Demuéstralo, bruja

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The Enchantment Autor de la imagen: Raphaelle Monvoisin http://raphaellem.deviantart.com/art/The-Enchantment-489708230

No es sólo la soledad. No es sólo la dificultad de encontrar amigos o parejas. No es sólo vivir y ver el mundo de una forma distinta al resto. Hay algo más a lo que las brujas tenemos que enfrentarnos durante nuestra vida y, esta vez, es algo que nos toca a todas. Brujas de todos los países, culturas, tradiciones o cultos, todas hemos de hacer frente a las burlas, el rechazo, el desprecio, los insultos y el desdén.

Loca, ingenua, tarada, infantil, inculta, timadora, fraudulenta, fanática, crédula… ¿Os suena alguna? Y algunas más… cada una de vosotras guardará dentro la que más le ha dolido. Quien más y quien menos, ha tenido que enfrentarse a personas y situaciones en las que se ha sentido acosada, despreciada o directamente rechazada por ser como es.

Hace años, muchos, cuando era muy joven, solía entrar en debates sobre magia y brujería con personas no ya no creyentes, sino totalmente opuestos a cualquier idea o tema mágico. Durante muchos años, fruto de la impulsividad de la juventud, intenté defenderme a mí y a mis creencias frente a gente completamente cerrada a ello. Sentía su desdén, su desprecio y sus burlas y por dentro hervía de ira y me preguntaba por qué. Qué les había hecho yo para que me atacasen así. Y casi siempre llegaba, envuelto en una sonrisita sardónica, el inevitable reto: Si eres bruja, demuéstramelo.

Demostrarlo… Hoy me río. En aquella época sentía muchísima tristeza por ellos, porque no podían ver y comprender. Porque no querían hacerlo. Hoy soy yo la que comprende. Hoy entiendo el por qué de su actitud y comprendo cuál debe ser la mía.

Demostrarlo. Yo no tengo que demostrar nada a nadie salvo a mí misma. Lo que yo sea o deje de ser es algo que me incumbe sólo a mí y a mi comunidad mágica. Soy una bruja pública, sí, al igual que los sacerdotes de cualquier otra religión son figuras públicas. Pero nadie reta a un obispo católico para que demuestre que lo es. Tampoco a un reverendo, a un imán, a un rabino o a cualquier otro representante religioso.

No es culpa nuestra que en la mentalidad general perdure aún la imagen de la bruja de las películas y los cuentos, de piel verde, rayos saliendo de la punta de sus dedos y una escoba con la que recorren el cielo nocturno. Esto último es algo que me gustaría mucho, la verdad, pero todas sabemos lo qué es real y lo qué no. La mayoría de la gente no lo sabe, y además no le importa. Por eso, cuando tienen delante a una de nosotras y se enteran de que afirmamos ser brujas, se ríen y nos retan. Porque creen que nosotras también nos referimos a las brujas de los cuentos y nos tratan como a tontas, como a pobres ilusas. Como a locas.

Pero en la actualidad, la brujería y las religiones paganas están experimentando un auge notable y estamos empezando a ser figuras visibles en la sociedad. Las brujas de verdad estamos en todas partes y ya no tenemos que demostrar nada a nadie. La incultura, el desconocimiento y la mala costumbre que tiene el ser humano de atacar lo que no conoce ya no es nuestro problema. Puedo entender que otro me insulte o rechace porque no comprende lo que soy, pero ahora, a mi edad y con mi experiencia, ya no me afecta. Porque ahora sé que las opiniones, las ideas y actitudes de otros les atañen sólo a ellos, me demuestran quiénes son ellos, no yo. Si alguien me dice que las brujas no existen yo no voy a desaparecer o a dejar de ser  sólo por su opinión.  No voy a dudar de mí por las ideas de otros.

Yo sé quién soy y sé que no es mi misión demostrar nada, pero sí puedo crear un hueco en la sociedad para todas las que son como yo y para las que vendrán después. Y esto sólo puedo conseguirlo con mis actos. Con mi ejemplo.  Con mi forma de vida. Siendo yo y mostrando al mundo lo que son las brujas. Mujeres que recuerdan y honran a sus antepasados y a los antiguos espíritus de la Tierra.

Las brujas no hacemos proselitismo, no intentamos convertir a los demás a nuestras creencias. Quien quiera conocernos y conocer la brujería debe buscarnos a nosotras, no al revés. Pero sí exigimos el mismo respeto que el resto de religiones. Tan fácil como eso. Tan difícil como eso. Respeto.

Cada vez que alguien diga que no cree en brujas, simplemente ignoradlo. Cuando os encontréis frente a alguien de esta índole y pretenda burlarse o humillaros, simplemente comentad que la religión pertenece a vuestro ámbito privado. Si os encontráis fuertes y os apetece debatir, adelante, pero hacedlo por diversión, tenéis que ser conscientes de que hay gente que no quiere escuchar y discutirá todo lo que digáis sólo por crear conflicto. No dejéis que os afecte, recordad siempre que lo que os da vuestro poder está dentro de vosotras, no en los ojos de los demás.

Y cuando alguna vez alguien os rete a demostrar que sois brujas, miradle dulcemente, sonreíd y antes de girar y marcharos decid:

Ya lo hago.

Estoy respirando.

 

Hyedra de  Trivia

Gracias, brujas

old religion

Imágen: «Old Religion» de Anotherwanderer http://anotherwanderer.deviantart.com/art/Old-religion-130183237

La entrada de hoy será breve, la próxima semana publicaré el artículo correspondiente pero hoy quería comentaros algunas cosas. La primera de todas es daros las gracias. Muchas, muchísimas gracias. Cuando empecé a publicar en Palabra de bruja pensaba que me leerían algunas personas, amigas, familia, pareja… y al poco tiempo se cansarían y eso sería todo. Pero poco a poco este espacio ha ido creciendo y a día de hoy las almas viajeras que habéis pasado por mi mundo sois más de ¡¡¡300.000!!! Trescientas mil almas que han viajado conmigo entre los mundos, y muchas de ellas os habéis quedado. A todas vosotras, almas brujas, gracias. De todo corazón. Sois la prueba de que la magia y los sueños siguen vivos en este mundo y que hablar con el alma desnuda es la mejor forma de llegar al corazón de otras.

La segunda de ellas es anunciaros que pronto habrá novedades. Me lo habíais pedido en vuestros correos y mensajes privados, así que, aprovechando que dentro de poco tendré más tiempo, estoy preparando algunos cursos, ceremonias y talleres. Algunas serán online y otras presenciales. Os iré informando.

La tercera es que este espacio está vivo y creciendo gracias a vosotras, así que quiero que participéis más en él. Estoy creando una sección en la que semanalmente propondré algún tema relacionado con los contenidos del blog y me gustaría que me contaseis quiénes sois y qué opináis. Quiero daros voz, conocer vuestra historia y cómo es vuestra vida de brujas. Quiero  crear una red en la que todas estemos conectadas, de verdad.

La cuarta es pediros un poco de paciencia con los mensajes privados y los comentarios que me escribís. Poco a poco iré respondiendo a vuestras dudas y preguntas. Dadme un poquito de tiempo.

Y por hoy nada más. Agradeceros de nuevo que estéis ahí, al otro lado de la pantalla leyendo estas palabras de bruja, y recordaros que en unos días tendréis la nueva entrada que se está gestando ya en mi corazón. Pero antes de irme quería compartir con todas algo que me pasó hace poco y que me emocionó profundamente. Una de vosotras me escribió y me dijo lo más hermoso que nadie me ha dicho nunca. Sus palabras fueron estas: “Cuando comencé a leerte, quise ser como tú, pero ahora…  sólo quiero ser como yo. Quiero encontrar en mí a la Diosa, que me ha dado esta maravillosa oportunidad de ser lo que soy. Una bruja”.

Por esto escribo. Por esto estoy aquí. Para que todas y cada una de vosotras sólo quiera ser como ya es. Brujas maravillosas.

Trescientas mil gracias.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La soledad de la bruja

Nocturnal whisperings Autor de la imagen: Wyldraven wyldraven.deviantart.com

Nocturnal whisperings
Autor de la imagen: Wyldraven
wyldraven.deviantart.com

Algunas de vosotras me habéis escrito para contarme que os sentís solas. Que es difícil tener amigos de verdad o incluso una pareja que os comprenda. Decís que ser bruja es un camino muy solitario. Y comprendo muy bien cómo os sentís, porque durante muchos años yo también me sentí muy sola. Lo primero que conocí cuando llegué a este mundo fue una caja de cristal. Pasé mis primeros quince días de vida apartada del resto de las personas encerrada en  una incubadora. Aislada de mis padres, de mis familiares, de enfermeras y médicos. Sin apenas caricias, sin el tacto de otra piel. A solas conmigo misma mientras todo lo demás me llegaba amortiguado, lejano y ajeno a mí.  Y todavía hoy, a veces, creo que en realidad nunca abandoné aquella caja. A veces siento que nunca dejaré de mirar el mundo a través de unas paredes de cristal.

He estado sola durante muchas épocas de mi vida y no porque yo lo escogiera, sino porque nadie a mi alrededor se interesaba por mí con un interés real y sincero. Durante muchos años esa soledad dolió porque siempre me ha gustado tener cómplices en la vida, gente cercana con la que compartir pensamientos, sentimientos, ideas, sueños… Tenía mucho dentro de mí para dar. Pero lo cierto es que ser una bruja me convertía en una minoría y me resultaba muy difícil encontrar personas  como yo.  Muchas veces se han acercado a mí buscando lo diferente, lo especial. Tal vez confundidos en cuanto a lo que significaba ser bruja y sin conseguir ver tras el misterio la verdadera persona que yo era. Cuando descubrían que sólo por estar cerca ellos no iban a convertirse de la noche a la mañana en aquello que les llamaba la atención de mí, se alejaban. Y poco a poco me fui haciendo más cauta, más desconfiada.

Pero afortunadamente soy una persona introvertida, así que en aquellos momentos, a pesar de echar de menos a alguien a mi lado, siempre disfruté de mi tiempo a solas. Y ahora, tantos años después, sé que es en esa soledad cuando una bruja realmente tiene la oportunidad de alcanzar todo su potencial.

