
Torres y alfiles

Rostros

El bodegón de las pócimas
Sobre alta roca, desceñido el manto,
los ojos fijos en el claro cielo,
rota la lira sobre el duro suelo,
doliente exhala su postrero canto.
Absortas de su voz por el encanto,
gimen las musas en amargo duelo;
y vierte Saffo con febril anhelo
triste raudal de inspiración y llanto.
Sobre alta roca, desceñido el manto,
los ojos fijos en el claro cielo,
rota la lira sobre el duro suelo,
doliente exhala su postrero canto.
Absortas de su voz por el encanto,
gimen las musas en amargo duelo;
y vierte Saffo con febril anhelo
triste raudal de inspiración y llanto.
Llora de amor; el fuego que la inflama
el piélago no apaga, que no extiende
sobre sus miembros, é iracundo brama
Su noble acento las edades hiende;
que es poco el mar para extinguir la llama
que genio nombran, y que Dios enciende.
Poesías selectas. Málaga, Tip. La Ibérica, 1911, p. 69
¡Ya viene, mirala! ¿Quién?
— Esa que saca las coplas.
— Jesus que mujer tan rara.
— Tiene los ojos de loca.
Diga V., don Marcelino,
Será verdad que ella sola
Hace versos sin maestro?
— Que locura, No señora;
Anoche nos convencimos
De que es mentira, en la boda
Si tiene esa habilidad
¿Porque no le hizo á la novia,
Siendo tan amiga suya,
Décimas ó alguna cosa?
— Una décima, es preciso
Dige — el novio está empeñado:
«Ustedes se han engañado
Me respondió, no improviso»
— Siendo la novia su amiga,
Vamos, ¿No ha de hacerla usté? –
«Pero por Dios, si no sé,
¿No basta que yo le diga?
La volvimos a rogar,
Se levantó hecha una pólvora,
Y en fin, de que vió el empeño
Se fue huyendo de la boda.
Esos versos los compone
Otra cualquiera persona,
Y ella luego, por lucirse
Sin duda se los apropia.
— Porque digan que es romántica.
— ¡Que mujer tan mentirosa!
Dicen que siempre está echando
Relaciones ella sola
— Se enseñará á comedianta.
— Ya se ha sentado ¡la mona!
Mas valía que aprendiera
A barrer que á decir coplas.
— Vamos á echarla de aquí.
— ¿Cómo? Riyendonos todas
— Dile a Paula que se ria.
— Y tu á Isabel, y tu á Antonia.
Ja Ja Ja Ja Ja Ja Ja.
— ¡Mas fuerte que no lo nota!
Ja Ja Ja Ja Ja Ja Ja.
Ya mira, ya se incomoda.
Ya se levanta y se va…
¡Vaya don Dios la gran loca!
Badajoz, 1845
(Poesías de la señorita Carolina Coronado, 1852, p. 68)
POEMA COMPUESTO por ROGELIA LEÓN, con ocasión de LA PUBLICCIÓN DEL POEMARIO DE FAUSTINA SÁEZ DE MELGAR: «LA LIRA DEL TAJO» (1859)
«A la distinguida poetisa Dª Faustina Saez de Melgar por sus sentidas poesias tituladas <La lira del Tajo>, Granada el 30 de agosto de 1859»

Dejad ya al corazón dolido
un gemido exhalar de angustia lleno,
que llegue al corazón de esa cantora
que así sabe apreciar su sentimiento.
Dejad que la acompañe con mi llanto
y la preste en mi afán dulce consuelo,
que el llorar con el triste, es darle alivio
á sus crudos dolores y tormentos.
Cuando devora al pecho aguda pena,
no hay mayor lenitivo, sin remedio,
que derramar el desolado llanto
en un pecho que sienta como el nuestro.
Por eso la amistad es dulce néctar,
del corazon el único alimento,
que sabe disipar nuestros pesares
y apartar de los labios el veneno.
¡Mas como he de sentir como tú sientes!
tú, que lloras un hijo, niño bello,
en que tu amante y célica ternura
depositó de madre el primer beso.
¿Como llorar contigo, yo que ignoro
de ese tesoro el elevado precio
y no sé las delicias que recibe
con ese don el corazon materno.
