Juguetes en pareja: ¿Complemento o sustitución?

Tanto a Rubén como a mí nos encanta experimentar cuando se trata de intimidad. En nuestro tiempo como amantes, recorrimos todo tipo de lugares y escenarios; ambos éramos sumamente versátiles: yo siempre inventaba algo nuevo y él se ajustaba perfectamente al plan.
Ahora que compartimos una convivencia parcial, hemos comenzado a integrar juguetes en nuestra rutina. Rubén tiene el detalle de regalarme siempre el que esté de moda, ¡y confieso que ahora mismo estoy «fiebrua»! Estoy encantada con uno de esos que se adhieren a superficies y, mi más reciente adquisición, uno en forma de flor.
Al principio, cuando empezó a regalármelos, confieso que sentí un poco de temor. Pensaba: “¿Me los estará dando para que no lo extrañe tanto cuando se vaya?”. Sin embargo, con el tiempo descubrí que no se trata de sustituir su ausencia, sino de lo contrario. Simplemente quiere que tenga todas las herramientas posibles para potenciar nuestro disfrute mutuo.

Y ustedes, ¿se animan a probar juguetes o les da timidez?

El día que el espejo me dejó de juzgar…

Hacía mucho tiempo que no me ponía unos pantalones frente a mi familia. No era solo una prenda de vestir; era el peso de años de estigmas religiosos y reglas no escritas que cargaba en el armario.
Sin embargo, esta mañana algo cambió. Sin planearlo, como si fuera la rutina más natural del mundo y sin dejarme ganar por los prejuicios de siempre, abrí el clóset y elegí un mahon negro y una blusa de salir. No hubo dudas, ni el ruido mental de antes.
La libertad de caminar en paz
Salí a la calle y estuve en lugares totalmente públicos. Me crucé con muchas personas conocidas y, lo que antes hubiera sido una fuente de ansiedad, hoy fue una experiencia de paz absoluta.
Me sentí cómoda y relajada.
Me sentí, por encima de todo, bonita.
Sentí que, a mi edad, me veo mejor en pantalón ahora que en falda; una perspectiva muy distinta a la que tenía antes.
No me preocupaba quién me viera ni me sentí «anticristiana». Simplemente me sentí yo.
El silencio y la aceptación
Al llegar a casa, ocurrió lo que en otros tiempos hubiera sido motivo de conflicto. Mi mamá me vio y, para mi sorpresa, calló. No hubo comentarios, ni letanías, ni juicios. Ese silencio fue una victoria silenciosa, una tregua necesaria.
Pero el momento que terminó de sanar mi día fue cuando mi hija me vio llegar. Me miró con total naturalidad y me dijo:
—Te ves guapa.
En ese instante, más que «bonita», me sentí aceptada. Entendí que mientras una generación ha aprendido a callar, la nueva generación celebra mi libertad. Me sentí validada por quien más importa y confirmé que el pantalón no salva ni condena a nadie; lo que realmente importa es la autenticidad con la que caminamos por la vida.

El peso de soltar el manubrio

Todo pasó muy rápido. Salí de casa rompiendo mi rutina matutina para atender a mi tía; lo que usualmente toma 40 minutos, hoy se transformó en una hora y media. Son esas cosas que aparecen de la nada y ante las que aún no sé poner el freno.
Al regresar, nada era igual.
Le pedí a Rubén que me recogiera y sentí el cambio de inmediato. Notaba su indiferencia, un silencio denso que no quería romperse. Hay silencios que no sé manejar, vacíos que me asustan.
El peso de las palabras
Luego de varias horas, finalmente hablamos. Rubén rompió el silencio para decirme lo que guardaba: se siente desplazado, desvalorado y, lo más doloroso, en espera de un rompimiento que siente inevitable. Está cansado de esperar, de ceder y de sentirse solo estando acompañado.
Me sentí incapaz de reaccionar. Escucharlo fue mirarme en un espejo que no quería ver:
He fallado en valorarlo.
No he sido buena conmigo, ni con él.
Mi sentido de responsabilidad por cosas que no me corresponden me tiene ciega.
Creo que el mundo solo gira si tengo el control, y eso me impide ver lo que realmente importa.
El miedo y la realidad
El miedo a la distancia, al cambio y al desapego me han vuelto dura con la persona que más amo. Sus palabras estaban llenas de dolor por lo que dejó atrás, pero también de una verdad que duele: él todavía me ama, pero ya no puede esperar más.
He estado meditando, intentando hacer ajustes, pero reconozco que han sido lentos. Demasiado lentos. Cada vez que hay un tropiezo, me detengo. Pero hoy la realidad me golpeó de frente: no quiero perderlo, pero entiendo que el tiempo no es infinito.

