Nuestra última semana en la isla del sur empezó en la zona de Marlborough.
Esta es conocida por sus vinos (que desgraciadamente no probamos) y sus sounds (que no llegan ni a la suela de los zapatos a Milford y nuestro adorado Doubtful).
No sé si os lo he comentado antes, pero estamos un poco hartas de «cosas bonitas«. Llevo tanto tiempo rodeada de paisajes exhuberantes que casi me apetece ver un polígono industrial, con sus grises chimeneas humeantes, apestosas y (sobretodo) feas. Pero bueno, mientras eso llega, me tocará seguir sufriendo las excelencias del paisaje neozelandés. Qué agonia!
Desde allí fuimos bajando por la costa este, haciendo parada en Kaikoura. Allí vimos (por enésima vez) una colonia de focas (¿cómo puede haber tantísimas?) y nos dimos un capricho de campeonas. Os dejo la prueba del delito:
Y entonces regresamos a dónde todo empezó. Al origen de nuestra aventura por la South Island, la ciudad en la que tantas expectativas habíamos puesto y que decidió desaparecer 5 minutos antes de nuestra llegada. Ese Christchurch que nunca veremos y que nos moríamos de ganas de conocer, que nos tuvo durmiendo en el suelo y que nos hizo huir tras 48h en el aeropuerto.
Durante 4 días hemos intentado reconciliarnos con ella, pero ha sido complicado. La ciudad, como tal, no existe. El centro está cerrado, gran parte de la población sigue, tras un mes, sin agua ni electricidad, la playa está contaminada y las casas más que castigadas. Cada persona tiene una historia para ponerte los pelos de punta. Y luego están las réplicas, cada día y cada noche, para nunca puedas olvidarte del todo de lo que pasó.
Suerte que existe couchsurfing, que nos ha dado lo mejorcito de Christchurch. Hemos conocido a Matt y a sus compañeros, y a sus amigos, y a sus preciosos perros. Y sus locas ideas y su casa alucinante. Entre todos nos han hecho sentir como en casa en una ciudad que nos echó «a patadas» nada más llegar. Thank you Matt, for making us feel home, and feel safe and happy all the time.
De nuevo la energía de la gente está por encima de todo lo demás. Y esta vez realmente lo necesitábamos.
Bien está lo que bien acaba. Y con esto acabamos nuestra ruta por la Isla del Sur. Wellington nos espera.








