Muchos momentos de mi vida los expreso con frases de Hook, tal vez porque siempre me sentí atraída por la fantástica historia de Peter Pan, donde la magia convive con lo real y logran la máxima dimensión todas y cada una de mis obsesiones: la infancia como refugio, la certeza de que existen las hadas y que de hecho habitan entre nosotros, el don de volar y la existencia de un lugar donde se detiene el tiempo y podemos ser eternamente niños y jugar hasta desfallecer.
Ese lugar entre el sueño y la vigilia, donde vive Campanilla, es al que querría huir ahora con los míos hasta que desaparezca este tiempo oscuro que nos ha tocado vivir. Con mis libros, mi música, mi bolsa de canicas y mis fotografías…para no crecer más, ni que lo haga nadie a mi alrededor.
Pese a todo, entre el sueño y la vigilia, María logró defender su tesis, con sobresaliente cum laude y arropada por su familia, reunida en una pequeña sala de juntas de su facultad y a través de la pantalla del ordenador. Jorge ha escrito algunos de sus mejores versos, inspirado por la montaña poderosa y un verano de ilusiones nuevas. Salva y yo hemos afrontado unidos un incendio que redujo a cenizas el trabajo y los esfuerzos de quince años, un positivo por Covid y los terribles miedos del inicio de la pandemia, desafiando todos los peligros que suponía ser esenciales para nuestros colegas de profesión. Con tiento, pero esperanza, empezamos a anotar prometedoras señales en el libro de nuestra vida. Y nosotros, y solo nosotros sabemos bien quienes somos nosotros, pudimos volver al Mirador de las Candelas.
Hasta ahora, no había escrito ninguna entrada del blog escuchando una canción en bucle. Esta vez sí y de hecho, recomiendo leerla con el fondo de Love of lesbian y “El astronauta que vio a Elvis”. Yo he llorado mucho, pero vosotros no lo hagáis, por favor, porque mi pensamiento es alegre y el vuestro debe serlo también. De lo contrario, no podréis volar.
Casi no hice dulces en El Mirador de las Candelas. Estuve demasiado ocupada en los atardeceres 
En contemplar las ramas fantasmagóricas de los robles, la enredada caricia de los tejos milenarios
Y la puerta azul que conduce al paraíso.
Pero hubo bizcochos, magdalenas y gofres de feria para acompañar la conversación del desayuno. Y pudimos despedir cada día con estrellas fugaces en medio del silencio atronador de Linarejos, siempre bajo el hechizo de Peña Redonda.
De regreso a casa, mientras los atardeceres rojos y los verdes profundos y sombríos del bosque se iban transformando en campos amarillos y cielos planos, me llegó la noticia de una pérdida inesperada: la de nuestra profesora de facultad Margarita Antón, la inigualable MAC. Hay personas que nos parecen inmortales e imperecederas por su carisma, su entrañable candidez, su estela. Querida MAC, el día de nuestra graduación todos tus alumnos queríamos una foto contigo y fuiste pacientemente de corrillo en corrillo con tu dulce sonrisa. Gracias por esa luz.

























































































