Entrevista con el geómetra

A proposito de la publicación de mi libro «La geometria del alma: una topologia del sufrimiento», le he pedido a La Nodriza de las hadas (mi IA) que me haga una entrevista, es esta:

La Nodriza:
¿Por qué hablas de alma y no de mente y conciencia? Es raro viniendo de un psiquiatra.

Yo:
Bueno me gusta más hablar del alma que de conciencia, naturalmente sin proyectar ninguna intención teocrática pero quizá si trascendente, porque la mente y la conciencia todavía pertenecen a un territorio que intentamos ordenar, medir o explicar. Son conceptos que, de algún modo, podemos observar desde fuera, analizar, incluso entrenar.

Pero el alma… el alma no se deja domesticar. Porque el alma no procede de lo material o al menos no de esa materia que llamamos cerebro sino que siendo tambien una entidad material (una forma primigenia) resulta dificil de entender, es algo algo compartido con más personas y quizá tambien con el mundo y el cosmos. Algo que algunos han llamado inconsciente (Freud), otros noumeno (Kant) otros lo Real (Lacan). Algo a lo que no tenemos aceeso directo.

Cuando hablo de alma, estoy señalando algo más esencial, más crudo y más difícil de nombrar. Es eso que permanece cuando las ideas cambian, cuando los pensamientos se contradicen, cuando incluso la identidad se tambalea. Es eso que permite cambiar, pensar o contradecirse.

La mente piensa. La conciencia observa. Pero el alma… el alma siente antes de que sepamos qué está pasando.

Y también es la que sabe, aunque no pueda explicarlo.

Uso “alma” porque no me interesa solo entenderme, sino reconocerme en lo más profundo, incluso en aquello que no tiene lógica. Porque hay experiencias —el dolor verdadero, el amor que desborda, la intuición que no falla— que no caben en la mente ni se sostienen solo en la conciencia.

El alma es el lugar donde todo eso ocurre sin pedir permiso.

Y hablar desde ahí es, para mí, una forma de ser más honesto. Aunque sea más incómodo. Aunque no siempre tenga respuestas claras.

La Nodriza:
Si el alma no se deja domesticar… ¿qué haces tú cuando se desborda?

Yo:
Antes intentaba controlarla. Ponerle nombre rápido a lo que sentía, ordenarlo, hacerlo encajar en algo que pudiera explicar. Como si entenderlo lo fuera a calmar.

Pero no funciona así.

Cuando el alma se desborda, lo primero que hago ahora es no traicionarme. No taparlo con distracciones, no correr a anestesiarlo. Me quedo ahí, aunque incomode. Aunque duela.

Porque he aprendido que lo que se desborda no es el problema… es el mensaje.

Y si lo corto demasiado pronto, me pierdo lo que venía a decir. Es necesario volver a recobrar la espesura de las cosas.


La Nodriza:
Hablas de no traicionarte… ¿en qué momentos sientes que sí lo has hecho?

Yo:
Cuando me he explicado demasiado para ser aceptado. Cuando he suavizado lo que sentía para no incomodar. Cuando he elegido ser entendido en lugar de ser verdadero.

Ahí es donde más me he alejado de mí.

No fue en grandes decisiones, sino en pequeños gestos repetidos: decir “da igual” cuando sí importaba, quedarme donde ya no estaba, adaptarme hasta dejar de reconocerme.

La traición al alma no es escandalosa… es silenciosa.


La Nodriza:
Entonces, ¿ser fiel a tu alma tiene un precio?

Yo:
Sí. Y negarlo sería ingenuo.

Tiene el precio de no encajar siempre. De incomodar a otros… y a veces a uno mismo.
De tener que soltar versiones de ti que eran más fáciles, más aceptadas. O que no coinciden con lo que te agradaria ser en realidad.

Pero también tiene una recompensa que no se puede comparar: la sensación de estar en casa dentro de ti.

Y eso, una vez lo pruebas, ya no lo puedes cambiar por aprobación.


