente niños y jugar hasta desfallecer.

Ese lugar entre el sueño y la vigilia, donde vive Campanilla, es al que querría huir ahora con los míos hasta que desaparezca este tiempo oscuro que nos ha tocado vivir. Con mis libros, mi música, mi bolsa de canicas y mis fotografías…para no crecer más, ni que lo haga nadie a mi alrededor.

Pese a todo, entre el sueño y la vigilia, María logró defender su tesis, con  sobresaliente cum laude y arropada por su familia, reunida en una pequeña sala de juntas de su facultad y a través de la pantalla del ordenador. Jorge ha escrito algunos de sus mejores versos, inspirado por la montaña poderosa y un verano de ilusiones nuevas. Salva y yo hemos afrontado unidos un incendio que redujo a cenizas el trabajo y los esfuerzos de quince años, un positivo por Covid y los terribles miedos del inicio de la pandemia, desafiando todos los peligros que suponía ser esenciales para nuestros colegas de profesión. Con tiento, pero esperanza, empezamos a anotar prometedoras señales en el libro de nuestra vida. Y nosotros, y solo nosotros sabemos bien quienes somos nosotros, pudimos volver al Mirador de las Candelas.Image

Hasta ahora, no había escrito ninguna entrada del blog escuchando una canción en bucle. Esta vez sí y de hecho, recomiendo leerla con el fondo de Love of lesbian y “El astronauta que vio a Elvis”. Yo he llorado mucho, pero vosotros no lo hagáis, por favor, porque mi pensamiento es alegre y el vuestro debe serlo también. De lo contrario, no podréis volar.

Casi no hice dulces en El Mirador de las Candelas. Estuve demasiado ocupada en los atardeceres FCFE80A6-11E0-4C72-8C20-9F872A7C359B

En contemplar las ramas fantasmagóricas de los robles, la enredada caricia de los tejos milenariosB9FE0F9F-8142-45BB-9CE8-A7FB8CA5E656

Y la puerta azul que conduce al paraíso.

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Pero hubo bizcochos, magdalenas y gofres de feria para acompañar la conversación del desayuno. Y pudimos despedir cada día con estrellas fugaces en medio del silencio atronador de Linarejos, siempre bajo el hechizo de Peña Redonda.

De regreso a casa, mientras los atardeceres rojos y los verdes profundos y sombríos del bosque se iban transformando en campos amarillos y cielos planos, me llegó la noticia de una pérdida inesperada: la de nuestra profesora de facultad Margarita Antón, la inigualable MAC. Hay personas que nos parecen inmortales e imperecederas por su carisma, su entrañable candidez, su estela. Querida MAC, el día de nuestra graduación todos tus alumnos queríamos una foto contigo y fuiste pacientemente de corrillo en corrillo con tu dulce sonrisa. Gracias por esa luz.

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Pero con las primeras lluvias, hemos sentido el mazazo de una ausencia aún más cercana, la de nuestro querido amigo Pau. No solo ha sido una referencia profesional para todos sus colegas, una persona respetada y respetable, sino un amigo entrañable. No puedo creer que esa fiesta anual de sobrasadas y algarabía deje este año de celebrarse. Por ti, Pau, empecé a elaborar cada invierno la mermelada de naranja amarga. Y a ti te debo, te debemos, algunos de los momentos más placenteros de los últimos años, saboreando la noche mallorquina o dejándonos envolver por el rumor del mar, en tu barco atracado en Cabrera.
No sabía cómo homenajearte y he recordado aquella tarde tan divertida que culminamos en el legendario Can Joan de S´Aigo, con ensaimadas y coca de cuarto. Aquí la tienes, recién salida del horno, sedosa y etérea como la nube desde donde nos cuidas con tu aire socarrón e inteligente.
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Nunca te olvidaré, queridísimo amigo, como no podré olvidar tampoco tu apoyo indispensable en tantas ocasiones
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Por ello, con el otoño ya desnudando los árboles y las almas, recuerdo mi vuelta a casa tras el viaje a Linarejos, procurando atesorar los momentos vividos entre el sueño y la vigilia. Serán mis polvos mágicos, mi brújula, el pensamiento alegre para poder volar de regreso y que no se me olvide el camino a la puerta azul, a mi anhelado destino el próximo verano
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Tiempo de mimosas

Cuando empecé a escribir esta entrada, el calendario señalaba la fecha del 5 de marzo. En este tiempo, nuestras vidas han cambiado  tanto que parece realmente imposible que solo hayan transcurrido unas semanas. Pero he preferido no cambiar el título, ni siquiera el contenido. En aquel momento, dejé escrito que siempre que los escaparates de La Jara y Bergamota se inundan de mimosas, presiento que el invierno, con su gris vestido de escarcha, toca a su fin

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No sé qué extraño poder tienen esas flores amarillas que tanto iluminan los días de carnaval, cercanos ya a la primavera, pero durante la peculiar transición entre ambas estaciones, no puedo sino correr sin remedio a vaciar mis jarrones y llenarlos de mimosas que alegran los rincones de mi casa

