Nuestras series, nuestras películas, nuestros cómicos… todos son grandísimos perdedores y todos ellos están ubicados en los escenarios más feos que se pueda imaginar. Esa es nuestra tele, ese es nuestro cine, ese es nuestro humor, esa es nuestra idiosincrasia. Nuestros super héroes son patosos y ridículos (El día de la bestia, Mortadelo y Filemón), nuestras películas están plagadas de protagonistas que no levantan cabeza (La soledad, Siete mesas de billar francés).

Los personajes que gozan de la simpatía del espectador siempre son chachas, prostitutas, cantantes fracasados y perdedores en general…frente a los americanos que son cirujanos de prestigio mundial, mujeres multimillonarias o verdaderos superhéroes. ¿Por qué? ¿Por qué esa fascinación por el perdedor y por lo feo?



¿Se puede concebir una serie o una película españolas protagonizadas por triunfadores o en nuestro país el triunfador cae mal y provoca rechazo y la gente guapa provoca envidia y da rabia? ¿Se puede concebir un House español o una Señora Solís (Eva Longoria en Mujeres Desesperadas) o un grupo de amigos como Friends? Rotundamente no. El espectador puede tolerar ver a un norteamericano triunfador pero nunca a un español (salvo que sea Emilio Aragón y suponiendo que se pueda considerar triunfador a un médico de familia que lleva la vida más aburrida que se pueda imagin ar). 

Esa es la clave de nuestra producción audiovisual y no parece que nada vaya a cambiar. Las series que han introducido escenarios bonitos o personajes adinerados o sofisticados han fracasado (Cuestión de sexo, Los simuladores, Génesis) Quisimos soñar cuando apareció Cuatro que dejaríamos de ver cosas cutres en la tele, quisimos soñar, con el triunfo del género de terror, que dejaríamos de ver parados, prostitutas, enfermos terminales y de más en el cine, pero nada ha cambiado. La apuesta siempre es la misma porque lo que triunfa en nuestro país es tener alma de perdedor.