Cuando estamos a solas nos relajamos. Nos permitimos comportamientos y actitudes que frente a otros refrenamos. Bajamos la guardia y somos quienes somos de verdad. Pero hay personas que son incapaces de estar a solas consigo mismas. Son aquellos que apagan el silencio encendiendo la televisión o la radio. Que llaman por teléfono para hablar con quien sea. Que pasan cada segundo conectados en las redes sociales… Son personas que no saben qué decirse porque no se conocen. Tienen miedo de escucharse, de hablarse, porque creen que corren el riesgo de no gustarse, y para evitar enfrentarse a su verdadero yo se esconden de su soledad rodeándose de voces, de imágenes, de silencios rotos por cualquier cosa.

Y no se puede ser feliz huyendo de uno mismo. Y mucho menos cuando es una bruja la que huye, porque lo que busca, el fin mismo de ser una bruja, se encuentra dentro de ella.

Si echo la vista atrás me doy cuenta de que los momentos más felices de mi vida han sido a solas conmigo misma. Disfrutando del momento y nada más. Leyendo un libro, paseando por un rastrillo una soleada mañana de domingo. Viendo llover tras la ventana o caminando entre la niebla. Y pensando… Siempre pensando. Sintiendo. Siendo yo y permitiéndome ser yo sin juzgarme. Me gusta como soy, me lo paso muy bien conmigo misma y si esto es así, es porque me permito hacer lo que me apetece sin cuestionarme qué pensarán otros de lo que estoy haciendo o de mis gustos. Escucho la música que me gusta. Veo las películas que me gustan. Leo los libros que me gustan. Me comporto como me gusta ser. Y me importa un pimiento si a los demás les parece bien o no. Porque los demás no son yo. Sólo me hago unas cuantas preguntas: ¿Esto me gusta a mí? ¿Me hace sentir bien? ¿Me alegra la vida? ¿Perjudico a otros o a mí misma con ello?

Y nada más. Cuando paso tiempo a solas no me importa si mi pijama es viejo o llevo la falda torcida. No me importa si tengo un michelín o dos. No me importa estar despeinada o no haberme depilado las piernas. Me importan las maravillas que ocurren en mi mente, las risas disfrutando de una película, me importa la sensación de alegría que me invade cuando aprendo algo nuevo que me resulta interesantísimo y me importa sentir en un momento dado que ese es el sentido de la vida, disfrutar de mi misma sin preocuparme de nada más. Y me importa saber que, si soy capaz de hacerme feliz a mí misma, nadie que no sea yo será capaz de hacerme infeliz.

Cuando te acostumbras a pasar tiempo contigo sin juzgarte y simplemente disfrutando de ti, tu mente se abre y te cuenta cosas… y siempre es más sabia de lo que pensamos. Cuando acallamos el mundo y nos dejamos ser, nuestra esencia se revela poco a poco, abriéndose a nosotros y mostrando lo que llevamos dentro. No todo nos gustará, descubriremos cosas que nos harán sentir incómodas, pero forma parte del proceso de conocernos y aceptarnos. Al fin y al cabo, es la misma Diosa la que habita dentro de nosotras. Si queremos llegar a Ella, tenemos que pasar por nosotras primero.

Descubrir todo eso que somos bajo la superficie será lo que nos convertirá en verdaderas brujas. La magia nace de ti, el poder no es algo exterior que tengamos que alcanzar. Nuestro poder crece en nosotras, con nuestra práctica y nuestro conocimiento.  La soledad es el momento perfecto para crecer, para avanzar por este camino y aprender quiénes somos.

Hace muchos años que ya no estoy sola. Estoy rodeada de personas que me quieren, mi pareja, amigas y amigos que me comprenden y una red de brujas que me hacen saber que ya no estaré sola nunca más. En nuestros tiempos es fácil encontrar a otras. Buscad en internet, buscad círculos de mujeres, grupos paganos en vuestras ciudades y países, encontrad vuestro lugar entre otras brujas. Pero primero, no rechacéis la soledad. Conoceos, aceptaos. Aprended a disfrutar del tiempo a solas porque puede que llegue un momento en el que lo echéis de menos.

Si queréis ofrecerle algo al mundo, primero tenéis que descubrir quiénes sois y qué lugar ocupáis en él. Cerrad la puerta, acallad las voces y sentaos en silencio a conversar con lo que sois. Y cuando queráis saber cómo es el mundo y qué lugar podéis ocupar en él, alejaos y observadlo a través de unas paredes de cristal. Distanciaos de él.

Y cuando sepáis quiénes sois, cómo es el mundo, y el lugar que os corresponde en él, romped el cristal y tomad vuestro sitio.

Descubrid el misterio que os está esperando en la soledad.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Embrujando a la muerte

Journey Home Autor de la imagen: Rassouli www.rassouli.com

Journey Home
Autor de la imagen: Rassouli
http://www.rassouli.com

Sé que aún queda más de una semana para Samhain, pero ya siento su influencia. Halloween lleva tiempo anunciándose y me gustaría que tuvieseis unos días para reflexionar sobre su verdadero significado y poder sentirlo plenamente cuando llegue. En Samhain, entre otras  cosas, celebramos la muerte. Esa noche, la puerta que separa ambos mundos se abre desde el otro lado hacia el nuestro y el velo es tan fino que por unas horas los mundos se superponen. La Humanidad lo ha sentido desde siempre, pero lo que en un principio fue una festividad de recuerdo y reunión con familiares y amigos ya ausentes, se ha convertido en una noche de disfraces y luces como antídoto para nuestros miedos. Nos disfrazamos  para que los espíritus malignos nos crean uno de los suyos y no nos persigan.  Pero de lo que inconscientemente tratamos  de escapar, desde el principio de los tiempos, es de la muerte.

Recuerdo cuando mi abuela murió, en su casa, en su cama. Rodeada de su familia. Murió al atardecer y durante toda la noche fue llegando gente que la conoció, de alguna u otra forma, para velarla. Recuerdo las flores intentando borrar el olor de la muerte sin conseguirlo. Un olor distinto al de la podredumbre. Un olor que nunca antes había percibido y que nunca más he vuelto a encontrar. Y sobre todo, un olor que no todos eran capaces de sentir. Recuerdo a las mujeres rodeando la cama donde ella yacía y a los hombres entrando, presentando sus respetos para salir al poco y reunirse con otros hombres en el salón. Sólo las mujeres permanecían junto al cuerpo. Entonces fue cuando aprendí por primera vez que la muerte es cosa de mujeres. Recuerdo al día siguiente el cortejo fúnebre desde su casa hasta la cercana iglesia donde se le hizo la misa de difuntos. Vivo en una ciudad pequeña, y no sé cómo, consiguieron el permiso para hacer ese cortejo a pié. Mi abuela fue uno de los últimos vestigios de un mundo antiguo con tradiciones antiguas. No he vuelto a sentir la muerte de un familiar como algo cercano, íntimo y compartido desde entonces. En este mundo moderno donde parecen empeñados en alejarnos de todas las emociones, también nos han alejado de la experiencia de la muerte.

Algunas brujas no celebran fiestas, ni se disfrazan ni celebran esta noche. La pasan meditando y recordando a sus seres queridos fallecidos. Otras sí lo hacen, celebran una noche de magia y reunión recordando que la muerte no es el final, sino un nuevo principio. Para nosotras es Año nuevo, el principio de un nuevo giro. Las últimas cosechas han terminado, el verano ha muerto y nos volvemos hacia un nuevo ciclo. Cada bruja elige cómo vivir esta fecha, pero lo celebremos o no,  hay algo que todas debemos recordar. Lo que Samhain tiene para enseñarnos.

Lo primero que nos enseña Samhain es a dejar ir, a ser valientes y soltar. La mayoría de la gente se encariña con sus cosas, con su gente, sus ideas, e incluso con sus errores. Muchas veces nos aferramos a ellas casi con desesperación, casi como si hubiésemos construido nuestra identidad sobre nuestras posesiones. Como si al perderlas nos perdiésemos a nosotros mismos, nuestro corazón o incluso nuestra alma.

Por un lado, es lógico querer conservar lo que amamos o las cosas que nos hacen sentir bien, seguros, cómodos… pero a veces, nos aferramos a cosas o situaciones que no nos hacen felices, que ni siquiera nos gustan ya. Pueden ser trabajos en los que nos sentimos presionados o vacíos. Lugares que nos ahogan y agobian, amistades que sólo nos producen pesar y angustia. O lo más importante, relaciones rotas.

A veces es difícil decidir cuándo una relación ha terminado o solo es un bache en el camino. Otras veces es evidente. Ya no sentimos amor por la otra persona, nuestro futuro es solo una larga condena de días iguales sin volver a sentir ese cosquilleo que nos recuerda que estamos vivos y amamos. Y soñamos con escapar a otra vida, a otro futuro, a otra persona. Y aún así, no nos decidimos a cambiar de vida. El miedo nos paraliza, nos convencemos a nosotros mismos de que no encontraremos nada mejor, que nunca volveremos a ser amados, que no encontraremos jamás a nadie que nos comprenda.

Pero, una vez más, las brujas somos afortunadas. Nuestra Rueda del Año nos enseña estación tras estación que nada termina nunca, que todo es un ciclo que se repite una y otra vez, girando eternamente. Retornando siempre. Cada día es un regalo de la Diosa para vivirlo a nuestra manera. Cada día es una promesa de cambio, si nos atrevemos a cambiar…

En la senda de las brujas aprendemos caminando, viviendo y, si estamos atentas, extrayendo sabiduría de cada detalle de nuestra vida. Si pensamos en nuestro pasado, recordaremos que cada vez que hemos perdido algo importante, alguien de la familia, una amistad, un trabajo, una pareja… el espacio que ha dejado se ha llenado de nuevo.

Si Mabon nos enseñó el equilibrio, ahora debemos recordar esa lección y unirla a la de Samhain y aprender que, para que ese equilibrio se manifieste en nuestra vida, al igual que tenemos que aprender a recibir también debemos aprender a entregar. Debemos hacer sitio para nuevas experiencias, nuevas relaciones, nuevos sueños… dejando marchar otros que ya no necesitamos. Son pequeñas muertes que hemos de atravesar para dar la bienvenida a nuevos nacimientos.

La otra enseñanza de Samhain es que, para vivir plenamente, debemos reconciliarnos con la muerte. Nos hemos acostumbrado a ignorarla, a evitarla, a cumplir con ella con breves visitas de cortesía a los tanatorios o funerales. Somos conscientes de que la gente muere, pero no pensamos que pueda ocurrirnos a nosotros ni a los nuestros hasta que seamos muy ancianos. Y por ello nos perdemos muchos buenos momentos porque nos confiamos y confiamos en el tiempo. Dejamos esos buenos momentos para otro día, para el fin de semana, para mañana. Cuando es totalmente posible que no exista un mañana.

