Castillos en la arena
Reía el niño jugando
con su castillo de arena;
sus manos hacían los muros,
con sus dedos las almenas,
en el centro había una torre
y un camino en la puerta.
Soñaba rozando el cielo,
mientras jugaba en la tierra,
que ningún dragón podía
superar su fortaleza.
El Sol doraba su dorso
dándole color de arena
como si el niño y el suelo
una sola cosa fuera.
–00–
Mas el frío por la espalda,
entre espuma y agua seca,
cortó la piel del chiquillo
y arrancó su fortaleza
dejando el suelo liso
como si ya nada existiera.
¡Qué pronto cayeron los sueños
que del cielo estaban cerca!
–00–
El niño volvió su cuerpo
mirando a las olas tercas
que el frío océano lanzaba
clavando su espuma en tierra.
Tan inmenso era aquel mar
que al horizonte atraviesa;
tanta agua, tantas olas,
tanta ira en su espuma quiebra…
–00–
El chico volvió su espalda
al agua de sombras negras
y caminó playa adentro
para jugar con la arena.
Atrás dejó al mar revuelto
llorando sus turbias penas
mientras jugaba con sueños
guardados en fortalezas.
©Fernando Urien
