sábado, 29 de diciembre de 2012

La República de las Locas



domingo, 16 de diciembre de 2012

Última noche en Estocolmo

Nos despedimos de la ciudad inhóspita con una temperatura porteña, lo que derritió la nieve y nos obligó a caminar sobre hielo quebradizo hasta nuestro restaurang favorito, acá a la vuelta, el italiano, donde nos pusieron, para hacernos llorar, a Concha Buika:



Gracias a todos los queridos amigos que nos hicieron soportable el frío, la nieve, la noche, la burocracia sindical, etc.
Civediamo presto!

Y así comienza una beia amistá

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Foto: Sebastián Freire

sábado, 15 de diciembre de 2012

La ferocidad del frío

por Daniel Link para Perfil

Estocolmo está en las antípodas de Buenos Aires, al menos en lo geográfico y en lo climático. A las 3 de la tarde ya es de noche y el cuerpo del latinoamericano promedio pide un respiro inexistente en estas latitudes, a esta altura del año. Donde la nieve permanece intacta (en los cementerios alrededor de las iglesias, por ejemplo) a finales del otoño ya llega a la cintura del paseante.
La coqueta calle peatonal donde se acumulan los negocios de las marcas internacionales funciona con un sistema de losa radiante, lo único que permite que alguien se aventure a mirar vidrieras despreocupadamente. Cada tres o cuatro días, los bulldozers levantan a una velocidad de vértigo (sacan literalmente chispas del asfalto) la nieve acumulada en las calles.
Estoy aquí invitado a formar parte del blog de ilga, la asociación internacional del movimiento LGTBI a la que están afiliadas todas las organizaciones similares que existen en cada país del mundo (salvo en Uganda, el escándalo de las militantas y activistas que piden declaraciones de principios casi todos los días). El encuentro es como una Asamblea General de Naciones Unidas (de hecho, el último día se eligen autoridades y se decide la próxima sede del encuentro bianual) o de Locas Unidas. Sebastián Freire, el fotógrafo que me acompaña, decidió llamar Nave Nodriza al encuentro porque, en efecto, parecemos todos alienígenas o delegaciones senatoriales en el Coruscant de la princesa Amidala. Cada día hay una conferencia, talleres, reuniones regionales (ILGA-LAC, la regional latinoamericana, llega cargada del halo de prestigio que le brindan los incontables avances antihomofóbicos en las legislaciones de nuestros países). La política circula tanto en las salas como en los pasillos (la mejor y la peor: allí está el rumor sobre el secretariado trans que casi se pierde por la interferencia de cierta activista argentina que este año faltó a la cita).
Mi chaleco de polopropileno, en este ambiente donde todo lo raro es un signo de distinción, me convierte en una especie de Charming Prince (mi estado civil me absuelve de aceptar el rol con la energía que requeriría).
Este año, ILGA decidió premiar a la presidencia argentina por las leyes de matrimonio universal (que las militontas siguen llamando igualitario) y de identidad de género. Acudieron a la cita, para aceptar el premio, el Sr. Boudou, que no puede pronunciar palabra públicamente, y el Sr. Aníbal Fernández, que agradeció con elocuencia el trofeo (muy parecido a uno de esos buttplugs de cristal que están tan de moda).
La delegación argentina, muy K, aplaudió con entusiasmo la presencia de funcionarios de un gobierno que no dudaría en enviar misiones comerciales a Uganda, así como las envió a Angola, donde la homosexualidad es ilegal y los artículos 70 y 71 del código penal penalizan con el envío a campos de trabajos forzados "a quienes practican actos contra natura de manera habitual". Pero la nieve amortigua cualquier contradicción.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Girls Just Want To Have Fun



lunes, 10 de diciembre de 2012

Si Rosita nos hubiera visto....

It's a fact: it was the worst party ever! Lunes a la noche, en alguna plaza nevada de Estocolmo. 

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El lugar era... no sé... Como un quincho de vidrio en Carlos Paz, con un grupo que cantaba en vivo horribles versiones de canciones muy conocidas. Uno tenía moñito y otro, pelada, aparecía online en el grindr, mientras estaba cantando. Ponían todo de si, lo que significa que gritaban en un escenario de un metro cuadrado
Muchos nativos, todos más bien horribles y parcos (la simpatía no se cultiva en estos lugares abandonados por el calor de Dios), y unas suecas de Tinelli. Muchas Maitenas, naturalmente, y un grupo inconcebible de "anormales" (en el sentido foucaultiano del término), de los cuales los argentinos éramos (cómo no) los más ruidosos y los más escandalosos.
Por alguna rara propiedad del ambiente y del clima, pudimos salir en remera a fumar sobre la nieve.