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El final de enero llegó con tristes despedidas. Tenía la esperanza de que el cambio de año me regalara días brillantes y sonrisas, pero a la vuelta de la esquina nos esperaba el adiós de un compañero, del que guardo grandes enseñanzas en el aprendizaje de la política y del periodismo activo en una institución. Con él se iniciaron muchos proyectos, que hoy permanecen vivos, y bajo su batuta consolidamos una marca y un equipo. Pasará mucha gente por estos despachos y los pasillos interminables del Palacio de la Asunción de Valladolid, pero el tiempo ilusionante que vivimos cuando Barcenilla dirigía la Comunicación de la Junta de Castilla y León, y en cierto modo estábamos abriendo camino, es realmente irrepetible. Siento que ya no estés, querido Luis, tanto, tanto…Nos hemos pasado la vida discutiendo por todo, pero quién me va a llamar ‘artista‘ a partir de ahora, cuando entre en ese despacho con vistas al patio y a los castaños y nadie me observe ya con su media sonrisa por encima de las gafas…

Sin embargo, ese zarpazo desgarrador de principios de año no era sólo un nubarrón. Detrás llegó un tornado que aún hoy nos mantiene atrapados en su tormento. ¿Cómo será nuestra existencia tras el Covid? Difícil respuesta para una pregunta que hace semanas jamás nos hubiéramos planteado. Habrá teorías, un relato, muchas historias entrecruzadas, pero a fecha de hoy no somos capaces de entender qué cruel maldición ha trastocado así nuestras vidas, impidiéndonos planificar un futuro posible. Tal vez porque planificar el futuro siempre fue un gran error.

Por eso no he querido cambiar el título de mi entrada, ni siquiera su contenido. En estas semanas, he aprendido a apreciar el valor de lo simple: las comidas en familia, los ejercicios de yoga compartidos con mi hija María, las conversaciones cotidianas en inglés con mi hijo Jorge…ImageImage

 

 

 

 

 

Y la oportunidad, casi el privilegio,  de trabajar en primera línea para contar esta pandemia, a pesar del esfuerzo, de la exposición, de los miedos.

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El mundo ha seguido girando y ha habido una primera luna llena de primavera, y con ella una Semana Santa sin jinetes recorriendo las calles de Valladolid la mañana del Viernes Santo, pero con torrijas de brioche para sustituir esas otras de Cubero que Carmen este año no ha podido comprar

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Y tras la Semana Santa, nada pudo impedir la Pascua, con su mesa engalanada y sus ‘panquemaos’

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Me cuesta imaginar un verano sin la silueta de Peñaredonda, sin la algarabía de los buhardilleros, sin los chasquidos de las hojas cuando Pingus salta sobre ellas. ¿Será así?

Yo sueño que no, aunque creo que la nueva realidad de la que nos hablan a diario es una amenaza muy real. Tal vez deberíamos pensar que la Naturaleza nos ha obligado a parar en seco para reflexionar sobre nuestra vida y en lo que nos estábamos convirtiendo: un planeta deteriorado, enfermo, asfixiado, inhumano.  El precio que estamos pagando por pensar en esto es demasiado alto, sobre todo para aquellas personas que nos han dejado en soledad y para quienes han visto arrebatado el derecho a despedirse de sus seres más queridos. Crueldad infinita. Dolor sin consuelo. Es obligado, por tanto, aprender de los errores y poner el foco en lo que realmente importa: los nuestros.

Y para proteger a los nuestros, hay que centrar todos los esfuerzos en la ciencia, en la investigación. Es, y así lo creo firmemente, en lo que hay que invertir a partir de ahora, lo que se debe potenciar por encima de todo lo demás. Lamentablemente, no confío en que nuestros gobernantes aprendan esta lección. Sus intereses pocas veces coinciden con los de la mayoría de sus gobernados. Pero confío en la gente normal que lucha, se afana y cada día vuelca todos sus esfuerzos en ser mejores.

Por todas esas personas, aplaudimos cada tarde a las ocho. Por ellas, parece que el tiempo se hubiera detenido en ese lugar mágico descrito por Hook, entre la vigilia y el sueño. Y ahí, donde no habíamos estado nunca, buscamos pequeños respiros que nos hacen creer que todo es normal para poder sobrevivir. Respiros que nos acercan a los que más queremos, como esos aperitivos virtuales en familia

ImageLos gofres que inundan de aromas a vainilla toda la casa y nos recuerdan los cafés belgas

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O la tarta más sencilla, pero más popular de todas, la insustituible tarta de galletas de nuestra infancia, para celebrar San Jorge este año en el que no hemos podido acudir a las librerías…

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Por eso, mientras el mundo sigue girando, en busca de vacunas, respuestas y esperanzas, yo salgo cada día a trabajar, a contar lo que está ocurriendo, cómo, cuándo, dónde… a veces con miedo y dudas, pero siempre convencida de que estoy en el lugar en el que debo estar. Y regreso a mi casa como quien vuelve a su refugio, a su burbuja, donde nada es fácil, pero estamos juntos. Y hay esperanza.

