Es de aquellas obras que fascina, pero que no te atreves a recomendar a nadie porque al salir ni siquiera sabes si te ha gustado o no… Mi acompañante salió entusiasmado, yo desconcertada.
Alicia me daba miedo de pequeña y no sólo por la reina y su querencia a las decapitaciones. Era un miedo extraño, difuso, que recordé a la perfección al ver la obra el otro día. Y es que según lo veo, además del trabajo de los actores y de una magnífica escenografía , lo mejor de la obra es que es cruda, brutal casi, en absoluto edulcorada. Y eso era Alicia para mí, cuando era pequeña: un miedo que aún no sé definir, pero que venía muy de dentro, y que de mayor sólo se me ocurre describir como el miedo a perder todos mis referentes, a que todo deje de tener sentido, a dejar de ser yo.
Alícia, un viatge al país de les meravelles. Sala Fabià Puigserver, del 12 al 29 de noviembre.

