Sueños de bruja

Hace un par de noches, debido al calor que nos castiga a todos, trataba de dormir dando vueltas en mi cama. Estaba en ese estado de vigilia en el que aún no dormimos pero tampoco estamos ya despiertas del todo. Dejaba vagar mi mente por las riberas que separan este mundo del mundo de los sueños y tuve una idea. Poco a poco se fue creando en mis pensamientos un artículo precioso y perfecto para el blog y, confiada y feliz, acabé cruzando al otro lado. A la mañana siguiente cuando cogí mi pluma para empezar a escribir descubrí que mi idea, nacida y creada en ese otro mundo, no había vuelto conmigo a éste. No recordaba nada. Pero no me preocupé, sé que aún sigue allí y, cualquier noche de éstas, la volveré a encontrar.

Dicen que pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, y todas, absolutamente todas las noches soñamos. Eso significa que he pasado más de 13 años de mi vida en el Reino de los Sueños. Para mí, ese mundo es tan real como éste pero mucho más mío, porque allí es donde somos todo lo que podemos llegar a ser.

Una bruja no puede vivir sin sueños. Yo no puedo vivir sin sueños. No sé lo que sería acostarme cada noche y levantarme cada mañana sin recordar todo lo que vivo cuando duermo. Desde la más aterradora de mis pesadillas, pasando por el más insignificante hasta el más fantástico y maravilloso de mis viajes oníricos. Todos me pertenecen y me muestran un reflejo de lo que se esconde bajo las corrientes de mi pensamientos. Cada noche mi mente abre la puerta a otro mundo que permanece virgen y que espera mi llegada para llenarse con imágenes, colores, músicas y rostros que brotan desde mi mismo centro. Del lugar donde se esconden mis secretos más ocultos, aquellos que durante el día ni yo misma conozco.

Ha habido épocas de mi vida en las que tenía pesadillas verdaderamente perturbadoras y descubrí que las más terroríficas eran las más sencillas. Una sonrisa extraña en alguien que no tenía que estar allí y el pánico me invadía. Y en otros períodos de mi vida, los sueños eran tan bellos, tan increíblemente mágicos, que el día era un incómodo trámite que sobrellevar hasta que de nuevo llegara la noche y pudiese regresar a ellos. En mis sueños he visto a la Madre Tierra alzarse ante mis pies con la forma de una mujer de barro y raíces, para enfrentarse a algo que quería apagar el Sol. He caminado por campamentos de brujas que compartían secretos alrededor de hogueras que iluminaban las noches de un país bajo un cielo con dos lunas.  He viajado a través de mundos cruzando puertas sumergidas en lagos olvidados. He sido madre de innumerables niñas y niños y hasta una vez, parí serpientes. Me he casado. En el mundo de los Sueños me uní en matrimonio en una ceremonia tan real, con tantos detalles, tan íntima y preciosa, ante la Diosa y su Sacerdotisa uniéndonos las manos, que creo que mi alma se siente realmente casada en todos los planos. He visto el mundo acabar tal vez una docena de veces y he visto la luna romperse y caer una sola vez, pero no ha hecho falta más. He encontrado libros que no conseguía leer y me angustiaba y he tenido que enfrentarme a exámenes incomprensibles años después de haber terminado la universidad.

Y he hecho magia, mucha… Maravillosos hechizos y rituales que transformaban la Tierra entera y que me hacían despertar feliz y cambiada. Y me hacían preguntarme qué sería de las brujas sin sus sueños. El lugar donde descubren quienes son en realidad y de lo que son capaces si se atreven.

En sueños he comprendido misterios que de otra forma no habría desvelado. Algunos sobre la magia, otros sobre la Diosa. La mayoría sobre mí misma. Porque allí bajamos las defensas, nuestro verdadero yo no se cubre ni se esconde y nos habla. A veces he regresado llorando lágrimas de tristeza infinita por gentes o momentos que creí haber olvidado hace tiempo. Porque aunque no lo supiera, en mis sueños aprendí que aunque soy lenta amando, soy aún más lenta olvidando.

