¿Qué es lo más importante de un
reportaje en un diario? ¿El título, la foto, los recogidos, todo el reportaje?
Está claro que uno se queda en buena medida con el título, aunque después lea
el texto completo, esas palabras iniciales, pegan fuerte. Pasa con casi
cualquier nota de un diario y hoy no falló el reportaje a Manuel Alcántara que
Pablo Sirvén le realiza en La Nación. Empezamos con el primer problema: El
entrevistador no es un analista político; conoce algo del tema como cualquiera que
lee los diarios, pero no es un tipo formado en eso; y esa condición deriva en
preguntas muy esquemáticas y casi con la respuesta previsible.
El título en cuestión es: "Kirchnerismo y menemismo son esquemas de
poder absoluto". Ahí tenés, absoluto quiere decir, autoritarismo y
no sería forzado hablar de totalitarismo. La frase la dice; el reportaje,
editado como todos, deja entrever que el bueno de Alcántara, también piensa
otras cosas. Por ejemplo le aclara a Sirven que lo de Argentina no es
nepotismo, simplemente porque sea la esposa, que es una categoría que se aplica
a otros casos.
Además de decir algunas frases
poco felices como “suerte de presidente-rey que cumple la formalidad de las
elecciones y las gana, pero que no es muy amante del sistema de partidos
políticos, paradójicamente ni siquiera del propio” como si esa “formalidad” no
fuese el núcleo central de toda democracia y no un mero accidente como lo
presenta, hay un punto en que el politólogo ingresa y que a mi entender se
equivoca, acaso por no conocer la situación. Dice: “Lo que prima es el
gobierno; lo que llamamos el partido en el oficio. Lo bueno es que se adapta;
lo malo es la desinstitucionalización y, por consiguiente, el personalismo. La
política se expresa así sólo en un pequeño grupo de personas. Este personalismo
tiende a ser muy conservador, a fosilizarse y no permitir la movilidad interna.”
Además del mentado caudillismo,
salvavidas que explicaría casi todo de la política latinoamericana (y no hay
caudillos en la España de los 14 años de Felipe González ni en la Alemania de
los 16 años de Helmut Khol, desde luego), sin embargo el dato mas significativo
es creer que el liderazgo de Cristina Fernández, que de manera digamos consolidada,
comienza en octubre de 2010, impide el movimiento del partido por debajo. Esta
idea bastante básica de pensar que el peronismo es un liderazgo carismático
fuerte y un partido congelado por lo bajo, copiado casi de un manual weberiano.
Sólo unos pocos ejemplos: José Manuel De la Sota es el único gobernador que
viene siendo un hombre de peso en el peronismo desde fines de los ’80 en su
paso por la Renovación. Incluso de ese grupo, no podría rastrearse otro
referente que tenga espacio en el esquema actual. Los jefes sindicales cercanos
a Menem en los ’90, son capaces de ir a cualquier reunión con tal de poder
aparecer en alguna foto. El “Barba” Gutiérrez, otro caso, es el primer
intendente que logra reelegirse en Quilmes. Desde el retorno a la democracia,
Capitanich debe ser el tercer o cuarto referente del peronismo chaqueño. De los
actuales ministros de CFK, ninguno tiene un curriculum demasiado extenso en la
política local. Mi joven amigo Gabriel Katopodis es intendente de San Martín,
luego de una intendencia kirchnerista no peronista. Y así cientos. Si algo
caracteriza al peronismo es la movilidad interna altísima y mucho más si la comparamos
con el resto del arco político: en el radicalismo sólo la biología se encarga
de suplantar liderazgos (¿es necesario recordar que mientras estuvo en este
mundo Raúl Alfonsín eligió todos los candidatos a presidente desde 1989? Y
cuando falleció el elegido fue su hijo). Elisa Carrió sigue siendo la referente
de la CC, donde no deben saber los que es una elección interna. Otro tanto para
Lozano, Solanas y un frente que en su momento no podía mostrar un candidato
menor de 40.
Porque ha tenido acceso al poder
de manera continua desde 1983, el peronismo es un partido altamente dinámico y
la renovación está asegurada, bajo los métodos en los que efectivamente se da. Pero
sucede. SI se tratara de un mero caudillismo, aún estaríamos observando a las
62 o a algún gobernador veterano, elegir las candidaturas.