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Fin y principio

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«Mi bella luz… Fin y principio, 13 de diciembre, Santa Lucía»

Así comenzaba el mensaje de mi querida Nuria, avisándome de que había llegado el día de quemar el muérdago. Una vez más se iniciaba el ciclo mágico con el que cada año sé que se acerca la Navidad, el momento de hacer balance y propósitos, de los reencuentros bonitos, del calendario que se estrena, cargado de esperanzas…

Siempre que llega este tiempo, hay un fin y un principio. Y cumplo con los rituales que yo misma me he impuesto, pero ya forman parte de mi esencia. Voy decorando mi casa con luces y estrellas

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Preparo la mermelada de naranja de Madeleine

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El dulce de membrillo, con los magníficos frutos que me regala Miguel Ángel

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Empiezo a almacenar mis provisiones de muérdago para la cadena de suerte que he ido creando y de la que forman parte mis seres más queridos, mis compañeros, mis mejores amigos…

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Horneo mis galletas navideñas

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Elaboro mi turrón de trufa y mazapán…

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Llevo a la mesa creaciones nuevas, como esta «Coca de cuarto»,  una receta mallorquina que da lugar al bizcocho más esponjoso y aireado que jamás he probado y que me ha enseñado a hacer, cómo no, la deliciosa Juana Mari…

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Y van apareciendo en la biblioteca de casa bolsas y bolsas que preparo con mimo, con la ilusión de una niña, imaginando sonrisas y brillo en las miradas

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La Navidad es el fin de la época oscura y el principio de unos días luminosos en los que Nuria y yo nos volvemos a abrazar, cada 28 de diciembre, y compartimos confidencias de todo un año. Ella recoge y me trae el muérdago, que cuelgo religiosamente en el umbral de la puerta donde permanece hasta que, doce meses más tarde, el día de Santa Lucía, su mensaje me recuerda que ya debo quemarlo

También en Navidad me reencuentro con mi amiga Ana, «la Collado», que viaja desde Granada para celebrar las fiestas con su gran familia y se toma conmigo, el día de su cumpleaños, un café íntimo e intenso en el que nos lamemos las heridas y hablamos de todo lo vivido y de lo que nos queda por vivir…

Y Navidad es la época de nuestra famosa fiesta de disfraces, esa que todos los años decimos que tiene que ser ya la última, pero que nos resistimos a abandonar porque nos hace soñar un mundo infinitamente mejor, más divertido e infantil que el que realmente existe. Porque Navidad es mi padre, que tanto disfrutaba esa fiesta alocada y transgresora con la que cruzábamos y seguimos cruzando el puente de un año a otro

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Fin y principio. Ya solo queda por celebrar el día más hermoso, la fiesta de los Reyes Magos. La única mañana que siempre he pedido no trabajar y que realmente no perdono. El día en el que siento que la fantasía es posible, aun en un año como este, lleno de tantos desafíos, de temores e incógnitas

Pero en medio de las turbulencias y el desasosiego, brilla una luz, un ciclo de fines y principios que nunca deja de rodar y que promete una eternidad que me fascina, porque está fuera de nuestro alcance y nos enreda sin que podamos detenerla

Sí, todavía nos queda esa hermosa mañana de Reyes…Y un día menos para que el aleteo de Nuria me recuerde que ya es Santa Lucía, y debo quemar de nuevo el muérdago…

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Un bollo de leche y una chocolatina

ImageCuando éramos pequeñas, mis hermanas y yo nos deteníamos cada mañana de camino al colegio en un despacho de pan y leche, que era como entonces se llamaban esas tiendas diminutas donde apenas cabían dos o tres personas y solo se podían comprar algunos artículos básicos, como los bollos de leche y las chocolatinas para el almuerzo del recreo.

Bastantes años después, cada vez que paseo por la calle Las Mercedes de Valladolid, no puedo evitar volver la vista a ese local , que hoy ya solo alberga unas frías máquinas de snacks, y regresar a mi infancia rememorando el aroma a bollería recién hecha, con su aspecto dorado sobre el mostrador y ese brillo tan especial y único.

Han vuelto a transcurrir varios meses desde la última vez que escribí en el blog. Ha pasado justo un año desde la marcha de Manuel Erice y, aunque el tiempo dulcifica todas las ausencias, algunas son especialmente tristes y difíciles de sobrellevar.

Querido Manolo, te echo tanto de menos…sin duda sabes muy bien que acudiría a ti en infinidad de momentos para pedirte consejo.

Qué meses tan intensos: dos campañas electorales, un nuevo Gobierno autonómico, despidos de muchos compañeros, cambios… He trabajado como nunca, y también como nunca he sufrido ingratitud y sentimiento de soledad. Por eso, después de tantas y tan sentidas lágrimas, del vacío y de las decepciones amargas, necesitaba vacaciones tanto como respirar.

ImageLinarejos, el sitio de mi recreo, mi casa rural, mi refugio, ha sido nuestra primera parada. Pasé los primeros días muy enfadada a causa del mal tiempo. Nos parecía casi imposible que España entera estuviera a casi 40 grados y nosotros no superásemos los 16º y sin ver el sol. Hemos tenido un tiempo otoñal, como el que sentía dentro de mí antes de irme, pero tal vez por eso este año apenas hemos discutido, ni ha habido grandes enfados. Nos hemos sentido más unidos que nunca, indestructibles…

Hemos saboreado cada día, cada hora, cada minuto… niños y mayores, felices en nuestra casa, rodeados de castaños y brezo, lobos y ciervos. Hemos estado en el lugar donde queríamos y- sobre todo- necesitábamos estar, especialmente yo, a quien urgía tomar aire y pensar.

ImageSé que me toca una vez más ser junco y doblarme al paso del viento, para volverme a levantar cuando este deje de soplar. Yo, tan dada a esperarlo bien erguida, debo aprender a reservar mis fuerzas para ocasiones que realmente lo merezcan. 

He vuelto a sonreír en Linarejos. Allí se aprende que el mirador más privilegiado de la tierra puede ser una roca desgastada en mitad de la nada. Allí unas manos agrietadas recuperan su brillo con jabones de sosa y manteca de la matanza…y allí, cada noche te regala un manto de estrellas fabulosas como la que se enredó en tus dedos hace ahora justo un año, Manolo, y te llevó hasta los confines del mundo.