Cerrad los ojos y pensad en esas personas queridas. Esas a las que amáis por encima del resto. Imaginad que apenas les queda una semana de vida. Seguramente correríais a su lado y pasaríais junto a ellas todo ese tiempo, haciendo que fuera el mejor de su vida. Seguramente les diríais cuánto les queréis y lo que significan para vosotras. Querríais que en el último momento supieran que han sido amados y cuánto amor se llevan. Ellos tendrían una muerte hermosa y vosotras paz en el corazón.

Pero ahora imaginad que esas personas mueren esta noche sin que podáis hablar con ellas. Pasaríais el resto de vuestra vida pensando en todo lo que no se dijo, en todo lo que no se hizo, en todo lo que se fueron sin saber. Costaría tanto tener algo de paz…

Entonces, ¿Por qué no hacerlo cada día? Todos, absolutamente todos podemos morir en cualquier momento. No necesariamente tras una larga enfermedad o tras una larga vida. Y cometemos el error de dar por sentado que la gente sabe que les queremos, damos por sentado que estaremos aquí mañana, damos por sentado que habrá tiempo…

Samhain nos enseña que la muerte camina siempre junto a nosotros, que no es más que un eslabón más de la cadena que es nuestra existencia y que casi nunca sabemos cuándo nos tocará.

Por ello, deberíamos vivir siempre recordando que cada momento puede ser el último, deberíamos pasar ese momento riendo, amando, diciendo en voz alta lo que sentimos. Siendo felices mientras aún estamos vivas. Viviendo como si el día de nuestra muerte fuese siempre mañana.

Este Samhain recordad que la muerte es sólo el umbral que hemos de traspasar para regresar a casa cuando hayamos terminado la misión que vinimos a cumplir. Es el lugar en el que descansaremos y en el que nos reencontraremos con aquellos que partieron antes. Allí recordaremos quiénes somos en realidad, quiénes hemos sido vida tras vida, Hijas de la Diosa que una y otra vez caminamos de su mano en la Rueda sin final. Y mientras llega el momento de cruzar el umbral, las brujas celebraremos cada Samhain. Cuando el velo se abre, los mundos se unen y termina un giro para comenzar otro totalmente nuevo, lleno de magia y promesas.

Ser conscientes de la muerte nos enseña a VIVIR. Ese es su secreto, su misterio, su función.

Enseñarnos a amar la vida.

Hyedra de Trivia

Gratitud de Bruja

A place I once called home (Valkyria) Autor de la imagen: Lorelyne http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=lorelyne

A place I once called home (Valkyria)
Autor de la imagen: Lorelyne
http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=lorelyne

A veces atravesamos momentos en los que las cosas no salen como esperamos. Todos nuestros proyectos parecen detenerse o, incluso, dar marcha atrás. Vemos cómo a nuestro alrededor la vida de los demás continúa mientras la nuestra no acaba de llegar a ser como queremos. O tal vez los problemas dificultan nuestro día a día e incluso nos preguntamos qué será de nosotros mañana. En estos momentos es muy fácil dejarse dominar por la desesperanza. Es fácil caer en la trampa de la queja y la desidia. Y es fácil no tener ojos para nada que no sea todo aquello que nos dificulta el camino.

Pero hay una herramienta que las brujas (y muchos psicólogos) recomendamos para luchar contra la tristeza y la desesperanza. El agradecimiento. Por muy difícil que sea nuestra vida, por muchos problemas que tengamos, siempre habrá algo bueno en ella. Algún gesto amable, algún pequeño detalle, algo hermoso que nos haga detenernos y disfrutar de ello. La gratitud es uno de los mayores dones con los que podemos contar, y tenemos la suerte de que se puede desarrollar y trabajar para hacer de él un hábito continuo. Todo lo que hay en éste universo emite una vibración, y esa vibración atrae lo afín y rechaza lo distinto. Si no somos capaces de apreciar las cosas buenas y agradecerlas, dejaremos de recibirlas. Sólo atraeremos lo único que vemos, tristeza, dolor, pena, desesperanza.  Como ya he dicho alguna vez, nuestra mente aprende mediante la práctica y la repetición, y hay un precioso ejercicio que nosotras (muchas sonreiréis porque ya lo conocéis) usamos para practicar la gratitud: nunca te acuestes sin agradecer al menos tres cosas de tu día.

Cada noche, antes de dormir, repasa tu jornada y piensa en algo bueno que te haya ocurrido.  Todo aquello que te haya hecho sentir bien,  haber encontrado unas monedas, haber recibido la amabilidad y la sonrisa de un extraño o algo más sensual, como el calor que se siente al sujetar una taza caliente en un día frio… Cualquier cosa que te haya hecho sentir algo bueno. Hazte con un cuaderno y apunta en él cada noche todo lo que recuerdes. Como mínimo hay que escribir tres anotaciones. Utilizaremos éste Diario de Agradecimientos para entrenar a nuestra mente, le enseñaremos a apreciar los pequeños momentos y al saber agradecerlos, al ser receptivos y hacer espacio en nuestra vida para lo que nos hace sentir bien, cada vez atraeremos más y tendremos más cosas que escribir en nuestro cuaderno.

Y con el tiempo y si eres constante,  descubrirás que ya no necesitas el Diario ni esperarás a que llegue la noche. Serás capaz de sentir gratitud por cada pequeño acontecimiento en cuanto te ocurra, y las sonrisas serán más comunes que las lágrimas. La ilusión por lo que vendrá superará al temor por el futuro y además, serás capaz de extenderlo a tu pasado. Empezarás a agradecer mil cosas que te han ocurrido y que hasta ahora no habías sido consciente del regalo que fueron. Esta es la mejor parte. Ser capaz de dar gracias por tu existencia y todo lo que has aprendido hasta ahora.

Yo suelo dar las gracias por muchas cosas, pero la primera siempre son las mujeres de mi vida. Empezando por mi abuela, de quien aprendí la existencia del amor incondicional y las caricias más dulces que me han dado. Recuerdo las tardes de lluvia junto a ella, las noches en las que no me dormía sin sus palabras. Ella fue mi primera contadora de cuentos, crecí con sus historias y sus recuerdos y hubiera dado lo que fuera por haberla conocido en su juventud y haber vivido su rebeldía a su lado.

Doy gracias también por tener la madre que tengo. De ella aprendí la maravilla del mundo femenino, la limpieza y la honestidad de nuestro cuerpo. Jamás me ocultó nada, por el contrario, siempre respondió a mis preguntas con toda naturalidad y franqueza y me explicó todo lo referente a la menstruación, la sexualidad y la maternidad desde que tuve edad para comprenderlo. En aquella época me parecía lo normal, pero hoy sé que muy pocas madres hablaban así a sus hijas. Sé la suerte que tuve y jamás en mi vida le agradeceré lo bastante el regalo que me hizo. Me regaló mi cuerpo, me regaló mi sexo, me regaló mi autoestima femenina. Mi madre me dio dos veces la vida, la primera al parirme y la segunda al entregarme el conocimiento sobre mi sexualidad.

Doy gracias por mi hermana y por mis amigas, porque cada una de ellas me muestra una faceta de La Mujer y me enseñan la parte de mi misma que hay en ellas y partes de ellas que reconozco en mí. Gracias a ellas, cada vez comprendo mejor qué es ser mujer y reconozco lo afortunada que soy, porque son muchas. Muchísimas mujeres maravillosas rodeándome y queriéndome. Son uno de los grandes regalos de mi vida.

Doy gracias también por los hombres de mi vida. Familiares, amigos, ex parejas, pareja… Todos ellos me han enseñado mucho sobre la masculinidad. Me han enseñado a amar y también a rechazar el mal amor. Algunos han sido espejos en los que he visto reflejado todo aquello que no quería ser. Otros han sacado de mí partes que no sabía que estaban y que no querría haber conocido nunca. Los mejores me han hecho ser mejor persona a mi vez. Ahora, otros me están enseñando que un nuevo hombre es posible, que no están sólo en los libros o las películas. Son compañeros que caminan a nuestro lado, y de ellos aprendo que, aunque a veces es difícil encontrarlos, haberlos, hailos.

Agradezco la suerte que he tenido por las maestras que he ido encontrando. De ellas, mujeres que han dedicado su vida a enseñar a otras, he aprendido y continúo aprendiendo el valor de la hermandad. De la transmisión de unos conocimientos y una sabiduría que nos pertenece a todas y que nos hará libres. De la responsabilidad que es ser la portadora de las antiguas tradiciones de las Hijas de la Tierra y mantenerlas y transmitirlas para que no se pierdan y crear una nueva generación de mujeres que se comprometan a continuar con su labor. Gracias, porque si vosotras no fuerais, yo no habría podido ser.

Doy gracias por mis brujas. Por el circulo pagano de mujeres y hombres que me acompañan en esta aventura de celebrar los ciclos de la Naturaleza y recordar los antiguos ritos que una vez unieron a la Humanidad con la Tierra. Con ellos disfruto de cada momento vivido en comunidad, de las ideas compartidas y de muchas horas de magia.

Y sobre todo agradezco cada detalle de este planeta en el que he nacido, cada gota de lluvia, cada soplo de aire, cada rayo de sol que se cuela entre las hojas de los árboles y dibuja formas de sombra sobre la hierba. Doy gracias por todas las maravillas que me ofrece. Agradezco ser capaz de sentir placer, de poder viajar entre las páginas de un libro, de emocionarme hasta el punto de las lágrimas escuchando una melodía. Agradezco cada risa y carcajada. Cada beso de mi pareja y también los de los labios pegajosos de las niñas de mi vida. Doy gracias por mil sensaciones que mi piel percibe. Doy gracias por estar viva, por sentirme viva y querer seguir viva. Pero sobre todo, doy gracias por saber agradecer mi vida.

