Ya es pasado

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Cuando siento que no puedo más, y creo que es culpa mía, me hunde mi propio orgullo y me cuesta pedir ayuda.

Porque pienso que ha sido mi propio fallo, porque siento que ya me lo habían dicho, porque creo que han sido mis tonterías, me cuesta pedir ayuda.

Y cuando me arrancas la palabras a golpes o a caricias, y se me quiebra la voz en el teléfono, siento que me rompo un poco por dentro y me sigue costando pedir ayuda.

Y me duele la garganta de contener las lágrimas, y me hierve el alma de no hilar las frases que debería. Y este fuego no se apaga hasta que a oscuras en mi habitación, lloro mares transparentes que curan viejas cicatrices.

Pero me sigue doliendo no pedir ayuda.

 

Que nadie se alarme, este post es un borrador rescatado que escribí durante mi silencio y no me gustó. Hoy que todo lo veo desde otro punto de vista, me gusta la rabia que tiene contenida.

 

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Amigo mío

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Amigo mío. Antoine De Saint-Exupéry

Amigo mío,
tengo tanta necesidad de tu
amistad.
Tengo sed de un compañero que respete en mí,
por encima de los litigios de la razón,
el peregrino de aquel fuego.
A veces tengo necesidad de gustar por adelantado el
calor prometido,
y descansar, más allá de mí mismo,
en esa cita que será la nuestra.
Hallo la paz.
Más allá de mis palabras torpes,
más allá de los razonamientos que me pueden engañar,
tú consideras en mí, simplemente al
Hombre,
tú honras en mí al embajador de creencias,
de costumbres, de amores particulares.
Si difiero de ti, lejos de menoscabarte te engrandezco.
Me interrogas como se interroga al viajero,
Yo, que como todos, experimento la necesidad de ser reconocido,
me siento puro en ti y voy hacia ti.
Tengo necesidad de ir allí donde soy puro.
Jamás han sido mis fórmulas ni mis andanzas
las que te informaron acerca de lo que soy,
sino que la aceptación de quien soy te ha hecho
necesariamente indulgente para con esas andanzas y esas fórmulas.
Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy.
¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga?
Si todavía combato, combatiré un poco por ti.
Tengo necesidad de ti. Tengo necesidad de ayudarte a vivir
.

A modo de prólogo

Este pequeño texto de Saint-Exupéry lo encontré hace unos cuantos años. No sé a qué obra de este gran autor (a mi parecer, por supuesto) pertenece, tampoco me interesó demasiado saberlo. Lo cierto es que siempre me atrajo muchísimo por la profundidad de sus palabras. Yo, que siempre experimenté grandes amistades, me sentí superada por este concepto de amistad que se entrevé en esos renglones. ¿Es posible decirle todas esas cosas a un amigo? Siempre había alguno de estos «datos» que se me hacían ajenos. Me parecía utópica esa idea de amistad. Hablar de «sed», de «calor prometido», de «cita»; me generaba una especie de rechazo, seguro a causa de esos prejuicios que una tiene y que ante estas palabras se hacían evidentes. Sin embargo, esa atracción delataba una búsqueda en mí, como si mi corazón se dirigiera hacia eso, la búsqueda de los sentimientos más nobles. Encontrar un amigo que me reconozca y ame simplemente como soy, sentirme pura en él y descansar en él. Esto me parecía una gran «descarga afectiva» que en mi psicología me costaba aceptar.
Y esto pasó; encontré un amigo a quien dirigirle todas y cada una de estas palabras. La búsqueda siguió interrogándome desde dentro de mí, aceptando que tengo carencias, que todos las tenemos, necesidades, afectivas sí, simplemente como algo natural, propio en nosotros los seres humanos. Necesité y necesito ponerle nombre a todo esto. Es un poco lo que estoy intentando hacer.

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