El pueblo se veía quieto a pesar de ser apenas pasado el mediodía, el mercado local lucía vacío y los pocos transeúntes no se detenían a observar la mercancía, quizás por el hecho de que los rayos del sol caían a plomo y el calor levantaba volutas de vapor de los tejados de las casas a lo lejos unas pocas nubes empezaban a cubrir el horizonte.
La joven señorita vestida clamorosamente con un vestido de estilo victoriano bajó del carruaje y aceptó gustosa la mano que le tendía el conductor del carruaje que se había apresurado a ayudar a la dama a apearse, probablemente mas motivado por la belleza de la dama que por costumbres caballerosas.
Una vez abajo dedicó unos segundos a observar las casas cercanas en busca de algún lugar para hospedarse, fracasando lamentablemente en hacerlo.
-¿Conoce algún lugar cerca donde pueda hospedarme?- pregunto con una voz cantarina al cada vez mas embelesado cochero que no se había apartado de su lado.
-Por supuesto señorita, existe un muy buen hostal a dos calles hacia el sur, yo podría acompañarla gustoso.
-No, gracias- respondió la dama sin perder su sonrisa pero sonando determinante.
–Estoy acostumbrada a conducirme sola.
Y con paso ligero camino hacia la dirección que había señalado el hombre, no tardo en encontrar lo que buscaba un hotel de mediana calidad donde se hospedó por una módica cantidad, al no llevar equipaje el camarero se limitó a indicarle el camino hacia su habitación, una vez dentro se tendió en la cama y rasgó mas que intentar quitarse el vestido que llevaba dejando ver debajo unas ropas que cualquiera asociaría con una amazona, pantalones y una levita con chaleco además de unas botas de montar de una piel exótica que destellaba visos azules, la fina cintura se enmarcaba con un ligero cinturón de cuero que albergaba una varita, algunas pequeñas botellas con líquidos de diversos colores y dos bolsitas de cuero. Acicaló su pelo con la varita quedando pegado al cráneo y rematado con una coleta, un movimiento de varita y un fino bigote apareció sobre los labios. Resoplando de alivio por el cambio de vestimenta estiró los brazos y se dirigió hacia un espejo de cuerpo entero para observar su aspecto dirigió una o dos miradas y extrayendo su varita la dirigió al espejo murmurando.
–Crystallus concerptum
-Anda, solamente escupe y maldice y diré que eres un hombre- le recrimino ácidamente el espejo al instante.
-Justo como mi madre- murmuró la bruja sonriendo, colocó su varita a la altura de la garganta mientras decía –vox celavi.- Nuevamente se acerco al espejo y le hablo con una voz ronca y cargada de un acento ario.
-¿Y quien te dijo a ti que no lo soy?
El espejo se limito a decir –Anda- con algo parecido al chirrido de una tiza contra el cristal provocando una carcajada a la bruja, la cual se limitó a recostarse en la cama mientras observaba hacia la ventana, de repente pareció recordar algo y extrajo una de las bolsitas una cajita del tamaño de un cubo de azúcar la cual colocó contra una pared para después apuntarle con su varita, segundos después donde estaba la cajita se observaba un gran cofre con un escudo de armas al frente del color del zafiro con un gran cuervo cada uno, hizo levantar el pestillo con otra orden de su varita y una mesa con un pequeño mueble repleto de pergaminos junto con un estante de lo que parecía un complicado equipo de química surgieron del mismo.
Dedicó unos segundos a observar los títulos de los pergaminos que se encontraban dentro de cilindros de madera hasta que se detuvo en uno, lo tomó y dio vuelta hacia su cama, donde se recostó a leer.
***
La noche había caído y el rugir de su estómago lo despertó tras lo que pensó solo había sido un momento, asomándose a la ventana comprobó, con una sorpresa no del todo desagradable, que había dormido cerca de cinco horas, estiró sus brazos y se dispuso a bajar a la recepción del hostal en busca de algo que comer.
El clima presagiaba tormenta, las nubes sé arremolinaban cada vez más oscuras y el lejano retumbar de los truenos sonaba quedo pero insistente, un vistazo le bastó al mago para darse cuenta que la hostería estaba casi vacía, un joven solitario en la barra y un grupo de cuatro personas en el otro extremo ocupando una mesa eran todos los presentes a excepción del dueño.
-¿Gusta comer algo señor? -Preguntó este último al mago acercándose a la mesa que había ocupado.
-Lees mi mente amigo- contestó el mago con una sonrisa.
Uniendo la palabra a la acción el dueño sirvió un plato sobre la mesa acompañado de una botella de vino y una copa.
-La especialidad de la casa señor, carne de oso con salsa de hongos y papas, no encontrará mejor platillo por estos lugares.
El mago comió tranquilamente su comida, el hostelero no le había mentido y el platillo estaba delicioso, mientras repasaba mentalmente los hechizos que practicaría con Garnuk al dia siguiente notó un movimiento al otro lado del hostal.
Uno de los hombres que estaban en el grupo se encaminó a la barra tambaleándose, obviamente había bebido copas de más esa tarde.
Golpeando la barra y con voz rasposa grito al dueño.
-Otra botella, rápido, mis amigos y yo tenemos sed.
El joven que estaba en la barra soltó un bufido, bien fuera de impaciencia, bien de asco ante la presencia del hombre.
-¿Tienes algún problema niño? -preguntó el hombre acercando su cara a la del joven, estando juntos el mago pudo notar que aquel hombre sacaba por lo menos dos cabezas de estatura al joven.
-¿Aparte de tu mugrosa barba y tu asqueroso aliento? -respondió el joven sin despegar su vista del vaso y con una voz que no parecía apropiada a su apariencia.
Varias cosas ocurrieron al instante, mientras el ebrio intentaba asestar un puñetazo al joven, sus amigos empezaron a levantarse de la mesa, Godric deslizó su mano hacia su varita intentando ayudar al joven, solo para notar que el joven ya no estaba ahí y que el hombretón había caído de bruces hacia el banco al golpear el aire, la vista no le bastó a Godric para saber que sucedió con los compañeros del tipo, lo único que pudo observar fue un destello y a los tres restantes salir volando hasta rebotar contra la pared, y para su mayor sorpresa observar de nuevo al joven sentado en su banco apurando el resto de su bebida con el pie colocado distraídamente sobre la cabeza del hombretón.
-Guarda esa varita antes de que el dueño regrese- dijo el joven a Godric.
Este se dio cuenta de lo ridículo de su postura, a medio levantar sosteniendo su varita, y con la boca medio abierta, guardó su varita y se encaminó hacia el joven.
-Mi nombre es Godric, Godric Gryffindor.- dijo mientras tendía la mano.
El joven volteó hacia él con una mirada calculadora, finalmente sonrió y estrechó la mano, a Godric le sorprendió lo finas que parecían y más aun el color de sus labios del mas rojo carmín.
-Y yo soy Ravenclaw, Ro… bben Ravenclaw.