En sueños también me he encontrado con la mujer que más he querido en mi vida y que ya hace tiempo se marchó. La madre de mi madre. En cuyo cuerpo estuve antes de ser quien soy, cuando aún era sólo la sombra de un óvulo en el feto de lo que al nacer sería mi madre. Mi abuela me cuenta historias en sueños, le da igual saber que ya no vive en éste mundo. No necesita estar viva para visitarme mientras duermo. Y siempre, siempre, al marcharse se pone un dedo sobre los labios y me pide silencio. Nunca he contado a nadie lo que ella me cuenta esas noches. Y la quiero tanto aún, la lloro tanto aún, la echo tanto de menos aún, que sé que allí no existe el tiempo y el espacio y cada vez que la encuentro es como si acabase de perderla.

Pero tal vez, mi momento favorito sea la vigilia, cuando no estamos en ningún lugar y al mismo tiempo estamos en todos. Entre los mundos. Cuando la puerta se abre y escucho las voces que me llaman por mi nombre: Hyedra, Hyedra, ven, regresa a casa. Y en la pantalla de mis ojos cerrados pierdo el control de lo que imagino y las imágenes adquieren voluntad propia y son ellas las que me cuentan a mí su historia. Y me dejo llevar, me dejo guiar por las voces que me llevan a mi otra casa. Esa que cada noche es distinta, o no, porque a veces regreso a los mismos lugares. Esa que me espera en un mundo en el que he vivido 13 años de mi vida. El mundo de los sueños que es el espejo más sincero de mi interior.

Y allí, en la vigilia, alguna noche encontraré mi idea perfecta esperando y conseguiré traerla de vuelta para compartirla con vosotras. Y os contaré que esas palabras nacieron en la puerta del mundo de los Sueños. El lugar donde Campanilla le dijo a Peter Pan que siempre le querría. Dónde siempre le esperará.

En el lugar donde se recuerdan los sueños.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

P.D. Y no puedo dejaros hoy sin contaros algo. Este septiembre, durante tres días,  caminaremos entre los mundos y traeremos a éste un poco de la magia del Reino de los Sueños. En Septiembre tendrá lugar el Festival de la Diosa en Madrid. Y STARHAWK, quién ya nos abrió la puerta al camino de la Diosa hace mucho tiempo, estará con nosotras para abrirla de nuevo. Será una experiencia inolvidable y yo os estaré esperando allí.

http://www.festivaldeladiosa.com/

La casa de la bruja

Autumn at Ashley's Cottage Thomas Kinkade http://thomaskinkade.com/art-genre/cottages/

Autumn at Ashley’s Cottage
Thomas Kinkade
http://thomaskinkade.com/art-genre/cottages/

Cada noche al acostarme me cuento un cuento a mí misma. Es un cuento con final feliz, donde no hay princesas ni príncipes azules que perpetúen falsas ideas de un amor irreal. No hay maldiciones que romper. No hay reyes ni campesinos. Ni castillos ni palacios encantados. Es un cuento de brujas de verdad, de bosques cercanos y de una casa hecha para vivir rodeada de amor y magia. Cada noche me duermo paseando por sus habitaciones y jardines en mi  mente.

Hace muchos, muchos años, una joven bruja soñaba con alejarse del mundo. Soñaba con regresar a un pasado vivido tal vez mil veces. Soñaba con un bosque verde y profundo, con una cabaña sencilla, con una vida apartada. Esa joven bruja estaba herida. Su corazón había sido arrancado y arrojado a sus pies varias veces y por varios motivos distintos. Era un corazón lento para abrirse, pero una vez lo hacía, lo entregaba sin reservas. Tal vez no sabía escoger a quién lo entregaba, tal vez era mala suerte, o tal vez necesitaba pasar por todo aquel dolor para aprender sobre ella y sobre el mundo. Pero entre heridas y cicatrices, ella solo soñaba con recoger los pedazos que quedaban aún enteros y escapar para  vivir a solas con su alma, allí, en el corazón del bosque.