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De las muchas opciones que la noche presentaba, resultó que mi marido no quiso saber nada sobre la posibilidad de terminar la noche con mi novio:

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Foto: Sebastián Freire

En algún momento lo acorralé atrás de una columna o de un cortinado y comprobé que mi marido tenía razón (besaba mal).
Más suerte tuvo el autor de la "autopercepción", cierto abogado que, a esta altura de la noche, debe de estar saboreando un rico licuado de curry. Mañana veremos qué nos cuenta*.
Los nativos son incomprensibles: no se sabe si están dispuestos a garcharse cualquier cosa que se les cruce (en términos de género) o en verdad no se garchan nada. Lo cierto es que, borrachos a morir, los echaban a empujones de la disco o restaurante con show en vivo a donde nos habían llevado, a cuyas puertas había estacionadas dos limusinas blancas, que probablemente nadie tomaría porque los taxis son famosos por estafar a sus pasajeros, sabiéndolos ebrios. 

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*Actualización del día siguiente: en el desayuno se nos informó que no hubo contacto físico alguno más allá del baile del caño ejecutado a dúo en la pista de baile, porque (excusa de pasiva inconfesasble) el susodicho Charming Prince de tez aceitunada alegó malfunction debida a su borrachera.

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La nave nodriza

Llegamos a Estocolmo en uno de los días más fríos de uno de los inviernos más crudos de los que los suecos tengan memoria. Todo es nieve y noche (incluso, y sobre todo, a la hora de nuestra siesta).

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Fotos: Sebastián Freire

Por fortuna, la presencia de amigos nos brindan el calor necesario para semejante experiencia de intemperie.
Lo demás es trabajo, y ya será objeto de alguna reflexión, porque a bordo de la nave nodriza, todo es pura actividad y ebullición.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Just checking

Tenía que comprobar si el tal libro seguía sobre la tal mesa. No fue así, pero una sorpresa mucho más grata me esperaba: sí, ella misma, Elena, la más bella, en la ciudad que mejor la contiene.
¡Cómo habría yo de negar que esa noche fue mágica?

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sábado, 8 de diciembre de 2012

Levantar el muerto

Por Daniel Link para Perfil

“Cinco por uno, no va a quedar ninguno”, “Paredón, paredón, a todos los milicos que vendieron la Nación”. Dejemos el consignismo de lado, porque su eficacia se mide no en el orden de los conceptos sino en el orden de los afectos. Durante la última multitudinaria marcha opositora se escucharon mil consignas odiosas y otras que no lo fueron tanto. Pero eso sucede siempre que hay masa (es decir, siempre que uno se incorpora a una multiplicidad de masa).
Los analistas del acontecimiento político más importante de noviembre se inclinaron ya por un análisis de la expresión (habiendo decidido que no había “contenido” en los reclamos de los manifestantes, lo que importaba era analizar quién se expresaba, y cómo) o bien, por un análisis del contenido (qué reclamaba la multitud, que no es “abstracta” sino inasignable a una clase, a un territorio o a una ideología).
El periodismo, no importa qué simpatía política abrace, está obligado a decir lo que el poder no puede decir sobre sí mismo o sobre la sociedad civil. Algunas de las dádivas que irritaban a algunos de los manifestantes del 8 de noviembre pueden encuadrarse dentro de lo que se llama clientelismo, pero otras, lamentablemente, son necesarias en relación con personas que (por una multitud de factores) ya no podrán integrarse nunca en ningún mercado laboral (entiéndase: en ninguno, nunca). El poder no puede referirse objetivamente a esos sectores, el periodismo debe hacerlo. Lo mismo puede decirse de la negativa gubernamental a encarar una reforma impositiva que saque de los hombros de los sectores medios y bajos la inverosímil presión de sostener al Estado (Anses, Impuesto a las Ganancias, IVA, cheque, etc.).
Es decir, para poder decidir que la multitud no reclamaba nada concreto había que ensordecerse previamente al significado de la palabra “corrupción”.
Como seguramente no hay un solo kirchnerista que pueda dormir tranquilo sabiendo que en la línea de sucesión presidencial se encuentra el Sr. Boudou, convendría que ese reclamo (que, en algún sentido, lo teñía todo con sus tonos opacos) fuera atendido más temprano que tarde.

