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sábado, 31 de marzo de 2012

Vashti Bunyan- Just Another Diamond Day (1970. Reed. 2000)

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Como bien reza una máxima de la criminología, o al menos así se asevera en el cine negro, el asesino siempre regresa al escenario del crimen. Yo, no podía ser menos, y como torpe delincuente que soy vuelvo a asomarme a esta ventana desde la que me despacho a gusto y a través de la cual busco captar adeptos para un absurdo plan de dominación mundial; tened por seguro que estamos abocados al más estrepitoso de los fracasos. Una vez más he vuelto a faltar a mis promesas de asiduidad, siempre he sido un tipo poco promiscuo. También he vuelto a hacer caso omiso a ese personajillo que se asoma a mi oído insistiendo en que es una estupidez escribir tanto texto, que nadie va a leer estas entradas y que estoy perdiendo el tiempo. Hace meses que escribo este blog para mí mismo, una suerte de onanismo sin sentido. Aunque todo esto suene contestatario, nunca me he tenido por alguien combativo, más bien al contrario, me considero una persona tranquila y conforme, ojo, que no es lo mismo que conformista. Pero desde hace ya unos cuantos años me asalta constantemente la idea de romper con todo, de empezar de cero una existencia alejada de todo el mal que nos rodea, que cada día es mayor y más nocivo. El viejo sueño hippie de vivir en la naturaleza, al margen de una sociedad con la que resulta casi imposible identificarse, alejado de unos gobiernos y de unos gobernantes que hace tiempo que dejaron de estar al servicio del pueblo, ajeno a un sistema podrido en todos y cada uno de sus estratos, desde los materiales hasta los humanos. A veces veo por la tele a tipos con pinta de iluminados que han decidido dar carpetazo a su vida anterior y que ahora disfrutan de lo que parece una plácida existencia, en comunión con el campo y con su yo interior. No puedo evitar sentir una mezcla de envidia y rechazo; me repele y me atrae al mismo tiempo, como decía un amigo mío. Tal vez el rechazo sea fruto de la propia envidia, quién sabe. La cuestión es que, inmersos como estamos en lo que se empeñan en llamar crisis y que no es sino la excusa perfecta para despojarnos de la poca dignidad que nos queda como ciudadanos, la bucólica y utópica Arcadia campestre se ha vuelto a instalar en mis meninges. Muchas veces me veo a mí mismo cultivando huertos imaginarios, cuyo mínimo mantenimiento y explotación desconozco; dando de comer a animales domésticos, cuyos cuidados y costumbres desconozco; o construyendo mi propia vivienda, aquí suele ser cuando me despierto sobresaltado, pues es de sobras conocida mi proverbial "bricofobia". Sea como fuere, me resulta reconfortante pensar en que siempre queda una salida, aunque suponga huir hacia adelante, aunque la consecuencia más inmediata sea el aislamiento. Pero uno vive en una contradicción absoluta y la vida, eso que ocurre mientras estamos ocupados en hacer planes (grande, Lennon), te coloca en una tesitura compleja, que muchas veces te obliga a renunciar a determinados sueños. A quién quiero engañar, en el fondo soy un urbanita que no soportaría más de un cuarto de hora sin internet y alejado de su equipo de música, un aspirante a bon vivant que no aguantaría el olor del estiércol, un individuo carente de cualquier tipo de destreza. Afortunadamente para los seres de mi calaña, hay personas que se dedican a materializar nuestras quimeras, siendo sus experiencias las que vivimos como nuestras a través de la literatura, el arte y, por supuesto, la música. Hoy quiero presentaros a una de esas personas, alguien que persiguió su sueño hastiada de la frivolidad y la injusticia que le rodeaba, queridos amigos, con todos vosotros Vashti Bunyan.

