• También esto pasará

    «Me regalaste la risa loca, la afición a todos los juegos, el desprecio por todo lo que te parecía que hacía la vida más pequeña e irrespirable. Contigo aquí no hay días tristes».

    También esto pasará – Milena Busquets. Me copia el ego.

  • Sed, hambre y valor

    «Ella vive como mira: como si hasta los Lunes le diesen hambre, como si incluso el café con leche le propusiese un reto. Con violencia y velocidad, con ansia. Esa chica desnuda a tirones y besa a mordiscos. Le da igual lo que está bien o mal. Esa chica quiere y toma, como si al Cid le abandonasen Valencia y le abriesen las puertas de la ciudad. Lo hace todo sin dificultad.

    Esa chica va a meterte en el lío de que no puedas olvidarte de ella.»

  • ¿Amigos…?

    Image

    «El amor perfecto es una amistad con momentos eróticos.»

    – Antonio Gala. Dicen que murió vivo.

  • Lo deseable y lo imprescindible

    Los Planes Que Nos Quedaron Por Hacer En Santander™, o todo lo que era menos importante que morderte la boca y hundirte la mano bajo el pantalón.

    1. Probar la ensaladilla rusa con tartar de atún del Sol.
    2. Comprar un helado en Regma y comérnoslo en la terraza del Centro Botín.
    3. Beber margaritas en el bar del museo.
    4. Comer anchoas y beber vermús en el Mercado del Este.
    5. Dormir.
    6. Bañarnos en el Sardinero.
    7. Hacer surf en la playa de Somo.
    8. Planear un viaje a Canarias juntos.
    9. Ir a un concierto en el cine Los Ángeles.
    10. Quedarnos otro día más.

  • El plural que no acompaña

    Van a abrir un hotel en nuestra plaza. Dejará de ser secreta. Nuestra. Tendremos que recordar su silencio, el canto del agua de la fuente. Tendremos que reservar antes de ir al bar.

    Tantas cosas tendremos que hacer… así, en plural… «tendremos»… Cada cual por su lado.

  • Actualizándome

    Del «Me encantan tus ojos» al «Yo también veo tus vídeos», o cómo abordar a una nueva famosa nada famosa.

  • Perdón

    Tanto te di la razón que acabaste por banalizarla y no saber dónde la dejaste. Y con ello, se te fue la magia. Entonces, fui yo, y te perdí el respeto. Te me caíste del altar. A mi.

    Y todo -como siempre-, fue culpa mía.

    Ya estaba preparado para la condescendencia. Los «te lo dije», y mi carnet listo de tu club de agraviados. El velo pisoteado.

    Tigre™ siempre decía que la amistad es como un folio: una vez arrugado, por mucho que lo intentes alisar, no volverá a quedar igual. No hay reciclaje que limpie la decepción.

    Aún así, sé que el orgullo te impedirá publicar el error. Seré, también en tu cabeza, un remordimiento en las noches de alcohol. Un lamento fugaz, o quizás ni eso.

    Las chicas de nuestro bar se preguntarán qué fue de nosotros. Aquellos que siempre se sentaban en la terraza. Los que arreglaron el mundo trescientas veces y no cobraron por ello. Alguien escribirá sobre nosotros en un chat. Antes, de quien se escribía, se hablaba en la posteridad.

    Es curioso cómo hemos avanzado tecnológicamente para retroceder a la misma velocidad en el valor de la palabra escrita. No recuerdo la última vez que escribí algo a mano. Ni siquiera mi número de teléfono. Ya no escribimos; ahora, enviamos. «El teléfono de Vero? Sí, claro, te lo envío».

    Quizás nos estamos convirtiendo en expertos en la decepción. En la decepción a nosotros mismos y -de manera más decepcionante-, a los demás. Quizás tengamos que practicar la condescendencia hasta volvernos expertos.

    Quizás haya que probar a escribir en papeles arrugados.

  • San Valentín

    El Tío Patillas™ no sabe ligar. Es atractivo, es divertido, tiene cuerpazo y una villa sobre el mar. Pero no sabe ligar. Las chicas comienzan riendo y terminan sospechando. Nadie se lo ha dicho, pero tira con posta lobera donde hay que andar con mano de cirujano. Tampoco es que uno vaya a dar lecciones a nadie, pero será por eso de que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. A veces me siento en la obligación de salir al rescate, de sacar un capote.

    «Llevabas tiempo sin venir» – me dijo ayer una de tantas a las que tuvo en su radar alguna vez.

    «Qué bueno que lo notases» – respondí.

    Sonrió. Gol. Me he dado cuenta que con el tiempo, más que de chicas, nos hemos vuelto cazadores de rubores.

    «No puedes dejarle solo, ya lo sabes.» .

    «Yo creo que se apaña bastante bien…».

    A lo lejos lo veíamos reír junto a una chica rubia, su chaquetón al hombro, encorvado para hacerse oir. Sus risas eran torrente y estruendo.

    «Era una orden.»

  • Elogios de media frase

    Jodido con los “peros”: conmigo siempre llevan algo positivo delante.

  • Cocaína

    Siento llamarte/

    Tenía que contarte/

    que he encontrado una canción

    que no habla de ti, ni de mi

    sino de de cómo nos jodemos/

    en contra de lo que queremos/

    por la pu** precaución.