¿Y tú? ¿Por qué das las gracias?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Aprendiz de bruja

Burn our souls. Release the wicked. Autor de la imagen: The Night she Died http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=theNightsheDied

Burn our souls. Release the wicked.
Autor de la imagen: The Night she Died
http://www.deviantart.com/browse/all/?section=&global=1&q=theNightsheDied

Otoño… Época de cambios, inicios, cursos, formaciones… Y las brujas no íbamos a ser menos. Si buscáis en internet, cada vez hay más opciones para comenzar o continuar nuestro camino. Afortunadamente la mayoría las facilitan personas con un gran bagaje detrás, muy preparadas y con años de práctica a sus espaldas. También hay oportunistas, como en todo, pero son los menos y, casi siempre,  muy fáciles de reconocer.

Hoy quiero hablaros de lo que significa embarcarse en una formación pagana y cómo integrarla en vuestra vida diaria para que realmente os transforme, a vosotras y a vuestro entorno.

Lo primero que hay que tener claro desde el principio es que vuestra Maestra o Maestro no va a solucionaros la vida ni a daros las grandes respuestas a los grandes misterios de vuestra existencia. Ese será vuestro trabajo. Única y exclusivamente responsabilidad vuestra. Lo que una buena Maestra sí hará será facilitaros la información y el conocimiento, entregaros unas herramientas y enseñaros a usarlas. Todo lo demás es cosa vuestra.

He conocido a mujeres que se han apuntado con muy buena voluntad a formaciones, a círculos de mujeres, a cursos, etc… para abandonarlos después antes de acabarlas o quejarse de que no funcionan o de que su Maestra no es buena. Indagando un poco más, al final sale a la luz la raíz del problema. Este suele ser el caso, a lo mejor os suena:

El primer día acuden emocionadas, cargadas de expectativas y con ganas de aprenderlo todo. Todo les parece perfecto, la Maestra, el sistema de trabajo que se va a llevar a cabo, el resto de compañeras o compañeros, los temas tratados. Salen de allí con sus apuntes, un par o tres de descubrimientos que les abren un mundo nuevo y, lo más importante, una prácticas para hacer en casa y que deberán llevar hechas el próximo encuentro para poder avanzar.

El primer día tras el inicio están en las nubes, por fin han empezado el camino, por fin se formarán para ser brujas, sacerdotisas, paganas, conocedoras de los misterios femeninos, etc…  Así que no hacen mucho, simplemente repasan  en su mente lo estupendo que fue todo, lo maravillosa que era la gente, lo sabia que parecía la maestra… Los siguientes días la rutina diaria las mantiene ocupadas, total, queda aún tiempo hasta el siguiente encuentro, en cuanto encuentren un hueco se pondrán con las prácticas. Y el tiempo pasa, y cuando se dan cuenta, quedan un par de días y aún no han trabajado nada de lo que tenían que hacer. Y aquí pueden ocurrir varias cosas, la primera es que algunas decidan no ir y abandonar la formación por vergüenza o pereza o cualquier otro motivo. La segunda es que hagan las prácticas deprisa y sin profundizar, por lo que no asimilarán su verdadero sentido ni obtendrán el resultado para el que estaban pensadas. La tercera es que se presenten sin haberlas hecho, pidiendo perdón arrepentidas, culpando a la falta de tiempo y asegurando que no volverá a ocurrir.

En estos dos últimos casos, la Maestra se encuentra ante un dilema. Estas personas retrasan a todo el grupo, porque estas formaciones están estructuradas para que el grupo se consolide y avance unido. Cuando alguno de sus miembros no cumple con su trabajo o no se compromete con la formación, hay una fuga de energía, el círculo no cierra bien y el grupo no avanza como debería. La Maestra normalmente pasa por alto una falta de este tipo porque comprende que la vida actual absorbe mucho tiempo y puede ser cierto que realmente no se ha podido trabajar. Y también porque confía en sus aprendices, ya que todos somos adultos y responsables de nuestras acciones. Y, tal vez, sea un buen aprendizaje para todos.

Tras el segundo encuentro, estas personas se relajan. No ha ocurrido nada por no hacer su trabajo, nadie se lo ha echado en cara ni les ha avergonzado, así que ahora ya no se sienten tan culpables por ir dejando pasar los días sin hacerlas. Y así, van avanzando en la formación.

Pero empieza a ocurrir algo, y es que mientras el resto de sus compañeras va cambiando y contando experiencias transformadoras, ellas no notan nada. Siguen igual que al principio. Empiezan a aburrirse en los encuentros, los temas ya no les parecen tan interesantes, no comprenden a las Diosas de las que les hablan. Sus compañeras ya no son tan maravillosas como les parecieron al principio y empiezan a dudar de su Maestra, que no ha sido capaz de enseñarlas, de cambiar su vida, de convertirlas en lo que ellas buscaban ser.

Y abandonan el grupo. O lo terminan pero sin convicción y sin haber aprendido nada.

Seguro que conocéis casos como estos. Incluso puede que alguna se haya visto reflejada aquí. No quiero que os sintáis acusadas o atacadas por el texto de hoy. Lo que quiero es daros unos cuantos consejos para que no vuelva a ocurrir y, si vais a comenzar por primera vez una formación,  que le saquéis todo el provecho que podáis.

Lo primero y principal es, por favor, cueste lo que cueste, sacad diez, quince minutos, media hora al día para hacer las prácticas que os pidan. La mente humana sólo aprende mediante la práctica y la repetición. Por mucho que leáis los apuntes que toméis, si no practicáis no lo asimilaréis. Estudiad por vuestra cuenta. Si os hablan de alguna Diosa, investigadla. Conoced su historia, sus mitos. Descubrid qué nos enseñan. Cómo podéis aplicarlos a vuestra vida.

Segundo, no esperéis que vuestros compañeros sean perfectos, mágicos y sapientísimos desde el primer día y se mantengan siempre así. Son personas como vosotras. En éste tipo de grupos donde se trabaja a un nivel emocional tan profundo y donde se comparte todo, habrá muchos tipos de experiencias y sentimientos que saldrán a la luz. Incluso muchos que sus mismas dueñas ni conocían. Saldrá lo mejor y lo peor de cada una y debéis recordar que no estáis allí para juzgar a nadie, sino para acompañar y apoyar en ese proceso a las demás, como ellas harán con vosotras. Se trata de crecer juntas, no contra las demás.

Tercero, tu Maestra no tiene la obligación de darte todo hecho. No le preguntes cosas como: ¿Tú que crees que significa esto? ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Qué tengo que hacer ahora?… etc. Ella está ahí para enseñarte ceremonias en las que acceder a ciertos estados de conciencia, te mostrará cómo viajar hasta tu interior y  estudiarte a ti misma, te presentará Diosas y Dioses y te explicará cómo trabajar con ellas. Te enseñará Historia, Mitología, magia, meditación, diferentes formas de honrar la vida, la Tierra, a ti misma. Te enseñará a buscar tus heridas y una vez halladas, cómo sanarlas. Pero no lo hará por ti. No debe hacerlo por ti. Ella no va a agitar su varita mágica, va a invocar a la Diosa y va a hacer que penetre en ti para cambiarte y convertirte en una Sacerdotisa. No. Tu Maestra hará su trabajo, algo mucho mejor. Te enseñará que la Diosa siempre ha estado en ti, que tú debes encontrarla en tu interior y tú debes sacarla a tu mundo. Tú serás quien te cambie la vida. Y eso requiere mucho trabajo.

Será difícil. Será duro. Probablemente habrá partes de ti misma con las que te costará lidiar. Habrá muchas horas de estudio, totalmente necesarias. Habrá muchas horas de prácticas que en un principio, parecerán no tener sentido. Habrá momentos en los que te sentirás perdida. El mundo poco a poco irá cambiando a tu alrededor y no estarás segura de si te gusta o no.

Pero también habrá descubrimientos que te llenarán de maravilla. La felicidad se irá instalando poco a poco en ti. Conocerás personas estupendas con las que forjarás un vínculo muy íntimo y cercano y sanarás muchas heridas del pasado, algunas incluso que no sabías que tenías (suele ocurrir). Pero lo más importante de todo, lo que de verdad te cambiará la vida, es que habrás dado el primer paso y el más importante para convertirte en una gran bruja, sacerdotisa o simplemente mujer. Conocerte a ti misma y enamorarte de ti misma. Y eso te acompañará siempre.

Así que si has decidido comenzar el camino, ya lo sabes.

Trabaja en ti. Sin excusas.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

¿Eres una bruja?

A Love Ritual Autor de la imágen: Anhen http://anhen.deviantart.com/art/A-Love-Ritual-345629556

A Love Ritual
Autor de la imágen: Anhen
http://anhen.deviantart.com/art/A-Love-Ritual-345629556

Algunas de vosotras me escribís con dudas, confusas. Me contáis que mis palabras os resuenan, que sentís como propias muchas de mis experiencias, de mis pensamientos y sensaciones. ¿Soy una bruja? Me preguntáis. Y yo no sé qué responderos. Solo hay una persona en este mundo capaz de responder a esa pregunta, y esa persona sois vosotras mismas. Porque solo vosotras sabéis quiénes sois, y lo que sois en vuestro interior.

Para facilitaros esa respuesta os voy a contar una historia, os voy a contar quienes han sido las brujas a lo largo de la Historia, después, vosotras mismas decidiréis.

Las primeras brujas, ya en la Prehistoria, eran lo que ahora conocemos como chamanas. Personas que se comunicaban con los Dioses, y que hacían ritos y ceremonias en favor de su tribu. Además eran sanadoras y hacían rituales mágicos, hechizos, magia…

Con el tiempo, la Humanidad y sus creencias fueron evolucionando y estas chamanas (también chamanes) se fueron convirtiendo en sacerdotisas y sacerdotes de religiones más o menos organizadas y establecidas. La mayoría de ellas centradas en lo que realmente importaba a nuestra especie, la fertilidad de la Tierra, ya que era esto lo que garantizaba la supervivencia. En todas ellas la magia tenía un papel muy importante. Los hechizos y los sortilegios en los que se invocaba a los Dioses para favorecer cosechas, lluvia, abundancia, salud, amor… eran corrientes y naturales. Además de Sacerdotes y Sacerdotisas, había personas sabias en aldeas y pueblos que se mantenían más cercanas a las antiguas prácticas chamánicas. Casi siempre mujeres, sanadoras, parteras, ancianas sabias que orientaban a sus vecinos. Hechiceras y hierberas que comprendían el funcionamiento del mundo natural y su dimensión mágica.

