presentimiento

19 Març 2026
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Cómo iba yo a saber
que, sin decir palabra,
habías ocupado
el sur de mi memoria.

Te descubrí una noche
al despertar de un sueño
cuando estabas a punto
de volver a esconderte.

Pretendías ocultar
la palpable evidencia
de que las dos mejillas
se te estaban nevando.

Pues zarpaban los trenes
hacia orillas remotas
y desde los aviones
arrojaban los cuerpos.

Esperabas ansiosa
a que abriera los ojos
para salir al paso
de puñales y ortigas.

Yo no estaba seguro
de que fuera factible
incluso a cuatro manos
huir del laberinto.

¿Pero cómo negarme
a seguirle la estela
a tus pies recorriendo
mi envejecido rostro?

Una voz sospechosa
en el sueño explicaba
por qué nacen los ríos
y no cesan las lluvias.

Además, las pupilas
se te estaban nevando.
Pues zarpaban los trenes
hacia orillas remotas
y desde los aviones
arrojaban los cuerpos.

Yo no quise alarmarte,
pero ¿cómo negarlo?

Autor: José Miguel Junco Ezquerra

Ilustración: George Tooker, “voz” (1977)

Voz muestra a dos hombres a cada lado de una pared o puerta. Si bien el espectador es consciente de su proximidad, parecen inseguros de la existencia del otro. El hombre de la izquierda ha apoyado la cabeza contra la barrera como si escuchara movimiento o comunicación. A la derecha, un segundo hombre presiona su boca abierta hacia el otro lado, pero parece silencioso y paralizado por el miedo.


barcos en el río Clyde (John Atkinson Grimshaw, 1881)

18 Març 2026
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De aquellos días de lluvia ininterrumpida
que precedieron al viaje
y estuvieron ocupados en encuentros furtivos
y en vagas promesas a media voz,
solo conservo nítido el recuerdo
de los ojos ambarinos de una mujer
perdidos ya en otro reino
y el ruido de sus pasos, bajo los soportales,
hacia los muelles desiertos
donde estaba atracado un viejo carguero
que desapareció lento en la mañana.

Autor: Miguel Sánchez-Ostiz

Ilustración: John Atkinson Grimshaw, “Barcos en el río Clyde” (1881)

Las composiciones en las que John Atkinson Grimshaw representa los puertos de la Gran Bretaña victoriana son hermosas evocaciones líricas de la era industrial. Grimshaw plasmó la niebla y la bruma con tanta precisión que se diría que ha captado el frío del aire húmedo y el vaho que cala las gruesas ropas de los escasos personajes que pueblan las primeras horas de una mañana brumosa.

Grimshaw recoge en sus obras las diferentes fuentes de luz, utilizando la luna, las lámparas de gas del interior de los comercios, los faroles y los faros de los vehículos para representar una variedad de reflejos en las aceras y las calles empapadas de agua de lluvia. En 
Barcos en el río Clyde el chisporroteo de los puntos luminosos procede de una pequeña hoguera encendida a un lado de la calzada, junto a la cual se calientan dos trabajadores de los muelles.

La prosperidad comercial de Glasgow data del siglo XVII, cuando el puerto del río Clyde empezó a importar tabaco, azúcar, algodón y otros productos. Glasgow, situada al oeste del país, tenía un emplazamiento idóneo para luego volver a exportar una gran proporción de estas mercancías a Francia, Alemania, Italia, Noruega, las Indias Occidentales y Norteamérica.

En sus cuadros, John Atkinson Grimshaw representa el mundo moderno, pero consigue soslayar la deprimente y sucia realidad de las ciudades industriales del norte.


estación de tren de Prerow (Marianne von Werefkin, 1911)

17 Març 2026
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Representa un paisaje llano y sin árboles con un horizonte alto. A la izquierda, la duna alta de Prerow sobresale del borde superior de la imagen. Frente a la duna, se puede ver el Prerower Strom, que conduce a la cadena de lagos Darß-Zingst . A lo lejos, se ve un barco con una vela blanca. En el tercio superior de la imagen, el artista representa la estación de tren de Prerow; una locomotora de vapor con cuatro vagones de pasajeros acaba de salir de la estación.

