A mi viejo y su frondizismo inexplicable
Se ve que el mes de marzo, pinta para golpes. El
29 de ese mes de 1962, es decir hace 50 años, era derrocado Arturo Frondizi,
electo en 1958 en la fórmula de la Unión Cívica Radical Intransigente, acompañado
por Alejandro Gómez como vicepresidente, quien años mas tarde renunciaría al cargo,
marcando un sendero para los vice que le sucedieran décadas después. Detenido
el ya ex presidente, fue conducido a la isla Martín García, acto con el cual
ese pedacito de tierra fue rebautizado como YPF (ya que habían estado presos, Yrigoyen y Perón anteriormente, Frondizi
ahora).
En febrero de 1958 le había ganado con comodidad
(obtuvo el 44.75%) a la fórmula de la UCRP (Balbin – Del Castillo) gracias a
una extraña combinación de votos provenientes de la UCR que había apoyado
parcialmente a la Libertadora durante esos dos años y medio (ya que el apoyo más
explicito provino del sector de Balbín) y el decisivo apoyo, desde el exilio,
de Perón, luego del acuerdo que Cooke y Frigerio alcanzaran para ello. (Con
todo algunos peronistas se negaban a apoyar quien había sido parte del golpe
del 55, pero el voto en blanco apenas superó el 2%).
Frondizi asumió con un encendido discurso
industrialista, gobernar se parecía mucho a obra pública, petróleo, recursos
naturales, construir. Tenía mucho de lo que el peronismo había enarbolado. Pero
las presiones militares no pensaban lo mismo y los que adherían al “espíritu de
la Libertadora” comenzaban a plantear, que la revolución no se había hecho para
volver a lo mismo. Es así que en 1960, Frondizi sede a las presiones y convoca
a los liberales a ocupar el Ministerio de Economía: Alvaro Alsogaray, asume en
al cartera y hace el magno anuncio: “hay que pasar el invierno”. La devaluación
se traga los ingresos de los sectores medios. Los trabajadores estatales o no
cobran su sueldo o reciben bonos “9 de julio” (los Lecop de la época sólo que
no siempre se pagaba por su mismo valor.) Aquí un poco de vida privada. Mis
viejos habían estado viviendo en un pueblo de la provincia de Corrientes. Ahorraron
plata como para comprarse una casa junto a la estación de tren de Castelar. No
contaron con a devaluación y sólo pudieron comprar a 40 cuadras de la misma
estación, casi sin servicios públicos. Luego, con mi viejo empleado estatal, contaron
con la generosidad de los comerciantes del barrio que les daban crédito “para
cuando cobrara”. De todos modos, su frondizismo, esa especie de peronismo de
clase media, según lo entendian algunos, quedó intacto.
Con el cambio de ministros vinieron los contratos
petroleros, pero también una política internacional (que incluyó la reunión con
el Che Guevara) que comenzó a disgustar a los militares mas gorilas. Según cita
Jorge Landaburu en este libro, mientras Aramburu en público desalentaba el
golpe, Rojas lo proponía como inmediato. A ese grupo se sumaban también algunos
radicales del Pueblo y la situación se agravaba con el alejamiento de los votos
peronistas que en elecciones provinciales empezaban a votar en blanco.
La presidencia de Frondizi dejó muchas enseñanzas,
una de ellas, que ceder ante las presiones de las corporaciones, siempre (o
casi) implica la pérdida paulatina del poder. Los planteos militares a
Frondizi, superaron los 30, así numerados como si fuesen un expediente institucional.
El 18 de marzo Frondiz anula las elecciones en las que la fórmula peronista
Framini – Anglada, había ganado la gobernación de la provincia de Buenos Aires.
Esa decisión, que no era otra cosa que un acto de absoluta deslegitimidad institucional,
no sirvió para frenar el golpe once días después. La historia cuenta que los
militares, ya enfrentados entre sí en Azules y Colorados, no definían a quien
poner y el presidente de la Corte Suprema Julio Oyhanarte, para evitar la entrada
de un uniformado a la Rosada, hizo jurar al vicepresidente II del Senado, José
María Guido. (Conocido luego como marioneta, porque lo manejaban “tres piolas”,
las FF.AA.).
