sábado, 11 de junio de 2011

Una entrada porque sí

O para motivar un poquito a las desmotivadas huestes sherpas, que se desinflan alarmantemente y que parece que, en poco tiempo, se convertirán en clientes habituales de las tiendas de golf.

Os pongo un vídeo de la Tierra Prometida (Rins, Bisaurri, pirineo oscense). Si después de verlo no os sentís un poco más motivados, es que ya no tenéis sangre en las venas. Pura sherpez, hasta en las caídas.



Mañana, ruta corta, pero con ganas. Quedaremos a las 9. Mañana seré yo el que tenga que estar pronto en casa.


"Já que não podemos evitar um final repentino, que ao menos evitemos a morte em suaves prestações, lembrando sempre que estar vivo exige um esforço bem maior do que simplesmente respirar".

jueves, 9 de junio de 2011

Vosotros os lo habéis perdido, ¡chincharsus!

A esta semi-nocturna se iban a puntar cientos y cientos de personas, y al final únicamente salimos Chomin y yo. La verdad es que yo estaba cansadísimo y poco animado, pero mereció la pena ponerse el casco y disfrutar de la bici y del bosque en un día extraño, por ser un día a mitad de semana, y a las siete de la tarde.

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Desde la Cruz de la Gallega el  sol, aunque ya bajo en el horizonte, apretaba de lo lindo, como no lo había hecho en todo el día.

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En la Fuente de los Pastores hubo un pequeño refrigerio, disfrutando de la maravillosa luz de la tarde y de las vistas del increíble bosque de la Acebeda.

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Aunque no había demasiado barro, quedaban restos de las lluvias de los días anteriores: algún charco, torrenteras... Y, sobre todo, un verdor casi asturiano. El bosque del atardecer tiene otros colores y otros aromas diferentes a los del bosque que más conocemos, el de la mañana.

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Tomamos el cordel de la Fuenfría (la falsa calzada o el Camino de Santiago) como si fuésemos a subir a la Camorca. 

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Domingo me conduce hasta el desvío hacia la Camorca que tomamos para rodearla "por detrás", hacia los canchales de la Majada del Cochino. Pero aquí, en lugar de girar a la derecha, lo hacemos en ascenso hacia la izquierda. Pronto aparece un camino.

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Pedaleamos cuesta arriba un rato y a 1687 m de altura, me sorprendo de no haber subido nunca antes a este espectacular mirador de la Camorquilla.

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Vemos la Bola del Mundo.

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Siete Picos.

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Peñalara...

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Aunque no hay una salida que no sea por donde hemos venido, Chomin tira por el bosque en el que se van colando los rayos ya horizontales del sol.

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Tramo sherpa...

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...de los que ya no se hacen últimamente: mezcla de "investigación" y fe en que vamos en la dirección correcta. En realidad es fe en la palabra de Chomin; porque si a mí me dejan solo, ahí me quedo dando vueltas. Sherpa de pura cepa que es uno.

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Desembocamos donde me había anunciado Domingo, en el acceso a la subida del cerro Pelado.

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El bosque ya se oscurece
Atravesamos para tomar la abandonadísima vereda de los Reventones, rebosante de vegetación, casi no se ve el suelo por dónde rodamos. Recuerdo haberla ciclado en investigaciones individuales en veranos pasados, y también recuerdo que no tenía salida. En los mapas también se interrumpe, no desemboca en ningún sitio.

Pero Domingo dice que conoce un sendero.

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¿¿¿Un sendero???  Nadie ve un sendero ¿¿no??.

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Pero al final, después de sortear piedras y troncos por zonas de bosque que juraría que nunca han sido holladas por pie humano, damos con la vereda de Valbuena y toda esa maraña de sendas y trochas que yo llamo en conjunto la Horizontal del Eresma. Esos caminos que a veces hemos tomado desde la Camorca bajando por los Berciales.

El bosque en penunbra impone respeto. Yo sigo a Chomin como buenamente puedo...

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Después de cruzarse con nosotros unos cuantos corzos, el animal más peligroso fue este caballo cerca de Valsaín, que se puso chulo e hizo amago de cocearnos al atravesar "los camiones".