viernes, 16 de noviembre de 2012

III Jornadas de Jóvenes Investigadores en Literaturas y Artes Comparadas - Convocatoria

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Terrorismo comparado

666 Park Avenue y American Horror Story: Asylum representan los puntos de articulación del terror visible en la televisión. Las dos suceden en espacios cerrados (un neoyorquino y lujosísimo edificio en el caso de la primera; un asilo para dementes, en el caso de la segunda). 
La primera es una versión "elegante" de thriller de misterio y por eso son constantes las apelaciones a Hitchcock (Los pájaros, La ventana indiscreta, Psicosis, Vértigo han sido ya citadas hasta el hartazgo), las fiestas que terminan siempre mal (una por capítulo) y la proliferación de indicios que no se sabe bien a dónde habrán de conducir. 
Por cierto, en Park Avenue nadie fuma, mientras en AHS fuman hasta las monjas, y esto porque los acontecimientos de la segunda suceden en 1964.
No es sólo una cuestión de "gusto" lo que separa ambas series, sino una distancia temporal. Con cierta sabiduría técnica, AHS sabe que el terror no se sostiene en universos en los que la tecnología prolifera (celulares, gps, cámaras de seguridad) o que, para poder sostener el terrorismo discursivo en contextos altamente tecnologizados hacen falta tantas hipótesis adicionales que mejor es retrotraer los sucesos a épocas menos obsesionadas por el control social y dejar que los los responsables del "arte" (vestuario, escenografía) se lleven la parte de la torta que le habría correspondido a guionistas consecuentes con la causa de la coherencia discursiva y la cohesión narrativa.
En cuanto al "gusto", lo que es pincelada, apunte, insinuación en 666 Park Avenue, en AHS es un revoltijo de inmundicias puestas en el más salvaje uso de la HD (Alta Definición) que hasta ahora hemos conocido. El barroco, con sus chiaroscuros, sus monstruos y sus torsiones del punto de vista (anamorfosis como hay en AHS se han visto hasta ahora pocas en la televisión) reina impiadoso en el asilo Briarcliff, donde coinciden, en revoltijo suculento, monjas poseídas por el demonio, médicos experimentales nazis (y sus experimentos con lo viviente), asesinos seriales que desollan a sus víctimas (no es al que acusan de tal, sino el que, hipócritamente, pretende salvarlo), extraterrestres, monseñores, víctimas de su propio deseo, escorias humanas, y... ¡Ana Frank!
Como el sentido corre locamente a lo largo de una cadena flotante de imágenes inmundas (como el humo del tabaco, que contamina los espacios propios de cada individuo), no es raro que se produzcan extraños agenciamientos (es decir: conexiones más allá de "lo propio" de cada imagen). El médico nazi (que ha adoptado el nombre de Dr. Arden, y que al mismo tiempo que practica lobotomías y terapias de electroshock produce monstruos en su laboratorio) no es el que hace pantallas para lámparas con la piel de sus víctimas, sino el psiquiatra conductista, más conocido como Bloody Face y cuyo abandono como bebé se conocerá en el próximo capítulo de la serie, "Orígenes de la Monstruosidad", donde se cuenta además el pacto fáustico entre el Monseñor católico y el científico nazi.
Ninguna de las dos series me arrebata, pero es lo que hay. De la primera sospecho que triunfará el Bien. De la segunda, todo lo contrario. 
La única pregunta que, después de ver cada capítulo de AHS me atenaza, es cómo harán los votantes de los Golden Globe y de los premios Emmy para eludir a Jessica Lange, cuya performance alcanza conmovedores niveles de paroxismo (hacé una monja que antes fue trola, y agregale borracha, y después que recuerde que fue una niña golpeada, y que además está caliente con el Monseñor, y que... ¡cree en Dios! y quiere controlar sus impulsos). Como las escaleras de Briarcliff, la calidad interpretativa de Jessica Lange, no tiene límites.



jueves, 15 de noviembre de 2012

Tentempie

 

O, para los todavía no fans,  degustación. Eso sí: ¡córtenla con hacerla sufrir a Josefina!