dilluns, 23 de març del 2026

HOGUERA PARA LOS SODOMITAS

 

El cristianismo sigue impregnando aún decisivamente nuestra moral sexual y las limitaciones formales de nuestra vida erótica siguen siendo básicamente las mismas que en los siglos XV o V, en época de Lutero o San Agustín. Y eso nos afecta a todos en el mundo occidental, incluso a los no cristianos o a los anticristianos. 

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Os ofrezo un resumen de varios pasajes de Historia Sexual del Cristianismo de Karlheinz Deschner, publicado en 1993. En 33 años ha llovido mucho y algunas afirmaciones son matizables, a pesar de ello sigue ssiendo un buen trabajo sobre el tema. Al final intentaré esclarecer alunos.


HOGUERA O CASTRACIÓN PARA LOS HOMOSEXUALES..


La Iglesia ha condenado (1) en todo momento la homosexualidad (sodomie ratione sexus) como una perversidad abominable. Pero ¿es tan antinatural? ¿No es acaso la expresión de nuestra naturaleza fundamentalmente bisexual? ¿No es un fenómeno que también aparece a menudo entre los animales, sobre todo en los primates, que son los reyes del reino animal? Entre ciertos monos, algunos machos se masturban mientras otros los penetran. Y en todas las especies animales superiores, cuando la pareja heterosexual no está disponible o es impotente, los individuos se entregan a la homosexualidad. Los perros copulan per anum, las vacas se montan unas a otras, las lobas se lamen mutuamente la vagina; las gallinas, las ocas, las patas y las hembras del faisán tienen a menudo relaciones lésbicas. 

Los contactos homoeróticos entre distintas especies animales tampoco son infrecuentes. Según Goethe, decidido anticlerical, la homosexualidad es tan antigua como la propia humanidad y, por eso mismo, natural. En Grecia, la pedofilia domina todas las manifestaciones de la cultura desde los tiempos más remotos: artes figurativas, épica, lírica y tragedia, calificada por algunos críticos antiguos como «caldo de cultivo de la pe-derastia». Nos encontramos con ella en todo tipo de libros históricos, científicos y filosóficos y la mitología rebosa de leyendas paidofílicas; más aún, en un primer momento, la palabra «pedagogo» designaba al hombre que inducía a los muchachos a mantener contactos homosexuales. 


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Zeus y Ganímedes. Anton Raphael Mengs. 


Licurgo, el (legendario) legislador de Esparta, afirma en sus leyes que no se puede ser un ciudadano competente si no se tiene un amigo en la cama. Solón y sus sucesores recomiendan la homosexualidad (2) a los jóvenes. Platón no conoce «mayor dicha para un adolescente que ser amado por un hombre honesto, ni mayor dicha para éste que tener un amante». En Tebas, la homosexualidad era práctica habitual de un potente regimiento de élite compuesto por trescientos hombres y en Creta y   Esparta formaba parte de la educación que los jóvenes guerreros recibían de sus superiores. La lista de homosexuales famosos de la Antigüedad griega incluye a reyes como Hierón de Siracusa o Filipo de Macedonia, estrategas como Alejandro Magno, Epaminondas o Pausanias, legisladores como Minos y Solón, filósofos como Sócrates, Platón o Aristóteles (2) y muchos otros. 

Sin embargo, las historias de la cultura de la Antigüedad clásica más voluminosas de finales del siglo XIX seguían sin mencionar la homosexualidad o lo hacían muy de pasada. Y en las escuelas de la actualidad todavía no se habla del tema. El pecado que clama al cielo Con los hebreos y los cristianos comenzó una caza despiadada de homosexuales, aunque, en ciertos momentos, el judaismo contó con algunos templos donde se practicaba la prostitución homosexual masculina (3), como ocurrió en otros cultos asiáticos. No obstante, el Antiguo Testamento impuso la pena de muerte para la homosexualidad: «si alguien se acuesta con un hombre como con una mujer, ambos han cometido abominación (toúebhah) y deben morir». (4)

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La mayoría de los  Padres de la Iglesia tcondenan la homosexualidad, sobre todo San Agustín, el vehemente San Juan Crisóstomo y el todavía más rabioso Pedro Damián, que cree que la homosexualidad es peor que el bestialismo. (San Agustín condenaba cualquier reslación sexual no recreativa, y en este caso, debía ser con total ausencia de placer)

Posteriormente, San Pedro Canisio (1521-1597) se convirtió en el más virulento impugnador de la homosexualidad, incluyendo las relaciones homoeróticas entre los «peccata in coelum clamantia» los pecados que clamaban al Cielo, una categoría hasta entonces apenas conocida cuya especial importancia se encargó de subrayar. La sociedad cristiana persiguió el «vicio» durante mil quinientos años con castigos cada vez más severos; los teólogos lo condenaban con expresiones constantemente renovadas: «nefanda libido», «nefarium», «monstrosa Venus», «diabólica luxuria», «horrendus scelus», «execrabile», etcétera. A comienzos del siglo IV, el sínodo de Elvira priva de la comunión a los «violadores de niños», incluso en peligro de muerte. San Basilio ordena que se aplique a los homosexuales una penitencia de quince años; la teología de comienzos de la Edad Media habitualmente se pronuncia por los diez años. El XVI sínodo de Toledo establece en el año 694 que un sodomita debe ser «excluido de todo contacto con los cristianos, azotado con varas, rapado ignominiosamente y desterrado». El sínodo de Naplusa (1120), que responsabiliza al modo de vida desenfrenado de los creyentes de las catástrofes naturales y los ataques de los sarracenos, exige que quien ha consentido libremente un acto homosexual (activo o pasivo) muera en la hoguera. La bula papal Cum primum prescribe en 1566 la entrega al Estado de todos los homosexuales, lo que indudablemente comportaba la ejecución. Pena de muerte según el derecho secular Los emperadores paganos no habían visto la homosexualidad con malos ojos. Pero Constantino y sus sucesores en el trono la condenaron a la hoguera.

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 El antiguo Código Visigodo, elaborado entre los siglos VI y VII y contaminado de ideas cristianas, establece que las relaciones homosexuales debían ser castigadas, además de con determinadas confiscaciones, con la castración; en una reelaboración posterior del mismo, las Siete Partidas, (5) se prescribe la pena de muerte. Y es que, como se dice en dicho texto, por culpa de este terrible pecado «del que algunos son esclavos. Dios Nuestro Señor hace descender sobre la Tierra el hambre y la peste y los terremotos y una infinidad de males que ningún ser humano podría detallar». El amor homoerótico fue considerado en Occidente durante mucho tiempo como un crimen capital. Las leyes penales de Carlos I («cabeza secular de la cristiandad y protector de la Iglesia»), que todavía estaban vigentes en muchos lugares a finales del siglo XVIII, castigan las relaciones sexuales entre hombre y hombre o entre mujer y mujer con la hoguera


En Inglaterra, donde esa clase de relaciones estaba muy extendida, quienes las practicaban fueron colgados o lapidados hasta el siglo XIX. Más tarde se ordenó que el máximo castigo fuera la cadena perpetua, pero antes de ello se abandonaba al reo a «los sanos sentimientos de la población» poniéndolo en la picota, donde se le arrojaban durante horas barro, excrementos y perros, gatos y peces podridos; el simple intento de cometer este «crimen horrible» era castigado con una pena de hasta diez años. En Inglaterra hubo que esperar hasta 1957 para que la homosexualidad entre adultos fuera despenalizada.