Un sendero conduce a las dos entradas de la estación. Dos personas avanzan por él a lo lejos, casi llegando al edificio. Una tercera persona, una mujer con un vestido largo con cinturón y un chal como tocado, corre tras ellos a grandes zancadas. Lleva un bolso en la mano derecha.

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Amanecer (1920) es una reconocida obra expresionista que se caracteriza por el marcado contraste entre la oscuridad de los árboles y la luminosidad del cielo. Representa el amanecer como un momento dramático que simboliza la agitación interior y el anhelo de renovación.

La pintura representa un paisaje oscuro, casi negro, con árboles que se alzan contra un cielo salvaje y explosivo. El propio amanecer, con sus colores cálidos y luminosos, crea un marcado contraste con el entorno oscuro y las figuras sombrías que trabajan en el suelo. Este contraste entre luz y sombra es un motivo recurrente en la obra de Werefkin, que refleja sus experiencias personales y conflictos internos.

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El Cartero (1929) es una reconocida obra expresionista que representa a una figura masculina con abrigo y sombrero rojos, caminando por un paisaje montañoso. El cartero es una figura frecuente en sus obras y a menudo se representa en conexión con el paisaje ruso y la vida de sus habitantes.

La representación del cartero en el arte de Werefkin se asocia a menudo con cierta melancolía y soledad, reflejando el alma y el paisaje rusos. El abrigo rojo del cartero crea un marcado contraste con el entorno, a menudo sombrío y frío, lo que realza aún más la figura.


mirador de sombras

16 Març 2026
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Ningún visitante llegó hasta aquel torreón
alzado en los límites del vasto reino
de la desesperanza.
Sus ostros, sus voces, solo fueron el viento
y el sol último de la tarde
contra las ramas de un laurel.
Ningún otro viajero extrañado contempló
la llanura desierta y yerma
y el horizonte por donde se hundió mi sueño.

Autor: Miguel Sánchez-Ostiz

Ilustración: Eugenio Lucas, “La ciudad sobre la roca” (1875)

Esta visión de pesadilla de una ciudad rodeada de violencia, con su cielo poblado de misteriosas criaturas voladoras, se creía obra de Goya cuando fue adquirida por un coleccionista estadounidense en España en la década de 1880. Hoy en día, se cree que es obra de uno de los discipulos de Goya.

Es una ciudad asediada, rodeada de violencia, con criaturas voladoras acechando en el cielo. Cañones y antorchas iluminan la oscuridad de la noche y la muchedumbre —esa turba goyesca— espera amenazante para de alguna manera acceder al peñasco, como si de La noche de los muertos vivientes se tratara. En Aragón —de donde era el pintor— había algún que otro pueblo elevado sobre algún peñasco, quizás porque así es más fácil de defender. Pero ese aspecto inexpugnable se torna aquí casi claustrofóbico.

El paisaje apocalíptico recuerda a las llamadas Pinturas Negras de Goya.


Mère Larchevêque (Pissarro, 1880)

15 Març 2026
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La pintura Mère Larchevêque (The Washerwoman) de Camille Pissarro es una obra impresionante que destaca por su estilo artístico único y su composición hábilmente diseñada. La obra presenta una escena de una lavandera, una mujer mayor que se encuentra en el río lavando ropa. La pintura es un ejemplo de la habilidad de Pissarro para capturar la vida cotidiana de la gente común y transformarla en una obra de arte.

El estilo artístico de Pissarro en “Mère Larchevêque” es impresionista, lo que significa que utiliza pinceladas sueltas y rápidas para crear una sensación de movimiento y luz en la pintura. El artista también utiliza una paleta de colores suaves y apagados, lo que aporta una sensación de tranquilidad y serenidad a la obra.

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Las protagonistas de Una lavandera en Eragny son una madre lavandera que realiza su trabajo y su hija que la contempla El lienzo de un estilo abocetado pero que no afecta al volumen de las figuras posee un bello colorido: los naranjas, verdes y azules comparten protagonismo creando una bella sinfonía de colores y la iluminación y la atmósfera están plenamente conseguidas.