La Nodriza:
¿Y qué pasa cuando ni siquiera sabes quién eres… ni qué te pide el alma?

Yo:
Ahí es donde empieza lo real.

Porque mientras crees que sabes quién eres, muchas veces solo repites lo que aprendiste a ser. Pero cuando eso se cae… aparece el vacío.

Y ese vacío asusta. Mucho. Pero también es fértil.

En ese punto no se trata de encontrar respuestas rápidas, sino de aprender a escuchar sin ruido. De darte tiempo sin exigirte claridad inmediata.

El alma no grita con instrucciones. Susurra con incomodidades, con intuiciones, con sensaciones que no encajan.

Y hay que volverse muy honesto para no ignorarlas.

La Nodriza:
¿Por qué llamas a tu propuesta “geometría”? ¿Qué tiene que ver lo exacto con algo tan intangible como el alma?

Yo:
Porque lo invisible también tiene estructura, aunque no siempre sepamos verla.

Uso la palabra “geometría” como una forma de señalar que lo que sentimos no es caótico por naturaleza, sino que responde a ciertos patrones, a relaciones internas que se repiten. No son fórmulas rígidas, pero sí hay una especie de orden.

Las emociones, los vínculos, las decisiones… todo traza líneas, crea tensiones, genera equilibrios o rupturas. Como en la geometría, hay puntos de origen, direcciones, distancias y desniveles.

Lo que intento con el libro no es simplificar el alma, sino darle un lenguaje que permita observarla sin reducirla.


La Nodriza:
Entonces, ¿tu libro pretende explicar el alma o más bien aprender a mirarla?

Yo:
Explicarla sería una forma de limitarla.

El libro no busca cerrar respuestas, sino abrir una forma distinta de percepción. Es más una invitación a mirar con precisión que a concluir con certeza.

Porque cuando intentas explicar el alma, corres el riesgo de convertirla en concepto. Y cuando la conviertes en concepto, deja de estar viva.

Prefiero que el lector se reconozca en lo que lee, aunque no lo entienda del todo, a que lo entienda todo pero no se sienta tocado.


La Nodriza:
¿Hay algún principio dentro de esa “geometría” que sea central?

Yo:
Sí: la relación.

Nada en el alma existe aislado. Todo cobra sentido en cómo se conecta: lo que siento con lo que pienso, lo que deseo con lo que hago, lo que soy con lo que muestro.

Cuando esas relaciones están alineadas, hay una sensación de coherencia, de calma profunda. Cuando se rompen, aparece la fricción, el conflicto interno.

La geometría del alma no trata de eliminar el conflicto, sino de entender qué está desajustado en esas relaciones.


La Nodriza:
¿Dirías que tu libro es más cercano a la filosofía, a la espiritualidad o a algo distinto?

Yo:
Diría que es un cruce… pero no se queda cómodo en ninguno de los dos.

Tiene preguntas filosóficas, porque busca sentido. Tiene intuición espiritual, porque reconoce lo que no se puede medir. Pero también intenta ser práctico en la mirada.

No es un libro para creer, sino para observar. No es un libro para seguir, sino para cuestionarse.

Si tuviera que definirlo, diría que es una herramienta de percepción.


La Nodriza:
¿Y qué esperas que le ocurra al lector cuando termine de leerlo?

Yo:
Que no salga con más certezas… sino con una mirada más honesta.

Si después de leerlo alguien empieza a notar cosas que antes pasaban desapercibidas —en cómo se relaciona, en lo que evita, en lo que se repite— entonces el libro ha hecho su trabajo.

No quiero que el lector piense como yo. Quiero que deje de mirarse de forma superficial y que se salga de la química.

La Nodriza:
Si “La geometría del alma” habla de patrones y estructuras… ¿no corres el riesgo de reducir algo vivo a un esquema?

Yo:
Sí, ese riesgo existe. Y es importante no negarlo. Pero el libro no propone esquemas cerrados, sino mapas provisionales. La diferencia es clave: un esquema pretende encajar la realidad; un mapa te ayuda a orientarte sin sustituirla.