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NOTAS

(1) Especialmente a partir de siglo XIII.

(2) Las relaciones homosexuales, el concepto homosexual no existía.

(3) Hoy se pone en duda.

(4) La misma Biblia habla del amor puro entre David y Johnatan, y Rut y Noemí

(5) Las siete partidas de Alfonso X apenas se llevaron a la práctica,

dilluns, 16 de març del 2026

Hombres condenados por delitos homosexuales recluidos en la prisión de Portland, 1869

  El presente estudio se centra en el trimestre que finalizó el 30 de septiembre de 1869, para el cual he recopilado datos de hombres condenados por los delitos de sodomía, abuso sexual y actos contra natura (específicamente con otro hombre).


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El trabajo fue realizado por Rictor Norton y publicado en su web:      https://rictornorton.co.uk/eighteen/nineteen.htm  Bajo el título:  Men Convicted of Homosexual Offences Held in Port nd Prison, 1869


En la década de 1850, los delincuentes ya no eran enviados a Australia, sino que eran condenados a trabajos forzados en prisiones de reciente creación, construidas para albergar a reclusos varones. A principios del siglo XIX, la prisión de Dartmoor se había utilizado para alojar prisioneros de guerra, pero permaneció cerrada durante un largo periodo hasta su reapertura en 1851 para reclusos civiles. Otras prisiones inauguradas en la década de 1850 incluyen la prisión de Chatham, construida como una ampliación del astillero de Chatham.

Una de las primeras prisiones para reclusos fue la de Portland, en la isla de Portland, Dorset, establecida en 1848. En la década de 1860, la prisión de Portland albergaba regularmente a unos 1670 reclusos varones. Un poco menos del 1% de estos hombres habrían sido condenados por delitos homosexuales. El presente estudio se centra en el trimestre que finalizó el 30 de septiembre de 1869, para el cual he recopilado datos de hombres condenados por los delitos de sodomía, abuso sexual y actos contra natura (específicamente con otro hombre). Durante este trimestre, la prisión de Portland albergó a 12 o 14 hombres condenados por delitos homosexuales: 4 por abuso sexual de menores, 2 por delitos sexuales no especificados que podrían haber sido bestialidad o abuso de niñas, y 8 por relaciones consensuales con otros hombres adultos. A esto se suman los 8 hombres que mantuvieron relaciones consensuales y que se encontraban recluidos en otras prisiones en ese momento, lo que eleva el total a 20 (o 22) hombres condenados por delitos homosexuales. Este conjunto de datos no es lo suficientemente extenso para un análisis estadístico riguroso, pero aun así nos permite realizar algunas generalizaciones, que se analizan en el presente estudio.


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No he incluido datos sobre los 11 hombres recluidos en la prisión de Portland durante el mismo trimestre, condenados por bestialidad, a veces denominada sodomía o delito contra natura. Algunos historiadores prefieren considerar todos estos casos bajo el epígrafe de "crimen contra natura", especialmente porque se derivan de la Ley de Sodomía de 1533. Resulta esclarecedor observar que la opinión pública sobre ambos tipos de delincuentes era la misma: los actos homosexuales se consideraban tan "bestiales" como el sexo con animales. Sin embargo, los dos tipos de hombres involucrados eran bastante diferentes: para empezar, la mayoría de los casos de bestialidad eran, estrictamente hablando, heterosexuales, no homosexuales; el sexo con animales tampoco planteaba nunca cuestiones de posible consentimiento. Si bien ambos tipos de actos implican un deseo sexual impulsivo, solo los casos homosexuales involucran el fenómeno psicológico y social más interesante del deseo mutuo.

La pena para ambos, sin embargo, es prácticamente la misma. La bestialidad conllevaba una pena obligatoria de 10 años de trabajos forzados (o 5 años por tentativa de bestialidad). De manera similar, los delitos de sodomía y abuso sexual generalmente se castigaban con 10 años de prisión. En ocasiones, estos delitos conllevaban cadena perpetua, mientras que los delitos contra natura se castigaban con penas de entre 12 y 15 años. Las penas por estos delitos eran sistemáticamente más elevadas que las de casi todos los demás.


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Las penas estándar para incendio provocado, hurto, robo, allanamiento de morada, falsificación, caza furtiva, robo en tiendas, allanamiento de morada, malversación, lesiones, violación, bigamia, robo de caballos y robo de ovejas oscilaban entre 5 y 7 años. Las penas estándar para homicidio culposo y agresión con robo eran de entre 7 y 10 años (a veces más elevadas en casos de violencia extrema). La violación con violencia no solía castigarse con más de 7 años; el abuso infantil rara vez se castigaba con más de 7 años, pero ocasionalmente llegaba a cadena perpetua. El asesinato podía conllevar una pena de 14 años, a veces cadena perpetua. En general, los hombres condenados por delitos homosexuales se encontraban entre los reclusos que más tiempo permanecían en prisión.

Puede que sorprenda a algunos, pero la mayoría de los hombres condenados por delitos homosexuales fueron condenados por mantener relaciones consensuales con otro hombre adulto. Ocho de los hombres condenados por delitos homosexuales que se encontraban en la prisión de Portland durante el tercer trimestre de 1869, tenían una pareja adulta con la que mantenían relaciones consensuales, recluida en otra prisión. De hecho, ninguno de estos hombres encaja en el estereotipo de "pederasta" de un hombre mayor que seduce a un adolescente. Considerando el total de estos 16 hombres que dieron su consentimiento (es decir, 8 hombres recluidos en la prisión de Portland, más sus 8 parejas, que no estaban en la misma prisión), la edad promedio de la pareja mayor es de 30 años y la de la pareja menor es de 21. Si excluimos los dos casos atípicos en los que las parejas mayores tenían 60 y 40 años, de las 6 parejas restantes, la edad promedio de la pareja mayor es de 23 años y medio y la de la pareja menor es de 20 años y medio, siendo la diferencia entre ellas muy pequeña. De este total de 16 hombres, 15 están registrados como solteros y 8 eran marineros o soldados.


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A diferencia de otros convictos que tenían pocas oportunidades de cometer hurto, falsificación, bigamia o malversación de fondos, etc., mientras estaban en prisión, era posible que los hombres condenados por delitos homosexuales encontraran la oportunidad de continuar con sus prácticas encarcelados. De hecho, en algunos casos se reconoció la probabilidad de que esto ocurriera, cuando los directores de prisión ordenaron específicamente que los dos hombres no fueran trasladados juntos a la misma prisión. La posibilidad de que continuaran delinquiendo probablemente explica por qué muchos de ellos fueron recluidos en "confinamiento separado", que no era tan severo como el "confinamiento solitario" moderno, pero significaba que estaban en celdas individuales y no se les permitía relacionarse ni siquiera hablar con otros presos. Pero después de aproximadamente un año de dicho confinamiento, se les permitía unirse a grupos de trabajo con otros presos. Dickens observó en 1835 que dos de estos presos fueron rechazados por los demás reclusos, pero eso ocurrió en la celda de espera de la prisión de Newgate. Este trato no está documentado en las prisiones para convictos de finales de siglo (aunque, por supuesto, es poco probable que los registros penales contuvieran dicha información), y no he encontrado indicios de que estos hombres fueran maltratados por sus compañeros. Su vida en prisión era similar a la de todos los convictos de Portland: realizaban trabajos manuales (a menudo extrayendo piedras o picando piedra) y eran castigados regularmente por delitos menores durante su estancia en prisión.

