el aprendiz de brujo (1160): el día y la noche

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Sufres el espejismo de la noche
que rellena los vasos
y te envía sus sombras alcahuetas.
Pero el día se empeña en recordarnos
que la noche es la niebla que separa
del miedo,
y la escarcha que asoma detrás
de los cristales
se afila en una larga estalactita
que es preciso beber para saber que estamos
juntos, aunque ya existe una frontera
trazada entre los dos como una herida
que no quiere curar, ni emponzoñarse.

En la cima del sueño
el día tensa el arco.

El primer haz de luz que nos alcance
nos dejará desnudos de promesas.
Recoge esas palabras en desuso
antes que la mañana nos dispare.
No me dejes caer en la tentación,
y líbrame del mal,
del bien,
de la esperanza.

Autor: Alejandro Céspedes

Fotografía de Pierre Pellegrini

el aprendiz de brujo (1159): armarios y sabanas

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No sé por qué
siempre que ordeno armarios
me faltan sábanas

Autor: Mónica Doña

Ilustración: Rene Magritte, “Homenaje a Mack Sennett” (1936)

poemas de amor, versos húmedos (159)

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ACTO LITERARIO

Necesito más poesía
dentro de mi cuerpo.
Un despiadado acto literario.
Inspirarte sin rima.

Soneto a cuerpo eterno,
libre de metáforas.
Hazme la métrica.
No me dejes
ni un solo verso suelto.
A pulmón cerrado,
te sueño hipóxica,
desmayo latidos de ti.

Autor: Marisol Santiago

Ilustraciones de Franz Eybl

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INVIERNO EN MÍ

Y sé que ha de llegar la primavera.
Nunca, hasta la fecha,
no ha terminado un invierno.

Lo que no sé
es si dejaré de tener frío,
miedo-angustia-vacío.

Si llegará el calor a derretir
toda esta nieve acumulada
tras las pestañas,
bajo las uñas,
sepultando latidos.

Si querrás, al fin, tiritar conmigo.

Autor: Asuntzi Martínez Ezketa

Ilustración: Galya Popova, “Cold Air“ (2025)

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Inequívoc grinyol de la taladradora

Hem fet l’amor en llocs ben remarcables:
a l’aparcament d’un centre tecnològic important,
en un racó de la biblioteca de la facultat
de Neuropsiquiatria, en un hotel de luxe
plantat entre magatzems bruts i fàbriques
desballestades, en una habitació llogada
a frec de l’autopista, a l’avantcambra
fosca i humida del panteó d’un home il·lustre
i a la sala d’espera de la consulta d’un metge
al carrer Diagonal. En tots aquest indrets
memorables hem fet l’amor, i sempre, a tot arreu
ens hi hem trobat una remor, de companyia:
l’inequívoc grinyol de la taladradora
venia a recordar-nos allò que no ha de ser oblidat.

Autor: Montserrat Costas

Ilustración de Owen Gent

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La Transparència i el Risc:
la tèbia intimitat del teu cos.
Existeixes.

Autor: Joana Bel

Ilustración de Montserrat Gudiol

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Atardeció
otra vez
en mi terraza
y no viniste.
No cruzaste
la avenida
no corriste
agitada
no tocaste el timbre
nunca llegaste.
No debí
haberte esperado
con todo este cielo
los árboles
el deseo
el agua a punto.

Autor: Jorgelina Soulet

Ilustración de Lucy Almey Bird

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En la plaza dormida del tiempo,
una guitarra despierta el ayer.
El verso camina con pasos lentos,
la canción canta lo que no se ve.
¿Y si el alma tuviera estaciones? —
susurra el verso, mirando el olivo.
Sería septiembre su renacer —
responde la canción, con tono vivo.
El eco se recoge en silencio,
y se convierte en palabra nueva:
donde hubo ausencia, hay presencia,
donde hubo sombra, hay una estrella.
El verso asiente, con ojos de niño,
la canción puntea un acorde lento.
Y algo invisible, como un suspiro,
les enseña el arte del tiempo.
Así, entre dos, nace el poema:
ni solo canto, ni solo papel.
Es memoria que danza serena,
y se convierte en ritual fiel.