Cuando el corazón se prepara, el alma se transforma.

Quienes me leen saben que aquí hablo con el corazón: lo bueno, lo malo y lo que vivo intensamente. Hoy mi diario tiene un capítulo de esos que te dejan una lección profunda.
Todo comenzó con una invitación. Mi pareja me pidió que lo acompañara a un BBQ en casa de un excompañero de trabajo suyo. Me sentía emocionada, pero también llena de inquietudes. Iba a un lugar donde no conocía a nadie, con personas más jóvenes, y tenía ese deseo natural de causar una buena impresión y sentirme segura de mí misma.
Incluso busqué apoyo en la tecnología. Conversé con mi guía digital (Gemini) sobre mis miedos. Le pregunté si un jumpsuit era apropiado para mi edad, qué beber para estar en sintonía y cómo manejar la mirada de quienes ya me conocían y sabían que yo jamás usaba aretes.
Porque esta era la verdadera batalla: Llevaba 9 años con unos aretes de clip guardados, sin animarme a lucirlos. Y peor aún, llevaba 3 años con una gaveta cerrada que guarda el regalo de mi pareja: unos aretes hermosos que requieren perforación y que son una razón valiosísima para atreverme, como una forma de agradecerle su amor y su apoyo.
Mi plan era vestirme frente a él, pero aparecer al final con mis aretes de clip puestos, como un «ensayo general» antes de dar el paso definitivo con su regalo. Me preparé no solo por fuera, sino también por dentro.
A mis 54 años, decidí que hoy era el día. Me puse mi jumpsuit negro, mis tacas transparentes y mis primeros aretes de clip después de casi una década de espera. Me miré al espejo y vi a una mujer que finalmente se atrevió a brillar, sin pedir permiso a las sombras del pasado.
Pero la vida tiene sus propios planes. Mi auto se averió y el BBQ se quedó sin mi presencia. Me quedé en casa, vestida y lista para una fiesta a la que nunca llegué.
Al principio sentí mucha tristeza. Me dolió no poder acompañarlo y no poder mostrarle ese gesto de agradecimiento a través de mi cambio. Pero luego, volví al espejo.
Y comprendí algo: La transformación ya había sucedido. Aunque nadie en ese BBQ me vio, yo sí me vi. Haber sacado esos aretes después de 9 años fue mi verdadera victoria. La impresión más importante no era la que causaría en los demás, sino la que causé en mí misma al abrir esa gaveta que estuvo cerrada por tanto tiempo.
El auto se rompió, pero mi voluntad está intacta. A veces el destino nos frena el camino, pero hoy aprendí que mi meta no era el jardín de nadie, sino descubrir que ya estoy lista para usar lo que por años guardé. Mañana arreglaré el auto, pero hoy… hoy celebré mi libertad en mi sala.
✨ Gracias por ser parte de mi diario. A veces, la mejor versión de nosotras aparece cuando finalmente abrimos las gavetas del alma. ¿Les ha pasado?
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Aniversario de que?

Bueno, por todos esto años, llega a mi la pregunta, cual es el dia del aniversario?

Luego de pensar y repensarlo, pense que se debia de celebrar el dia del beso frustrado… si el no hubiera tenido la osadia de acercarse ese dia, tal vez nada de esto hubiera pasado…

Asi que decidi, tenemos que celebrarlo… asi que tome mis motetes el segundo dia feriado y me fui a casa de Rubén.  No mencione el aniversario en esa ocasión, pero si aproveche nuestea visita a un area conercial que anda en plan de resurgir… y quiso un disco vinilo y lo pague como fegalo especial.  Pernocte con el… y en la manana Ruben me sorprendio con un desayuno hecho por el para mi.  Que princesa me senti, no me lo podia creer!!!