Vashti Bunyan nace en Londres en 1945. Desde pequeña estuvo interesada por el mundo del arte, lo que le llevaría, ya más adulta, a matricularse en la escuela de dibujo y bellas artes de la Universidad de Oxford. El carácter rebelde de Vashti no se adaptaría a la exigencias del mundo universitario inglés, por lo que acabaría siendo expulsada de Oxford tras faltar a clase de manera reiterada. Con 18 años viaja a Estados Unidos, donde conocerá la música de Bob Dylan, "The Freewheelin' Bob Dylan" le cambiaría la vida, fue un disco que supuso el empujón definitivo que le haría abandonar todo para dedicarse a la música. De regreso a Londres sería descubierta por el manager de los mismísimos Stones, Andrew Loog Oldham, quien le propondría grabar su primer single en el año 1965, se trata de "Some Things Just Stick In Your Mind", un tema escrito por Jagger y Richards; en la cara B figuraría un corte compuesto por la propia Vashti, "I Want To Be Alone". A este primer trabajo le seguiría un segundo single titulado "Train Song", que al igual que el primero de sus singles tendría una tibia acogida. En 1967 Vashti Bunyan graba algunos temas propios para Inmediate, los cuales quedarán olvidados en algún cajón de la compañía, y hará una breve aparición en el documental "Tonite Let's All Make Love in London"; la compositora empieza a plantearse su futuro en un mercado, el discográfico, lleno de intereses y de injusticias, comienza a fraguarse la gran escapada. Un buen día, harta de un mundo que no le aporta nada y cansada de ser un títere de una industria que siente que no la representa ni la respeta, Vashti decide emprender un largo viaje, en su estrambótico plan contará con la compañía de su novio y un perro, todos juntos montarán en un carromato tirado por un caballo y partirán camino a las escocesas Islas Hébridas, el destino: la comuna planeada por el cantante Donovan en aquel territorio. Aquella comunidad no era sino una utopía que acabaría fracasando, el compositor pretendía repoblar las abandonadas casas de los colonos de las islas de Skye con músicos y artistas. A lo largo de este viaje de dos años de duración se gestará el primer y único disco de Vashti Bunyan (hasta su regreso al mundo de la música, ya a comienzos del siglo XXI), el brillante, mágico e hipnótico "Just Another Diamond Day".