Autora: Fabiola Rubio Gil

Ilustración de Alberto Muñoz García

Retratos de España (321): la niña de las naranjas

LLARANXES (NARANJAS)

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Los nuestros güelos nun nos falaren
de la guerra,
tampoco nuestros padres
nos falaren, por prudencia
o por desidia o porque andaben
a otres coses,
asina que diéremos al mandáu de callar
o d`inventar la nuestra
guerra con retayos dispersos
de la suya.
Sé que mio padre yera
un guaje y que pasó tres díes y tres
nueches nuna cabaña, en monte,
nel mes de febrero, con fiebre
y fame y tiritando.
Sé que mio güela Luisa
escondió un cura en desván de casa
y llavaba los calzones en ríu,
a escondides, coles manches
del mieu na pernera.
Sé qu´a mio madre, bien chica,
tirola´l caballu
y estazó les ñarices
naquellos tiempos tan malos
pa les enfermedades;
y que mio tíu Miguel
escapaba d´un bandu a otru
como una raposa famienta
tola guerra.
Sé que mio gúelu volvía
fugau pa en casa na espantada final,
cuando cayo l´últimu frente
-a pie, solu pela biesca-
y sintió ente les sebes unos ruios
y pensó que lu mataben
ellí mesmo.
Pero yera namás una rapaza,
una rapaza con dos simples
llaranxes,
una en cada mano,
y aquelles llaranxes brillaben
como gúevos de colores
xigantes ente la ñebla.

Eso fue lo que nos contó
mio güelu de la guerra.
Y el sabor d’aquelles llaranxes
tovía dura.

Autor: Berta Piñán

Ilustración: Rodrigo Martin, “El vendedor de naranjas” (2009)

ciudades y personas: Santa Coloma de Gramanet (I)

Santa Coloma de Gramenet , 1971

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Sobre la mesa del precario bar,
una tormenta de plástico duro
se derrama
y alguien revuelve el dominó,
repartiendo la suerte o la desgracia.
Uno de la partida mira por la ventana.
Con ojos de hombre viejo,
ve oscurecerse
un cielo de jarrones
en la inminencia del estruendo.
El primer trueno
y las fichas callan.
Si tiene que llover,
que llueva pronto,
que lo quiero ver.

Vino con la oleada
de los míticos murcianos.
De la barraca en La Torrassa, la Petita Murcia,
al Frente de Aragón y del frente a la cárcel.
Se libró de las sacas.
Y luego, la barraca en Montjuïc.
Llegó a Santa Coloma
anciano ya y cansado,
pero vivo.

Con la moral de los supervivientes
que nunca mendigaron ni pidieron perdón
y aupado por compadres y vecinos,
se levantó la casa en la montaña.


Hoy la montaña es también ciudad. Ha visto
calles arduas trepar por las laderas:
asmáticos adarves, fosos destartalados
bajo un ejército de antenas.


No le importa
que dentro de unas horas, esas calles,
abigarradas y azarosas más que sucesivas,
de habitación difícil,
se hayan vuelto
de nuevo navegables
—así sucede cada vez que llueve—
porque después calles y huertos
hierven de caracoles —¿dónde
se esconderían, los jodidos?—
y de críos
que juegan con el barro fresco
como de él recién nacidos.
La montaña le gusta
—amplio regazo de antiquísimo ídolo—,
como le gusta preguntar, y sabe de las cosas
que la montaña ha ido devolviendo,
restos de un viejo modo de vivir,
reliquias oxidadas de otras guerras
siempre contra los mismos


hombres de pecho de lata.
¡Mira que hasta una calavera
atravesada por un clavo!
Se indigna ante tan clara muestra
de mala leche y falta
de sentido del humor
que pagó aquel ibero, de seguro
terco y rebelde como él mismo.
Y a la montaña va llegando ahora
la penúltima invasión: tras las hormigoneras,
las lecheras escupen sus legiones de grises.
Por la tormenta convocados,
del otro lado de la calle,
los manifestantes se arraciman
-octavillas y gritos,
banderas rojas y banderas negras.
Abandona la partida y piensa:
De algo hay que morir. Mejor que sea
boina calada y garrota en ristre.
Y con el gesto airado
de último comunero,
de cátaro irredento,
de aborigen furioso,
atiza los rescoldos de los viejos hogares,
la viejísima lumbre,
el fuego sagrado.