Visita psicólogo…

Como tengo plan médico, decidí visitar los médicos para actualizar mi expediente. 

Vista, ginecologo, dentista, neurologo… psicologo

Hablemos del psicologo.  Saque una cita cerca de casa… fue la mas cercana que me dieron.

Al llegar ese dia, me dijeron que habian cancelado las citas para ese dia.  Vi la secretaria hablar con esta persona, me miro y me dijo que me atenderian.

Cuando me pasaron, me indico que me atenderia para abrirme expediente… dado que esta seria su última consulta en el lugar y se reemplearia en un lugar mas cercano a su casa o sea, bastante lejos de mi.

No entendi, pero estaba predispuesta ya a tener mi cita y ella inicio con las preguntas  -Como te llamas, -a que te dedicas, -que edad tienes? -estado civil?   Al decir soltera.. me pregunto,  -Si estaba sola?  Le dije que tenia pareja,  -Conviven? A lo que respondi: si y no.  Y ella de seguido, explicame….

Como se conocieron? Porque lo llamó como lo llamo?… una pregunta tras otra… omG sin darme cuenta narre mil historias en menos nada… me sentia como obligada sin la obligación real de contalo…

Me dijo que se dedicaba a dar terapias… y comenzo hacerme preguntarme sobre otros..  mis hijas, mi mamá, familia…

Luego me dijo que me veia muy clara con relación a muchas cosas y que tenia un problema de creerme super necesaria y de sentir que sin mi las cosas no funcionaran, advirtiendo que estando o no estando lo que iba a pasar no estaba en mis manos…

Me dijo que las multiples dudas que tengo con relacion a muchismas cosas con respecto a mi relacion con Ruben, no son mas que provocadas pq no he hecho un swich entre quienes eramos; jefe y empleada/amantes y que debia deshacerme de la forma en que lo llamo para que emocionalmente me despegue de eso…

Me dijo que debo tomar una desicion firme y darme una fecha limite para tomar las desiciones que llevo 7 años queriendo tomar… que he sido mas que injusta conmigo y con Rubén  y que el plazo deberia de ser exagerando 6 meses.

Me dijo que seria bueno  compartir este blog con el.   Tal vez saber algunas cosas, pueda entender otras…

Que viva y deje el miedo, fueron uno de los tantos consejos que me dio aquella mujer.  Que me indico que me decia todo esto porque no me volveria atender…

Sali de alli, renovada, enfocada y sin temor a lo que quiero.

Señales o coincidencia?

Antes solía buscar señales en todo. Rubén me ha enseñado a olvidar ese cuento y a entender que, si me predispongo, las cosas terminan saliendo mal. He puesto de mi parte para cambiar, pero no siempre es fácil; el miedo a los aviones, por ejemplo, ha sido un freno constante para cumplir mis sueños de conocer otros aires. Admiro su paz; a veces quisiera que lo único que me preocupara fueran mis hijos, como le pasa a él, pero yo aún no tengo esa dicha.
El viaje: un sueño en pausa
Rubén viajaba mucho antes de conocerme y sé que lo extraña. Mi gran plan para este 2025 era sorprenderlo con un viaje por nuestros 16 años juntos, que sirviera como el inicio de nuestra convivencia. Planeé una ruta por la costa este (Jacksonville, St. Augustine, Savannah y Charleston), pero los consejos familiares sobre el frío y los altos costos de Navidad me hicieron posponerlo para abril o mayo. Con el presupuesto listo y la ilusión intacta, el destino volvió a cambiar los planes con su nuevo empleo.
El «puente» que no pudo ser
Con el cambio de trabajo, decidí buscar un lugar donde vivir mientras terminaba de hacer mis ajustes. Encontré el apartamento ideal: céntrico, bonito, con un buen pago y, sobre todo, estratégicamente ubicado. Era el punto medio perfecto; yo quedaba cerca de mi empleo y él podía pernoctar conmigo, estando mucho más cerca del suyo. Era la oportunidad perfecta para hacerme «menos necesaria» en mi casa actual y empezar a vivir nuestra realidad.
Sin embargo, ante la duda de si lo asignarían a un pueblo más lejano, cancelé la cita para verlo. Lo irónico —y doloroso— es que finalmente sí lo asignaron a ese pueblo. Cuando quise recuperarlo, ya no estaba disponible. Siento que siempre que finalmente me decido a dar un paso, algo sucede.
Una reflexión necesaria
Ya no es solo que me asuste el futuro; es que me pregunto qué es lo que él busca realmente conmigo. No sé si su intención es mantener este estatus actual indefinidamente, pero, por mi parte, ya no quiero seguir así. Ese apartamento era un paso real hacia adelante, y perderlo por indecisiones externas me hace pensar si estamos caminando hacia el mismo lugar.

