s谩bado, 21 de marzo de 2026

El gesto que sostiene

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 脡l tom贸 sus manos y las elev贸 con la calma de quien conoce cada silencio que ella guarda.

No hubo prisa, solo ese gesto lento que parece nacer del aire cuando dos personas se entienden sin necesidad de hablar.

Ella dej贸 que sus brazos subieran, por esa confianza suave que se construye con miradas, con gestos peque帽os, con la certeza de que el otro sabe sostener sin apretar.

Sus dedos quedaron all铆, sobre su cabeza, como si el mundo se hubiera detenido en un punto exacto de equilibrio.

Y en ese instante suspendido, solo exist铆a una danza silenciosa, una tensi贸n delicada, un hilo invisible que un铆a sus respiraciones.

Era un gesto simple, pero cargado de una elegancia antigua, de esa que no necesita adornos porque nace de la intenci贸n.

Y mientras sus manos permanec铆an arriba, ella sinti贸 algo extra帽o y hermoso;

Que a veces la verdadera fuerza es dejarse llevar por quien sabe tocarte sin romperte.

“puedo sostenerte sin retenerte”.

Campirela_

viernes, 13 de marzo de 2026

El arte de esperarte

 

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Hab铆a en su postura una quietud que encend铆a.
Sus manos, reposando con suavidad sobre su pecho, parec铆an guardar un secreto c谩lido,
y sus piernas, cruzadas con esa naturalidad que no pretende nada,
dibujaban un gesto capaz de detener el tiempo.
No buscaba llamar la atenci贸n;
simplemente exist铆a en ese instante perfecto
donde la ternura se mezcla con un deseo que respira lento,
como una brisa que apenas roza la piel.
Su mirada —calma, profunda, casi distra铆da—
ten铆a la delicadeza de quien invita sin palabras,
de quien sabe que la verdadera seducci贸n
no est谩 en mostrar, sino en sugerir.
Y as铆, en ese silencio lleno de significado,
ella dominaba el arte m谩s antiguo y m谩s sutil
el arte de esperarte,
de hacer que cada pensamiento que nace en quien la observa
sea una historia posible,
una caricia imaginada,
un suspiro que a煤n no se atreve a nacer.
 Campirela_


viernes, 13 de febrero de 2026

La Hechicera del Carnaval

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La hechicera del Carnaval

En la noche donde el carnaval desata sus secretos,

Ella aparece.

Bruja de belleza inquietante,

con cuernos que brillan como un antiguo presagio.

Un vestido que respira sombras y luna.

Avanza entre tambores y risas,

el mundo parece detenerse un instante.

En su mano, una manzana carmes铆,

pulida como un pecado reci茅n nacido,

Promesa silenciosa que invita a perderse.

Dicen que no es demonio ni mito,

Sino tentaci贸n hecha figura.

Cuando te mira,

la m煤sica baja la voz

Solo queda su gesto.

Suave, seguro, irresistible.

Te ofrece la fruta.

No habla.

No hace falta.

Ella sonr铆e,

Porque sabe que esta noche

Todos quieren pecar un poquito.

Y mientras la m煤sica arde,

Te ofrece la manzana,

cercana,

tentadora,

como si el mundo entero dependiera

De ese mordisco.

Campirela_

viernes, 30 de enero de 2026

Diecinueve Besos

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DIECINUEVE BESOS

Hab铆an sido diecinueve besos. No los cont茅 al principio; simplemente fueron apareciendo, descendiendo con la calma de quien conoce el camino hacia el punto m谩s vulnerable del otro. Se detuvieron en la curva donde el deseo despierta, en esa frontera sutil donde el cuerpo deja de fingir serenidad y empieza a hablar en su propio idioma.

Eran diecinueve besos que no buscaban prisa, sino verdad. Se posaban justo en ese lugar donde la piel deja de ser solo piel y se convierte en un territorio distinto, m谩s c谩lido, m谩s honesto. All铆 quedaron, perdidos a prop贸sito, como si cada uno supiera exactamente d贸nde nacer y d贸nde arder.