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Las protagonistas de Lavanderas (1899) son tres lavanderas. El lienzo posee un bello colorido : el verde de los árboles contrasta con el azul del agua y la iluminación inunda toda la escena.


el otro y el que habla

14 Març 2026
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Sé que dentro de mí hay otro ser,
alguien que exige heridas, desgarrones,
que tiene la impaciencia del cuchillo,
la obstinación del plomo, la sed de la metralla.
Desconozco ese ser que prefiere la noche,
los rincones.
Desde niño me asalta. Cuando toco un metal
me empuja hacia la sangre.
He buscado en los días de mi infancia
alguna relación con el cuchillo, con la muerte
violenta;
he practicado el odio hasta la angustia
pero soy incapaz, nací de otra madera.
Esa pugna entre el otro y el que habla
¿hasta cuándo será? ¿Podré negar mi mano
eternamente?
¿Permaneceré ciego a su llamado?
¿Acaso soy yo mismo, un nonato que vive
y envejece?
Dentro de mí habita un ser remoto, oscuro,
que se muestra impasible mientras alguien
me ataca
y exige, sin embargo, que agreda
a los que quiero.

Autor: Waldo Leyva

Ilustración: Munch, “night” (1890)

En «La noche», el espectador se encuentra con una escena nocturna impregnada de una profunda introspección y atmósfera. La composición incluye un espacio interior oscuro con elementos que sugieren la tranquila soledad de la noche. El punto de vista parece ser desde el interior de una habitación, mirando por una ventana. Una farola prominente se alza justo afuera, creando un marcado contraste con su tono más claro sobre la oscuridad y proyectando un suave resplandor que ilumina delicadamente parte de la habitación.

Las pinceladas son sueltas y expresivas, características del enfoque expresionista, donde el objetivo es transmitir la experiencia emocional más que replicar una representación realista de la escena. El uso del color y la sombra desempeña un papel fundamental, creando una atmósfera que evoca la introspección y la contemplación. La impresión general es de reposo y quietud, un instante capturado en el fugaz paso del tiempo nocturno.


ellos también dan tierra al campesino (Antonio Rodríguez Luna, 1937)

13 Març 2026
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Os declaráis bajo el mal
tan postrados y tan yertos,
que habláis lo mismo que muertos
a los que todo da igual.
Y ante seres tan pasivos,
en mi corazón se entabla
la cuestión de ver si habla
con los muertos o los vivos.
Tan resignado, tan manso
vuestro triste cuerpo va,
que a mí me parecéis ya
cadáveres sin descanso.
Basta de resignación,
de pies y de manos presos.
¿No tenéis alma en los huesos
ni sangre en el corazón?
¿Campará el pájaro malo,
y tendréis siempre a su antojo
sonrisas para su ojo
y espaldas para su palo?
Cuerpo de hombre que se deja
pisar, morir o matar,
al cuello debe llevar
el balido de la oveja.
Nadie se deje morir
mansa y silenciosamente,
para que la humilde frente
no le vengan a escupir.
¿Por qué no lleváis dispuesta
contra cada villanía
una hoz de rebeldía
y un martillo de protesta?

(Miguel Hernández, fragmento de “El labrador de más aire”)

Antonio Rodríguez Luna fue uno de los más cualificados seguidores del surrealismo hispano. Sus hallazgos e investigaciones en este contexto derivaron, durante los años de la Guerra Civil, en una especial modalidad de realismo poblado de símbolos, y en ocasiones de escenas que tienen mucho que ver con las visiones oníricas propugnadas por los seguidores de André Breton. Entre las obras más significativas realizadas por Rodríguez Luna durante el período bélico destacan dos conjuntos, los dibujos agrupados bajo el título de Emisarios del pasado y, sobre todo, las escenas contenidas en el álbum Dieciséis dibujos de guerra. A estas últimas pertenece Ellos también dan tierra al campesino (1937), que al igual que el resto de este tipo de composiciones, se caracteriza por su barroquismo y su muy cuidada y laboriosa ejecución formal, condicionada sin duda por su destino final como obra gráfica. El álbum Dieciséis dibujos de guerra, donde se narran, entre otras, cruentas escenas de los fusilamientos en Málaga y Almería y en la plaza de toros de Badajoz, fue reproducido en fotograbado en Valencia e incluido en las publicaciones del Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1937.


campesino (Joan Brotat, 1955)

12 Març 2026
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La pintura muestra un campesino arando la tierra con la ayuda de dos bueyes. Lo hace sobre un paisaje agrícola de vegetación muy esquemática con puesta de sol al fondo. Predominan los colores cálidos como ocres, amarillos y marrones.