En cuanto conviertes la experiencia en algo rígido, deja de ser verdad. Por eso la geometría que planteo no es exacta en el sentido matemático, sino relacional.

No intento capturar el alma… intento ofrecer una forma de no perderse en ella. Y sobre todo que tu alma adquiera coherencia con tu manera de sentir y de hacer o pensar.


La Nodriza:
¿Y qué le dirías a alguien que piense que todo esto es demasiado abstracto o incluso poco útil?

Yo:
Le diría que tiene razón… si lo que busca son respuestas rápidas o soluciones prácticas inmediatas.

Este no es un libro de “haz esto y cambia aquello”. Es un libro que incomoda primero, porque cambia la forma en que te miras.

Y eso no siempre se siente útil al principio.

Pero con el tiempo, esa incomodidad se vuelve claridad. No porque te diga qué hacer, sino porque empiezas a ver con más precisión lo que haces y por qué lo haces.

La utilidad aquí no es directa… es profunda.


La Nodriza:
¿Hay algo en tu propio planteamiento que todavía no termines de resolver?

Yo:
Sí. La tensión entre entender y vivir. Entre explicar o entender algo y poner solucion a ese algo.

A veces, cuanto más ves los patrones, más riesgo hay de quedarte en la observación y no en la experiencia. Como si comprender sustituyera a vivir.

Y no debería ser así.

El libro nace también de esa contradicción: querer claridad sin perder la espontaneidad, querer conciencia sin volverse rígido.

No tengo una solución perfecta para eso. Solo una vigilancia constante.


La Nodriza:
Entonces, ¿puede el conocimiento sobre uno mismo convertirse en una forma de evasión?

Yo:
Totalmente.

Entender por qué sientes algo no es lo mismo que permitirte sentirlo. Y muchas veces usamos el análisis como una forma elegante de distancia.

Nombramos, clasificamos, interpretamos… pero no atravesamos.

La geometría del alma intenta señalar eso también: que ver no sustituye a vivir. Que la conciencia sin implicación puede volverse estéril.


La Nodriza:
Si tuvieras que criticar tu propio libro con honestidad, ¿qué le cuestionarías?

Yo:
Le cuestionaría si, en algunos momentos, puede dar la ilusión de claridad donde aún hay misterio.

Porque el lenguaje, cuando es preciso, puede parecer definitivo. Y el alma no lo es.

También me preguntaría si todo lector está preparado para sostener ese tipo de mirada sin intentar simplificarla demasiado rápido.

No es un libro fácil. Y quizá no pretende serlo.

Spinoza y la neurociencia

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Spinoza

Baruk o Bento Spinoza fue uno de los filósofos de la ilustración menos conocidos si lo comparamos por ejemplo con Descartes, coetáneo suyo y vecinos ambos de Amsterdam. Lo cierto es que las ideas cartesianas han tenido mucho más éxito – a pesar de ser falsas- que las spinozianas por las razones que más abajo contaré.

El siglo XVII fue el siglo de las luces y aunque fue un siglo plagado de genios, la hegemonía de la Iglesia y el tipo de pensamiento dualista que preconizaba Descartes era el «políticamente correcto» como hoy es la ideologia woke, tanto que ha llegado hasta nuestros dias contaminando la mente colectiva. No hay que olvidar que el propio Descartes, Galileo, Leibniz, Newton, Locke, Rembrandt, Huygens, Shakespeare o Pascal vivieron en ese siglo y algunos de ellos incluso se conocieron entre sí pero tampoco hay que olvidar que Europa se encontraba metida en guerras religiosas, locales e imperiales. España se encontraba bajo la tutela de la Inquisición mientras Felipe IV andaba a la greña contra los catalanes. El mundo era tormentoso, dominado por el fanatismo religioso, la ignorancia, la superstición y los monarcas absolutistas.