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Caballo y sherpa enfrentando sus mentes, cruzando sus miradas. Ganó el caballo.
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Las aguas de el Pontón estaban fantasmagóricas a estas horas.

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Total: 40 kilómetros en los que, aunque parezca mentira, surcamos sendas y parajes nuevos y sorprendentes. Merece la pena un paréntesis a media semana que relaja y carga las pilas a la vez.
Cargad las pilas (ahora las de vuestras linternas), porque podríamos repetir la próxima semana. Os aseguro que merece la pena hacer el esfuerzo de salir a estar horas tan --en principio-- poco propicias para el pedaleo.

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He comprado hoy "La Balada del Mar Salado", la primera de las historias de Corto Maltés, el personaje de Hugo Pratt. Hace tiempo que andaba detrás de él, y hoy lo he visto en las casetas de la Feria del Libro de Segovia. Resulta que este clásico de 1967 lo publica la ed. Norma ahora: 1ª edición de abril de 2011.

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No le interesará a nadie, pero me ha hecho ilusión encontrarlo.

domingo, 5 de junio de 2011

De moscas, gallinas y algún que otro hongo

gallina. (Del lat. gallīna).

1. f. Hembra del gallo, de menor tamaño que este, cresta pequeña o rudimentaria, cola sin cobijas prolongadas y tarsos sin espolones.
2. com. coloq. Persona cobarde, pusilánime y tímida. Esteban es un gallina. U. t. c. adj.

sherpa-gallina. Dícese de cualquier sherpa (sin perdón de Dios) que deja solito a sherpa-Tris con un par de descenders como Chomin y Mario. Especie muy común últimamente.



Seamos realistas: ser sherpa está demodé. Cualquier grupo con el que nos crucemos cuenta con numerosos miembros (con perdón), mientras que nosotros ráramente somos más de cuatro.

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Muchos ciclistas, pero poco habladores.

Por ejemplo: Todos los domingos nos cruzamos con los kamorka, tribu prolífica andelashaiga. Parece que se reproducen; y cada día cuentan con más componentes. Kamorkas + segobikes + ketekés... ¡Ya nos da miedo pasar a su lado!.

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Esta vez salimos 3: Ete, Chomin y yo. Y gracias a que --aunque las predicciones anunciaban agua-- no llovía, porque ya sabéis qué pasa con Ete cuando llueve.

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Pedaleábamos por el Pontón cuando una llamada nos anuncia la incorporación de Mario, pasada la temporada de esquí. Así que, al final, íbamos a ser la astronómica cifra de CUATRO.

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En el puente de las Pasaderas se incorpora a la expedición con ganas de pedalear un rato, que además el día acompaña.

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Vamos hacia la sierra por los caminos de siempre, pero que están con un verdor exagerado.

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Tomamos el camino de la central abandonada de Santa Isabel, paralelos al arroyo de la Chorranca, que es hacia donde propongo encaminarnos.

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Domingo adorna la propuesta con la guinda de la Majada Hambrienta y el Chozo Aranguez. Como nos parece bien, decidimos subir por la cacera del Cerro del Puerco.

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Personalmente, me extrañaba que Ete no opusiera resistencia. Poco tardamos en saber que había decidido volver a las 12 estuviera donde estuviera, de modo que le daba igual a dónde fuéramos.

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Si normalmente la cacera es un sendero bonito en cualquier época, en primavera está espectacular; da gusto pedalear por ella, ya sea t'op'arriba o t'op'abajo.

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Tanto follaje, tanta humedad unida a la temperatura, hacía que el aire "estuviera denso, casi no se podía respirar" (como decía Mario). Supongo que el polen tambié tendría algo que ver en ello.

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La subida, con algunas rampitas interesantes, desemboca en el Juago de Bolos, en la pista cerca de la Cueva del Monje.

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En la Fuente de la Cruz de Abastas Ete cumple su promesa-amenaza y nos abandona, que tiene que pasar la aspiradora. Volvemos a ser TRES; astronómica, mareante y descomunal cifra para un grupo de sherpas.