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En Llauradors un par de hombres trabajan en el campo arando la tierra con sus animales. Se presenta un paisaje dividido en cuatro planos verticales, de abajo a arriba. El primero, presenta el terreno labrado a través de líneas diagonales y de color naranja; en el segundo, aparece un hombre y dos bueyes que labran el terreno con aperos. Aquí el campo aparece con líneas horizontales y en color rojo; en el tercero, aparece otro hombre con dos mulos, labrando igualmente la tierra, en dirección hacia la izquierda, y el terreno se representa con líneas diagonales en un rojo más claro que el anterior; y el cuarto, presenta una pequeño paisaje con colinas en tonos marrones y grises, con el sol y sus rayos en el cielo. En los tres campos de cultivo, el pintor ha colocado pequeños montones de piedra para incidir en la idea del arado de la tierra.

Joan Brotat Vilanova, nacido en Barcelona en 1920, fue uno de los artistas más originales y, sin embargo, hoy peor conocidos de la reconstrucción de la modernidad en los años de posguerra en España.

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Su procedencia humilde, la experiencia dura de la participación en la Guerra Civil como miembro de la Quinta del Biberón y una posguerra muy dura, económica y moralmente, explican la dificultad y la tardanza en la carrera de Joan Brotat, que sólo se hizo pública cuando ya había cumplido los treinta años. La pintura y la creación de un mundo de inocencia absoluta fueron la respuesta a esa amargura. Después de un éxito de crítica que fue un espejismo, las circunstancias de la vida y la dinámica del sistema del arte lo relegaron posteriormente a un olvido injusto.

Antes de su primera exposición, Brotat tuvo un breve período de informalismo y experimentación con collages y técnica gestual, pero en 1949 su obra empezó a adquirir un estilo primitivista muy personal como una reinvención de la pintura románica catalana.

Buscó un lenguaje primigenio y sus exploraciones lo llevaron a una figuración primitiva, ruda y elemental, casi brutalista en algunos momentos, que luego se fue sofisticando y haciéndose preciosista. En sus inicios, el gesto es ágil, espontáneo y dinámico; recuerda claramente la crudeza y la fuerza del arte infantil. Pero a diferencia de los naifs, en Brotat hay una voluntad culta y reflexiva, como demuestran la vinculación al modelo románico y los esbozos abstractos, que preceden a la opción figurativa. Brotat enlazó con la corriente de primitivismo estético que se desarrolló en la Europa de posguerra y que tuvo una constancia muy notable en España, vinculada a la herencia de Joan Miró y a los debates surgidos alrededor de la llamada Escuela de Altamira. Fue, tal vez, uno de los más fructíferos representantes de esa tendencia.

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Hijo de zapateros y vecino de un barrio tradicional de artesanos, una de las temáticas clave de Brotat es el mundo del trabajo, pero no el de la industria y la tecnología, que sería el propio de las dinámicas de su tiempo, en la era atómica y de los inicios de la sociedad de consumo, sino el de la artesanía y la agricultura, el de las tareas y los modos de hacer anteriores a la alienación. Había en él una especie de ética genuina del artesano.

Brotat construyó una realidad paralela hecha de ternura y de serenidad, habitada por seres afables y felices, modestos y trabajadores. Esta añoranza de una cultura arcádica se produce bajo el signo de la nostalgia. Brotat celebra una sociedad premoderna donde las personas parecen estar más cerca de la naturaleza. Se intuye, asimismo, una dimensión mágica, animista, en los paisajes cargados de símbolos y de referencias a lo orgánico y a la fertilidad, pero también a la muerte. Brotat crea un universo en que se domina y se sublima el conflicto. El vitalismo de la naturaleza se conjuga con la serenidad cotidiana o trascendente de los hombres. El hieratismo de las figuras, heredado del románico, confiere una especie de valor mítico a los personajes.