Autor: Mateo Rello

Fotografía de Joan Guerrero

las cuatro estaciones (253): invierno

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De l’hivern albí que et perfora,
cercarem junts les entranyes.
No caldrà que encenguis fogueres:
amagarem el gel.

Autor: Montserrat Costas

Ilustración de Deb Garlick

el aprendiz de brujo (1158): los cretinos

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Hoy los cretinos están especializados”

(Ennio Flaiano)

Ilustración: Simon Quadrat , “Manin Striped Suit (Hombre con traje de rayas)”

ciudades y personas: Barcelona (XXVIII) Somorrostro (V)

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La vida de la mayor parte de los hombres no es más que una lucha constante por su existencia misma, con la seguridad de perderla al fin. Pero lo que les hace persistir en esta fatigosa lucha, no es tanto el amor a la vida como el temor a la muerte que, sin embargo, está en el fondo y de un momento a otro puede avanzar. La vida misma es un mar sembrado de escollos y arrecifes que el hombre tiene que sortear con el mayor cuidado y destreza, si bien sabe que aunque logre evitarlos, cada paso que da le conduce al total e inevitable naufragio, la muerte. Ella es la postrera meta de la fatigosa jornada, que le asusta más que los escollos que evita” (Arthur Schopenhauer)

Fotografía: Barracas del Somorrostro (Barcelona)

ciudades y personas (XXVII): Barcelona. El Somorrostro (IV)

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«Havien passat dos anys de la guerra i l’Eusebi, al peu del reixat, alt i prim, amb la camisa descordada i amb els cabells mal tallats, amb un rínxol al front, ja era un home. (…) Al cap d’uns dies vam començar a sortir junts. (…) Una nit vam anar a la barraca (…) La barraca només tenia dues parets de maó; les altres eren fetes amb llaunes, amb fustes velles i amb trossos de sac entaforats per les escletxes. (…) La barraca no tenia finestra. El llit estava arraconat a una paret de llaunes perquè ens venia més bé per encabir la taula i les cadires i una calaixera amb calaixos que costaven molt d’obrir perquè la fusta, amb les humitats, es reinflava. (…) Els dies que plovia, si plovia fort, ens queia aigua pertot arreu. Les goteres que teníem a la casa on havia viscut es podien tapar: el senyor Jaume feia ciment clar en una gaveta i corria pel terrat tapa que tapa. Però les goteres de la barraca no tenien adob perquè la teulada era feta de coses estranyes, de fustes, de maons, els uns posats damunt dels altres, tot lligat amb canyes i amb guix (…) La nostra barraca feia riure, tota coberta de paraigües. (…) Aquella tarda un núvol molt gros es va anar escampant per damunt de les barraques i a entrada de fosc es va aixecar un vent que semblava que vingués de terra de tanta que en tirava enlaire. (…) A fora hi havia molta gent; unes dones cridaven que vindria la inundació i els gossos lladraven. La barraca era un sarau de llaunes. De seguida va ser negra nit. (…) Aleshores ell em va acostar la cara i em va dir baixet que m’estimava molt.»

(Merce Rodoreda, «El carrer de les Camèlies»)

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«No será un paraíso pero estamos mejor que en el Somorrostro. Usted no sabe que era aquello.Yo viví allí toda la infancia»

(Manuel Vázquez Montalbán)

ciudades y personas (XXVI): Barcelona. El Somorrostro (III)

PLATJA DEL SOMORROSTRO

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Com una foto obscena, el teu pubis m’ensenya
el que no vull mirar,
el meu barri destruït i ple de pijos
descaradament idiotes,
savis de pacotilla.
Que voten als candidats més corruptes de l’esquerra.
Torno a l’úter entre divagacions
sobre la pervivència del doble zero
mentre em camuflo enmig dels que temen la mort.
Ja no sé a quin del bàndols pertanyo:
als que no volen lluitar
o als que no volen ni sentir parlar de la lluita.
Potser als que no estan disposats a morir.
Els contrabandistes de la soledat
caminen per la platja fins a l’envelat
de la festa major on el teu alè d’alcohol
i el perfum em parlem quan tu has callat.
Tenia divuit anys i ja t’esperava nerviós
al meu Somorrostro desmemoriat

Autor: David Castillo

Fotografía: Ignasi Marrayo, “Somorrostro” (1964)