Cuanto más aislado estuviera el poblado o la aldea, más cercanas a su origen se mantenían las antiguas tradiciones. Cuando un pueblo invasor llegaba imponiendo nuevos dioses y costumbres, la mayoría de las veces apenas daba una fina capa de barniz a las anteriores. Imaginad que vivís entre montañas, o en una pequeña aldea donde las cosas siempre son iguales. Tus padres, tus abuelos y los padres y abuelos de éstos, hasta donde puedes recordar, siempre han adorado a sus Dioses que les proveían de alimento y hogar, y siempre han realizado las mismas ceremonias, los mismos rituales en los mismos días señalados del año.  Un día llega un invasor, por ejemplo Roma, y te dicen que ellos también conocen a tus Dioses, pero les llaman de otra manera y que, a partir de ese momento, tú debes llamarles igual que ellos. Y lo haces, pero las ceremonias continúan casi iguales que antes y tú se las enseñas a tus hijos aunque ahora dirigidas a los antiguos Dioses con nombres nuevos. Tus hijos y nietos continúan con ellas, haciendo lo mismo hasta que llega otro invasor, esta vez el Cristianismo.

Al principio ésta nueva religión llegada de Oriente no afectó a la mayoría de la población. En realidad tardó muchos más siglos de lo que nos han contado en implantarse. El Cristianismo fue una religión de ciudad y su anexión fue más una cuestión política que un asunto de fe. Eran los reyes los que, buscando alianzas y poder, se convertían. Y si un rey era cristiano, todo su reino se consideraba cristiano. Pero en realidad sus súbditos, especialmente cuanto más alejados vivieran de la ciudad, continuaban adorando a los mismos Dioses que sus antepasados y honrándolos con las mismas ceremonias y rituales mágicos que aquellos. Eran las personas que vivían en los pagos (campo en latín), los paganos.

Pero de todos es conocido que los Dioses de las antiguas religiones son los demonios de las nuevas y el Cristianismo  se propuso convertirse en la única fe de Europa y del mundo, por lo que decidió acabar con lo que quedaba de las prácticas de las antiguas religiones, y para ello convirtió a aquellos antiguos Dioses de la fertilidad y la Tierra en demonios y construyó iglesias en la mayoría de los antiguos lugares de culto. Como la Humanidad es un animal de costumbres, fue difícil que abandonaran sus antiguas creencias, pero la Iglesia lo solucionó apropiándose de las festividades antiguas y de algunos Dioses convirtiéndoles en santos.

A pesar de ello, aún persistían mujeres que mantenían retazos del antiguo conocimiento. A veces casi intacto, otras veces sincretizado con elementos cristianos, y durante algunos siglos más, la Iglesia simplemente las ignoró al no considerarlas demasiado peligrosas. Pero tras la Edad Media, periodo más o menos tranquilo para estas mujeres, llegó el siglo XVI, la Edad Moderna. Y todo cambió. Grandes crisis sociales y económicas asolaron Europa durante los siglos XVI y XVII, hambrunas, corrupción política, revoluciones sociales, pestes…. El poder necesitaba un chivo expiatorio y lo encontró. Estas mujeres eran peligrosas, eran fuertes en sus comunidades, independientes, rebeldes, desafiantes. Eran mujeres que se atrevían a tener poder, a tener voz, a tener conocimiento… como los hombres. Y pronto los dedos que las acusaban se levantaron y surgió la palabra como un insulto, Bruja. Secuaz del Diablo. Amante de Satanás. Acusada de pactar con el Diablo para perjudicar a la especie humana y en especial, acabar con el cristianismo. Y la ola de miedo, terror, acusaciones sin fundamento y muertes se extendió por el mundo.

La inmensa mayoría de mujeres y hombres que murieron en aquellos siglos bajo la acusación de brujería no lo eran. Durante siglos el poder consiguió el arma perfecta para mantener a la población, y sobre todo a las mujeres, sometidas. Cualquier gesto podría ser sospechoso, cualquier mirada, cualquier palabra. Vecinos contra vecinos, familias contra familias, viudas herederas de tierras que otros codiciaban, suegras molestas, cualquier mujer que no necesitase a un hombre… cualquiera que sobresaliera.

Pero a pesar de ello, a duras penas y muy fragmentadas, las antiguas creencias, los antiguos Dioses, permanecieron. La magia, los hechizos, los rituales pervivieron. A veces puros, a veces con nombres cristianos, pero sobrevivieron.

Poco a poco, cuando el mundo se calmó, decidió que las brujas no existían y no habían existido nunca. Que la magia no existía. Que todas las antiguas creencias no eran más que supersticiones de personas incultas e iletradas. Y todo lo que una vez se reverenció, todo lo que más tarde se temió, ahora se despreció. Pero ni siquiera entonces desapareció. Todos los secretos y los misterios fueron guardados.

Y esto es lo que era una bruja, no un ser maléfico y sobrenatural seguidora del mal y acólita de Satán. No. Una bruja era la guardiana de los antiguos cultos de la Tierra. De las antiguas costumbres. Heredera de la magia, de hechizos y sortilegios y conocedora del mundo natural. Esa es la brujería.

Y ahora, en nuestros tiempos, las brujas somos todo eso y más. Ahora dedicamos nuestra vida a intentar recuperar lo que se perdió. Estudiando fragmentos, intentando comprender cómo debieron ser aquellas primeras religiones, tratando de reconstruir un pasado que jamás se olvidó del todo. Honramos a aquellos primeros Dioses, a nuestra Diosa Madre Tierra y Señora de la Luna, estudiamos el misterio de este planeta y de la Naturaleza, recordamos y enseñamos a otras el poder y la conexión divina que hay entre el cuerpo de una mujer y la Tierra y hacemos magia. Esto es, sobre todo, lo que define a una bruja. Hacemos magia. Hechizos. Sortilegios. Encantamos hierbas, piedras, talismanes, amuletos…. Embrujamos al mundo y a nosotras mismas.

Si tienes premoniciones, intuiciones o visiones eres vidente, no bruja. Si te comunicas con fallecidos no eres bruja, eres médium. Si sientes las emociones de otros o sus presencias, eres sensitiva, no bruja. La bruja es aquella que además de todo  eso (o no), hace brujería. Magia. Utiliza conscientemente las energías de la Tierra, las de los Dioses (les llame como les llame) y la suya propia mediante rituales y ceremonias que un día se prohibieron, para crear un cambio en el mundo que le rodea y en sí misma.

Aunque algunas no se sienten cómodas con la palabra, la gran mayoría sí lo hacemos. Las palabras tienen poder y nosotras nos llamamos brujas a nosotras mismas porque reivindicamos la limpieza de ese nombre. Reivindicamos el recuerdo de todas aquellas mujeres que murieron acusadas de algo que siempre fue falso, en nombre de demonios falsos, y condenadas por actos falsos.

Las brujas hemos sido siempre mujeres libres, fuertes y sabias. Guardianas del pasado y del antiguo conocimiento.  Hijas de la magia y maestras de brujería. Sólo eso. Todo eso.

Y ahora que ya conoces nuestra historia, puedes encontrar la respuesta a tu pregunta.

Está en tu corazón.

¿Te atreves a buscarla?

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Hija de la Diosa Oscura

Autor imágen: Jo Jayson

Autor imágen: Jo Jayson

Soy una bruja Oscura, sí. Lo admito. Pero antes de que os hagáis una idea equivocada, quiero explicaros qué significa. Las brujas Oscuras no hacemos hechizos que perjudiquen a otros, jamás imponemos nuestro poder sobre la voluntad de otras personas ni buscamos el camino fácil. No. Ser una bruja Oscura significa que has decidido, o has sido llamada, a alcanzar la sabiduría estudiando en y la Oscuridad.

La Diosa tiene muchos rostros.  Uno de ellos corresponde a la Bruja, la Hechicera. La Diosa Oscura. Es el aspecto de la Diosa que rige lo oculto, el misterio, la magia, la Sombra, la Muerte, la iniciación y la sabiduría de la oscuridad. Puede ser anciana o no. Amable o cruel. Y como Diosa de la Muerte lo es también de la vida porque una cosa no es sin la otra. Rige el Norte, los fríos y las tinieblas del invierno, la quietud y la calma. El recogimiento. Su elemento es la Tierra y se esconde tras la oscuridad de la Luna. Ella es la sabiduría que se oculta en el lugar donde casi nunca la buscamos, dentro de nosotras. Y Ella, en varios de sus Nombres, es mi regente.

No puedo decir que la elegí. Ella me escogió a mí ya que nunca he sentido que tuviera otra opción. Todas las decisiones que he tomado en mi vida, todos los caminos por los que he vagado, todas las relaciones que he vivido, disfrutado o sufrido, me han sumergido cada vez  más profundamente en sus dominios. Un reino que, desde siempre, ha ejercido una atracción innegable en mí. Desde niña sentí una fascinación innata por lo oculto, por los misterios de este mundo y del otro. Siempre quise saber más, saber el por qué, conocer lo que se esconde en las sombras y hacerlo mío. Saberlo mío. Y aunque nunca lo he temido, siempre lo he respetado, porque lo que se esconde en las sombras, tiene el poder de darte la Luz. Lo que se esconde en la Oscuridad, es el conocimiento de lo que realmente somos.

De la mano de Hékate he aprendido a no tener miedo a perderme en la vida. Me ha enseñado que las encrucijadas son oportunidades de cambios y que ninguna opción es la equivocada. Cualquier camino que elija es el correcto, ya que Ella los rige todos. Escoja el que escoja, será el acertado, porque también será su camino. Hékate me enseñó que cada una porta la antorcha de su propia Luz y que la vida y la muerte son los dos filos de un mismo cuchillo. Cada vez que de noche me acerco a un cruce de caminos, algo aletea en mi interior y una emoción inmensa me invade. Miro a la oscuridad, siento el frescor de la noche, escucho la música de la vida nocturna y reconozco todo lo que las sombras pueden enseñarme, y me abro plenamente a Ella que me guía custodiada por sus perros negros hacia donde vive el mayor de los misterios. Mi propia oscuridad.

De Kerridwen he aprendido el significado de eternidad. He comprendido el eterno regreso y los ciclos sin fin.  Que la mayor magia que existe es la que se produce en el útero de una mujer cuando crea. Kerridwen me llevó de la mano hacia la sabiduría, hacia el conocimiento de mi propia identidad. Aprendí que siempre hay otra oportunidad, que su caldero nos ofrece el don de la regeneración y la transmutación. Que la sabiduría y el conocimiento no se obtienen sin esfuerzo ni trabajo duro, y que lleva años atravesar las fases que hacen de ti una bruja sabia. Me cambiará mil veces, me transformará de mil maneras, pero siempre saldré de ello renovada. Renacida. Otra y la misma. Siempre yo.