Gracias, Linarejos, por devolverme la fuerza que pensé que ya no tenía. Mientras el coche se alejaba, de vuelta a casa, veía hacerse pequeñitos Peña Redonda, el castaño de Pingus, la tía Pura, su manteca y sus jabones, el castillo de ’Mancanas’ y la bella Santa Cruz coronando un paisaje perfecto.

ImageMe tranquiliza saber que seguirán ahí, aguardando fieles nuestro regreso una y otra vez, siempre que necesitemos recuperar fuerza y valor.

Gracias a los momentos vividos en los escondites de Pingus, me han venido a la memoria otros también marcados por la lluvia, pero realmente maravillosos, como nuestro viaje a Liverpool para recoger a María después de su estancia en la Universidad de Manchester.

Cuánta música en sus calles para devolvernos la sonrisa, para cargarnos de esperanza con los mejores acordes de nuestro grupo fetiche. Allí bajamos a The Cavern…

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Visitamos la habitación blanca de Lennon…

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Y bailamos entre los paraguas.

A pesar de los agobios, no he querido dejar de hacer dulces. Son esa puertecita a la magia, a lo bello, a que siempre sea fiesta. He descubierto una increíble tarta de moka y chocolate…

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Preparé una coqueta Red Velvet para el cumpleaños de mi sobrina Marta

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Y sí, he llevado porciones de fiesta a nuestras mesas familiares, abriendo de ese modo la puertecita mágica…

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Durante las tardes frías y lluviosas de estas vacaciones, hemos hecho gofres y cookies, aunque también brioche y esponjosas ensaimadas para desayunar. Pero ya tengo decidido llevarme el año que viene un cargamento de chocolatinas que acompañaremos de brillantes bollos de leche para almorzar. Dime, querido Manolo, si eso no es rozar la perfección…

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Por encima de las nubes

sol-nubes_1204-19Hace un año que no escribo en el blog. A veces, me llegan correos sobre nuevas visualizaciones, personas que se asoman a él, que me envían mensajes, que siento que están ahí y esperan algo más de mí…

Han pasado muchas cosas en un año. Pero justo ahora, que de modo especial recordamos a los que ya no están con nosotros, no puedo evitar pensar que el acontecimiento que ha partido mi año en dos, que lo ha transformado y sacudido como un terremoto, ha sido la muerte de mi amigo Manuel Erice. Hoy, solo tres meses después, se le ha concedido a título póstumo el Premio de Periodismo Francisco de Cossío a la trayectoria profesional, un galardón que, sin duda, hubiera logrado por méritos propios antes o después, pero que lamentablemente no podrá celebrar como muchos hubiéramos deseado. Aun así, es una gran noticia para los que tanto lo hemos querido. «Salvo catástrofe, estaremos allí» me ha dicho su hijo esta mañana, exactamente la misma frase que pronunció su padre cuando le pregunté en mayo si podríamos vernos con motivo de un viaje mío a Washington.

2018 quiso que nos reencontráramos y, gracias a ese viaje, pude ser una de las últimas personas en verlo aún sonriente y lleno de esperanza en la vida. Un abrazo largo e intenso sirvió de preámbulo a un desayuno “con café rico, aunque sea americano”, donde nos faltaba tiempo para tanta confidencia, para tanta y tan incondicional amistad.

Cuánto te extraño, Manolo, cuánta falta me hacen tus sabios análisis en medio de esta mediocridad cansina que todo lo inunda…

Creé este blog para hablar de dulces. Dulces que nos ayudan a contemplar todo lo que nos va ocurriendo con una sonrisa. Cierto es que el azúcar se ha convertido en el veneno de nuestro tiempo, pero las fragancias que me inspiran siguen oliendo a manzanas asadas, a bizcochos que crecen con suaves toques de limón y vainilla, al chocolate mágico de los hechizos.

Por eso, en mi noviembre de melancolías, volví a abrir los armarios y rebuscar entre las harinas, levaduras y esencias para llenar mi casa de buñuelos

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Y tartas con frutos rojosImage

que con sus colores vibrantes me anuncian nuevamente la Navidad.

He recordado que en nuestro viaje a Washington, visitamos a los amish en el Condado de Lancaster. Me inspira mucha paz aquel lugar donde se ha detenido el tiempo en la llegada de los colonos suizos y alemanes a Norteamérica. Es extraño, pero ellos conviven con absoluta naturalidad con visitantes y curiosos sin que eso altere sus costumbres, ni sus ritmos. Al entrar en una de las granjas, nos invadió el aroma a pretzels en el horno, que luego degustamos como si no hubiera manjar mejor en el mundo.

He sacado de mis armarios la cajita con el preparado para pretzels que compré en aquella granja. Y mi casa se ha vuelto a llenar de ese aroma que me transporta otra vez al último encuentro con Manuel.

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Mientras preparo un café, revuelvo fotos en las que estoy con él. Todas me hacen sonreír, pero la que más me gusta, que no es ni mucho menos la mejor, es una que nos hicimos en el mirador del Empire State Building durante nuestro primer viaje a Nueva York y que, tiempo después, le regalé para que la pusiera sobre la mesa de su despacho, cuando se fue por primera vez a la sede nacional de ABC.