Durante un descanso de lo que podríamos considerar el viaje más hippie de todos los tiempos, Vashti conoce a través de un amigo común, al productor Joe Boyd, célebre por trabajar con músicos de la talla de Nick Drake, Richard Thompson, o la Incredible String Band. Seducido por el periplo de Vashti, Boyd le propone a la compositora grabar un LP con las canciones que han ido naciendo a lo largo del trayecto. En 1969, Vashti Bunyan regresa a Londres y comienza a grabar su legendario disco. En las tareas de grabación le acompañarán músicos de primer nivel, como es el caso de Simon Nicol y Dave Swarbrick, ambos componentes de Fairport Convention, Robin Williamson, de The Incredible String Band, o Robert Kirby, encargado de los arreglos de cuerda en los dos primeros discos de Nick Drake; sin duda, todo un dream team del folk de finales de los sesenta. "Just Another Diamond Day" vería la luz en Phillips, recibiendo cálidas críticas a finales del año 1970, a pesar de ello no consiguiría hacerse con el beneplácito del público, lo que llevaría, entre otras cosas, a Vashti a abandonar su carrera musical. Cuando "Just Another Diamond Day" comienza a girar uno sólo puede sorprenderse por el olfato que tenía Joe Boyd como productor, su trabajo en este disco es sencillamente impecable, y buena muestra de ello la tenemos con la cancion que abre el LP, "Diamond Day", pura magia, con algunos de los mejores arreglos del folk de finales de los sesenta y principios de los setenta; simples pero efectivos. El resultado es un disco bucólico, pastoral, un conjunto de canciones que tienen el poder de hacernos soñar, de transportarnos a esa campiña británica en la que todo era posible. Los arreglos, sutiles y delicados, otorgan todo el protagonismo a la voz de Vashti, ésto, unido a la ausencia casi absoluta de percusión, conforma una atmósfera evocadora y mágica, atemporal y frágil; como la voz de la propia Vashti. La mayoría de los cortes del disco apenas superan los dos minutos de duración, muchos ni llegan, y se comportan como un híbrido perfecto entre nanas y canciones tradicionales. Quizás eso sea lo más maravilloso de todo, cómo esta joven, que soñaba con ser una estrella del pop de la mano de uno de los managers más demandados del momento, acaba explorando su mundo interior y disfrutando de una experiencia única y transgresora que le lleva a revelarse como una enorme cantante de folk. Canciones como "Lily Pond", "Where I Like to Stand" o "Come Wind Come Rain" son el paradigma perfecto de este disco, canciones que el público acabaría ignorando por considerarlas infantiles, pero con una capacidad ensoñadora fuera de lo común. En algunas ocasiones te topas con discos que emanan algo único, que son capaces de captar algo irrepetible, un instante de brillantez interpretativa impresionante, "Just Another Diamond Day" es uno de esos discos. Uno tiene la sensación de que la química entre Vashti y los músicos es total, y que todos se encuentran especialmente inspirados, para ello basta escuchar cortes como "Swallow Song", con unos arreglos de cuerda extraordinarios, una evocadora fábula acerca del otoño que ríete tú de las Estaciones de Vivaldi. Las letras de Vashti Bunyan hablan de las estaciones, de la lluvia, de animales, de los árboles, de ríos, de montañas; las letras de Vashti Bunyan son la guía perfecta de un viaje misterioso e irrepetible. Gracias a ellas, y a la fascinante música que las acompaña, uno tiene la sensación de estar subido a ese carromato, compartiendo espacio con el perro y sintiendo los aromas y los sonidos de ese paisaje en el que la libertad parecía un sueño al alcance de la mano. La reedición en CD que hizo Spinney cuenta con 4 bonus tracks, se trata de la cara B del single de 1966 "Train Song", "Love Song", dos acetatos inéditos, "I'd Like to Walk Around in your Mind" y "Winter is Blue", y una versión diferente de "Iris Song" titulada "Iris's Song for Us" grabada en 1969; cuatro temas, que si bien mantienen cierto nivel, palidecen al lado de cualquiera de los cortes de "Just Another Diamond Day". Entre mis favoritas del LP me gustaría destacar "Diamond Day", "Timothy Grub", "Swallow Song", "Rose Hip November" y "Jog Along Bess"; hermosas y evocadoras hasta la mismísima lágrima.
     
Al poco tiempo de publicarse su primer LP Vashti se dio cuenta de que se había quedado embarazada, entonces sus sueños sufrieron un fuerte revés. Ella y su pareja tuvieron que regresar a Londres para el nacimiento del bebé, tras el cual se convirtieron en unos auténticos sin techo. Existían dos opciones, permanecer en la capital inglesa para promocionar el disco o mudarse con el niño a las cabañas que los componentes de The Incredible String Band tenían en la costa escocesa, y que hacían las veces de cuartel general de la mítica banda de folk. Desanimada ante el fracaso de su disco, Vashti Bunyan, junto a su hijo Leif y su pareja Robert, pone rumbo a Escocia y decide abandonar el mundo de la música. Durante los siguientes 30 años Vashti Bunyan se dedica a criar a sus tres hijos, rodeada de la naturaleza y de los animales que tanto ha necesitado en su vida, alejada de la industria musical y ajena al influjo que su figura y su disco empezaba a ejercer sobre una nueva generación de músicos y de aficionados. "Just Another Diamond Day" se convirtió con el paso de los años en un disco de culto, ironías de nuestra querida industria musical, hasta el punto de que un coleccionista pagaría en eBay más de 2000 dólares por una copia. Ya en el año 2000 vería la luz la edición en CD, con varios extras, del LP, que serviría para dar a conocer de nuevo a la artista al gran público en una especie de segunda oportunidad; a veces las segundas partes funcionan y el destino, siempre caprichoso como hemos visto en este blog con frecuencia, le reservaba una grata sorpresa a la dulce Vashti. Pronto surge un pelotón de músicos que adoran a Vashti, y que la reclaman para colaborar en sus discos, la lista va desde el estrambótico Devendra Banhart, hasta la virtuosa Joanna Newsom, pasando por los eclécticos Animal Collective. El nombre de Vashti Bunyan está cada vez en más bocas, la crítica la recupera, el público la redescubre, y la inevitable inercia de este negocio la coloca en el disparadero para grabar su segundo disco, "Lookaftering"; habían tenido que transcurrir para ello 35 años. Desde entonces la compositora londinense ha emprendido varias giras y ha colaborado en un sinfín de proyectos, en 2007 aparecería además un recopilatorio de sus singles, junto con demos y canciones inéditas, todo ello grabado entre 1964 y 1967, bajo el título de "Some Things Just Stick in Your Mind". Finalmente la historia ponía en su sitio a Vashti Bunyan, una tímida jovencita de la que quisieron hacer un icono pop del Swingin' London y que acabaría convirtiéndose en una talentosa compositora de folk, gracias a un viaje que cambiaría para siempre su vida.