Pero el tiempo pasa para todos y aquella joven bruja creció, y los años trajeron con ellos experiencias que a su vez le aportaron sabiduría. Aprendió a sanar su corazón por sí misma y convirtió cada uno de sus días en un hechizo eterno. Hizo del mismo acto de respirar todo un conjuro de amor hacia su propia vida. Y en el camino encontró a quienes supieron valorarla y quisieron acompañar su senda. La bruja descubrió que cuando estaba rodeada de personas que la querían, personas que escuchaban, respetaban y apoyaban, ya no quería huir ni esconderse del mundo, porque el mundo había cambiado. Para ella ya no era un lugar hostil, lleno de amenazas y sin esperanza, sino un reflejo de lo que siempre había habido en su interior. Un mundo lleno de luz, de risas, de manos enlazadas con las suyas, de lágrimas de alegría y también de tristeza, pero ya no solitarias y agónicas. Aprendió a escoger con quién compartir su corazón y aprendió a exigir lo mismo que ella daba: sinceridad, cariño, sencillez y confianza.  Y el sueño de su vida cambió.

El sueño de mi vida cambió. Ya no quiero vivir sola y aislada en el corazón de un bosque perdido y lejano. Ahora sé que necesito el contacto de otras personas, pero no de cualquier persona. Por eso, la casa de mis sueños ya no es una cabaña pequeña y sencilla. Ahora es un poco más grande, tampoco mucho más, pero sí cabe más gente, caben más risas. Caben muchas tardes de bailes,  muchas noches de conjurar a la luna y muchas mañanas de sol y desayunos tardíos. En la casa de mi sueño cabe toda la gente que quiero, pero también hay espacio para la soledad. Para mi amada soledad donde me encuentro conmigo misma y me enamoro un poco más cada día.

Cada noche me duermo con ese cuento en el que proyecto mi futuro. Porque algún día, no sé cómo, no sé cuándo, conseguiré la casa que ya es mía en mis sueños. Cada noche cierro los ojos y comienza mi visita  a mi casa, oculta por un alto muro de piedra gris veteada de musgo que la separa de la calle. Rodeada de árboles formando un pequeño bosquecillo con un estanque donde bañarme las noches de luna llena, con un claro donde reunirme con mis brujas y celebrar nuestros akelarres y una mesa forjada donde desayunar, mientras el sol se cuela entre los árboles y me cubre con su resplandor.

Una casa de piedra y con suelos de madera, con una chimenea donde honrar al fuego como se merece y miles de libros, con alfombras, sofás, cojines de mil colores… con grandes ventanales que dejen pasar la luz, el sol, el verdor, la luna, las estrellas, el aire fresco. Ventanas que dejen entrar la vida en habitaciones creadas para disfrutar de un buen libro, de una buena conversación, de la soledad buscada… De ver pasar las horas de un largo domingo sin otra cosa que hacer que respirar y sentir.

Una casa con una cocina amplia, repleta de estanterías con hierbas, con especias, con libros de deliciosas recetas y poderosas pócimas. De colores cálidos y suaves que inviten a permanecer allí horas mientras las tazas de café y té se van sucediendo lentamente. Bañada de luz por otro gran ventanal y muebles de madera oscura. Casi sacada de un viejo libro de cuentos de hadas. Y pegado a ella, un pequeño invernadero de cristal,  un criadero de brotes de magia que mantenga la vida cuando el invierno llegue. Una casa donde los dormitorios sean algo más que un lugar donde dejar caer nuestros cuerpos agotados cuando llegue la noche. Que sean refugios de intimidad y amor, con camas cubiertas por colchas cálidas y acariciantes, con alfombras y rincones para meditar.

Una casa pequeña, sencilla. La casa de una bruja para compartir con otras brujas. Con otras personas queridas.

Cada noche me duermo contándome un cuento. Una historia bañada de sol y de luna. De aromas a jardines mágicos y arboledas íntimas. Una historia sobre una casita soñada y la bruja que la habita. No es un cuento de príncipes y princesas. No es un cuento de villanos y héroes. No es un cuento de hadas.

Es sólo un cuento de brujas.

Mi cuento.

Hyedra de Trivia

(Eva Hyedra López)

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