Lilith me ha acompañado desde el principio, por ello tuve la suerte de considerar mi sexualidad algo natural y creada para hacerme disfrutar. Mi cuerpo y mi sexo han sido hechos para obtener placer, y jamás me he sentido mal, sucia o depravada por ello. Por el contrario, gracias a Lilith soy afortunada porque al reconocer mi sexualidad como el gran don y regalo que es, nunca he tenido que enfrentarme a enfermedades, a culpas y sentimientos generados por una mala educación y una mala y equivocada visión de la esencia femenina. Soy un ser sexual. Soy una persona con órganos sexuales cuya función natural es sentir placer. Le pese a quien le pese y moleste a quien moleste. Mi sexo me conecta con la naturaleza salvaje, con el instinto y la vida. Y me conecta con la magia, porque en el sexo también reside un gran misterio, el  del Amor hacia una misma, el más importante y el más poderoso.

Ahora camino de la mano de Ataecina, navego junto a Ella en la barca con la que se mueve entre los mundos. Me cuenta historias de épocas pasadas, de aquellas de mi linaje que navegaron con Ella hacia el otro lado para descansar antes de regresar a este mundo. Sus cuervos, sus cabras, sus cerdas blancas me traen mensajes de otros tiempos. Me piden que regrese a la tierra, a las cuevas, a la oscuridad. Que deje que todo aquello que aún me lastra se pudra y se desintegre entre los gusanos. Porque Ataecina me enseña que la carroña y la podredumbre se convierten en el abono que hará crecer la vida.  Ataecina me habla del pasado, de mis muertos, de mi conexión con la sangre que corre por las venas de todas mis ancestras y que ahora murmura sus nombres, sus historias, sus lágrimas y risas en mis propias venas. Ataecina me habla de raíces, de los recuerdos que quedan impregnando huesos viejos y de que la mejor forma de honrar el pasado, es sanando el presente.

De todas Ellas y otras que no menciono, de mis Diosas Oscuras, he aprendido casi todo lo que sé y también gracias a Ellas soy gran parte de lo que soy.  Todas Ellas me han enseñado cosas que sólo se pueden aprender en la oscuridad, porque es allí donde hemos desterrado la sabiduría prohibida. Pero es tiempo de que esa prohibición deje de afectarnos. Es hora de que las mujeres rompamos esa obediencia a normas sin sentido. Es tiempo de que las Brujas se salten esa prohibición y viajen a la oscuridad para conocer todos sus misterios y convertirse en seres de Luz. Todo lo que he aprendido me inunda y se derrama, y siento que estoy lista para compartirlo con vosotras. Dentro de poco os abriré una puerta a mi oscuridad y os invitaré a compartir sus secretos.

Sed valientes y no temáis.

Aunque en realidad no hay nada que temer, porque dentro de toda Bruja Oscura, sólo existe Luz.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Sueños de bruja

Hace un par de noches, debido al calor que nos castiga a todos, trataba de dormir dando vueltas en mi cama. Estaba en ese estado de vigilia en el que aún no dormimos pero tampoco estamos ya despiertas del todo. Dejaba vagar mi mente por las riberas que separan este mundo del mundo de los sueños y tuve una idea. Poco a poco se fue creando en mis pensamientos un artículo precioso y perfecto para el blog y, confiada y feliz, acabé cruzando al otro lado. A la mañana siguiente cuando cogí mi pluma para empezar a escribir descubrí que mi idea, nacida y creada en ese otro mundo, no había vuelto conmigo a éste. No recordaba nada. Pero no me preocupé, sé que aún sigue allí y, cualquier noche de éstas, la volveré a encontrar.

Dicen que pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, y todas, absolutamente todas las noches soñamos. Eso significa que he pasado más de 13 años de mi vida en el Reino de los Sueños. Para mí, ese mundo es tan real como éste pero mucho más mío, porque allí es donde somos todo lo que podemos llegar a ser.

Una bruja no puede vivir sin sueños. Yo no puedo vivir sin sueños. No sé lo que sería acostarme cada noche y levantarme cada mañana sin recordar todo lo que vivo cuando duermo. Desde la más aterradora de mis pesadillas, pasando por el más insignificante hasta el más fantástico y maravilloso de mis viajes oníricos. Todos me pertenecen y me muestran un reflejo de lo que se esconde bajo las corrientes de mi pensamientos. Cada noche mi mente abre la puerta a otro mundo que permanece virgen y que espera mi llegada para llenarse con imágenes, colores, músicas y rostros que brotan desde mi mismo centro. Del lugar donde se esconden mis secretos más ocultos, aquellos que durante el día ni yo misma conozco.

Ha habido épocas de mi vida en las que tenía pesadillas verdaderamente perturbadoras y descubrí que las más terroríficas eran las más sencillas. Una sonrisa extraña en alguien que no tenía que estar allí y el pánico me invadía. Y en otros períodos de mi vida, los sueños eran tan bellos, tan increíblemente mágicos, que el día era un incómodo trámite que sobrellevar hasta que de nuevo llegara la noche y pudiese regresar a ellos. En mis sueños he visto a la Madre Tierra alzarse ante mis pies con la forma de una mujer de barro y raíces, para enfrentarse a algo que quería apagar el Sol. He caminado por campamentos de brujas que compartían secretos alrededor de hogueras que iluminaban las noches de un país bajo un cielo con dos lunas.  He viajado a través de mundos cruzando puertas sumergidas en lagos olvidados. He sido madre de innumerables niñas y niños y hasta una vez, parí serpientes. Me he casado. En el mundo de los Sueños me uní en matrimonio en una ceremonia tan real, con tantos detalles, tan íntima y preciosa, ante la Diosa y su Sacerdotisa uniéndonos las manos, que creo que mi alma se siente realmente casada en todos los planos. He visto el mundo acabar tal vez una docena de veces y he visto la luna romperse y caer una sola vez, pero no ha hecho falta más. He encontrado libros que no conseguía leer y me angustiaba y he tenido que enfrentarme a exámenes incomprensibles años después de haber terminado la universidad.

Y he hecho magia, mucha… Maravillosos hechizos y rituales que transformaban la Tierra entera y que me hacían despertar feliz y cambiada. Y me hacían preguntarme qué sería de las brujas sin sus sueños. El lugar donde descubren quienes son en realidad y de lo que son capaces si se atreven.

En sueños he comprendido misterios que de otra forma no habría desvelado. Algunos sobre la magia, otros sobre la Diosa. La mayoría sobre mí misma. Porque allí bajamos las defensas, nuestro verdadero yo no se cubre ni se esconde y nos habla. A veces he regresado llorando lágrimas de tristeza infinita por gentes o momentos que creí haber olvidado hace tiempo. Porque aunque no lo supiera, en mis sueños aprendí que aunque soy lenta amando, soy aún más lenta olvidando.

En sueños también me he encontrado con la mujer que más he querido en mi vida y que ya hace tiempo se marchó. La madre de mi madre. En cuyo cuerpo estuve antes de ser quien soy, cuando aún era sólo la sombra de un óvulo en el feto de lo que al nacer sería mi madre. Mi abuela me cuenta historias en sueños, le da igual saber que ya no vive en éste mundo. No necesita estar viva para visitarme mientras duermo. Y siempre, siempre, al marcharse se pone un dedo sobre los labios y me pide silencio. Nunca he contado a nadie lo que ella me cuenta esas noches. Y la quiero tanto aún, la lloro tanto aún, la echo tanto de menos aún, que sé que allí no existe el tiempo y el espacio y cada vez que la encuentro es como si acabase de perderla.

Pero tal vez, mi momento favorito sea la vigilia, cuando no estamos en ningún lugar y al mismo tiempo estamos en todos. Entre los mundos. Cuando la puerta se abre y escucho las voces que me llaman por mi nombre: Hyedra, Hyedra, ven, regresa a casa. Y en la pantalla de mis ojos cerrados pierdo el control de lo que imagino y las imágenes adquieren voluntad propia y son ellas las que me cuentan a mí su historia. Y me dejo llevar, me dejo guiar por las voces que me llevan a mi otra casa. Esa que cada noche es distinta, o no, porque a veces regreso a los mismos lugares. Esa que me espera en un mundo en el que he vivido 13 años de mi vida. El mundo de los sueños que es el espejo más sincero de mi interior.

Y allí, en la vigilia, alguna noche encontraré mi idea perfecta esperando y conseguiré traerla de vuelta para compartirla con vosotras. Y os contaré que esas palabras nacieron en la puerta del mundo de los Sueños. El lugar donde Campanilla le dijo a Peter Pan que siempre le querría. Dónde siempre le esperará.

En el lugar donde se recuerdan los sueños.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

P.D. Y no puedo dejaros hoy sin contaros algo. Este septiembre, durante tres días,  caminaremos entre los mundos y traeremos a éste un poco de la magia del Reino de los Sueños. En Septiembre tendrá lugar el Festival de la Diosa en Madrid. Y STARHAWK, quién ya nos abrió la puerta al camino de la Diosa hace mucho tiempo, estará con nosotras para abrirla de nuevo. Será una experiencia inolvidable y yo os estaré esperando allí.

http://www.festivaldeladiosa.com/

El verano de la Oscuridad

Witch Anette89

Witch
Anette89

En las ciudades sobra luz. Estamos inundados de luz, tanto de día como de noche. Esta madrugada no podía dormir y salí al balcón en busca de una brisa inexistente. A pesar del tórrido calor y los mosquitos, las noches de verano tienen una magia difícil de igualar. Así que me senté y me dejé embargar por el espíritu de las noches cálidas. Si os habéis fijado, todo parece vivo. Los árboles, las fuentes, los sonidos que parecen escucharse desde muy lejos… Tanto que a veces pienso que puedo enviar mensajes sólo susurrándolos y el viento sabrá llevarlos hasta quien tiene que escucharlos.

Inundada de esa sensación casi onírica, cerré los ojos y recordé ese sueño que tengo desde que era niña y que ya os mencioné una vez. Ese en el que me cubro con una capa oscura, y en medio de la noche y amparada por la oscuridad, escapo y cruzo la ciudad para reunirme con un círculo de brujas que me espera en la entrada del bosque para compartir secretos, magia y hechizos alrededor de una hoguera en la profunda espesura.

