En este mundo, se hacen cosas para que el resto las vea. Esas cosas, pueden o gustar, o no. Si gustan, se adhieren a la cultura colectiva de nuestro mundo, y el planeta continúa girando con un nuevo componente más.
A veces, esas cosas desafortunadamente pierden tracción, y su hueco empieza a cerrarse arriesgándose al olvido histórico. Es una tesitura complicada ante la cual hay varias salidas que otorgan nuevas oportunidades, y una de las más recurridas por su potencial éxito es… hacer un ‘remake‘.
En un mundo ideal, la acometida de un buen remake no solo reproduce con fidelidad los apartados que otorgaron su grandeza al producto en el que se basan, sino que además, en el caso de que disparase nuevas flechas, éstas apuntarían a la misma dirección hacia la que van las demás (sin ocasionar cambios de tono innecesarios). Duda alguna no me cabe de que cualquiera es capaz de nombrar casos que estuvieron a la altura de sus expectativas, y algunos que no. Al fin y al cabo, muy personal es el vínculo entre un individuo y el producto.
Debido a la inherente naturaleza de esta clase de iteraciones, desgraciadamente es imposible regar el agua para que llueva a gusto de todos, ya que cada persona es un mundo, y como tal, lo estricto de su criterio puede variar con respecto lo que les apasiona de verdad. Esto puede generar que, incluso aunque se encuentren ante aquello que dice ser lo que aman, experimenten sentimientos encontrados e incluso desaprobación. Es imposible culpar por esta idea aparentemente negativa, ya que esa sensación está originada en el deseo de querer evocar al prójimo los apreciados sentimientos que han vivido en primera persona.
Por lo que se puede culpar, no obstante, es por sacar las cosas de propoción, y menos cuando la situación no lo merece en lo más mínimo, hasta el punto de que la ceguera les haga bombardear el ídolo de su adoración.
En el momento en el que un remake es una necesidad y no un lujo, hay que asumir que nos encontramos en el peor caso. Esto significa que es virtualmente imposible que desemboque en una situación peor para el producto que aquella en la que se encontraba. Puede llegar a parecer que la existencia de esta llamada «revisión» elimine de la memoria histórica de aquello tan querido para uno.
Todo esto no podría estar más lejos de la realidad.
Asumiendo que gocemos de una fórmula con diferencias asonantes en alguna de sus variables…
…Si esta nueva edición termina teniendo una acogida superior a la original, no queda más remedio que asumir una verdad incuestionable: y es los tiempos cambian. Y nos guste o no, el mundo no está dispuesto a acoger esa visión en estos momentos. Es más, puede incluso que nunca lo hubiese estado, por lo cual no es que se le esté robando espacio a su predecesor: es que nunca lo ha tenido, ni iba a poseerlo de no ser por este ultimátum. No obstante…
…Si termina generando una experiencia muy diluida y sin personalidad, esto no hará más que recordar al resto del mundo en comparación qué hizo grande a la marca en su primer momento, e indirectamente reflejando el foco de iluminación hacia la esa versión, lo que habitualmente desemboca en una vuelta hacia las raíces cuando el tiempo y los recursos lo permiten. Uno podría argumentar que si nos damos la vuelta andamos en sentido contrario, con una imagen tan deformada que es irreconocible, pero esto acontece más mediante la extenuación causada por explotar una franquicia mediante continuaciones, que contando la misma historia de nuevo para una generación diferente.
En ambos casos la consecuencia más reconocible de este movimiento es que termina atrayendo más atención hacia aquello que tanto lo necesita.
Nuevo o viejo, el entretenimiento solo tiene un objetivo y aparece en su nombre: entretener. Y cuando uno es entretenimiento lo que busca, siempre escogerá la versión de su preferencia independientemente de la canción que cante el resto del mundo.
Los resultados puede que no agraden a todos, pero, ¿existe acaso la fórmula mágica que sí lo haga?
Atentamente:
-Un tipo más