Existe en el mundo una sed tremenda por llevar una vida más satisfactoria. Veo gente «exitosa» que no necesariamente es feliz o que no se siente satisfecha con la vida que lleva. Quien tiene un buen coche, quiere otro más lujoso; quien va de vacaciones a Cancún, quiere ir a Grecia; quien tiene un yate en Grecia quisiera poder escalar el Everest o ir de vacaciones a Marte… Y así, la lista es interminable. Incluso los más ricos y famosos a veces desean hacer hazañas y dejar sus nombres inscritos en el libro de los héroes inmortales de la humanidad, pero ni con todo su dinero pueden acceder a eso. ¿Esto quiere decir que existe un vacío permanente en todos nosotros que nunca podrá ser satisfecho?
La satisfacción con nuestra propia vida no viene de tener más, sino de agradecer lo que se tiene, aceptarlo sin juzgar y seguir acercándonos a nuestros deseos más profundos sin apego a ningún resultado. Para esto es clave conocernos internamente y saber qué es lo realmente importante para nosotros. Una vez que sabemos lo que queremos, el problema suele venir cuando nos encadenamos a los resultados que deseamos obtener: sin flexibilidad, sin sabiduría y con cierta obsesión. Olvidamos que la felicidad es el camino, no la meta.
Y tú ¿sabes qué hay en el fondo de tus deseos? ¿Qué es lo realmente importante para ti? ¿Vives apegado a tus deseos o eres libre interiormente?
