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"La única conferencia que he dado en mi vida es la que no di, ¿no? Todas las demás fueron borradores de ésta."
Borges era un gran conversador y conferenciante. Sin embargo sufría de pánico escénico. Las noches antes no podía dormir, y a veces su madre llamaba para cancelar a última hora fingiendo que estaba enfermo. Con el tiempo se entrenó en el truco psicológico de pretender que hablaba para una sola persona. De esta vida de conferenciante, a Borges le gustaba recordar una anécdota de Chesterton, que yendo a dar una, olvidó dónde se celebraba, y mandó un telegrama a su casa que decía: '¿Dónde estoy?'.
Glosas a las 320 respuestas dadas por Borges sobre diversos temas, recogidas por Esteban Peicovich en su libro "Borges, el palabrista"
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miércoles, 26 de octubre de 2011
miércoles, 18 de agosto de 2010
La ceguera

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Posiblemente la ceguera no sea del todo una maldición. Por lo pronto, el tiempo fluye de una manera más fácil. Una persona que tiene vista siempre tiene que estar haciendo algo, leyendo o viendo alguna cosa. El ciego, en cambio, sabe que pasará la mayor parte de su vida solo y no se impacienta. Yo ahora sólo veo sombras, pero la ceguera no ha sido algo patético para mí, porque ha sido un proceso muy lento. En cambio, si una persona pierde la vista de golpe puede, incluso, pensar en suicidarse. Pero si se ha empezado a perder la vista desde el momento en que se nació... Yo sé, por ejemplo, que mi padre murió ciego, mi abuela paterna murió ciega, mi bisabuelo murió ciego. Yo sabía que éste era mi destino.
En alguna parte Borges afirma darse cuenta de que la figura de un escritor ciego mueve a la compasión. Su personaje de algún modo recuerda a Homero.
Siempre atento al contexto, también jugaba con la idea del escritor como símbolo, que muchas veces eclipsa su obra. Solía poner como ejemplo a Lord Byron (aventurero), Paul Valery (razonador) o Quevedo (literato).
Esta doble naturaleza de Borges, el hombre y el escritor, es el tema de algunos cuentos y poemas, bajo la idea de "El otro". El concepto del doble (Doppelgänger: Poe, Stevenson, etc.) era una de sus obsesiones, concepto también relacionado con el problema de la identidad y el tiempo. ¿Cómo es posible que mi yo de ayer sea el mismo que hoy?
Para Borges la cuestión del tiempo era el problema central de la filosofía. Le gustaba regalar "Un experimento con el Tiempo", de J.W.Dunne. Tal vez de ahí su reflexión acerca de que "el tiempo fluye de una manera más fácil", un tanto amarga, la verdad.
Con la ceguera, empezó a escribir poesía, que le era más fácil de recordar. También iba gente a leerle, una vez muerta su madre. Se quedó totalmente ciego más o menos en la época que le nombraron director de la Biblioteca Nacional.
miércoles, 21 de abril de 2010
Enterrado vivo.

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A mi bisabuelo paterno le hicieron una operación que apareció en una revista porque en aquel tiempo fue algo notable. No sé cómo la harían porque entonces no existía la anestesia. Tal vez le darían un poco de alcohol. Hay una novela de Melville, el autor de 'Moby Dick', que sirvió mucho como ballenero y en la marina norteamericana. Él cuenta de una operación a bordo de un velero, en alta mar, por el año 1870 o algo así, en que había que amputar la pierna a un marinero. Entonces se reunió toda la tripulación en la cubierta del barco, sacaron al marinero atado a una tabla, lo emborracharon con ron, y luego se dio la orden de empezar a tocar la banda, de modo que el hombre estaba embrutecido por el alcohol, la música, y además llamaron a sus dos mejores amigos, que se le fueron encima y le dijeron malas palabras y le rompieron la cara a puñetazos. El marinero trataba de defenderse pero no podía por estar atado, y aprovecharon esto para amputarle la pierna. Se supone que igual sufrió bastante. A mí me hicieron muchas operaciones. En la última la anestesia no duró y el médico me dijo que me iba a doler, pero que estuviera quieto porque si no, me quedaría irremediablemente ciego. Yo sentía el dolor, aunque no era muy fuerte. Si una tierrita en el ojo molesta, cómo no va a molestar un bisturí con los ruidos del raspaje. Pero me quedé quieto a pesar de sentir en mi corazón como martillazos, y lo único que pensé fue en no moverme. Ni siquiera reparaba en el resultado: si yo giraba la cabeza, la posibilidad de mi visión había concluido. No, no pensé en Dios. Sólo me preocupé de centrar mi atención en la inmovilidad. Mi madre estaba a mi lado y yo no pensaba en ella, ni en mí, ni en nada. Me decía como un grito: yo no debo moverme.
Volvemos al tema de la importancia del valor físico para Borges. Lo de su bisabuelo me deja flipao, debía ser en el siglo XVII (es broma).
Lo de que te corten una pierna y encima te partan la cara es como para pensarse el enrolarse.
La inmovilidad en la anestesia recuerda a los cuentos de Poe sobre catalépticos. A mí me pasa con frecuencia que cuando viajo muy cansado me quedo dormido en mala postura, y quiero despertar y no puedo. ¿A vosotros os pasa? Cuando la cosa se alarga es horroroso.
Hay una variación sobre los cuentos de enterrados vivos que me encanta: un cuento de Stanislav Lem sobre un hombre que sabe que el alma no existe y se propone construir una. Para ello coge el cerebro de su mujer y lo vuelca en un ordenador hecho con materiales indestructibles, aislado de todo estímulo externo, para que dure eternamente. Bueno, ¿eh?
También me gustó mucho un episodio de Alfred Hitchcock donde le van a hacer la autopsia a un accidentado de automóvil que está totalmente paralizado -menos el dedo meñique-, hasta que descubren que está vivo porque se pone a llorar. Un poco cutre así contado pero genial realizado en cámara subjetiva.
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