Pero cuando abrí los ojos, regresé a una noche de verano en la ciudad y sonreí incómoda. Demasiada luz. Tanta que ninguna oscuridad podría ampararme. Me imaginé intentando ocultarme entre los haces de luz y me reí. Cada vez hacen las calles más anchas, sin callejones, con muchas farolas. Dicen que así pretenden disminuir el peligro, eliminar los lugares problemáticos y puntos negros de delincuencia, y en parte tienen razón, pero también eliminan el misterio, los escondites de los amantes, los puntos de encuentro de las almas que reviven de noche. Sonreí porque por suerte, donde yo vivo, una bruja ya no necesita esconderse en las sombras para llegar a su akelarre. Y me incomodé porque, ¿Qué ocurriría si algún día necesitamos volver a escondernos?

En las ciudades nos han robado la noche. Nos han robado la oscuridad convenciéndonos de que es mala cuando la única maldad que hay en ella es la que el mismo Hombre crea. La han llenado de monstruos, de terrores, de todo aquello que hay que desterrar. Nos obligamos a un ritmo inhumano marcado por relojes y bombillas cuando nuestro cuerpo está hecho para funcionar con el ritmo de la Tierra. Nuestros días y noches artificiales duran lo mismo sin importar la estación del año en la que estemos y eso hace que vivamos constantemente agotados. Han reducido nuestra existencia a dos binomios que nos están destrozando: luz, actividad, energía y dinamismo contra oscuridad, lentitud, tranquilidad y observación.

Pero nosotras sabemos que la oscuridad es descanso. Es el reino de las maravillas. Es donde nacen los sueños. Nuestro refugio. Toda bruja lleva la oscuridad dentro y, si quiere llegar a ser una verdadera sabia, es absolutamente necesario que conozca a la oscuridad, que la reconozca en su  interior y que no la tema. Una bruja debe enamorarse de la oscuridad.

Para ello, este verano os propongo algo. Este verano vamos a reencontrarnos con la Oscuridad de la noche. Vamos a estudiarla, a aprender a sentirla. Vamos a dejarla penetrar en nosotras para que se encuentre con la que ya llevamos dentro. Este verano vamos a enamorarnos de la ausencia de luz.

Si vivís cerca de un bosque, monte, costa o tenéis la suerte de ir de vacaciones a algún lugar cercano a la naturaleza, comenzad dando un paseo al atardecer. Sed conscientes del cambio en el cielo, en la temperatura del aire, en los pájaros, en como se alargan las sombras. Fijaos en los olores. En la luz dorada del Sol justo antes de ponerse. En los cielos rojos un tiempo después de que haya desaparecido el Sol. Esta primera noche alargad el paseo hasta que no quede luz y veáis las estrellas en el cielo. Si queréis podéis llevar una libreta para escribir lo que sentís, o simplemente sentirlo y disfrutarlo y escribirlo después.

La siguiente noche salid cuando ya esté oscuro y no quede nada de luz en el cielo. Buscad un lugar que sea seguro, porque la oscuridad no es peligrosa pero algunas personas sí, dejad dicho donde estaréis y más o menos por cuanto tiempo. Llevad una linterna si es necesario, aunque si hay luna probablemente no os hará falta. Cuando lleguéis al lugar elegido, sentaos o tumbaos y, simplemente, abríos a la noche. Observad las estrellas lejanas, escuchad los sonidos de la vida a vuestro alrededor. El viento agitando la hierba y haciendo que los árboles canten su canción. La tierra moviéndose bajo vuestro cuerpo debido a todas las criaturas que despiertan en sus madrigueras y salen a vivir en estas horas oscuras. Ratones, conejos, gusanos…  El rumor de las olas calmadas por la marea si estáis en la costa… Si es una noche sin luna y estáis apartadas del pueblo o la ciudad, tendréis la suerte de conocer la verdadera oscuridad, no podréis ver ni vuestra mano frente a vosotras. Tan solo sentiréis. No tengáis miedo, no hay nada que temer. El mundo que os rodea es el mismo que veis bajo el Sol, hermoso y hechizante. Ese mundo sigue ahí, pero oculto. Ahora solo podéis sentirlo y os invita a buscar esa belleza en vuestro interior.  La oscuridad es un regalo para conectar con el mundo a través de los otros sentidos, y para volver nuestra mirada hacia dentro. Meditad, conectad con la tierra bajo vosotras y con las estrellas sobre vuestras cabezas.  Dejad que las sensaciones fluyan libremente, no reprimáis ninguna. Cuando regreséis a casa escribid sobre como os ha afectado la experiencia, si habéis estado cómodas, si habéis sentido temor, incomodidad, felicidad, comunión con todo… Toda sensación y pensamiento es importante.

La tercera noche salid en el momento más oscuro, justo un tiempo antes de amanecer y observad el proceso. Fijaos en los cambios que se producen, y no sólo a vuestro alrededor, también en vosotras mismas. La hora más oscura es aquella justo antes de amanecer. Igual que en la vida. Tal vez porque si la oscuridad no fuese tan absoluta, el amanecer no nos parecería tan espectacular.  Disfrutadlo. Sentidlo. Observad cómo la luz, tímida al principio, empieza a colorear el mundo y a nosotras. Observad cómo todo despierta a la promesa de un nuevo día. Cómo todo parece limpio y nuevo. Cómo la belleza está ahí  siempre, aunque a veces no podamos verla.

Porque ese es el regalo de la Oscuridad, limpiar todo y hacer que todo renazca renovado y con nuevos colores.

Salid a su encuentro muchas noches durante este verano.  Con luna, sin luna, con apenas un gajo de ella… Salid a diferentes horas y disfrutad del encanto de la noche. Disfrutad del hechizo de las tinieblas. Las sombras guardan secretos para aquellas que se atreven a penetrar en ellas. Y sé que vosotras sois brujas valientes que vendréis al final del verano con mil historias para contarme.

Podría desearos unas buenas vacaciones este año, o que viajéis mucho, o que os divirtáis y descanséis en la playa. Podría desearos mil rayos de Sol y días sin fin entre las olas del mar. Pero no. Este año sólo voy a desearos una cosa.

Oscuridad. Mucha oscuridad.

Disfrutadla.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

La Biblioteca de la Bruja

Imagen: Beside stories Autor: mrbee30 http://mrbee30.deviantart.com/

Imagen: Beside stories
Autor: mrbee30
http://mrbee30.deviantart.com/

Muchas de vosotras me preguntáis dónde podéis leer sobre las brujas de las que hablo. Sobre las mujeres sabias y nuestras antepasadas que habitan en mis textos. La verdad es que nuestra Historia es antigua, se remonta hasta las primeras tribus en la Prehistoria y, aunque no es fácil encontrar libros que nos hablen de ellas en general, alguno hay. Más abajo incluyo una bibliografía de varios que pueden serviros para empezar a conocer mejor el tema.

Básicamente las brujas somos mujeres (y hombres) que a lo largo de los tiempos hemos mantenido y conservado unas costumbres, tradiciones, rituales, y Diosas y Dioses anteriores al cristianismo. Éste se fue extendiendo por Europa principalmente por las ciudades. Eran los reyes y los nobles los primeros en convertirse, pero en los pueblos y los campos (los pagos) los aldeanos y campesinos (paganos, de aquí viene la palabra) continuaban rindiendo culto a sus dioses antiguos, a la Madre Tierra y a sus Diosas de las aguas. Cuando fueron evangelizados, la Iglesia sincretizó muchos de estos Dioses y Diosas con Santos cristianos y lo mismo hizo con las festividades que celebraban la vida y el ciclo de la Tierra. Aunque algunas personas aún recordaban su origen y fueron perpetuando las antiguas costumbres en secreto.

Pero llegó un día en el que se nos consideró una amenaza, y los cristianos comenzaron a quemarnos y a ahorcarnos bajo la acusación de pactar con el Diablo para acabar con el orden establecido por la Santa Iglesia para quitarnos de en medio. Contrariamente a lo que la mayoría cree, la Edad Media fue una época bastante tranquila para las brujas. La famosa caza de brujas que acabó con la vida de tantas mujeres en Europa fue durante la Edad Moderna, en los siglos XVI y XVII, cuando el viejo continente sufría una terrible crisis económica y social, y las brujas fuimos el cabeza de turco al que culparon de todos los males.

Pero desde la Prehistoria, en la que eramos chamanas mensajeras entre el mundo espiritual y el terrenal para el resto de la tribu, pasando por la época clásica donde eramos sacerdotisas de los Dioses Antiguos y de la Madre Tierra, hasta la Edad Media y Moderna, donde siempre había una mujer sabia en las aldeas y pueblos que hacía las labores de herbolera, curandera, partera…, sabias que conocían los secretos de la naturaleza, hemos permanecido superando todo lo que ha intentado acabar con nosotras. Ahora en nuestros días, en pleno siglo XX, somos personas que intentan recuperar esas costumbres y tradiciones antiguas, esas prácticas y creencias y las antiguas religiones basadas en la Tierra y continuar con el legado de todas las que nos precedieron.

Si queréis conocer nuestro mundo o ya sois parte de él pero queréis saber más, os recomiendo esta pequeña selección de lecturas. Son muy pocas, es cierto, y hay muchísimas más (afortunadamente cada día más), pero ellas mismas os llevarán a otras. Con ellas no haréis más que empezar.

Para acercaros a esas primeras brujas de la Prehistoria, os recomiendo:

” Los Chamanes de la Prehistoria” de David Lewis-Williams y Jean Clottes. Editorial Ariel. Un acercamiento antropológico que extrapola datos de estudios sobre chamanes de tribus actuales y los aplica a lo que sabemos del chamanismo prehistórico. Un gran trabajo que nos acerca a misterios no tan antiguos como pensamos.

Y el gran clásico “El lenguaje de la Diosa” de Marija Gimbutas. Está descatalogado pero se puede encontrar de segunda mano. Este libro es uno de los grandes impulsores del movimiento actual de la Diosa ya que rastrea sus raíces en el arte prehistórico.

Uno que está muy bien tratado y que habla en general de las brujas a lo largo de la Historia es:

“El gran libro de las Brujas” de Rafael M. Mérida Jiménez. Editorial RBA Libros. Tuve la suerte de asistir a un congreso sobre brujas en la Universidad en la que Rafael M. Mérida expuso una ponencia y puedo decir que ha tratado el tema con muchísimo respeto y muy objetivamente.