Mientras avanzaban, descubr铆an tu lenguaje silencioso, ese que solo se revela cuando la respiraci贸n cambia de ritmo. Y en cada beso hab铆a una promesa peque帽a, un incendio discreto, una forma suave de decirte que el deseo tambi茅n sabe ser delicado. As铆, esos diecinueve besos fueron trazando la geograf铆a que tu cuerpo invitaba a temblar, guardando en su recorrido el secreto m谩s 铆ntimo que ofrec铆as sin palabras.

Campirela_


viernes, 16 de enero de 2026

El Saxo

 

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La noche parece detenerse cuando ella levanta el saxo.

Envuelta en negro, la camisa entreabierta deja escapar un destello de piel que no busca llamar la atenci贸n, pero la reclama igual. El sombrero inclina su sombra sobre una mirada que no se ve, pero se siente.

La margarita en su pelo rompe la oscuridad como un secreto blanco, y la curva de su pierna, apenas revelada entre las botas altas, dibuja un deseo que no se nombra.

Cuando alza el saxo, el aire cambia.

No toca, seduce.

Cada nota es un trazo lento, un humo tibio que se enreda en las gargantas, un gemido que se desliza por la piel como un secreto que nadie deber铆a o铆r, pero todos desean escuchar.

Su m煤sica no busca aplausos, busca miradas.

Y las consigue.

Porque hay algo en su forma de respirar entre frase y frase, en ese vaiv茅n suave del cuerpo, que convierte el jazz en un roce invisible, en un deseo que se queda suspendido, vibrando, justo antes de hacerse evidente.

Ella no provoca.

Ella improvisa.

Y en cada improvisaci贸n deja un rastro que arde sin quemar, un deseo oculto que solo el jazz sabe despertar.

Campirela_


lunes, 5 de enero de 2026

Baile de M谩scaras en el Salon 2025-2026

            Un a帽o m谩s, nuestro anfitrion nos ha dejado una invitaci贸n a su Baile de M谩scaras de fin de a帽o.

El Castillo no puede estar m谩s concurrido de bellas damas, y esa aura que rodea todo el misterio que all铆 dentro se condensa, M煤sica, Manjares , Delicadeces , Conversaciones, y qui茅n sabe si en alguna sala haya magia , donde la sensualidad, erotismo, y seducci贸n llegan a los l铆mites permitidos por ellos mismos.
Se abre la puerta Aqu铆, pod茅is sentir , la creatividad y sensibilidad de sus invitadas. Entrad, cerrar los ojos y disfrutar...

                       
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                                  Mi Baile en el Sal贸n