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Casi todos sabéis cómo es esto: cuando estas relajado pedaleando entre pinos, pasas la "Taquicárdica", disfrutas --mirando a la derecha-- del cantarin arroyo de las Quebradas, del fresquito en la cara, del canto del mirlo acuático, va Chomin y nos despierta: "¡Izquierdaaaa!". Es cierto, en tan bucólica placidez, se me había olvidado hacia dónde íbamos.

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Mario alucina con una pista que todavía no conocía. La verdad es que tiene sus rampitas: en el mapa sube, perpendicular a las curvas de nivel, desde los 1500 hasta los 1700. Luego sigue subiendo, pero sin tanta obcecación.

Mientras subimos, vemos que a los tres nos acompañan cohortes (podría decirse rebaños) de moscas rabiosas. Además, a mí ya me empiezan a picar las piernas, pues los insectos que han estado esperando mi aparición agazapados durante el largo invierno, han visto su oportunidad. Vamos, que me han dejado las piernas "guapas". La próxima salida saco el Relec, que es como matar moscas a cañonazos, pero funciona.


"¡Alto!", exclama Chomin-ojo-de-águila. Os dejo adivinar qué es lo que encontró en el mismísimo bordecito del camino. Como pista, os digo que empieza por "bo" y termina por "letus".

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Mientras Chomin recolecta, hago esta foto en la que se ven una cuantas moscas de las que nos escoltaban. Es verdad que revoloteaban cojoneramente a nuestro alrededor; pero eso no dejaba de ser un mal menor; porque si a la hipotética orden de una de ellas se hubieran (o hubiesen) posado todas a la vez sobre alguno de notrotros, desgraciados sherpas, sin duda habríamos sucumbido ante el apabullante peso de los millones de graciosos dípteros que nos orbitaban.

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Atravesamos el arroyo de las Quebradas y el de Dos Hermanas justo en el punto en el que unen sus aguas, a 1700 m. Si la última vez que atravesé este punto me calé al meter los pies hasta los tobillos, esta vez... sin embargo... ¡no fue diferente!.

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El arroyo de las Quebradas
Abajo he puesto la foto del sitio en el que Ojodeáguila encontró un nuevo ejemplar. No íbamos rápido, tampoco despacio. Pero podéis ver que el boletus no estaba en una situación precisamente favorable para encontrarlo a la primera ¿no?. Y sin embargo, lo vió clarísima, indubitablemente. Mario no se lo podía creer. Por cierto, esa "mosca" blanca que veis en la foto, es lo que parece: una mosca. Pasó por delante del objetivo e hizo saltar el flash, de manera que aparece blanca, "quemada".

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La verdad es que con la cantidad que había, lo difícil era hacer una foto sin mosca.

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El que encontró Chomin.

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Este lo encontré yo, pero pateando, que tiene menos mérito.
Dajamos momentáneamente la recolección y nos dedicamos a subir, que es a lo que íbamos. Estamos en las últimas rampas duras antes de que se suavice las pista llegando a la fuente de la Majada Hambrienta.

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No se ven las moscas, pero siguen ahí. Algunas, son ya amigas nuestras: las preguntamos por su vida, por sus parientes, aficiones, en qué trabajan. En fin...

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¡Y lo hizo otra vez más!. En la foto están descubiertos, pero os aseguro que estos dos preciosos ejemplares estaban tapados por las piñas y las agujas, y el sherpa se bajó de la bici y fue directo hacia ellos, como si los hubiera olido, que fue lo que seguramente pasó. Vosotros que le conocéis, sabéis que no exagero; decídselo a estos señores que leen el blog sin conocer al sh-Ch.

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¡Preciooooooooso animalillo!
"Me sé un camino para llegar al chozo de la majada" -- sh-Chomin dixit (Pixie & Dixit); y nosotros, que parecemos nuevos, le seguimos sin rechistar. ¡¡Si por la pista se va "tieso", qué necesidad tenemos!!. Valeeeee.

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Llegamos a la majada (Mario con la boca abierta, que no se lo esperaba ni tampoco lo conocía) por la parte trasera. El verde al sol, casi hace daño a los ojos. Menos mal que los sherpas estamos hechos a las condiciones extremas, sean estas las que sean.