Aquella noche nos sentíamos dueños del Universo, felices, inmortales… cerca del lugar donde estás ahora, Manolo, por encima de las nubes…

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La luz de la tormenta

ImageCierro los ojos y me siento allí, en mi paraíso, el lugar de mi recreo. Ojalá me estuviera permitido retener los momentos, a mi familia unida, el olor de la miel, la suavidad del musgo.

La tarde que salimos de nuevo hacia nuestras vidas y rutinas, Linarejos se quedó atrás, acunado por la luna llena de aquellas noches, rendido a los pies de Peña Redonda, atrapado en la bruma de esa sierra arisca y mágica.

Del último viaje, me quedo con una frase de mi madre: cada verano tiene una tormenta y no se puede evitar, ha de llegar. Es cierto, y esta vez también lo fue. Pero las tormentas tienen un extraño poder. Una vez que descargan, con toda su furia, todo es más brillante y las fragancias antes inexistentes se expanden milagrosamente, como si hubieran estando esperando en su escondite la llegada de la lluvia. Lluvia purificadora, que se lleva la suciedad y nos devuelve el resplandor.

Con el sol aún alto, se produce cada año nuestro comienzo. Yo lo sé y no me engaño. Siempre quedan por llegar días cálidos, pero necesitamos la energía que nos proporciona este lugar antes de iniciar el curso, de retornar. Pase lo que pase, venga quien venga, esté quien esté, creo que no dejaré de volver a buscarlo, y lo presiento desde el día en que fijamos nuestra mirada en aquellas piedras oscuras, a veces tan inhóspitas, tan nuestras.

Pienso en mi última entrada del blog y sonrío. Por increíble que parezca, voy a enlazar las últimas ramitas de muérdago con las próximas, ya a punto de llegar, y en medio de todo eso, tantísimas vivencias que este año me han hecho crecer. Ha habido momentos muy duros, para mí y para los míos, y si tengo que pensar en una mano firme que me sostuvo en uno de ellos, no dudo en identificarla: Juana Mari en Mallorca, durante nuestra travesía a La Cabrera, también en una tarde de tormenta, frente al mar, acompañándonos la una a la otra, en silencio, respirando ese mar

ImageEsta imagen me dio la paz entonces, y me la ha seguido dando muchos, muchos días. Gracias, Juana Mari, por esa delicadeza inmensa que te caracteriza, por esa voz suave como un bálsamo y por toda la calma que me devolviste.

He intentado imaginar un dulce que me recuerde aquel atardecer, aquella luz reflejada en el agua, después de la tormenta, tan brillante cuando llegábamos al muro con la Zodiac… y, no sé por qué, he pensado en mazapanes, mazapanes aterciopelados y cubiertos de un glaseado sedoso, mazapanes como ella, que parece que no están, pero están y al final son el bocado más delicioso.

No me parece mala idea preparar unos mazapanes ahora que se acerca la Navidad, y me he acordado de una pieza que fotografié durante una cena en un restaurante de Burgos, y que me encantó cuando vi llegar el plato

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Así que he hecho mi versión rescatando la receta de los huesitos de santo, porque a mí, personalmente, es el mazapán que más me gusta, el más fino y versátil pues sirve también para cubrir pasteles y tartas, o para hacer figuritas tan cucas como este ratoncito.

Ingredientes:
200 g de almendra molida
150 g de azúcar
55 ml de agua
15 ml de amaretto (1 cucharada)
Azúcar glas
Y tendremos unos 370 gr de mazapán.
Elaboración:
En un bol ponemos la almendra molida.
En un cazo ponemos agua, amaretto y azúcar.
Cocemos a fuego medio hasta que el azúcar se diluya y el almíbar se vuelva transparente. Añadimos el almíbar a la almendra hasta obtener una pasta. Hacemos una bola, la envolvemos bien en film transparente y la guardamos en la nevera.
Antes de usar el mazapán lo sacamos de la nevera para que se ambiente. Con una pequeña cantidad de azúcar glas lo amasamos un poco y hacemos lo que teníamos pensado, como unas estrellas, por ejemplo:

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Que también se pueden tostar un poco en el horno:Image

Miro todas las fotos de estos meses, la mayoría llenas de luz y colores. Algunas, ya otoñales, tan mágicas como esta seta del bosque, que encontramos en nuestra entrada en Galicia, haciendo el Camino de Santiago:Image

Me entristece este frío que se cuela entre los burletes, las mañanas de hielo, las ventanas húmedas. Solo me inspira soñar que se acerca un tiempo de estrellas blancas, suaves y aterciopeladas como el mazapán. Y que tras él, volverán los colores de brezos y abejas a la estación de Linarejos, donde reinará Peña Redonda, una vez más.

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Las bayas de la prosperidad

ImageNunca os he hablado de mi amiga Nuria Peña. Nos conocimos hace años, cuando ella recaló en Valladolid para incorporarse al equipo de un programa de televisión, en el que ejerció como co-presentadora, llenando la pantalla de luz y sonrisas. Nuria es una de esas pequeñas hadas que viven entre nosotros y parecen personas normales, de no ser porque tintinean cuando pasan a tu lado.

Cuando finalizó su contrato y se vio obligada a regresar a casa en otra ciudad, a la búsqueda de un nuevo trabajo, a la aventura que no cesa, hicimos un pacto: cada año nos reuniríamos en la fecha de los Santos Inocentes para saber de nuestras vidas, para abrazarnos y reírnos y entregarnos el muérdago que, antes del 31 de enero, debe colgar de una de nuestras puertas hasta el 13 de diciembre siguiente: la fiesta de Santa Lucía.