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Los 8 convictos de Portland del grupo de "parejas consentidas", junto con sus 8 parejas recluidas en otras prisiones, eran los siguientes:


John Longworth, de 20 años, soldado, concretamente camarero de rango soldado raso, junto con William King, de 22 años, también soldado, fueron juzgados en Maidstone el 25 de julio de 1862 por intento de sodomía, intento de cometer sodomía o intento de cometer un delito contra natura, sodomía. Longworth fue condenado a 10 años de trabajos forzados, mientras que King fue condenado a tan solo 10 meses de trabajos forzados (o posiblemente 6 meses). Longworth y King habían sido arrestados juntos el 4 de junio en Frindsbury, una ciudad a orillas del río Medway, frente a Rochester. King fue "recomendado a clemencia por el jurado debido a su debilidad mental, a seis meses de trabajos forzados (sic)". (Faversham Times and Mercury y North-East Kent Journal). Longworth fue trasladado a la prisión de Chatham el 26 de abril de 1864, pero pronto fue enviado a la prisión de Portland el 31 de agosto de 1864. Fue puesto en libertad condicional el 6 de julio de 1870 (1 año y 9 meses antes de la expiración de su condena).  


WILLIAM MONK, de 17 años, junto con William Thomas Pugsley, de 18 años, dos jóvenes de primera clase que servían a bordo del HMS Liffey, anclado en Zante, Islas Griegas, fueron juzgados en un consejo de guerra general el 11 de junio de 1863 por sodomía. Ambos fueron condenados a 10 años de trabajos forzados. Monk ingresó en la prisión de Millbank el 19 de noviembre de 1863; posteriormente fue trasladado a la prisión de Pentonville el 23 de noviembre, donde trabajó como tejedor; luego a la prisión de Chatham el 18 de abril de 1867, como obrero; y finalmente fue trasladado a la prisión de Portland el 9 de mayo de 1867, donde trabajó en una cantera. Se le concedió una Licencia Real el 31 de agosto de 1870 y fue puesto en libertad condicional el 23 de septiembre de 1870, dos años y nueve meses antes de que expirara su condena. Pugsley fue enviado a la prisión de Pentonville el 23 de noviembre de 1863, donde trabajó como sastre; luego a la prisión de Chatham el 2 de septiembre de 1864, donde trabajó como obrero. El director de la prisión observó que llevaba brazaletes en ambas muñecas y anillos en varios dedos, e hizo una anotación especial sobre la prohibición de que ambos jóvenes fueran enviados a la misma prisión. Pugsley recibió una Licencia Real el mismo día que Monk y fue liberado dos años y nueve meses antes de que expirara su condena. Los detalles completos de su caso se encuentran en una sección aparte.


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JOSEPH HEESOM, de 19 años, junto con Robert Bertie, de 16 años, fueron juzgados en un consejo de guerra general celebrado a bordo de un barco en Portsmouth el 16 de diciembre de 1864 por sodomía. Ambos fueron condenados a 10 años de prisión. Ambos jóvenes eran marineros rasos en el HMS Excellent. Inicialmente fueron enviados a la prisión de Millbank y luego trasladados a la prisión de Pentonville el 20 de febrero de 1865. Heesom fue trasladado a la prisión de Portland el 28 de noviembre de 1865, mientras que Bertie fue trasladado a la prisión de Portsmouth el 7 de noviembre de 1865. Bertie solicitó clemencia y fue liberado mediante una carta de remisión del Almirantazgo el 19 de junio de 1868, aunque no fue liberado efectivamente hasta el 19 de diciembre de 1868, 6 años y 6 meses antes de que expirara su condena. Heesom fue puesto en libertad condicional el 19 de octubre de 1872, dos años y dos meses antes de que expirara su condena. Las autoridades penitenciarias hicieron todo lo posible para evitar que los dos jóvenes fueran enviados juntos a la misma prisión. Existen extensos registros penales de ambos jóvenes, y los detalles completos se encuentran en una sección aparte.


William Reed, de 32 años, soldado raso de la 36.ª Compañía de la Infantería de Marina Real, junto con Robert Elves, de 24 años, carnicero, soldado raso de la 32.ª Compañía de la Infantería de Marina Real, fueron juzgados en un consejo de guerra general en Woolwich el 29 de septiembre de 1865 y declarados culpables de intento de cometer un delito contra natura. Ambos fueron condenados a cinco años de trabajos forzados. Reed fue declarado culpable específicamente de "permitir que el soldado raso Robert Elves, de la 32.ª Compañía, intentara cometer un delito contra natura". La naturaleza del crimen se describió aún más específicamente: "Por conducta vergonzosa al permitir en Woolwich, en o alrededor de la noche del 18 de septiembre de 1865, que el soldado Robert Elves, de la 32.ª Compañía de los Royal Marines, intentara cometer contra su persona (la del soldado Reed) un crimen de naturaleza antinatural". Elves fue condenado por "Intento de cometer un crimen antinatural contra Wm. Reed". Parte de la sentencia de Reed fue "la pérdida de todos los derechos a paga adicional, paga por buena conducta y pensiones al ser dado de baja", y se recomendó además que fuera dado de baja del servicio de Su Majestad con ignominia y que también se le marcaran las letras B.C." (que significaban "Mal carácter"). (Además, anteriormente se había tatuado las figuras de una mujer y un soldado en el brazo derecho). Se había alistado el 28 de julio de 1855; Tenía ahora 31 años y 2 meses, y llevaba 10 años y 2 meses de servicio.

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John Smith, cabo de barco, tenía 26 años cuando fue juzgado en un consejo de guerra general en Yokohama el 5 de septiembre de 1866 por sodomía mientras servía a bordo del HMS Princess Royal, y fue condenado a 10 años de trabajos forzados. Era "un buen zapatero". Estuvo recluido en varias prisiones, incluyendo la prisión de Portland en 1870, la prisión de Parkhurst el 19 de mayo de 1871, y finalmente la prisión de Brixton el 2 de octubre de 1871. Se le concedió una licencia real para estar en libertad el 30 de abril de 1874, cuando aún le quedaban 2 años y 4 meses de condena. Fue liberado de la prisión de Brixton el 18 de mayo de 1874. Desafortunadamente, no hay información sobre su pareja; presumiblemente era un joven grumete. En su expediente penal no consta que estuviera casado ni que tuviera hijos, y su pariente más cercano es su tía, pero se dice que recibió un par de cartas mientras estaba en prisión de su "hijo". Nació el 8 de noviembre de 1840 en la parroquia de St. Mary, Carlisle. Su comportamiento fue muy bueno mientras estuvo en prisión, aunque fue amonestado una vez por "reír y hablar" y otra por "abandonar la capilla durante el servicio". Estuvo frecuentemente en la enfermería por "estenosis uretral", pero en general era fuerte y robusto, y "apto para cualquier trabajo al ser liberado". 


CITA:

Rictor Norton (Ed.), "Men Convicted of Homosexual Offences Held in Portland Prison, 1869", Homosexuality in Nineteenth-Century England: A Sourcebook, 15 March 2026 <http://rictornorton.co.uk/eighteen/portland.htm>.


dissabte, 14 de febrer del 2026

MOBY DICK: La luna de miel de Ismael y Queequeg

 El tema más positivo  que domina la obra de Melville, es el del amor masculino, y es el que proporciona la razón más sólida para ver en sus obras algunos hilos importantes de la imaginación homosexual.


