Dislexia: causas, síntomas y tratamiento

El término dislexia es bastante común en el ámbito educativo. Generalmente se suele vincular al fracaso escolar, obteniendo así una explicación al bajo rendimiento que lo caracteriza.

Pero su uso común no siempre supone un uso correcto del término, lo que hace un flaco favor a las personas que padecen este trastorno. ¿Sabemos que es la dislexia? ¿Qué características tiene la persona que la padece?.

¿Qué es la dislexia?

La dislexia es un trastorno del aprendizaje de origen neurobiológico que explica cerca del 40% de los fracasos escolares. Se estima que cerca del 10% de la población estudiantil lo padece.

A diferencia de lo que comúnmente se suele pensar, la dislexia no siempre va asociada a baja inteligencia; puede darse en personas con CI medio y alto, sin que necesariamente presenten problemas en los ámbitos intelectuales y emocionales.

¿Qué causas tiene la dislexia?

La dislexia es un trastorno neurológico. Diferentes investigaciones han concluido que las personas que padecen este trastorno no se caracterizan por problemas de inteligencia y personalidad, sino por un procesamiento de la información diferente.

Como trastorno del aprendizaje, posee instrumentos de evaluación y diagnóstico, así como diferentes tratamientos psicopedagógicos para poder minimizar sus efectos y consecuencias. Generalmente, la intervención en el contexto escolar y/o en gabinetes psicológicos y psicopedagógicos da buenos frutos en un periodo medio de tiempo.

¿Cuáles son los síntomas de la dislexia?

El síntoma más llamativo de la dislexia es el bajo rendimiento escolar; esta es la razón por la que suele ser el centro educativo el que decide empezar a evaluar al alumno en busca de explicaciones sobre las que intervenir. Este bajo rendimiento escolar está causado por un conjunto de problemas en las áreas que intervienen en el aprendizaje, como son:

La lectura del niño es torpe, con dificultad para conseguir una lectura fluida. Repite algunas palabras y se inventa otras. Debe leer letra por letra para descifrar las palabras que componen el texto, no es capaz de reconocer de un golpe de vista palabras de uso muy habitual. La comprensión lectora es pobre, lo que le genera problemas de rendimiento en todas las asignaturas.

La memoria es buena si proviene de la experiencia directa (situaciones reales de aprendizaje en las que él es el protagonista). Tiene, además, muy buena memoria pictórica, llegando a ser capaz de recordar, por ejemplo, muchos detalles de un cuadro que quizás a otras personas pasarían desapercibidos.

La ortografía es mala, muchas veces imposible de leer. Omite letras al escribir, escribe letras invertidas, añade letras inexistentes… suelen ser niños que presionan mucho el papel al escribir, fruto de la ansiedad que les genera este trastorno.

Respecto al habla, el niño tiene problemas para estructurar oraciones. No suele terminar frases y puede tener problemas de pronunciación.

La orientación espacial también se ve mermada; el niño suele tener problemas para diferenciar la izquierda de la derecha.

La atención es pobre. Supone un gran esfuerzo concentrarse en la tarea que está realizando, con una dificultad añadida: la distracción. Son niños de muy difícil concentración y muy fácil distracción.

A nivel emocional, el niño con dislexia necesita ser comprendido para evitar sentimientos de ineficacia y de baja autoconfianza. Generalmente, son alumnos que son conscientes de su problemática y saben que no pueden aprender de la misma manera que aprenden sus iguales.

Esto, junto a los pobres resultados que suelen obtener si no existe intervención, puede desembocar en problemas del estado de ánimo, como depresión y ansiedad, que agravarán todavía más el fracaso escolar.

Intervención y tratamiento de la dislexia

Una vez sabidas las características que engloban a este trastorno de aprendizaje, la intervención trata de aprovechar los puntos fuertes de estas personas para contrarrestar aquellos puntos débiles que dificultan el aprendizaje. Algunas pautas efectivas son:

-Cambiar la forma de aprender. Aprovechar la buena memoria pictórica y de experimentación que tienen estas personas para fomentar un aprendizaje basado en la experiencia directa y en imágenes visuales. Evitar la información escrita que debe ser leída, pues como ya hemos visto, suelen ser niños con pobre comprensión lectora y fácil distracción ante tareas que necesitan concentración elevada.

-Dar instrucciones sencillas, de una en una. Explicar bien cada instrucción con la menor cantidad de palabras posibles. El modelado funciona de manera muy positiva (realizar las actividades que el niño debe hacer para servir de ejemplo).

-Reforzar los avances que la persona vaya obteniendo. A la hora de puntuar conocimientos, tener en cuenta el esfuerzo y los avances realizados. Este es el verdadero reto para la persona, más allá de la adquisición de conocimientos.

-Darle tiempo para pensar, razonar y contestar. Si no razona lo suficiente, podemos entrenar esta capacidad realizando preguntas que el niño podrá responder.

