Un día tonto lo tiene cualquiera

Hoy el mundo se ha levantado cubierto de gris. Hay tintura de niebla en el cielo y parece que la primavera, con su aroma de tierra y vida nueva, no va a llegar jamás.
Mientras el tren sigue su camino, luces de ciudad pasan sin dejar rastro en la memoria. Mis compañeros de viaje leen un periódico (cosa raramente vista en estos tiempos) o sus tablets o moviles, o simplemente como yo, miran a un punto indeterminado, perdidos en el vacío de sus pensamientos.
Alguien debe sentirse feliz y alguno será tremendamente desgraciado.
Quizás buscan soluciones a los problemas, sin pensar que cuantas más vueltas dan, tanto más lejos están de conseguirlo. La vida es un animal caprichoso. Creemos que podemos dominarla pero en realidad somos juguetes en sus manos.
Cómo saber qué nos espera, cómo hacer planes cuando no sabemos dónde vamos ni si llegaremos. Nos faltan tantos datos… Sobrevivimos, que nos es poco. Cada día es una pequeña victoria, una incógnita despejada. Aún así, nada sabemos.
Que levante la mano el que crea conocerse, el que piensa que toma decisiones sin intervención exterior. Todos actuamos por instinto, movidos por la inspiración del momento, buscando una satisfacción que no sabemos dónde nos llevará ni si durará lo suficiente para que realmente sea saboreada.
No estamos solos, pero la soledad camina a nuestro lado, esperando, siempre esperando…