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Aquella invitaci贸n del Se帽or del castillo lleg贸 en el momento exacto, como si hubiera estado esper谩ndola sin saberlo. Solo le hab铆a visto una vez, en el mercado medieval. Le observ茅 desde lejos, y aun as铆 su presencia me atraves贸, misteriosa, elegante, casi peligrosa. Desde entonces, las historias sobre 茅l me persegu铆an.
Cuando pens茅 en ese deseo, 茅l se gir贸. Sus ojos encontraron los m铆os con una precisi贸n inquietante. Sent铆 un estremecimiento que me recorri贸 entera, como si me hubiera tocado sin acercarse.
Y entonces lleg贸 la invitaci贸n, en un sobre lacrado con mi nombre grabado a fuego.
¿C贸mo supo 茅l qui茅n era yo?
Quiz谩 siempre lo supo.
Entr茅 en el castillo sin prisa, como si mis pasos conocieran un ritmo antiguo. No buscaba llamar la atenci贸n, pero mi presencia parec铆a abrir un peque帽o silencio a mi alrededor, un espacio donde las miradas se deten铆an sin quererlo.
脡l me observaba desde la distancia. Lo sent铆 antes de verlo.
Una atracci贸n silenciosa, un tir贸n suave, pero firme, como si algo en m铆 lo hubiera descolocado.
Respiro.
Camino.
Me deslizo por el sal贸n con una naturalidad que no finjo.
Y s茅 que 茅l me sigue con la mirada.
El sal贸n es un universo de luces, m谩scaras y m煤sica sensual. Todo brilla, todo respira, todo invita. Pero aun as铆, siento que 茅l solo ve una cosa, a m铆.
Cuando se acerca, lo hace sin darse cuenta de que ha abandonado una conversaci贸n a medias.
Yo no digo nada.
Solo lo miro.
Una mirada tranquila, segura, que no necesita adornos.
—¿Me concede este baile? —pregunta, y su voz suena distinta.
Acepto con un gesto m铆nimo, casi imperceptible, pero cargado de intenci贸n.
En el centro del sal贸n, cuando sus manos rozan la desnudez de mi espalda, algo se enciende.
No es la m煤sica.
No es el ambiente.
Es la forma en que me mira, como si estuviera descubriendo un secreto que no sab铆a qu茅 quer铆a conocer.
脡l, acostumbrado a dominar cada situaci贸n, siente que soy yo quien marca el ritmo.
Y lo nota.
Y le sorprende.
Y le atrae.
No hablamos.
No hace falta.
El lenguaje est谩 en la respiraci贸n, en la distancia exacta entre nuestros cuerpos, en la tensi贸n suave que se forma cada vez que mis dedos rozan los suyos.
El tiempo se detiene para nosotros.
El baile se vuelve un di谩logo silencioso, una invitaci贸n que ninguno de los dos pronuncia, pero ambos lo entendemos.
Cuando la m煤sica termina, 茅l se inclina para agradecerme.
Yo sonr铆o detr谩s de la m谩scara.
Una sonrisa leve, casi invisible… pero suficiente para que 茅l respire m谩s hondo, como si algo dentro de 茅l se hubiera desordenado.
—Ha sido un honor —dice, intentando recuperar su compostura.
No respondo.
Mi silencio es parte del juego.
Doy un paso atr谩s.
Luego otro.
Y otro m谩s.
No huyo.
No me escondo.
Simplemente, dejo que el sal贸n me envuelva, como si las sombras y las luces me reconocieran como parte de ellas.
Cuando 茅l intenta seguirme, ya no estoy.
No queda perfume.
No queda rastro.
Solo el eco de mi presencia, como una nota suspendida en el aire.
Sobre una mesa —donde 茅l jura que yo no pas茅— descansa una peque帽a tarjeta.
Un s铆mbolo antiguo, casi arcano, dibujado con precisi贸n.
Y debajo, escrito con una caligraf铆a impecable.
“Gracias por dejarte sorprender.”
Siente un vuelco en el pecho.
No entiende por qu茅 lo eleg铆.
S茅 que quiere m谩s.
Y tambi茅n s茅 que esto no ha terminado.
Regreso a mi realidad con una sonrisa que solo yo conozco.
Aquel hombre queda atr谩s…
Una noche en aquel castillo nunca se olvida.

Campirela_

viernes, 12 de diciembre de 2025

Penumbra

 
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Se arque贸 de espaldas al silencio
las manos alzadas, domando su propio deseo
mientras la camisa, apenas sostenida
dejaba escapar un susurro tibio de piel.
La luz recorr铆a su cuerpo
como un amante que ya conoce el camino
despacio, reclamando cada curva
con la paciencia de un secreto bien guardado.
Su postura hablaba m谩s que cualquier palabra
una invitaci贸n velada
un latido que ped铆a ser descubierto
con labios que saben esperar
y dedos que saben perderse.
No hizo falta verla de frente
su sombra bastaba para encender la noche
y en el leve temblor de su respiraci贸n
se escond铆a el deseo m谩s antiguo del mundo.

Campirela_

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Queridos amigos, os deseo muy felices fiestas, nos leemos despu茅s de todas ellas.

Mis mejores deseos para todos. Sed felices, no es una orden, es un deber ... Besos, gracias por un a帽o m谩s compartido.