La nota


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La Nota

 

Olvidada en el tiempo oscuro y llano

reposa  sola en una vieja caja,

ajada cual mísera mortaja,

una pequeña nota escrita en vano.

 

Sufre tanto la tinta en el plano

que del tintero cae y resquebraja

la quebrada letra, que no rebaja

el peso de la pluma en la mano.

 

Reclama con fuerza la carta  al viento

para que vuelva ese amor primero

que se perdió por  un fatal  momento.

 

Que cambie por risas el dolor fiero,

que borre del alma cualquier lamento

y que vuelvan dos palabras: Te quiero.

 

 

II

 

Silbando, entre la abertura primera,

con todo rigor se adentra el viento,

arrastrando, con fuerte movimiento,

esa triste misiva lastimera.

 

Tratando con desprecio la quimera,

por las paredes, con trazo violento,

la golpea una vez y un ciento

dejándola deshecha  y pordiosera.

 

Cae al suelo  la nota tan maltrecha

que en  ella ya no queda nada  entero,

los signos se pierden entre la brecha

 

que rasga la tinta de su tintero.

Mas entre la confusa letra estrecha

se pueden leer dos palabras: te quiero.

 

©F.Urien

Silencios


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Silencios

                A veces se huye del bullicio buscando un lugar tranquilo donde  disfrutar del sosiego. Hay silencios que alivian, silencios  que acusan, silencios que perdonan, silencios que desprecian. Este universo mudo, sin ruido y tranquilo; a veces, por callado y discreto, es perverso. Hay momentos que reclaman una respuesta clara y terminante. Entonces, el silencio se vuelve cómplice y la tranquilidad amordaza la conciencia; si no se carece de ella. Dicen que quien calla otorga.  La denuncia del daño al débil, del agravio el indefenso, vuelve al silencio cómplice del mal y pervierte una tranquilidad que quien recibe el daño no puede disfrutar.

Lloran las piedras del pueblo,

lloran las aguas del mar,

lloran los ríos ya secos,

lloran los arenales yertos…

para oídos sordos sin par.

            En Gaza han ya han muerto 1.766 palestinos, más de 350 niños (ahora quizás haya más) y hay 460.000 desplazados. Los dirigentes de los países que dicen defender los derechos humanos, callan. La tranquilidad de occidente no se perturba por esos desatinos.

De las lágrimas perdidas

han nacido los zarzales,

los arbustos, las ortigas

que esconden las heridas

entre oscuros matorrales.

            La respuesta de Israel no solo es desproporcionada, sino que menosprecia la vida de los árabes que viven en Gaza por el mero hecho de no ser Israelíes.

Las sombras cabalgan solas,

sombras que siembran dolor,

sombras de frías pistolas,

sombras que asustan y violan,

las sombras sin compasión.

Hay silencios…

©F. Urien