Desde entonces, todos los 28 de diciembre, Nuria y yo nos encontramos en Los Zagales de la Abadía, como si no hubiera pasado el tiempo, pero con nuestro muérdago en el bolso y la emoción de descubrir qué ha sido de nosotras a lo largo de ese año: bodas, trabajos, separaciones, hijos, alegrías y tristezas son compartidas, mientras brindamos y sonreímos a la vida al abrigo de una amistad que no se resiente, por más que pasen los años.

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Mi cadena de muérdago es cada vez más grande. Nuria fue la primera en regalarme ese ramito invernal que, desde la antigüedad, se considera una planta con poder para traernos suerte, salud y prosperidad. Solo por el hecho de mantener su color verde durante todo el año, es símbolo de vida eterna, aunque al secarse adquiere un tono dorado y posee unos frutos parecidos a las perlas.

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Ahora que ha comenzado ya la primavera, parecen quedar muy lejos los días en los que voy preparando mis ramitos y mensajes para que familia, compañeros y amigos los vayan colgando de sus puertas, soñando con la buena suerte.

Mientras el muérdago va envejeciendo y adquiriendo su color dorado, los árboles de la calle se abren milagrosamente a la vida. Prunos y almendros han florecido y empiezan a crecer los atardeceres, la señal inequívoca de que el día se apodera de la noche. Llega la pascua y los panquemaos, las ceremonias y sus mesas dulces y las celebraciones que se alargan en los jardines.

Pienso en un dulce para retener esos momentos y mi mente la inunda mi abuela Benilde y esas flores maravillosas de masa frita que nunca he sabido hacer, tan tradicionales durante los carnavales, Semana Santa y Pascua, como las hojuelas, torrijas y rosquillas. A veces, no es necesario buscar la sofisticación de un pastel muy elaborado para culminar una fiesta. Casi siempre lo especial reside en lo más sencillo y artesanal, pero hecho con paciencia y mimo.

Pero sí disfrutaba especialmente de un pastel de masa frita, inventado por cierto por un confitero de Valladolid en el año 40: el abisinio. Buscando y rebuscando, he logrado dar con una receta, mezcla de varias de las que aparecen en Internet, que ha hecho posible que salieran desde mi cocina a la mesa mis primeros abisinios:

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Ingredientes: 250 grs. de leche, 30 grs. de levadura fresca prensada o 10 grs. de levadura seca de panadería, 60 grs. de azúcar, 15 grs. de azúcar vainillado, 75 grs. de mantequilla a temperatura ambiente, 2 huevos M, 500 grs. de harina de fuerza y 1 cucharadita pequeña de sal.

Se mezclan el azúcar, harina y sal y se añaden la leche y la levadura. Lo último en incorporarse es la mantequilla. Se deja reposar. Se extiende la masa y se cortan los bollitos con un cortador ovalado. Se dejan levar y cuando los bollitos han crecido, se fríen en abundante aceite de girasol. Se abren, se cubren con azúcar y se rellenan con crema pastelera.

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Ahí están, como le gustaban a mi abuela, tan dorados como mis bayas de la prosperidad y, al igual que esas hojitas y esos frutos parecidos a las perlas, llenos de promesas.

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Hasta que se seque el malecón

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Los últimos meses han transcurrido para mí a una velocidad de vértigo, casi sin tiempo para vivirlos de modo consciente. Pocos días después de mi última entrada, me desperté invadida por una luz brillante y cálida. Se colaba el sol entre los listones de la balconada y me asomé a la calle. Peña Redonda reinaba en lo alto y bajo mis pies, una alfombra de hortensias y lavandas me recordaba que un año más estaba ahí, en una aldea olvidada por los políticos, a quienes no importan demasiado unos pocos votos de ancianos, tan ocupados como están en sus disputas bizantinas. Lo que no imaginan es lo muy por encima que se encuentra esta sencilla gente, entre cuyos privilegios está vivir sin grandes ataduras y respirar el mismo aire que lobos, castaños y corzas.

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Nadie como ellos ve asomar la luna entre los perfiles ondulantes de la sierra, ni conoce la magia de las blancas piedrecitas de Pingus. Nosotros, sí, y no hay tiempo suficiente en el mundo para agradecer ese regalo.

Al cerrar los ojos, pienso en los primeros cuadernos de firmas de nuestra casa, «El mirador de las Candelas», y en los versos de una niña de seis años que, casi en un abrir y cerrar de ojos, con las primeras luces de este verano, celebró su boda. No fue en Linarejos, pero el sol resplandecía sobre los tejados de otro pueblo pequeño, engalanado con espigas y paniculatas para acompañar a una novia joven y radiante: mi sobrina Irene, quien me encargó su ‘candy bar’,  en los colores de su vestido de novia, blanco y azul, los que nos transportan a las nubes y a ese cielo donde bailan. Una ‘naked cake’ de fresas y cerezas, como ella quería, ocupaba el centro de su salón de baile, en un lugar mágico y campestre sobre el Duero, tan luminoso como su sonrisa aquel día claro de julio.