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El texto que comparto es un extracto del artículo de Rictor Norton, Herman Melville, Biographical Background, traducido al castellano:

Leslie Fiedler, al hablar de la naturaleza homosexual-pastoral de la mayor parte de la ficción estadounidense, señala en El fin de la inocencia (1948) que Ismael, el narrador de Moby Dick (1851), y Queequeg, el caníbal, están "ambiguamente entrelazados" en la cama cuando despiertan en la posada Spouter. Se puede ir más allá que Fiedler y demostrar que ambos hombres están inequívocamente casados, e incluso conciben y dan a luz simbólicamente a un hijo.

La cama en la que duermen es la misma cama matrimonial en la que el casero y su esposa pasaron su noche de bodas: "Es una cama bonita: Sal y yo dormimos en esa cama la noche que nos unimos. Hay mucho espacio para que dos se diviertan en esa cama; es una cama enorme". Ismael, prácticamente recién casado, aunque un marinero vigoroso, se acuesta apropiadamente ante Queequeg, el arponero y novio implacable, y tiembla de la emoción de que su esposo cumpla con su deber en la noche de bodas: Yo ansiaba ver su rostro, pero lo mantuvo apartado un rato mientras desabrochaba la bolsa. Una vez hecho esto, se dio la vuelta y, ¡dios mío, qué espectáculo!


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Ismael, como una doncella tímida y aterrorizada, permanece inmóvil al ver la "cabeza calva y violácea" de este "pícaro púrpura", que recuerda a otro tipo de cabeza púrpura, más abajo en el cuerpo. Queequeg realiza su ritual de desvestirse antes de acostarse y luego se esconde bajo las sábanas con su hacha (otro eufemismo), ante lo cual Ismael "grita". Hay un "pataleo" —que evoca la promesa anterior del posadero sobre la idoneidad erótica de la cama— y Queequeg empieza a "tocar" a Ismael. Ismael salta de la cama, pero el posadero entra corriendo y lo convence de que no hay nada que temer. Sin duda, le había dado la misma seguridad a su propia esposa, Sal, en su noche de bodas. Ismael regresa a la cama y decide que, después de todo, Queequeg es "en general un caníbal limpio y de aspecto atractivo". Se retiran felices, e Ismael "nunca durmió mejor en mi vida".

A la mañana siguiente, Ismael despierta con "el brazo de Queequeg sobre mí de la manera más amorosa y afectuosa". Reflexiona: "Casi creías que había sido su esposa". Para que no pasemos por alto el significado de este verso, Melville añade dos variaciones más: "su abrazo de novio" y "abrazando a un compañero masculino en ese estilo matrimonial". Los acontecimientos se suceden rápidamente en este matrimonio, pues ya han dado a luz a un hijo, simbólicamente, por supuesto: «Apartando la colcha, allí yacía el tomahawk durmiendo junto al salvaje, como si fuera un bebé con cara de hacha».


Su matrimonio, hasta el momento, no ha sido sancionado formalmente por la Iglesia, e Ismael escucha un sermón del Padre Maple que lo hace sentir culpable. El ministro se refiere al «adúltero... de la antigua Gomorra» y a «uno de los asesinos desaparecidos de Sodoma». Quizás debido a esta referencia a los pecados de las ciudades de la llanura, Ismael y Queequeg ese mismo día celebran un contrato matrimonial formal, pero según un ritual pagano, no cristiano. Juntos se sientan en la estera que, según explica Queequeg, es la misma en la que se habían casado sus dos hermanas. Fuman una pipa ceremonial, y entonces Queequeg «apretó su frente contra la mía, me rodeó la cintura y dijo que de ahora en adelante estábamos casados». Entonces los dos hombres regresan a su lecho nupcial, esta vez para saborear las dulces alegrías que nacen de la familiaridad

No hay mejor lugar que una cama para las confidencias entre amigos. Marido y mujer, dicen, se abren allí el uno al otro desde lo más profundo de su alma... así, pues, en nuestra luna de miel, yacíamos Queequeg y yo, una pareja acogedora y amorosa.

Mientras "charlaban y dormitaban a ratos,... Queequeg de vez en cuando abrazaba cariñosamente sus piernas morenas y tatuadas con las mías, y luego las retiraba", se vuelven "totalmente sociables, libres y tranquilos", listos para sus aventuras con el capitán Ahab.


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Melville es, pues, bastante explícito sobre la relación entre Ismael y Queequeg, y, salvo por el bebé, no necesitamos ningún análisis literario simbólico abstruso para comprender su más que sutil motivación erótica. Análisis simbólico de toda la novela, ¡y todos coinciden en que a Melville le encantaban los símbolos! Es un tema demasiado amplio para abordarlo aquí, pero vale la pena mencionar el evidente significado fálico de la ballena blanca y la "castración" de Ahab, siendo la pierna de palo su sustituto fálico. Tal análisis revelaría a Ahab como un homosexual severamente reprimido, en contraste con la facilidad con la que Ismael y Queequeg aceptan su amor mutuo. Claro que las "costumbres extranjeras" del caníbal actúan como un mecanismo de distanciamiento que permite a los lectores de mediados del siglo XIX simplemente divertirse con su encuentro con Ismael.


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dijous, 5 de febrer del 2026

LOS TRES SEXOS SEGÚN PLATON

 Según cuenta Platón en "El banquete", hubo un tiempo en que la tierra estaba habitada por personas esféricas con dos caras, cuatro piernas y cuatro brazos. Y tres sexos:

"Originalmente eran tres los sexos, y como los he descrito, porque el sol, la luna y la tierra son tres, y el hombre fue originalmente el hijo del sol, la mujer de la tierra y el hombre-mujer de la luna , que se compone de sol y la tierra,  y eran todo y se trasladó vueltas y más vueltas porque se parecían a sus padres ".

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Existían pues tres sexos: el masculino, el femenino y el "andrógino" que participaba de ambos. Ello provocó la ira de Zeus. Para someterlos los partió con un rayo, convirtiéndolos en seres incompletos y anhelantes y deseosos de conseguir la unión con su otra mitad perdida. Cada uno debía buscar su otra mitad. Así había quien la buscaba entre gente de su propio sexo y quién todo lo contrario. 


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EN EL BANQUETE, PLATÓN REPRESENTA UNA CENA EN LA CUAL LOS COMENSALES, DESPUÉS DE HABERSE SACIADO, DECIDEN BEBER VINO JUNTOS Y REFLEXIONAR SOBRE LA NATURALEZA DEL AMOR. EL CUARTO EN TOMAR LA PALABRA ES EL DRAMATURGO ARISTÓFANES, QUE REFLEXIONA EXPLICANDO EL ORIGEN DE LOS SERES HUMANOS EN LA MITOLOGÍA GRIEGA, EXPLICANDO SU VISIÓN DE COMO FUNCIONAN LAS COSAS EN EL AMOR (Resumido):


 "Tres eran los sexos de las  personas: masculino,femenino y andrógino. Éste era una cosa sola en cuanto a forma y nombre, y participaba  de lo masculino y de lo femenino, ahora  yace en la ignominia. 