Cambio de planes 2…

Hace como dos semanas Rubén me menciono los feriados del mes de noviembre.  Como ahora no trabajo, siempre ando perdida en eso.

Uno seria el dia de hoy, veterano y el otro seria el dia 19, bien cerca de nuestro aniversario.  En vista de que ese fin de semana, él estará con sus hijas, empece a planificar, sin decirlo por que las sorpresas se me dañan y siento que lo digo y se me van por la borda…

Asi que decidi que haria arreglos para el dia del veterano, todo se fue acomodando sin contratiempos porque todo salir a pedir de boca…

En el fin de semana pasado, me comento que sus hijas estaban tristes porque el abuelo paterno no estaba bien de salud.

Uno de mis muchos problemas esta en que mi hija no tiene carro o yo creo que soy yo la que no tiene… anyways, alquilaria un carro y como Rubén me comentó ayer que quería inventar algo para no tener que presentarse el miercoles a un adiestramiento que esta tomando… maquine que subiria hoy temprano y me quedaria la noche  y con un poco de suerte no bajaria hasta el jueves.  Asi que podria ayudarle con los quehaceres de la casa (limpieza); cocinaria para el… hice mi bolsa, incluyendo algunos juguetes.  Fui y compre platanos maduros, un aguacate y cuando me disponia a ir al supermercado se me ocurrio preguntarle que hace?  Me respondio que iria con la hija al mécanico… senti una terrible decepcion y frustracion a su vez. 

No me quedaba de otra que adelantarle sobre la proxima semana pues me gustaria celebrar alguito con el, del aniversario qie siempre pienso, cual celebraremos?

Virando sin ir por la carne para el pastelon y ya con la lista del desayuno, recibi un mensaje que podia subir que seria rapido.

Llame a mi hija para que me llevara al car rental, mientras esperaba pensaba en mi papá que era un veterano y recorde el abuelo de las chicas de Rubén.  Como no le habia vuelto a preguntar por el, lo hice y me respondio que estaba en intensivo aun.

Alquile el carro y lo segui para el super, cuando me fui a bajar veo su mensaje: murio esta mañana.  Me quede en un hilo.  Entonces pensé creo que no esta bien que suba.  Le escribi y me dijo que estaria con sus chicas…

Llame al rental y le dije al dueño ya no tengo a donde ir, puedo devolver el carro?..  le regale los platanos y el aguacate a mi mamá, y los juguetes a su gaveta…

Apenas he sabido de Rubén, supongo que esta alla. 

Cambio de planes…

A finales del 2024, tome la desicion de que este año 2025 me mudaria a vivir con Rubén. 

Son muchas las cosas que me retienen aqui pero ya es hora de que no tenga a Rubén solo.  El es mi pareja y debo asumir el rol.

En otra ocasión les contaré toda la locura que me retiene… lo que sí contare ahora es que hice una lista de lo que deberia solucionar y empece a manejarlo…

De repente Ruben me informo que estaria solicitando un puesto en otra agencia.. eso me hizo sentirme en neutro… muchas cosas podrian cambiar… pero como de costumbre mi lista por una razon u otra y hasta sin razon todo sale mal.. y sigo sin avanzar a pesar de querer acelerar.