Otros de los clásicos que estudiaron la pervivencia de antiguos mitos que son la base de nuestras creencias son:

“La Rama Dorada” de James Frazer. Hace unos años lo reeditaron de nuevo, debería ser fácil de conseguir. Es cierto que añadió mucho de su propia cosecha y su imaginación romántica, pero es un imprescindible si sabemos quitar el grano de la paja. En la misma línea tenemos «La Diosa Blanca» de Robert Graves, también reeditado hace muy poquito.

Cualquiera de Margaret Murray, “El dios de los brujos” o “El culto de la brujería en Europa Occidental”, aunque ella se centró en el estudio de un grupo localizado de brujas inglesas, las conclusiones a las que llegó son muy interesantes. Académicamente ha sido bastante discutida, pero aporta muchos datos relevantes.

Para conocer la época de las hogueras os recomiendo:

“La caza de brujas en la Europa Moderna” de Brian P. Levak Alianza Editorial

“La Caza de Brujas en Europa. 200 años de terror misógino” de Anne Lewellyn Barstow Editorial Tikal

Centrándonos en la figura de la Diosa en sí, aquella a las que las brujas adoramos, hay uno que a mí particularmente me encanta:

“El Mito de la Diosa. Evolución de una imagen.” Anne Baring y Jules Cashford Editorial Siruela

Además, entre otros:

“La Diosa. Imágenes mitológicas de lo femenino” Christine Downing Editorial Kairós
“Diosas, la canción de Eva” Manuela Dunn Mascetti Editorial Malsinet
“Los misterios de la Mujer” Esther Harding Editorial Obelisco

Y para conocer a las brujas actuales, lo mejor es leerlas a ellas directamente. Yo os recomiendo a dos que son las Madres de la brujería feminista de la Diosa a la que yo pertenezco, leerlas a ellas os llevará a conocer a muchas otras grandes.

“La danza en Espiral” de Starhawk Editorial Obelisco
“La gran Madre Luna” y “Cada día es una fiesta” de Z. Budapest, también ambas de la Editorial Obelisco. Esta Editorial, Obelisco, junto con Lewellyn, publican muchas obras paganas.

Adentrándonos en el mundo de la magia y las plantas, para aprender sus propiedades medicinales lo mejor es el “Dioscórides” una recopilación de plantas muy antigua pero que aún se usa en la carrera de Medicina y en la de Farmacia como manual. Para las propiedades mágicas de las hierbas no hay nadie mejor que Scott Cunningham y sus enciclopedias, además del resto de sus obras basadas en la magia natural.

“Enciclopedia de las hierbas mágicas” Scott Cunningham editorial Arkano Books
“El libro completo de inciensos, aceites e infusiones. Recetario mágico” Scott Cunningham Arkano Books
“Enciclopedia de Cristales, gemas y metales mágicos” Scott Cunningham Arkano Books
Estos tres también podéis encontrarlos de la Editorial Lewellyn, pero es una edición más antigua, así que búscadlos de segunda mano.

Para empezar a conectar con la magia lunar recomiendo a Edain McCoy y su “Magia y rituales de la Luna”, también en Arkano Books.

Y para conocer la unión de la mujer con la luna y los arquetipos de la Diosa es imprescindible “Luna Roja” de Miranda Gray, Editorial Gaia. Ella es la creadora y gran impulsora del movimiento mundial de la Bendición del Útero y sus facilitadoras, las Moon Mothers.

Y por último, para conocer muchos rostros (arquetípos) de la Diosa y cómo se manifiestan en nosotras, los libros de la Dra. Jean Shinoda Bolen, todos en Editorial Kairós
“Las Diosas de cada mujer”
“Las Diosas de la mujer madura”
“Las brujas no se quejan”
“El millonésimo círculo” sobre los círculos de mujeres

«Mensaje urgente a las mujeres»

Para terminar, no puedo dejar de recomendar «Mujeres que corren con los lobos», de Clarissa Pinkola Estés. Un libro que  habla directamente al alma atávica de la mujer. Ya sea bruja o no, creo que todas las mujeres deberían leerlo alguna vez.

Para comenzar a investigar nuestro mundo, creo que con éstos vale. Con ellos podéis tener una muy buena base para conocer quiénes somos las brujas en la actualidad, de quiénes somos las herederas y el por qué estamos tan orgullosas de gritarle al mundo lo que somos.

¡Brujas!

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

Tiempo de Brujas

La bruja sabia Autor desconocido

La bruja sabia

A veces pienso que, de alguna manera, nos están robando el tiempo. Mis días pasan a una velocidad vertiginosa, las semanas se me escapan antes de poder centrarme en el día en el que estoy y a veces confundo los meses. Todo va rápido. Demasiado rápido. En nuestra sociedad actual hemos organizado nuestra vida para llenar un tiempo que no parece ser igual que antes. El trabajo, las obligaciones, las actividades de ocio con las que llenamos esas pocas horas que nos quedan ”libres” nos hacen llegar a la noche agotadas y preguntándonos dónde ha ido el día. Y además, como hemos interiorizado ese ritmo insano, queremos que todo sea así, igual de rápido, igual de organizado y esquematizado, incluyendo nuestro desarrollo personal y nuestro camino espiritual. Y eso es imposible.

Nos da la sensación de que la vida es corta, ¿verdad?, de que hay muchas cosas por hacer, muchos lugares que visitar, muchas cosas que aprender, muchos libros que leer, y sentimos angustia al pensar que, o lo hacemos rápido, o no nos dará tiempo a hacerlo todo. Si no llenamos todas nuestras horas con actividades, con ocio, con cosas productivas, serán horas perdidas, y el tiempo perdido no se recupera. ¿Verdad?

Pues no.

Para empezar, nunca nos va a dar tiempo hacerlo todo, verlo todo, aprenderlo todo… Es imposible y además, hacer muchas cosas de manera rápida y compulsiva solo sirve para pasar por encima de todo ello de puntillas y sin disfrutarlo de verdad, sin extraer todo lo que esas cosas que hemos decidido hacer en ese momento pueden aportarnos. Sabremos un poquito de mucho, pero mucho de nada y nos sentiremos vacías y confusas. Y para deshacernos de esa sensación, nos embarcaremos en otro proyecto igual de rápido, igual de breve. Igual de insatisfactorio.

En cuanto a las horas perdidas, ¿quién ha dicho que cuando no hacemos nada es tiempo perdido? Tal vez ese sea el mejor tiempo que podemos regalarnos. Un tiempo sólo para nosotras, sin hacer nada. Tan solo para ser y darnos la oportunidad de conocernos, de pensar, de imaginar. Esas horas vacías son el mejor momento para tener conversaciones profundas con nuestra mente. Para hacernos preguntas y sorprendernos con respuestas que no siempre son las esperadas. Hay un pequeño ritual que de vez en cuando me gusta hacer, consiste en prepararme una café o una infusión, sentarme en algún lugar tranquilo y mantener una conversación conmigo misma como si fuese una amiga a la que hace tiempo que no veo. Me pregunto cómo van las cosas, qué opino sobre ciertos temas, qué planes de futuro tengo…  Y me escucho. Sólo eso. Me escucho. No os imagináis cuánto he aprendido de mi misma en ratos como esos.

Y las brujas vivimos también inmersas en este mundo caótico de velocidad desquiciante. Muchas veces caemos en la trampa de querer aprenderlo todo ya, querer comprenderlo todo ya y dominar todos los ámbitos de nuestro saber ya. Y a veces se nos olvida que es imposible.  Es curioso porque, de todas las generaciones humanas que han pisado la tierra somos las que más vamos a vivir, pero nos comportamos como si fuésemos a morir mañana y tuviésemos que hacerlo todo hoy cuando, hasta hace poco, la mayoría de la humanidad no vivía más de 50 años, y antes, apenas pasaban de los 30. Y aún así tenían todo lo que nos falta a nosotras. Tiempo. Porque se nos ha olvidado que la sabiduría es el trabajo de toda una vida,  y que nunca se alcanza del todo. La verdadera bruja sabia es aquella que disfruta del camino, del aprendizaje continuo, de la observación de lo que le rodea, de la práctica constante. Aquellas sabias, aquellas brujas de las que ahora heredamos un conocimiento inmenso, aprendieron poco a poco. Durante muchos años observaron la naturaleza. Durante una eternidad de noches acompañaron el viaje de la luna y la observaron hasta que comprendieron su conexión divina con la mujer. Fueron muchos, muchísimos años experimentando con plantas, piedras, elementos… vidas enteras dedicadas a aprender una pequeña parte del conocimiento y que, después, ellas legaron a la siguiente generación para  que continuase  aprendiendo.

Por eso, no os dejéis vencer por las prisas. No caigáis en la trampa del conocimiento rápido. Desconfiad de quienes os prometan convertiros en Sacerdotisas y brujas expertas en un taller de fin de semana. Un diploma no os dará conocimiento por muy bien que quede enmarcado y colgado de la pared de vuestro cuarto. Por el contrario, confiad en formaciones largas, porque por muy largas que os parezcan, siempre serán cortas. Confiad en quien os aporte guía, en quien os deje claro que sólo os ofrece herramientas para un trabajo que sólo podéis hacer vosotras. Confiad en quien os diga que no será fácil.

Convertid el conocimiento en un destino al que viajaréis cada uno de los días de vuestra vida y al que nunca llegaréis, pero os garantizo que cada uno de esos días merecerá la pena. Si quieres comprender el misterio de la Luna, comienza a observarla hoy. Estúdiala. Viaja con ella. Conviértete en su compañera. Si quieres  comprender el poder de las plantas, las piedras, los elementos naturales… estúdialas, experimenta con ellas, rodéate de ellas. Si quieres conocer el misterio de la vida, de los Dioses, de los ciclos de la naturaleza, vuélvete hacia ti misma y busca las enseñanzas en los bosques, los páramos, los desiertos…  en tu corazón, donde residen todos los misterios.

Estudia a los antiguos. Lee lo que dejaron para nosotras. Busca compañeras si quieres aprender con otras o busca guías que te orienten en el viaje si quieres aprender a solas. Pero sobre todo, no tengas prisa.

Si quieres llegar a ser una anciana bruja sabia, regálate lo más valioso que tienes.

Tiempo.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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