La forma de cada persona era redonda en su totalidad, con la espalda a los costados en forma de círculo. Tenía cuatro manos, mismo número de pies que de manos y dos rostros perfectamente iguales sobre un cuello circular. Sobre los dos rostros, situados en direcciones opuestas, una sola cabeza , y además cuatro orejas y dos órganos sexuales  Lo masculino era descendiente del sol, lo femenino, de la tierra y lo andrógino de la luna. Tenían un inmenso orgullo, y conspiraron  contra los dioses. 

Entonces, Zeus tras pensarlo detenidamente dijo,: "para cesar el desenfreno de los humanos  los cortaré en dos mitades a cada uno y así serán más débiles y más útiles para nosotros por ser más numerosos. Andarán rectos sobre dos piernas y  los cortaré en dos mitades, de modo que caminarán dando saltos sobre unasola pierna».

A medida que los iba cortando,  Apolo les devolvía su rostro y la mitad de su cuello en dirección del corte, juntando la piel de todas partes en lo que ahora se llama vientre, como bolsas cerradas con cordel, con un agujero en medio del vientre, ombligo. Alisó las  arrugas y modeló también la del pecho.

Pero una vez que fue seccionada en dos, añorando cada uno su propia mitad, se juntaba con ella y rodeándose con las manos entrelazándose unos con otros, para unirse otra vez en una sola naturaleza, morían de hambre y de absoluta inacción, por no querer hacer nada separados unos de otros. 

 Compadeciéndose entonces Zeus, inventó otro recurso y trasladó sus órganos genitales hacia la parte delantera. De esta forma,  consiguió que  tuviera lugar la generación en ellos mismos, a través de lo masculino en lo femenino.

Si se encontraba hombre con mujer, engendraran y siguiera existiendo la especie humana. Si se encontraba varón con varón o mujer con mujer, hubiera, al menos, satisfacción de su contacto, y volvieran a sus trabajos y se preocuparan de las  cosas de la vida. 

Por tanto, cada uno de nosotros es un símbolo de un humano, al haber quedado seccionado en dos de uno solo, como los lenguados. Por esta razón, precisamente, cada uno está buscando siempre su propio símbolo. 

Cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están más inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas. Los que son sección de varón, persiguen a los varones y mientras son jóvenes aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse a ellos; éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza .

Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando lo que es similar a ellos. Llegados al término de su formación, los de tal naturaleza son los únicos que resultan valientes en los asuntos políticos. Y cuando son ya unos hombres, aman a los mancebos y no prestan atención por su inclinación natural a los casamientos ni a la procreación de hijos, sino que son obligados a ello por la ley, pues les basta vivir solteros todo el tiempo en mutua compañía. 


Platón, El Banquete, páginas 221 a 229. Si quieres leer el diálogo entero, aquí el link: https://metodologia2012.files.wordpress.com/2012/09/38569475-platon-dialogos-iiifedon-banquete-fedro-gredos.pdf empieza en la página 185.

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Platón, como Leonardo, en la Escuala de Atenas. Vaticano. 


divendres, 23 de gener del 2026

LA HOMOSEXUALIDAD EN LA EDAD MEDIA

 "Los gays fueron uno de los grupos menos estudiados por los medievalistas y historiadores en general. Seguramente por falta de interés y por prejuicios morales derivados de la cultura católica y occidental. La disgregación de los homosexuales también es una dificultad añadida. Otros grupos marginados como judíos o musulmanes vivían en comunidad mientras que los homosexuales vivían en secreto." (Texto de Roger Benito Julià  2006Revista Medieval)

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John Boswell (1947-1994), profesor de Historia Medieval de la Universidad de Yale rompió esta barrera en 1980 al publicar su estudio sobre los gays en la Europa occidental hasta el siglo XIV. Este volumen provocó acalorados debates en el seno de los medievalistas estadounidenses y europeos. Boswell rompió el muro pero de momento no ha tenido una continuación.

¿Por que es tan difícil hablar de la homosexualidad? En este artículo no queremos polemizar sobre el tema. Queremos aportar una visión rigurosa sobre el tema centrándonos en el periodo de la Edad Media. Para llegar hasta el medievo tenemos que pasar primero por la época clásica de Grecia y Roma y dar así una visión más completa del tema. Para esto, tenemos que despojarnos de nuestros prejuicios occidentales y entender que las ideas no son las mismas en la antigua Grecia que en la actualidad respecto a la homosexualidad.

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EL DECLIVE URBANO EN OCCIDENTE Y EL IMPERIO ROMANO DE ORIENTE

Con la caída del Imperio Romano de Occidente (476) empieza en la parte occidental del Imperio un declive urbano. La ética rural de la que hablamos anteriormente se radicaliza. Los gays se ven oprimidos en este ambiente campesino. Las ciudades se reducen, así como el número de manifestaciones culturales gays –como por ejemplo la literatura gay–.

La entrada de los pueblos germánicos ayuda a esta disgregación urbana en la Europa Occidental. Los diferentes reinos fundados en el Imperio Romano de Occidente crearon un corpus legislativo propio. En el reino visigodo el rey Chindasvinto (642-653) reguló las relaciones homosexuales. Según una ley promulgada en el año 650 se castigaba con la castración las relaciones homosexuales.

En el Imperio Romano de Oriente, el gran Emperador del Imperio Bizantino, Justiniano, en el año 533, equipara a las relaciones homosexuales con el adulterio. Teniendo en cuenta que la pena por adulterio era la muerte este es un cambio muy radical. Por primera vez se establecen sanciones civiles contra las relaciones entre dos hombres. Los años 538 y 544 este mismo emperador promulgará nuevas leyes de la misma condición. Procopio de Cesarea, uno de los historiadores más famosos de la época, también nos habla de relaciones homosexuales prohibidas. Sobre todo en su libro Anécdota, nos habla de casos de homosexualidad entre obispos, y como estos son castigados con la muerte por el propio Emperador.

Los dos ejemplos son de leyes civiles, sin influencia de la Iglesia. Fuera de la Península Ibérica no se conocen leyes germánicas respecto a la homosexualidad. En el reinado de Carlomagno (768-814) tampoco se legisló sobre las relaciones homosexuales. Seguramente la conducta homosexual no era tan censurada por las leyes civiles y eclesiásticas, como lo eran las relaciones extramatrimoniales. La literatura germánica muchas veces desprende la idea de que las relaciones entre dos hombres era vista de forma positiva frente a la pasividad sexual.

En este momento, en la Europa Occidental se desarrollaron las comunidades monásticas. La regla de San Benito de Nursia estipulaba que todos los monjes tenían que dormir en la misma habitación, con la cama del abad en el centro. También se obligaba a los monjes a dormir con la luz encendida, probablemente por la misma razón. En la misma regla se obligaba a los monjes a dormir con la ropa puesta y los jóvenes se les obligaba a “mezclarse con los mayores y no se les permitía dormir uno al lado del otro”. Seguramente para evitar relaciones prohibidas nocturnas se establecen estas normas dentro de la regla monástica. Hemos de tener en cuenta la obligación al celibato a los monjes, cosa que también explica estas regulaciones.


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LA HOMOSEXUALIDAD EN EL ISLAM

La recuperación urbana se dio primero en la Península Ibérica sobretodo por la conquista islámica. No es de extrañar que los gays reaparecieran en dichas ciudades. Tanto el Corán como los primeros textos religiosos sostenían actitudes moderadamente negativas respecto de la homosexualidad, pero no prohibitivas. La sociedad islámica y la mayoría de culturas islámicas trataron la homosexualidad con indiferencia y a veces con admiración.