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el soñador (Halfdan Egedius, 1895)

11 Març 2026
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Aunque su vida fue breve, Halfdan Egedius dejó una impresión duradera en el arte noruego. Su talento artístico fue descubierto desde el principio y comenzó su formación en la escuela de pintura de Bergslien cuando tenía nueve años. Durante su formación en Kristiania, entre sus profesores también se encontraban pintores de renombre como Erik Werenskiold y Harriet Backer.

El arte de Egedius representa una ruptura con el realismo hacia un estilo más atmosférico, como se ve en sus formas simplificadas, colores tenues y pinceladas onduladas. Pero, sobre todo, las pinturas de Egedius muestran su personal interpretación de paisajes y entornos.

El cuadro El soñador continúa la revitalización en la década de 1880 del retrato del artista como género. El compañero pintor de Egedius, Torleiv Stadskleiv, doce años mayor que él, está retratado en una granja en el pueblo de Bø en Telemark, donde Egedius pasó el verano de 1895. El retrato es majestuosamente simple e informal. Mirando hacia la luz que se filtra, la figura se sumerge profundamente en sus propios pensamientos. Está situado un poco a un lado en el plano pictórico, con la mancha de sol en el suelo como contrapunto. La pintura está organizada cromáticamente alrededor de una sección media en blanco y negro, rodeada por el esquema complementario de rojo, amarillo y verde, con los calcetines rojo brillante del hombre y la silla de troncos como elementos llamativos.

La pose alude a un motivo popular en la historia del arte: el pensador melancólico. Este motivo fue apropiado y rearticulado en el fin de siglo del siglo XIX por artistas como Auguste Rodin y Edvard Munch. En la pintura de Egedius, el tema se formula de una manera más realista y mundana.

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Aunque a menudo se hace referencia al cuadro Juego y danza (1896) como “inacabado”, sigue siendo una de las principales obras de Halfdan Egedius. Egedius utiliza una paleta tenue, y las diversas formas parecen sólo parcialmente terminadas, o bien se desvanecen en una oscuridad indeterminable. El entorno y los detalles se minimizan en favor de una impresión inmediata y holística. La forma relajada realza los motivos atmosféricos de música, ritmo, baile y éxtasis de la pintura.

Egedius creó la pintura en el verano de 1896, con su colega pintor Torleiv Stadskleiv haciéndose pasar por el violinista. Durante su primer viaje a Telemark en 1892, Egedius quedó cautivado por su naturaleza y cultura y, en particular, por la “ferocidad” inherente al patrimonio de música y danza de la región. Egedius trabajó en este tema durante bastante tiempo y conocemos varios dibujos, estudios preliminares y variaciones del motivo. La relación entre el violinista, el instrumento y la gente que baila crea una impresión hipnótica de sonido, movimiento y emoción fuerte, subrayada por las pinceladas amplias y las pinceladas apresuradas de color. Por cierto, la música era un tema común en las pinturas de la década de 1890.

Las mujeres del fondo están ataviadas con trajes típicos típicos. El brillante perfil del violinista, situado muy a la izquierda, contrasta con la oscuridad del fondo, y la luz da a su rostro un aspecto dramático. Con los ojos entrecerrados, cede a la capacidad de la música para incitar a los bailarines.


navío de emigrantes (Lasar Segall, 1941)

10 Març 2026
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Cuando Lasar Segall (1891-1957) empezó a pintar “El barco de los emigrantes” en 1939, estallaba la Segunda Guerra Mundial en Europa. Siempre que vemos esta imagen, pensamos en la experiencia de los miles de refugiados que abordaron estos barcos para sobrevivir. Y, aún hoy, la relevancia de este trabajo es evidente cuando vemos tantos desplazamientos ocurridos debido a guerras, conflictos y crisis que continúan en el mundo contemporáneo. Pero más allá de estas primeras reflexiones, este panorama puede llevarnos a un balance muy extenso.

Lasar Segall tardó dos años en pintar el cuadro, que se completó en 1941. Antes, sin embargo, ya había realizado varios dibujos de anotaciones del mar, barcos, gaviotas y marineros, elaborados a partir de su propia experiencia viajando en barcos; tanto cuando vino a Brasil como en otros viajes que realizó. Mário de Andrade dijo una vez que “Navio de emigrantes” es un cuadro “muy reflexivo”. Muestra su preocupación por la condición humana y con todo el rigor y cuidado estético.