Solo que este puesto podria cambiar el lugar de residencia… todo transcurrio bastante rapido pues le dieron el mismo… sabia de su interes de que se le asignara a laborar a un pueblo que queda a 45 minutos de mi casa.  Empece a enfocarme en buscar un apartamento que al menos quedara a 30 minutos de ambos…  (de su trabajo y de mi actual casa).  Esto, porque quiero estar con Ruben y tener la  intimidad de la convivenciq.  Empece a ver algunas opciones mas cerca de mi, aunque no quiero que Rubén sea el que siga cediendo.  Hay muchas opciones pero no quiero pagar mas de $500 mensuales.  La idea es que él siga con su apartamento pues alli sus chicas tienen su eapacio.   Por fin encontre uno que me gusto, llame para irlo a ver convencida de que este seria.  Lo vi ese mismo dia que empece a buscar apartamento en agosto y, lo sacaron ese mismo dia del marketplace.  Fue la semana pasada que lo vuelvo a ver que decia aproveche que se acaba de vaciar.  Le envie mensaje al dueño del mismo para coordinar cita a pesar de que este me queda a 1 hora 15 minutos de casa, a Rubén le quedaría a unos 15 o 20 minutos del trabajo.  Esto no lo he hablado con Rubén porque quiero sorprenderlo.  Sin embargo a la mañana siguiente Rubén me sorprendio al decirme que habia cambiado su próximo centro de trabajo a uno mucho mas lejos.   Me frustran estos asuntos…

Lo que vuelve hacer que su apartamento actual sea mas cerca para el.  No tiene sentido que yo busque este apartamento a menos que la cosa cambie.  Y sigo en neutro.

Una noche de boxeo, expectativas y un sofá de por medio

A veces, uno acepta planes no por el evento en sí, sino por la persona que hace la invitación. Así empezó mi aventura (o desventura) con el boxeo. Rubén me lo propuso con meses de antelación: iríamos a ver a una boxeadora puertorriqueña en la isla junto a sus compañeros de trabajo.


Debo confesar que el boxeo nunca ha sido lo mío; de hecho, solo veía las peleas de Tito Trinidad por puro orgullo patrio. Pero acepté. Me gusta complacer a Rubén, y esa era razón suficiente.


El cambio de planes
Dos semanas antes del evento, el plan dio un giro: la pelea caía en el fin de semana que le correspondía estar con sus hijas. Había que comprar dos taquillas adicionales.
Llegado el día, subí al área metro. Como la pelea terminaría tarde, Rubén sugirió que me quedara en su apartamento. Lo dudé; sería la primera vez que dormiría allí estando las niñas presentes. Sin embargo, como la iniciativa salió de él, acepté.


El encuentro con las chicas
La logística previa fue algo accidentada. Rubén aún no terminaba sus compromisos con las niñas, así que me tocó «hacer tiempo» por los alrededores. Al llegar finalmente al apartamento, la dinámica fue clara:
La mayor: Tomó el control de la conversación. Aunque noto que mi presencia le causa ansiedad, lo maneja con madurez.
La menor: No oculta su incomodidad. El silencio es su escudo.


A pesar de la tensión inicial, tras una cena rápida y el ambiente del coliseo, las tres parecíamos estar más relajadas.


El «clímax» que no fue
Como si fuera un presagio de la noche, la pelea estelar se canceló a último minuto por una lesión de la deportista. De vuelta a la realidad del apartamento, Rubén volvió a preguntarme si me quedaría. Queríamos complacernos mutuamente, así que la respuesta fue sí.


Fue entonces cuando Rubén soltó la bomba informativa frente a sus hijas:
«Como su viaje es largo, ella se quedará en el apartamento. Yo le dejaré mi habitación y yo dormiré en el sofá».
¿En serio? Mi mente se llenó de preguntas.
Una noche extraña
La atmósfera se volvió densa. Me quedé en la sala con las chicas mientras Rubén se retiraba. La hija mayor me preguntó si me gustaba dormir ahí (aún no sé ni qué respondí). La menor se mantuvo en un silencio sepulcral, como si esperara a que yo diera el primer paso para retirarme.


Finalmente, me acosté. Rubén se quedó en la sala. Pasaron los minutos, la luz se apagó… y él nunca llegó a la habitación.
Pasar la noche en el apartamento de tu pareja sintiéndote como una extraña o una «invitada de compromiso» es una sensación difícil de describir. Entre la incomodidad de las niñas y la distancia física de Rubén, el sueño solo me venció en la madrugada.


A veces, en el intento de complacer a todos, terminamos sintiéndonos fuera de lugar.