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Cierro los ojos de nuevo y me invade la luz del otoño. Vuelve a lucir un sol claro sobre las aguas del Duero, y nuevas paniculatas y hojas rojizas de arce adornan las bodas de plata de mi hermana Carmen. Con todo el mimo del mundo, cubrí la máquina de coser de mi abuela con una mantilla de color marfil, alrededor de la cual creé una mesa dulce otoñal, con macarons, gominolas, nubes y rojas manzanas de caramelo:

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Tengo la sensación de volar cuando veo en el calendario el discurrir de los días, y me preparo para hornear mis primeros panettones y cortar las ramitas de muérdago, la planta que los celtas creían portadora de suerte, salud y prosperidad, antes de que adquiera su característico tono dorado, del que sobresalen unos frutos parecidos a las perlas.

Hago balance y pienso que este año ha sido verdaderamente intenso, pero si pienso en un viaje, un proyecto, un sueño, todo me lleva a Cuba. Quise conocer La Habana antes de la muerte de Fidel, y he podido hacerlo. Buscaba el rastro de mi bisabuelo Pedro, quien llegó con su familia a ese país a finales de los años 20, y lo encontré en la planta deshabitada del antiguo Teatro Payret, su última residencia cubana, frente al imponente edificio del Coliseo; deseaba encontrar escenarios,  rostros, sonidos y aromas para una posible novela, y me los traje entre las hojas arrugadas de un diario,

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Me dejé invadir por las señales de una isla que aún no ha abandonado el siglo XX, fascinante, colonial, culta y seductora, arruinada y caótica, pero mágica, musical, grandiosa. Como susurraba aquel muchacho del callejón de Hammel: «disfruten mi país, pero no traten de entenderlo».  Me gustaría volver y perderme de nuevo en aquella Habana Vieja tan española, tan santera, tan bella. Gracias, Nicolás y Rosina Sirgado, por contarme todas esas cosas del bisabuelo, por resucitar en mí las historias que nos relataba mi padre de pequeñas, por disparar los resortes infinitos de la imaginación. He pensado mucho en vosotros cuando doblaba cada esquina.

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Perdonadme por no escribir hoy ninguna receta. Se nos va el año y no podía dejar pasar ni una semana más sin hablar de todo esto. Porque cada experiencia nos construye y completa, aunque nos haga un poco más mayores. Porque habrá que seguir aprendiendo y disfrutando de cada experiencia… hasta que se seque el malecón.

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FAROLILLOS

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El blog me ha recordado hoy que han pasado ¡cuatro meses! desde mi última entrada. Durante todo este tiempo, han venido a mi mente miles de motivos de inspiración y no han dejado de salir dulces de mi cocina, pero no he encontrado las palabras, esas que otras veces llegan sin esfuerzo, para escribir sobre acontecimientos que han disparado hasta el infinito mis emociones, tal vez demasiado intensos.

Ninguna ausencia es fácil, bien lo sabemos, pero algunas parecen arrancar de golpe parte de nuestra historia, como si un huracán hiciera volar de pronto centenares de vivencias guardadas en la memoria. En estos meses, uno de esos golpes de la vida se llevó los mejores recuerdos de mi adolescencia, las muchas imágenes acurrucadas en los rincones del alma, que uno sabe que están ahí, aunque siempre parezcan dormidos. Sí, en estos meses se fue para siempre ese amigo especial que conocí en Valencia de don Juan cuando solo teníamos 13 años y se abría una etapa nueva en nuestras vidas, las de mi prima Raquel y yo, siempre juntas descubriendo el mundo, el amor, el desengaño, la risa y el llanto. Realmente, nos quedaba mucho y muy grande por compartir: la muerte de su padre, mi añorado tío Jesús, y otras muchas después, entre ellas la del mío, a quien no olvido ni un solo día de mi vida.

Pero entonces éramos felices y reíamos hasta el amanecer en aquella cama ruidosa que arrastrábamos hasta el balcón para ver la salida de Las Pérgolas, a ver si aparecía en la noche el chico de nuestros sueños y nos miraba de reojo, sintiendo de algún modo nuestra presencia. Solo existían farolillos de colores, luces de verano, música de verbena y sueños, durante toda la noche…

Por eso, cuando desperté una mañana de estos meses y vi el mensaje inquietante que me decía que Adolfo se había ido, demasiado joven, demasiado injustamente, sin avisar…no entendí nada. Y aún hoy sigo sin entenderlo. Hace unos años, me reencontré con él en un viaje de trabajo a México. Después de tanto tiempo, y con nuestras vidas ya encaminadas, fue bonito y único sentir que en nuestro recuerdo permanecían muy vivos aquellos adolescentes que fumaban sus primeros cigarros en la sala de juegos cercana al instituto, que se buscaban en las Fiestas del Cristo en medio de las atracciones de feria, otra vez bajo los farolillos, y se creían invencibles ante el tiempo y las dificultades, aunque no eran más que unos niños aprendiendo a convertirse en mayores.

Sé, Adolfo, que te han despedido a lo grande en nuestro pueblo. Ya sabes cómo se las gastan en Valencia de don Juan, aunque a las personas queridas nunca se las despide del todo y esa sensación de sentirlas muy cerca es tan reconfortante que, sin duda, la experimentamos porque realmente lo están.

