No hay elección posible.
Estoy buscando piso (es una corta historia, mejor para otro momento). El tema es, estoy buscando piso de alquiler mientras disfruto plácidamente de una excedencia de varios meses en mi casa de propiedad. Las circunstancias vitales me llevan a buscar piso, en un momento en que los brócolis de la tercera remesa que abandoné en el huerto se han convertido en unos arbustos con unos ramilletes de crucíferas amarillas bellísimos y entre las fotínias se oyen cada mañana vacilantes los atropellos metálicos del canto de las currucas capirotadas. En el momento en que toca sustituir el invernante de la piscina por una limpieza de fondo y cloro de acción lenta con reductor de pH. La época en que vuelve a tocar pasar por la gasolinera a buscar mezcla de gasolina de octanaje 90 y aceite para motor de dos tiempos en proporción 50:1 para la desbrozadora. Los días en que por fin puedo aprovechar la terraza para sorber mi zumo de manzana contemplando los pinares que se mecen estoicos alrededor del helipuerto para emergencias del que dispone la urbanización.
Estoy buscando piso, y tal como está actualmente el sector… no puedo desaprovechar ninguna oportunidad que se presente. El tema es, hoy se han presentado dos. En el mismo pueblo, a apenas tres calles de distancia. Distintas inmobiliarias, distintos dueños, misma desidia. Uno situado en una finca de remodelación reciente en una discreta calle sin tránsito, el otro en una zona céntrica delante de un ambulatorio cuya plaza sirve de reunión para los adolescentes a la salida de un instituto cercano. Podrían intercambiarse las localizaciones y nadie se daría cuenta.
La primera visita la concierto con el piso de la calle discreta, aparcamiento y trastero incluidos en el precio. Pienso que es ideal para poder trasladar con comodidad los instrumentos de trabajo de mi coche a la vivienda al acabar la jornada laboral, actualmente los tengo en el garaje de mi casa, el que pensé en arreglar cuando entré y nunca llegué a tener el dinero para hacerlo. Ahora el dinero se irá en la parte proporcional de un aparcamiento con trastero en un piso de alquiler en una calle discreta, que bien podría estar en una zona céntrica con un ambulatorio delante, pero ése en cambio no incluye el aparcamiento en el precio y la puerta es demasiado baja para que pase mi furgoneta. No obstante la vivienda es más grande, con una habitación adicional, que podría servirme para hacer ejercicio ya que ahora utilizo parte del patio que se extiende de la casa a la sala de máquinas de la piscina y es mucho más discreto que el patio del piso de la calle discreta, que da a una zona comunitaria desde la que eres el objetivo a estrenar de la mirada de los vecinos de otros 3 bloques adicionales con 3 pisos de altura cada uno, la desventaja de estar situado en un bajo. Pero supongo que es peor ser el primer piso de un bloque céntrico cerca de un ambulatorio si además está situado sobre un bar, porque cuando en verano quieres aprovechar la terraza es cuando tienes más bullicio en el exterior y acabas pensando que es mejor quedarte dentro aunque te ases de calor, como me pasa ahora en la casa que no puedo abrir las puertas en verano porque se me escapa el gato y temo que si sale los felinos bengaleses del tamaño de jabalís que veo pasear por la urbanización lo devoren sin piedad, problema que supongo que sería menor en el patio de un piso discreto si antes hubiera dicho a la inmobiliaria que tenía mascota, cosa que evadí para no perder las opciones de poder ver hoy dos pisos, estuvieran donde estuvieran situados.
El agente inmobiliario me invita a acceder al vestíbulo principal con acceso a una cocina en la que todo el mundo pondría un lavavajillas pero yo pregunto si es el hueco de la lavadora porque con tanta mudanza nunca he tenido la ocasión de comprarme uno y en mi casa actual no cabía en la cocina, motivo por el que el plan inicial era prescindir de uno de los lavabos y ahí hacer un lavadero que suerte que el segundo piso que veo hoy tiene uno, y bien grande, para no tener ropa tendida por la casa que supongo que en el pueblo al que quiero mudarme no es un problema pero actualmente me paso ondeando calzoncillos por el salón 2 semanas a causa de la humedad, para acabar poniéndome jerséis con olor a cajón viejo, como creo que debe oler el armario del lavabo del piso discreto pero no soy lo bastante valiente como para agacharme a comprobarlo, ya que estoy intentando medir a simple vista si mi colección de juegos de mesa cabe en la habitación que será el estudio, cosa que no sería problema en el piso céntrico pero las vistas eso sí mucho peores porque las ventanas dan a un patio interior de vecinos fingiendo tener, en mitad de un pueblo, jardines imitando naturaleza como la que pienso abandonar cuando me vaya de esta casa.
Cada habitación que miro contiene una versión distorsionada de mis muebles, en los espejos de cada lavabo mi reflejo se adorna con la luz de una distinta latitud. El sonido de mis pisadas en parqué resuena con la solidez de un manto de hierba y al girar cada pomo pienso que detrás me veré a mí mismo preguntando cuántas fianzas se requieren y si los vecinos son tranquilos. Intento encajar mis conocimientos de feng shui en paredes que no dejan de moverse y cada vez que pruebo un grifo es para oír el triste maullido de mi gato pidiéndome que le deje comida suficiente para pasar el día. Cada visita de cada piso es el recordatorio de todas las oportunidades que dejo atrás y una invitación sin retorno a equivocarme.
Pero estoy buscando piso, claro, y tal como está el sector…