Tenemos diversos testimonios literarios que nos hablan de la homosexualidad en el Islam. Al-Tifasi es uno de ellos. Nacido en Gafsa (suroeste de Túnez) en el año 1184. Este autor escribió la obra Esparcimiento de corazones, donde se nos relatan la vida de prostitutas, homosexuales y travestís en el Islam. Es en el fondo una recopilación de anécdotas sobre estos temas. Al-Tifasi describe a los homosexuales como activos o pasivos. Los activos para tener éxito han de hacer numerosos regalos, una casa a su disposición para sus propósitos. Los homosexuales pasivos suelen ser chicos jóvenes y muy acicalados (afeitados, maquillados y depilados). Al-Tifasi explica numerosas anécdotas sobre hombres que venden su cuerpo para vivir: “Se le dijo a un mozo: “Tu amo es pobre y tu vistes ropas lujosas. ¿De dónde las has sacado? ¿A cuento de qué esta pregunta? ¿No sabéis que la casa de la moneda la llevo yo en mis zaragüelles?” Al-Tifasi también nos habla del dabb o el aprovechamiento de la oscuridad para sodomizar al dormido sin que este se percate. Otro aspecto que trata Al-Tifasi es el coito anal practicado tanto por homosexuales como por heterosexuales.

En la Península Ibérica también existía una cierta permisividad con las relaciones homosexuales en época islámica. Es conocido el caso de Al-Mutamid (rey de Sevilla en el siglo XI) que se enamoró del poeta Ibn Ammar, del que no soportaba estar separado, “ni siquiera una hora, ni de día ni de noche”, y a quien convirtió en uno de los hombres mas ricos y poderosos de la Península. El mismo Al-Mutamid relata también el amor hacia un criado: “Lo hice mi esclavo, pero la humildad de su mirada me convirtió en su prisionero, de tal modo somos ambos y al mismo tiempo esclavo y señor uno del otro”. El amor entre dos hombres es aceptado y se habla libremente de él en la literatura. También en el siglo IX el reino de Valencia fue gobernado por una pareja de ex esclavos que se habían enamorado y habían ascendido juntos en las filas del servicio civil hasta colocarse en una situación tal como para gobernar por sí mismos. Los historiadores musulmanes, llenos de admiración, caracterizaron su gobierno conjunto como una relación de plena confianza y mutua devoción. Su amor fue celebrado en verso por poetas atraídos a su corte desde toda la Península.

Las actitudes positivas respecto la sexualidad gay no se circunscribían a la cultura islámica únicamente en la Península. Había también una gran cantidad de cristianos que vivían en ciudades hispánicas conquistadas por los musulmanes.

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EUROPA ENTRE LOS SIGLOS X-XII 

De todos es conocida la expansión económica europea entre los siglos X-XIV. La población de las ciudades aumentó acompañada con una expansión comercial. Las ciudades son centros comerciales y también centros de libertad donde los habitantes escapan al yugo del feudalismo y las vejaciones nobiliarias. Son muchos los campesinos que obtenían la libertad si podían demostrar haber habitado en la ciudad por lo menos un año y un día. No es de extrañar el proverbio alemán que dice que “El aire de la ciudad libera”. En este momento se desarrolla el amor en diversos aspectos. Los textos más populares hacen referencia continuamente al amor y al hedonismo apasionado –son representativos de estos los Carmina Burana –. El amor cortés se desarrolla en esta época y se da tanto entre mujeres y hombres, como entre hombres y mujeres. La Iglesia empezó a tomar dos posturas con enfoques opuestos. Un grupo pequeño de ascetas promovía que los actos homosexuales no sólo eran pecaminosos, sino un pecado muy grave, comparable con la gula o la fornicación. Las autoridades eclesiásticas se negaron categóricamente y repetidamente a imponer penas a la conducta homosexual.

 Mientras tanto, en el seno de la Iglesia, otra corriente comenzó a afirmar el valor positivo de las relaciones homosexuales. En el 1051 Pedro Damián redactó El libro de Gomorra, en el que se vituperaba los males de las relaciones sexuales entre hombres y, sobre todo, entre miembros del clero. La influencia de Juan Crisóstomo es evidente en la obra. Los sínodos posteriores al libro de Pedro Damián fueron introduciendo pequeñas normativas contra las relaciones homosexuales, especialmente en los monasterios. A mediados del siglo XII se empiezan a ver cambios en la visión de los homosexuales. La literatura clerical a veces sugiere que el amor gay no se limita en absoluto a los ordenados. Escribe Gualterio de Châtillon que en su época: “los príncipes convirtieron en hábito este crimen”. También se ve en la literatura secular. 

El Roman d’Enéas explica como tanto Lavinia como su madre acusan a Eneas de homosexual. Algunos de los personajes más poderosos de la época eran conocidos por sus intereses homosexuales. Dos de los ejemplos más conocidos fueron Guillermo II el Rojo (1087-1100) y Ricardo Corazón de León (1189-1199). Al primero en las crónicas palaciegas se le acusaba de “afeminamiento”, “conducta vergonzosa ” o “abandono moral”. Ricardo Corazón de León como nos indican los anales de palacio: “Ricardo, por entonces duque de Aquitania, hijo del rey de Inglaterra, vivía con Felipe, el rey de Francia, quien lo honró tanto y por tanto tiempo que comían todos los días en la misma mesa y del mismo plato y por las noches no los separaban sus camas. Y el rey de Francia lo amaba como a su propia alma.” Ricardo se arrepintió de “aquel pecado” y decidió llevar una vida más santa. La literatura gay de este momento que ha sobrevivido es asombrosa. Baudrí de Bourgueil (1046-1130), abad del monasterio benedictino de Saint Pierre y después arzobispo de Dol dedicó muchos de sus poemas a Godofredo de Reims y a su amigo Galo. A este último le escribe: “Ni la rosa ni la violeta adornan tanto la primavera / como tú embelleces, solo, el rebaño de los jóvenes”. Hilario el Inglés, discípulo de Pedro Abelardo, también dedicó una serie de poemas a jóvenes ingleses. En sus versos hay mucha influencia de la cultura clásica: “El momento en que te vi / Cupido me golpeó, pero vacilé, / pues mi Dido me posee, / y temo su ira. Dentro de los Carmina Burana también hay poemas dedicados al amor entre hombres como el “Iam mutatur animus” (“Ya he cambiado de idea”) en el cual se nos cuenta la separación de dos monjes amantes. 

