Hoy me ha vuelto a apetecer escribir. Esa necesidad ha regresado a mí. De repente, he sentido lo que tantas veces me movía y obligaba a escribir. Podriamos decir que las cosas ya sí que han cambiado -siempre menciono los cambios- y que, si estoy escribiendo esto ahora, es porque los dos sabemos que el final ha llegado de verdad.
Los simulacros acabaron para dar paso a una nueva realidad.
Al principio era raro. Nadie me enseñó a dejar atras una parte tan importante de mi vida, pero esto no es más que un paso más en mi crecimiento personal. Suena frío, pero creo que es lo bueno que sacamos de este tipo de experincias.
Te querré y nos querremos siempre, pero esto está muerto y tú has sido el encargado de hacérmelo ver. De alguna manera, te he obligado a acabar con todos estos años. No quería aceptar lo que tan cerca de mí estaba y que desde hace tantos meses conocía. Ahora, ya lo tengo claro.
Revisando conversaciones, recuerdo que mi primera despedida vino motivada por la indecisión. Yo no lo entendía, dado que era muy joven y para mí la otra persona era devoción. Pensaba que eso era lo que proyectaba al mismo tiempo. Pero ahora entiendo qué le pudo sentar mal, siendo consciente de que lo he vuelto a repetir y que, seguramente, forme parte de mí.
Mi ‘yo’ de los diecisiete sigue conmigo y eso, aunque suene contradictorio, me reconforta. Seguimos juntas. No quiero perderte. Nuestra esencia es lo que perdura en el pensamiento de la gente.
Llevo demasiado tiempo pensando en lo que será de mí, en lo que quiero hacer, en cuál será mi proximo paso y cómo lo daré. Creo que necesito desconectar y, como he hecho desde hace un mes, vivir en el presente. Y qué lento se pasa el tiempo cuando se vive en el presente…
Poco a poco, voy sabiendo lo que quiero sin pensar en el mañana a todas horas. La ansiedad la aparté cuando salí de Madrid.
La vida, al final, nos va enseñando el camino. Ahora, quiero estar sola disfrutando de lo que llegará, pero también de lo que acabará por apartarse de mi camino. Eso también estará bien.
Lo importante es que mi ‘yo’ de los diecisiete, de los diecinueve y de los veinticuatro se fusionen uniendo lo mejor de cada etapa. También manteniendo lo que nos hace diferentes. Seguimos aquí. Estamos juntas, aquí.