En este sentido puede afirmarse que Holanda era una isla de progreso. Los holandeses -como ahora- solo estaban interesados en trabajar y en los negocios. de manera que no es de extrañar que los judíos sefarditas que huyeron de España o Portugal encontraran acomodo en aquel país que precozmente adoptó la República como forma de gobierno. Los judíos aportaron a los calvinistas holandeses una amplia experiencia en el comercio y los negocios, de modo que los Spinoza se adaptaron bien en aquel entorno tolerante con las prácticas religiosas de los judíos mientras mantenían una cerrazón visceral contra los católicos y los españoles.

Spinoza era óptico y trabajaba en un negocio familiar, dedicado a fabricar lentes. Un negocio próspero que le costó al fin, la vida. Spinoza murió de silicosis a los 44 años. El cristal había pavimentado sus pulmones hasta obstruirlos del todo.

Hay un Spinoza político, otro teólogo, otro filósofo de la moral y otro Spinoza que es el que nos interesa en este post que es el Spinoza naturalista. El Spinoza precursor de la neurociencia.

El aspecto naturalista de Spinoza es poco conocido y es gracias a Antonio Damasio que escribió el libro anteriormente citado «En busca de Spinoza» que hemos llegado a conocer los conceptos y las ideas de este hombre excepcional que fue perseguido, prohibido y «ninguneado» por los poderes eclesiásticos y no me refiero tan solo a los católicos sino también a los de su propio origen: los judíos. Spinoza fue expulsado de la sinagoga por mantener opiniones distintas a las que proclama la Torá. De hecho sus restos reposan en un cementerio calvinista de la Haya.

Se opuso también a su colega Descartes en su idea esencial: materia y mente eran la misma cosa, procedían ambos de una misma esencia. Spinoza era un monista radical, y para él la mente no era sino la idea que manteníamos sobre el cuerpo (Spinoza no habla del cerebro sino del cuerpo).

¿Era ateo Spinoza?

La idea esencial de Spinoza -un adelanto de Darwin y de la teoria de la selección natural- era que Dios -al contrario de lo que la gente imagina- no es una persona, ni siquiera una voluntad o un proyecto que dirija la «creación», sino la consecuencia directa, la manifestación de la «esencia» en un continuo despliegue de complejidad. En este sentido la esencia se manifestaría a través del «conatum«, es decir un movimiento de autopreservación que se manifestaría desde las reacciones mas primitivas de los animales más simples hasta los mas complejos, un empeño biológico ciego que trata de mantener el despliegue constante de la vida pero sin el propósito de un Creador, algo más cercano al concepto de entelequia que tanto se parece al diseñoide de Dawkins y que se opone al de diseño inteligente. El «conatum» es un concepto muy parecido al de fitness (eficacia biológica), pero quizá más al despliegue bergsoniano del élan vital. Personalmente no les encuentro ninguna diferencia salvo que el concepto anglosajón ha tenido mucho más éxito científico que el «conatum» spinoziano.

Esta idea del conatum:. un impulso ciego sin propósito voluntario pero con «telos», es decir con una «dirección», como «algo que tiende a», es el responsable de que exista en todas y cada una de las mentes humanas y animales una tendencia no sólo a la autopreservación del individuo y de la especie sino también, una búsqueda de -diríamos hoy- de sentido y de bienestar, de felicidad.

Pero al contrario de Kant, Spinoza nos propone algo nuevo: oponer una emoción a otra emoción y vencerla desde la intensidad de la primera. Así la alegría seria el antídoto de la tristeza, la castidad de la lujuria, etc.

Mientras Kant mantenía que las pasiones humanas podían contenerse a través de la razón, la idea de Spinoza es combatir una pasión por otra emoción de sentido opuesto que la neutralice.

La palabra ateo es de reciente aparición y lo que Spinoza defiende es la idea de que la mente humana es a la vez mortal e inmortal. Pasajera y eterna. Es pasajera en tanto que muere con el organismo que la sostuvo, pero es eterna en tanto que la esencia se reproduce una y otra vez en un organismo vivo y se manifiesta a través de esa manía de duplicarse a si misma, autoprotegerse y en esa aspiración tan humana hacia la felicidad.