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Esta foto del chozo de la majada la voy a mandar al programa de Iker Jiménez, porque reflejado en el cristal del ventanuco, puede apreciarse un ectoplasma.

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Aprovechamos para consumir las vituallas que ciertamente nos hemos ganado. Una cosa buena que tiene ser pocos es que tocamos a doble ración de queso con membrillo.

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Y como la alegría dura poco en la casa del pobre, en menos que canta un gallo estamos, de nuevo, arrastrando las burras por las laderas que conectan la Majada Hambrienta con la Majada Aranguez.

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Atravesamos (casi a nado) el arroyo de los Regajos Fríos, el arroyo Peñalara...

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Y atacamos la planicie del chozo superando los últimos cien metros de desnivel de nuevo perpendicularmente a las curvas de nivel. Pero esta vez el sendero ha desaparecido casi por completo debido a la exuberancia de la vegetación cuasi-tropical y las ruedas se pegan, tercas, a la alfombra verde que parece de velcro. Los beteteros conocéis todos esa sensación tan bonita ¿no?.

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Ya queda poco...

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...yo creo que sí llegamos...

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¡Uffff! Por fin. Un traguito p'alpecho del brebaje limpiacristales de Chomin.

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Han tapizado las praderitas del Chozo con más velcro. Qué bien.

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Los regatos estaban más crecidos que de costumbre. Poco más y se puede hacer el descenso del Sella hasta La Granja. Y lo mejor: ¡No había nadie! Todo el mundo estaba a misa de una. Porque con el día que hacía, no hay otra explicación.

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Nubes, granito y una alfombra verde.

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Ooooootra foto más. No sé cómo no me maté al atravesar el ultimo arroyito a una mano y con la cuerda de la cámara enredada en el tubo de la camel. Pero ningún riesgo es demasiado para este free lance del mtb; todo sea por los lectores de este blog que se lo merecen .

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En la foto no se aprecia el agresivo amarillo que tenían los piornos, pero os aseguro que era exagerado.

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La burra de Chomin descansa de la paliza. Esperaba impaciente porque sabía que después, en la bajada, venía lo mejor.

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Ya buscando la bajada hacia la Chorranca, me aposté en un paso algo comprometido, pero el sherpa no tuvo a bien caerse en el agua. Otra vez será, y allí estaré yo, cámara en mano.

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Antes de llegar al Raso del Pino (El Accidente), nos desviamos en una divertida bajada hacia la izquierda. Sigo a duras penas a este par de descerebrados y rápido desembocamos en la fuente de la Chorranca.

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Mario se piensa si bajar en bici este tramo de las peñas de la cascada de la Chorranca. Y no se lo pensó mucho... porque lo hizo. Yo --tranquilos en casa-- lo hice a pata, como buen sherpa-cobarde.

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La cascada de la Chorranca. Como las cataratas del Niágara, pero en Segovia.

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Y después de la siempre divertida bajada (un poco puñetera debido a que las jaras estaban más crecidas que de costumbre), nos encontramos con una tribu bullanguera y variopinta. Si se acostumbran un poquillo y Luis les mete el gusanillo en el cuerpo,  les vamos a encontrar pateando estos andurriales salvajes más de una vez. Espero que sí.

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Siempre detrás de estos dos sputniks, llegamos a Tobarejos; allí Domingo nos dice que hace tiempo encontró un sendero. El supuesto "sendero" es el que muestro en las fotos de más abajo:

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¡Este es el inicio del "sendero"!

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El mismo inicio, visto desde abajo. ¿Ondestalsendero?
Y en la foto se puede ver que hay cuesta... ¡pero no sendero!. Lo que pasa es que Chomin habla un idioma distinto y, a pesar de los hechos, aún no nos hemos dado cuenta. Pero yo creo que cuando Domingo dice "sendero", en realidad quiere decir "puñetera trocha de Satanás", o parecido.

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Y poco más, que el final siempre es el mismo...

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¿El miércoles hace una nocturna? Atentos al blog. Permanezcan a la escucha...

Trialera: Dícese de la parte del camino donde tus huevos abandonan su lugar para hacerle compañia a la garganta.