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EL CAMINO HACIA LA INTOLERANCIA 

Mientras que entre los siglos X y XII Europa vivió un cierto clima de aceptación con los homosexuales, la situación cambio a partir del siglo XIII. El contacto cultural entre cristianos y musulmanes era constante y cada vez más permeable. Los guerreros cristianos (como el Cid) guerreaban contra los musulmanes o con ellos. Era de esperar una cierta reacción cristiana contra las costumbres sexuales musulmanas. La consolidación de los poderes civiles y eclesiásticos creo una legislación estricta que abarcaba todos los ámbi tos de la vida cotidiana. Esta “expansión” de la legislación conllevó una pérdida de libertad. Esta pérdida afectó en gran mesura a grupos anteriormente aceptados que se convierten en minoritarios. Ejemplos hay muchos: judíos, pobres, musulmanes, herejes... Estos grupos minoritarios son diferentes a la mayoría por lo que se les excluye de la sociedad. No es de extrañar que en esta

atmósfera los gays fueran objeto de desconfianza y hostilidad que iba en aumento por la mayoría heterosexual. En la documentación se usa la palabra “sodomía” con connotaciones claramente negativas. Se equipara a los homosexuales con los musulmanes. Jacques de Vitry informa a sus lectores en su Historia Occidental que Mahoma, “el enemigo de la naturaleza, popularizó el vicio de la sodomía entre su pueblo, que abusaba sexualmente no sólo de ambos sexos, sino incluso de animales”. También se asocia a los gays con herejes. En las actas del tribunal de la Inquisición, creado a raíz de la cruzada contra los cátaros, se acusa a los herejes de sodomía y de pecar contra-natura. Esta analogía se daba seguramente porque los movimientos heréticos eran más comprensibles con los homosexuales o bien porque se etiquetaba como a herejes a los gays que se negaban a renunciar a sus preferencias eróticas. Esta ofensiva contra los gays se ve reflejada en el derecho. El siglo XIII es la época del redescubrimiento del derecho romano. El emperador alemán Federico II promulgó en el año 1231 las Constuticiones de Melfi para el reino de Sicilia. En ellas se condena con la muerte las desviaciones heréticas, la violación de monjas, se castiga severamente la trata de blancas y se protege específicamente a las prostitutas. No hay disposiciones en torno a las relaciones homosexuales, pero se especifica que para estos delitos actúen los tribunales eclesiásticos. 

Alfonso X, rey de Castilla escribe en las Siete Partidas sobre las relaciones gays: “Sodomítico dicen al pecado en que caen los homes yaciendo unos con otros contra bondat et costumbre natural. Et porque tal pecado como este nascen muchos males á la tierra do se face, et es cosa que pesa mucho á Dios con ella, et sale ende mala fama non tan solamente á los facedores, mas aun á la tierra do es consentido”. El mismo monarca escribe en el Fuero Real: “Que home codicia á otro por pecar con el contra natura: mandamos que cualesquier que sean, que tal pecado fagan, que luego fuere sabido que amos á dos sean castrados ente todo el pueblo”. En Francia y casi exactamente al mismo tiempo, la escuela jurídica de Orleáns daba a conocer un códice que incluía una síntesis de las dos leyes anteriores. Este código a diferencia de la mayoría de los reglamentos jurídicos del siglo XIII, menciona también la homosexualidad femenina. En Italia, varias ciudades habían empezado a redactar leyes civiles contra la homosexualidad. En el 1262 la ciudad de Siena promulgó una ley contra la homosexualidad. En esta ciudad se relaciona específicamente “sodomía” con “herejía”. Bolonia promulgó una ley para regular la homosexualidad en 1265. A mediados del siglo XIV las leyes contra la homosexualidad están vigentes también en Florencia y Peruggia. 

En el año 1250 el derecho noruego exigía la ilegalización definitiva de los hombres convictos de “sodomía”. Seguramente el capítulo dedicado a la homo sexualidad fue añadido posteriormente ya que recopilaba material jurídico anterior. El código islandés de la misma época, el Gragás, deriva del mismo prototipo noruego pero no prohibía la conducta homosexual. Seguramente porque no incluyeron la cláusula que incorporaron los noruegos. Ninguna de las recopilaciones jurídicas inglesas del siglo XII –The Laws of Henry the First y el Teatise on the Laws and Customs of the Kingdom of England– mencionaba la homosexualidad, aún cuando el primer código incluye leyes contra la fornicación, el adulterio y el aborto. Sin embargo un siglo después, coincidiendo con la expulsión de los judíos, se redactó un nuevo texto legal en que se castigaba severamente diversos tipos de desviación social y religiosa. Se condena de forma horrorosa a incendiarios, brujos, a los que se atrevían a tener relaciones sexuales con judíos, animales o personas de su mismo sexo. Estos últimos serían enterrados vivos como castigo. 

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LOS TEMPLARIOS, PONÇ HUG Y EDUARDO II 

Con el Corpus jurídico ya fijado empezó la represión propiamente dicha. Hay diversos juicios contra los homosexuales. Nosotros analizaremos tres de ellos: el juicio contra los templarios (1307), contra el Conde de Ampurias Ponç Hug (1311) y contra el rey de Inglaterra Eduardo II (obligado a abdicar en 1326). A lo largo del siglo XII los templarios murieron –posiblemente a miles– luchando por el cristianismo en el Oriente Medio. 

A finales de siglo, Tierra Santa se perdió irremediablemente e hizo que tanto los templarios como los cruzados perdieran su razón de ser. Fue aproximadamente en esta época cuando Felipe el Hermoso accedió al trono de Francia, ávido de dinero y tierras, y echó su ojo codicioso a la próspera orden templaria. En octubre de 1307, Felipe mandó arrestar a todos los templarios de Francia (seguramente unos dos mil) y empezó una campaña para desacreditarlos. Los cargos estaban brillantemente diseñados: sacrilegio, herejía y diversos tipos de rituales obscenos y de conducta homosexual. 

Se decía que los templarios estaban aliados con el demonio, que adoraban a Mahoma, que sodomizaban a los novicios entre otras acusaciones. Aunque en el Concilio de Viena (1311) se votó abrumadoramente contra la abolición de la orden, cosa que nos da a entender de la inocencia de los templarios el Papa Clemente V abolió la orden templaria de forma unilateral. Muchos templarios admitieron su culpabilidad debido a las torturas sufridas por los funcionarios franceses. El gran maestro Jacques de Molay mostró a los legados papales los brazos rotos y sin carne “en los que no quedaba otra cosa que huesos y nervios”. Con la disolución de los templarios Felipe incautó sus bienes y aumentó su fortuna personal. Ponç Hug V, conde de Ampurias entre los años 1277 y 1313, era vasallo del rey de Aragón Jaime II. Las relaciones con este monarca fueron muy tensas y las fricciones constantes. Debido al ataque producido contra una galera veneciana, a Ponç se le abrió un proceso judicial (1311). 

Los funcionarios reales recogieron el rumor que el conde practicaba la sodomía con su propio primogénito y con Pedro de Xesa. El dicho Pedro acabó asesinando al hijo del conde. El proceso nos cuenta como el conde sodomizaba por la noche al dicho Pedro y como este le traía muchachos para dormir con él. En el documento también se acusa al conde de herejía. El monarca invadió el condado por tierra y mar (1313) y obligó a abdicar a Ponç Hug en su segundo hijo Ponç VI. Así Jaime II acabó con un vasallo molesto y pacificó el condado de Ampurias. Piers Gaveston era el amante del príncipe y futuro rey de Inglaterra Eduardo II y fue exiliado por el rey Eduardo I, padre del anterior. Después de su coronación Eduardo II le mandó llamar, pero Gaveston fue exiliado nuevamente por el Parlamento. La condición gay del monarca era conocida en todo el reino. Decía la Crónica de Melsa que “en realidad, Eduardo gozaba desordenadamente con el vicio de sodomía y, al parecer, en su vida estuvieron ausentes la fortuna y la gracia”. La relación del rey con Gaveston duró trece años y le ofreció a este favores y riquezas. Finalmente Gaveston fue asesinado por los barones hostiles al rey. Otros amantes tuvieron el favor de Eduardo, pero su desatención al reino y sus inclinaciones sexuales hicieron que su esposa Isabel le desposara de su trono. Se cuenta que Eduardo fue asesinado mediante la inserción de un atizador al rojo vivo en el ano, cuando estaba con uno de sus amantes. 