Mas soy mujer, y la mujer penetra
cuanto hay de grande y de sensible anhelo
y sabe adivinar las emociones
y prestarle al que sufre sus desvelos.
Por eso tú, que tan sublime eres
no lloras solo por el hijo tierno,
que hay en tu lira dolorosos cantos
Dedicados tambien á otros afectos.
Bendita tú, mi veces que así gimes
con mil suspiros de cariño llenos
por los padres y hermanos adorados
y por tus campos y el querido suelo.
Tú gimes por tu hogar cual golondrina
que mirando afanosa á otro hemisferio
contempla desde ahí la dulce patria
donde formo el hogar de sus hijuelos.
Tu espíritu, es vapor de mil querubes
lanzados á este mundo desde el cielo
para darle la paz á los mortales
que escuchan la dulzura de tus versos.
Feliz mil veces quien gozó á tu lado
una asistencia, cual dorado sueño
que se desliza entre sus blancas nuves
que el horizonte cubren cual un velo.
Tu eres el Ada que en la noche umbría
templa la gaita en el letal silencio
y hace vibrar los cuerpos con dulzura
dandole á la creacion dulce beleño.
Tu eres el ideal de los amores
que hace cambiar la faz del universo
ante aquel que sumido en el hastío
Deniega la amistad y brinda tédio.
Para saber amar, es necesario
beber la inspiracion en tus acentos
y esa fraternidad tan cariñosa
que expresas con dulcísimo lamento.
Sigue, sigue tu canto doloroso
y ofrece de ternura fiel ejemplo
y dirán arrojándote laureles,
grande es su corazon y su talento.
Rogelia León
Granada, 30 de agosto de 1859.
En abril de 1881 la escritora mexicana Josefina Pérez, originaria de Jalapa, escribía a Faustina Sáez de Melgar atendiendo el llamamiento de colaboración que la última había realizado a través de la prensa a las escritoras mexicanas con motivo de la publicación del libro Las españolas, americanas y lusitanas pintadas por sí mismas, de la que era directora literaria. Josefina respondió a Faustina aun sabiendo que sus obras no se ajustaban a lo solicitado por la escritora española, al tratarse de poemas en lugar de artículos sobre tipos de mujer, y no dudó en copiarle varios de ellos en su carta para que si tenía ocasión los publicara en sus revistas.
El poema que reproducimos a continuación es uno de ellos, el titulado El Mirto
Con el poema La caña y la hiedra continuamos esta serie de artículos en los que intentamos recuperar la voz de escritoras españolas, olvidadas o prácticamente desconocidas hoy día pero que, sin embargo, tuvieron bastante actividad literaria y periodística durante el siglo XIX apareciendo sus obras, ya fueran estas en prosa o en verso, en numerosos periódicos y revistas de la época.
Este poema de María Mendoza de Vives, apareció en la revista femenina El Correo de la Moda, en su Año X y Núm. 381 del 8 de diciembre de 1860. y en El Bello Ideal, revista que según indica Manuel Garrido a la escritora Faustina Sáez de Melgar en su carta del 12 de junio de 1860 se fundaba bajo la protección de S. M. la Reina y con la finalidad de socorrer las necesidades de la Asociación de Señoras de Beneficencia domiciliaria.
Manuel Garrido, en su carta, le pedía, además, su colaboración en las páginas de la revista con el objeto de realzar su mérito; indicándola que en ella participarían también otras importantes escritoras españolas al tiempo que le pedía permiso para insertar su nombre en la relación de colaboradoras que aparecería al frente de los números de la publicación; así como un trabajo para el primer número que estaba previsto apareciera el 15 de ese mismo mes.
Respetamos su ortografía original y lo ilustramos con imágenes adecuadas al texto.
Este poema fue publicado en el número 374 del año X de la revista madrileña destinada al público femenino El Correo de la Moda, se reproduce con su ortografía original.
Su autora Joaquina García Balmaseda, era una colaboradora habitual de la revista y pasó a ser su directora en 1883 tras el fallecimiento de Ángela Grassi.