He pensado mucho en todo esto a lo largo de nuestras etapas del camino por La Rioja al final de la primavera. Cumbres aún nevadas, miles de flores amarillas y esos hermosos viñedos a nuestro alrededor…

Camino de Santiago de La Rioja 1

Camino de Santiago de La Rioja 2

Caminar hacia el horizonte es también abandonarse a lo que esté por llegar, sin miedo y sin sombras, llenos de esperanza y desprendiéndonos de todo lo que nos pesa. Así me he sentido yo, y así sabía que se sentían los que caminaban conmigo…

Camino de Santiago de la Rioja 3

Realmente, es difícil imaginar un dulce que alumbre estos pensamientos. Pero tantas horas de ruta junto a Carmela me han recordado la Bica, de aspecto sencillo y un interior deliciosamente inesperado. Preparé una nada más volver de La Rioja, con todos los sentimientos a flor de piel, los ojos enrojecidos y el alma cansada. Y lo hice con la receta que me envió la propia Carmela, con versión para Thermomix, que describo a continuación para todo el que quiera preparar un postre, o un desayuno, sencillamente inigualable:

Ingredientes:
4 huevos
200gr de mantequilla
400gr de azúcar
200gr de nata líquida
400gr de harina
1 sobre de levadura

Elaboración:
1.- Precalienta el horno a 160ºC con calor arriba y abajo.
2.- Pon la mariposa en el vaso e incorpora los huevos, el azúcar y la mantequilla a temperatura ambiente. Programa 3 minutos en velocidad 3.
3.- Añade la nata y mezcla 2 minutos en velocidad 3.
4.- Retira la mariposa y añade la harina y la levadura y mezcla 10 segundos en velocidad 6. Termina de envolver con la espátula.
5.- Prepara un molde para horno rectangular con papel vegetal un poco engrasado. Vierte la Bica y dale unos golpes para que la masa ocupe bien todo el molde. Espolvorea la superficie con abundante azúcar blanquilla y hornea durante50 minutos a 160ºC. Vigila los últimos 10 minutos para que no se te pase.
6.- Deja reposar 10 minutos en el molde, dentro del horno y con la puerta entreabierta; después deja enfriar fuera.

Bica

Pero aún quedaba primavera. La más ardiente, la más brillante, la que solo podía ofrecer una Sevilla luminosa, florida y adornada con farolillos que, en su armonía multicolor, esconden todas nuestras contradicciones y recuerdos: aquel primer baile, las noches de verano en mi pueblo, el horizonte nevado de La Rioja, la Bica recién horneada y los brillos de una feria tardía que me recuerdan que hay vida. Y esperanza.

Plaza de España de Sevilla

Sevillana con Anabel

Cascabeles

Siempre que trato de imaginar un sonido que me transporte mentalmente al invierno, sí, ese que acabamos de abandonar, vienen a mi cabeza cientos de cascabeles, como los de aquellos carruajes maravillosos de las ciudades centroeuropeas. Y con su sonido, se cuelan en mi retina imágenes del cuento de La Cerillera, buscando cobijo y calor en la cruda noche invernal, mientras las chimeneas se encienden en las grandes y lujosas mansiones, dando luz y confort a las opulentas cenas, a las entregas de fantásticos presentes, a la música y los bailes.

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En los últimos meses, me han ocurrido cosas realmente increíbles y me siento especialmente agradecida por ello. Nunca pensé que pudiera viajar a Viena como invitada al baile anual de debutantes en el Palacio Real donde  vivió Sissi y donde permanecen todos sus recuerdosViena 1

Viena 2

Viena 3

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Vivir el sueño de ser una princesa, el pasado mes de enero, ocurrió solo semanas después de otra visita a Viena, a propósito de un viaje a Bratislava, por cuestiones profesionales

Bratislava Castillo

Y en un ambiente especialmente mágico, con todos los mercadillos navideños desplegados en calles y plazas y ese olor a canela y manzanas de caramelo saliendo de las casitas de madera, que bien nos parecen la de Hansel y Gretel.

MERCADILLO NAVIDEÑO BRATISLAVA

Ha pasado tan rápidamente el tiempo, que todo lo vivido parece realmente un sueño. Pero la Pascua está ahí y las galletas, el jengibre, el aroma a mantecado…van dejando paso al anís y la miel, al azúcar quemado, a los churros y buñuelos.

A lo largo de las últimas semanas, he vivido también celebraciones especiales, como el 50 cumpleaños de Concha. Cuánta ilusión cabe en la organización de una fiesta sorpresa como la que ella alguna vez había deseado, con música, disfraces y un ambiente Flower Power. Sonrío al recordar muchos momentos de complicidad con su hermana Marta

Fiesta Flower 3

Y la sonrisa de Concha al descubrir lo que tantos días habíamos ocultado

Concha niños

Y he de decir que por fin monté mi primera mesa dulce en un hotel:

Candy bar Concha 1

Se acerca la Pascua, pero aún amanecen días fríos que me recuerdan la nieve helada en las aceras de Viena. Pienso en los aromas de la tarta Sacher y del Apple Strudel!! He buscado una fórmula completamente vegana, pensando en mi amiga Estíbaliz, y después de mucho insistir, he encontrado la receta más seductora en el blog Chocolate&Caramelo.

Aquí está:

applestrudel 1

 

Es increíble cuántas cosas buenas se pueden encontrar en algunos blogs y páginas dedicadas a las personas alérgicas o intolerantes. Realmente, con un poco de esfuerzo y dedicación, endulzar la vida de los demás, incluso la nuestra, es posible.

Pasamos demasiado tiempo volcados en lo negativo y las dificultades, compadeciéndonos de nosotros mismos, buscando el lado más oscuro de las cosas. A mí me ocurre muy a menudo pero, si miro hacia atrás, veo un invierno luminoso. Escucho los cascabeles y los carruajes, siento la alegría de las luces y la sonrisa de La Cerillera..

¿Por qué no imaginar una Pascua aún mejor?