No castigar la pobre comprensión, mala escritura y/o mala lectura. Aún con esfuerzo, hay veces que ocurre. Debemos animar a repetirlo para hacerlo mejor.

Un caso de dislexia no tratado puede ser muy perjudicial para la persona, no solo por el fracaso escolar que supone sino por su afectación emocional. Por tanto, es importante visitar a un profesional para determinar las necesidades específicas que requiere cada paciente y poder trabajar en base a los requerimientos individuales.

 

 

Violencia de Genero… Una realidad que se in visibiliza a diario

Qué está pasando a nuestros adolescentes y jóvenes?

Los últimos datos facilitados indican que 1 de cada 4 adolescentes considera “normal” la violencia en una relación y el 52,6% de las adolescentes cree que en una relación el hombre debe proteger a la mujer. Son dos de las conclusiones extraídas del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, tras entrevistar a 1.247 jóvenes de 15 a 29 años.(*).

Las dificultades para detectar la violencia de género vienen derivadas, principalmente, de la dificultad de la ruptura de los pactos de silencio que se dan en colectivos adolescentes. La presión del grupo al silencio (no solo de problemáticas de violencias sino también en consumo de drogas, absentismo escolar, bullying, etc.) es tan grande que dificulta el conocimiento de quienes podrían intervenir para ayudar al alivio del problema.

Intervienen grupos de pares que se retroalimentan entre ellos y que fijan sus propios marcos normativos al margen del mundo adulto. Jóvenes en parejas con muchas ganas de experimentar pero una muy poca experiencia vital.

Mitos y creencias

Se nos ha enseñado que en la vida de toda chica hay una persona especial que un día encontraremos. Eso hace que toda la vida de la joven se oriente hacia la búsqueda de esa persona especial. Y que reviste de esa cualidad quien a ella se acerque. Pensará que lo encontró y que “es EL”. La idea del amor romántico puede hacer que la mujer no vea lo que está pasando en su relación.

¿Existe el príncipe azul? La idea del príncipe azul hace que solo vean las cosas buenas que hay en él. E incluso que cosas negativas se interpreten como reales y evidentes muestras de amor (celos, control) que confirman que, efectivamente, ese chico es su chico soñado y será su pareja para toda la vida. Se supone que ese “príncipe azul te salvará y te protegerá”.

Este planteamiento deriva en la creencia que las mujeres no podemos vivir solas ni ser independientes. Desde pequeñas nos educan de manera diferente a los chicos. Las diferencias con las que nacemos no tienen nada que ver con lo que haremos en la vida: nuestra sociedad es la que hace esta diferencia.

Indicadores de sospecha

Muchas jóvenes permanecen en relaciones que no les convienen, con tal de conseguir crear una familia. Si no se consigue, muchas mujeres creen que han fracasado por no tener novio/marido y familia.

¿Sabe una joven distinguir cuando su pareja le trata bien o mal?

Es normal que en las parejas existan conflictos, pero hay que diferenciarlo del maltrato. Los conflictos surgen en ocasiones y se arreglan hablando y buscando soluciones. Si es maltrato siempre se dará de forma repetida y empeorará con el tiempo. Lo reconocerá porque él siempre quiere llevar la razón e imponer su criterio sin respetar el de ella.

Identificación

Autoexploración. Preguntas a ellos.

Algunas preguntas pueden ser muy reveladoras: “¿Te molesta que tu chica hable con otros?”, “¿Qué te parece que tu pareja salga con su cuadrilla de chicos y chicas cuando tú no estás?”, “¿Qué opinión te merece el deporte femenino?”.

Verbalizaciones de ellas.

“¿Has cambiado tu estilo de vestir porque él te lo ha pedido?”, “¿Dudas de tu valía, comportamientos o salud mental?”, “¿Tienes miedo o dudas de cómo decirle las cosas porque no quieres hacerle daño?”, “¿Alguna vez te ha empujado, pellizcado, golpeado, abandonado en algún sitio?”.

Intervención:

Sin olvidar la prevención, una vez que se ha originado ya la problemática, su abordaje supondrá:

-Trabajar, si es posible con la red de apoyo (los pares) de la joven, insistiéndoles en que su papel es el de prestar un apoyo incondicional a la víctima que permita que ésta les refiera su situación.

-Intervención psicológica: En este apartado observamos las dificultades de arribada de las jóvenes a los métodos terapéuticos presenciales tradicionales a favor de la ayuda psicológica virtual. Son decenas las chicas que mensualmente nos requieren con naturalidad por este medio. Medio que les proporciona anonimato, facilidad de horarios y evita desplazamientos. Nuestra tarea será utilizar los soportes que más favorezcan la recuperación y el futuro viene, de manera inequívoca, de la mano los soportes virtuales.

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(*)Diario El Mundo 27 de noviembre de 2017.

 

 

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