domingo, 28 de junio de 2009

"Las causas" (J. L. Borges)

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue primero.
La frescura del agua en la garganta de Adán.
El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, las fotos, las legiones.
Cesar en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del Persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del Tahúr. El oro ávido.
La forma de las nubes en el desierto.
Cada arabesco del caleidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

El Toro de Barro dijo...

"Pulso de seda"...En el silencio de la mañana uno va buscando metáforas así, que me devuelvan la fe....a ser como el ojo que descifra la tiniebla de la que habla tu Borges...
Carlos

29 de junio de 2009 09:02

domingo, 27 de mayo de 2007

Trozos de nada


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Ellas

Image Dialogo con las palabras a trompicones arrítmicos. Me persiguen, las persigo, pierdo la noción de quién persigue a quién: jugamos al gato y al ratón cual dos potenciales amantes victorianos. Tocan mi hombro con su índice y, por más rauda que me vuelvo, ya se han escondido tras un árbol del jardín donde pasea la reina de corazones. Entonces me siento estafada, vendida a su potencialidad. Me guiñan un ojo como de cíclope, saben cómo provocar una revulsiva mezcla de animadversión y alegría de boliche. Se sientan oblícuas en la punta de mi lengua y se evaden burlonas. ¿Cómo darles un nombre o una etiqueta para asirlo y sobrevivir? ¿Cómo asir aquello que se inventó precisamente para asir lo Otro?