Hoy es un día significativo que ha sido elegido como símbolo de la lucha que han mantenido y seguimos manteniendo las mujeres a lo largo de la Historia para conseguir la equiparación con los hombres en todos los aspectos y sobre todo en el laboral. Algo que todavía no hemos conseguido pese a que los avances han sido importante; por ello debemos recordar a nuestras predecesoras; aquellas mujeres de todas las épocas que siempre han mantenido una activa lucha para compatibilizar todas las actividades de su vida diaria, ya sean estas públicas o privadas.
Desde los tiempos más remotos las mujeres realizaban actividades agrarias relacionadas con el campo, la ganadería, el tratamiento de los animales y sus pieles o artesanales en la creación de objetos y utensilios, la confecciones de tejidos, el tratamiento de las pieles de los animales para su posterior uso, la elaboración de los alimentos no dejando, por ello, de ser también compañeras, madres, hijas y hermanas de los hombres; pese a esto en el proceso de desarrollo de las distintas sociedades y sobre todo dentro de la sociedad patriarcal fueron relegadas al espacio privado del hogar doméstico y convertidas en seres invisibles a las que se vino a denominar «Ángel del Hogar».
Salir de esa invisibilidad y rescatar a todas ellas del olvido es una tarea que todavía es necesaria. Este es un pequeño homenaje a todas esas mujeres invisibles y anónimas a las que la historia ha mantenido en el olvido prácticamente nuestros días.
Esta sección está dedicada a los poemas que escritoras del siglo XIX dedicaron a las flores y las plantas, poemas que podemos encontrar en distintas revistas y periódicos de la época, de difícil acceso y localización en la actualidad.
Muchas de ellas son totalmente desconocidas hoy día; su obra no ha conseguido superar esa invisibilidad a que la mujer ha estado y a la que aún está sometida, hoy día en menor medida.
Por otra parte la poesía es el género literario al que le cuesta más trascender; sus lectores, comparados con los de la novela, somos minoritarios pero no por eso hay que dejar de perseverar en su difusión y alentar su consumo.
Este poema fue publicado por la revista El Correo de la Moda, apareció en el número 8 de la 2ª época el 28 de febrero de 1853, tiene por tanto más de siglo y medio de vida pero, hoy día, son pocos los que han disfrutado de su lectura; aparece datado en el Real Sitio de San Ildefonso el 22 de septiembre de 1852.
Su autora es una escritora prácticamente desconocida, Natalia Boris, se conocen muy pocos datos sobre ella y, además, presentan diferencias. María del Carmen Simón Palmer la incluye en su Diccionario bio-bibliográfico de escritoras españolas del XIX, (Simón,1991:127) aunque en la reseña aparece como Natalia Boris de Oliveres, sin embargo, el poema que insertamos a continuación está firmado por Natalia Boris de Ferrant; es posible que la escritora quedara viuda y contrajera nuevo matrimonio entre 1853, fecha publicación de este poema y 1865 fecha la publicación de su segunda obra conocida; sabemos que se trata de la misma persona al indicarse que colaboró en El Correo de la Moda en 1853. Tras esto se citan otras dos de sus obras, un poema en Corona literaria impresa con motivo de la inauguración de la estatua de Colón que debía citarse en la misma revista en 1860 y un artículo titulado La humildad, publicado por La Violeta en abril de 1865; artículo que aparece dedicado a su amiga Doña Carmen Alarcón de Castelao y firmado en Segovia en 1865.
La corona poética realizada para conmemorar la inauguración de esta estatua de Colón tuvo cierta repercusión en el mundo cultural de la época y los poemas de los participantes fueron leídos en el madrileño Teatro de los Sres. de Piquer; la Sra. Boris de Ferrant hizo su lectura el 12 de diciembre de 1860, según informa el periódico La Época del día siguiente. Puede comprobarse que todavía en este año sigue apareciendo como Sra. de Ferrant. La estatua de Colón a la que se hace referencia es la realizada por el escultor José Piquer con destino a la ciudad cubana de Cárdenas, erigida en la plaza de Isabel II; al parecer, la primera del Almirante expuesta públicamente en el continente americano.
Juan P. Criado Domínguez no la cita en su obra Literatas Españolas del siglo XIX (Criado,1889)