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A MODO DE CONCLUSIÓN

Hemos visto a lo largo del artículo como las mentalidades sobre la homosexualidad en la Edad Media iban cambiando. En el inicio de la Edad Media la homosexualidad es aceptada con algunas excepciones. Se desarrolla una “subcultura” gay, existe una literatura para y hecha por gays. No es hasta el siglo XIII cuando se empieza a legislar contra los homosexuales y las relaciones gays en casi toda Europa. Seguramente en contraposición con el Islam. Se tiende a pensar que la Edad Media es una época oscura de represión a las minorías. Esta afirmación es fácil de rebatir. La intolerancia y la represión han existido siempre: des de la persecución de los herejes en la Edad Media, pasando por la quema de brujas en la Edad Moderna hasta el antisemitismo del siglo XX. Esta situación se ve reflejada también contra los gays a lo largo de la Edad Media, con más o menos matices. Se tiende a pensar en la Edad Media como una unidad sin diferencias, un todo homogéneo.

 En este artículo vemos como esto no es así. No es igual la visión que se tiene de los gays en el siglo X que en el siglo XIV ni tampoco es la misma en territorio cristiano que en las zonas del Islam. Las ganas de uniformizar la sociedad y de evitar los elementos diferenciales y subversivos hicieron que en la Europa de los siglos XIII-XIV-XV se viviera una oleada de intolerancia. Esta intransigencia, tal y como hemos visto, podía desposeer a un rey o un noble de sus feudos. La intolerancia aumentó el dominio de los poderes fácticos: iglesia, nobleza y reyes y derivó en los estados absolutistas de época moderna e hizo desaparecer de la historia a todo aquel que no se ajustaba a los criterios de la ortodoxia. Entre estos estaban los herejes, brujas y homosexuales. 

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PARA SABER MÁS 

AL-TIFASI: Esparcimiento de corazones. Madrid: Gredos. 2003. 
ARIÈS, Philippe: “Reflexiones en Torno a la Historia de la Homosexualidad”, en: Sexualidades Occidentales, 
Ph. Ariès, A. Béjin, M. Foucault y otros. Editorial Paidós: Buenos Aires, 1987, pp. 103 – 122.
BOSWELL, John: Cristianismo, tolerancia sexual y homosexualidad. Barcelona: Muchnik Editores. 1996. 
DESCHNER, Karlheinz: Historia sexual del cristianismo. Zaragoza: Yalde. 1993. MIRET I SANS, Joaquim: Sempre han tingut béch les oques. Barcelona: Altafulla. 2000.
OTIS-COUR, Leah: Historia de la pareja en la Edad Media. Madrid: Siglo XXI Editores. 2000. 
ROSSELLÓ, Ramon: Procés contra Ponç Hug, comte d’Empúries per pecat de sodomia. Palma: Lleonard Muntaner Editor. 2003.

dimecres, 14 de gener del 2026

SANTOS PROTO Y JACINTO, EUNUCOS... DE NACIMIENTO

Más allá de las histórias fantásticas que se esconden detras de muchas hagiografías, podemos ver una realidad que intentaba esconderse, la de la diversidad sexual y de género, ignorada y negada durante siglos, no solo por líderes religiosos, tambien por los mas célebres historiadores.

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La imagen de arriba pertenece a los santos Proto y Jacinto fueron dos mártires cristianos, cuya historia se asocia con la adelphopoiesis o ceremonia de hermandad espiritual (UNIÓN FISICA) entre dos hombres. el concepto homosexual no existía.


La adelfopoiesis ―o fraternitas iurata y ordo ad fratres faciendum― era una ceremonia practicada por varias iglesias cristianas hasta el siglo XVI para «hermanar» o «unir espiritualmente» a dos personas del mismo sexo (habitualmente varones, aunque hay algún caso de mujeres).

Entre otros textos se leía este de San Pablo (un texto que no situa el amor con el objetivo de la procreación, ni cita la exclusividad hombre mujer)  

"El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca. Las profecías, por el contrario, se acabarán; las lenguas cesarán; el conocimiento se acabará. Porque conocemos imperfectamente e imperfectamente profetizamos; mas, cuando venga lo perfecto, lo imperfecto se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios. En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor."

En presencia del sacerdote o no, en la Edad Media en muchas ocasiones se trataba de un simple pacto en sagrado con la única (supuesta) presencia de dios. La promesa eran las palabras que Ruth realizó a Noemi (Ruth 1, 16-18)

¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti! Porque iré adonde tú vayas y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras y allí seré sepultada. ¡Que me castigue el Señor con toda severidad si me separa de ti algo que no sea la muerte!».   

Para acabar se leía este salmo:


¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
Habitar los hermanos juntos en armonía!

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En la historia o leyenda de Proto y Jacinto, la conexión entre ambos  es porque el papa san Dámaso (304-384) dedicó unos bellos versos a estos supuestos mártires, encontrándose su sepulcro siglos después. En el trata a ambos mártires como hermanos. 

Ambos fueron supuestamente martirizados en el siglo III en Roma. Los señalan como eunucos, pero esa época en Roma no era muy lógico que fueran santificados, salvo que "eunuco" fuera la referencia descriptiva del evangelio de Mateo "eunucos que los son de nacimiento".

En su hagiografía de les une a Eugenia de Egipto, como muchos casos de su época, se le asignó un marido al que no conocía, negándose a casarse, por eso se la considera virgen. Huyendo de casa vio un monasterio al que entró como hombre y acabó siendo el abad. Como suele suceder una "pérfida" mujer intentó seducirlo, lanzando falsas acusaciones al ser rechazada. Descubierto el engaño, fue juzgada y perdonada. Pero más tarde sufrió la persecución en tiempos de Galieno, con un martirio lleno de milagros, antes de ser degollada.  Fue decapitada en Alejandría, y su cuerpo se encontró en Roma, Vía Latina... Varios siglos después.

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Martirio de santa Eugenia representada como monje. Miniatura del Menologion de Basilio II

Proto y Jacinto fueron ejecutados bajo la persecución del emperador   Valeriano alrededor del año 257 por negarse a renunciar a su fe.

Son historias que las hagiografías cristianas le sacan mucho jugo, la realidad seguramente muy diferente e interesante, muchos de estos casos se crearon para dar ejemplo a los cristianos en una época que eran iconoclastas.

Los hermanamientos medievales fueron numerosos y pueden encontrarse en muchos gravados, pinturas y hagiografías, fruto de estos pactos de hermanamiento que a partir del siglo XIV se empezaron a señalar como hermanos de sangre, curiosamente antes no se señaló. Aun hoy señalar estos hermanamientos significa recibir todo tipo de descalificaciones, raramente argumentos. 

La representación de estos hermanamientos se hace como muestra esta pintura de Pietro Perugino (1478) en el que vemos a San Roque enseñando una pústula, junto a san Romano, encima la imagen de Jesús bendiciendo la unión. (pinacoteca comunal de Deruta (Italia)

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HOGUERA PARA LOS SODOMITAS

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