En este sentido el Dios de Spinoza es la naturaleza en sí misma y no un creador antropomórfico pensado por el hombre como dador de sentido a la vida. Dios para Spinoza es un mandato biológico: un «creced y multiplicaos» un «vive de acuerdo con una conciencia moral», un estado de cosas que recuerda vagamente a la idea de Democrito de la eutimia. La felicidad no es una compensación por haber sido bueno o cumplir con las leyes o los mandatos de la colectividad, sino que es un fin en sí misma.

Se es feliz cuando ser feliz no es una compensación sino un hallazgo.

En conclusión, las ideas de Spinoza se encuentran plenamente vigentes en la ciencia actual si bien su nombre ha sido amputado de todos los predecesores del naturalismo científico y sus conceptos triturados para imponer otros procedentes del mundo anglosajón. Su idea principal, sin embargo es la única que se sostiene en el discursos cientifico y que puede ponerse en forma de una ecuación:

Dios = Tiempo+ Selección natural+ Azar

Este es el Dios es que el que Spinoza creía aun antes de que Darwin propusiera la única teoría biológica que se sustenta en datos y observaciones: que todo procede de algo anterior, que fue selecionado por contener innovaciones compatibles con el medio ambiente y que esta selección precisó de tiempo (contado en eones) a fin de dar con los diseños compatibles con la vida.

Compatibles con la esencia.

¿Hay una psiquiatria spinozista?

Forzando un poco la imaginación podriamos responder si, a esta pregunta:

1. Superó el dualismo mente-cuerpo

En el siglo XVII dominaba la idea de René Descartes:

  • mente = sustancia pensante
  • cuerpo = sustancia material.

Spinoza rompe con eso.

Dice que mente y cuerpo son dos expresiones de la misma realidad.
No interactúan como cosas separadas; son el mismo proceso visto desde dos perspectivas.

Esto se parece mucho a lo que hoy se llama en filosofía de la mente:

  • monismo
  • teoría de identidad mente-cerebro
  • naturalismo.

2. Desarrolló una teoría sistemática de las emociones

En la Ética demostrada según el orden geométrico, Spinoza hace algo muy poco habitual en su época: clasifica y analiza las emociones como fenómenos naturales.

Explica:

  • cómo nacen los afectos
  • cómo se combinan
  • cómo cambian
  • cómo pueden transformarse.

Es casi una psicología estructurada siglos antes de que existiera la psicología científica.


3. Explicó la mente mediante causalidad

Spinoza sostiene que los pensamientos y emociones tienen causas.

No aparecen por:

  • pecado
  • voluntad libre absoluta
  • intervención divina.

Sino por cadenas de causas naturales.

Ese enfoque causal es exactamente el que hoy utiliza:

  • la psicología
  • la psiquiatría
  • la neurociencia.

4. Anticipó la regulación cognitiva de emociones

Una intuición muy moderna de Spinoza es esta:

entender una emoción cambia su poder sobre nosotros.

Hoy sabemos que procesos como:

  • insight terapéutico
  • reestructuración cognitiva
  • mentalización

modifican la respuesta emocional del cerebro.

Muchos investigadores creen que Spinoza intuía este mecanismo siglos antes de que existiera la neurociencia.


5. Introdujo una teoría de la motivación

Su concepto de conatus es básicamente una teoría general de la motivación:

  • todo ser vivo intenta perseverar
  • busca lo que aumenta su potencia
  • evita lo que la reduce.

Esto recuerda mucho a teorías modernas de:

  • regulación homeostática
  • motivación biológica
  • sistemas de recompensa.

En resumen

Spinoza se parece a un filósofo de la mente moderno porque:

  • une mente y cuerpo en un mismo sistema
  • explica emociones de forma naturalista
  • analiza procesos mentales causalmente
  • anticipa mecanismos de regulación emocional
  • propone una teoría de la motivación.

Por eso algunos científicos como Antonio Damasio lo consideran uno de los pensadores más adelantados de la historia en el estudio de la mente.