Llegamos al final de la entrada y, como de costumbre, os dejo unos enlaces cuya visita recomiendo encarecidamamente, haced un esfuerzo, que esta vez son poquitos. Primero los oficiales, Myspace (qué poquita vida te queda, compañero...) y web de Vashti Bunyan, y a continuación una reseña de "Just Another Diamond Day" en Pitchfork y dos especiales dedicados a la compositora, uno en Perfect Sound Forever, aparecido en 2005, y otro en la revista Ptolemaic Terrascope, con fecha de 2001; eso sí, a desempolvar el inglés que aprendimos con Muzzy, chicos. Como podréis imaginar, ha sido complicado encontrar videos de Vashti Bunyan, sobre todo de la época en la que grabó su mítico LP, un tiempo en que se mostraba esquiva y escéptica con la industria discográfica. A pesar de ello me he decantado por un video de BBC Collective, que muestra a Vashti hoy en día en su casa, interpretando algunos temas y contándonos detalles acerca de su carrera y su vida. Además para que toméis contacto con el disco he insertado dos reproductores donde podréis escuchar las canciones "Diamond Day" y "Rose Hip November". Espero que os guste.



VASHTI BUNYAN- JUST ANOTHER DIAMOND DAY




WEB OFICIAL DE VASHTI BUNYAN

MYSPACE DE VASHTI BUNYAN 

RESEÑA DE JUST ANOTHER DIAMOND DAY EN PITCHFORK

ENTREVISTA A VASHTI BUNYAN EN PERFECT SOUND FOREVER

VASHTI BUNYAN EN PTOLEMAIC TERRASCOPE

sábado, 28 de enero de 2012

Josh T. Pearson- Last of the Country Gentlemen (2011)

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Comencé el 2012 de la misma manera en que lo terminé: sin internet. Tras unas cuantas semanas, que sirvieron para poner a prueba mis nervios, conseguí que me restituyesen la conexión, para ello fueron necesarios más de quince días de mentiras y de mareantes conversaciones telefónicas que me hicieron sentir realmente desprotegido y vulnerable ante las compañías de telecomunicaciones de este país. Tras este dantesco episodio, propio de esta España de charanga y pandereta que nos ha tocado vivir, el FBI cierra Megaupload, y con él se van la práctica totalidad de los enlaces que tenía alojados en este blog. Días más tarde fallece Etta James (de lo de Fraga ni hablamos ¿no?), carismática leyenda de la música negra a quien en su día le abrimos de par en par las puertas de Rainy Day Music. ¿Y ahora también os reís de la profecía maya? Os pregunto, parafraseando a un twittero que recientemente ironizaba sobre la caída de Megaupload. Nuestros rutilantes y recién estrenados mandatarios nos auguran para este año que acaba de comenzar un panorama desolador; es curioso cómo quienes no pronosticaron la crisis en su día son capaces ahora de predecir los movimientos económicos de los próximos dos, e incluso tres, años. Y por cierto, siguen cerrando blogs amigos, el último en caer ha sido Bienvenidos a la Monga, una bitácora musical de lo más ecléctico capitaneada con todo el mimo y el cariño del mundo por unos magníficos compañeros, a los que les envío toda mi fuerza y mis mejores deseos en forma de fuerte abrazo, ánimo. Visto este panorama (y mejor no os hablo de mi mudanza ni de mis accidentes domésticos...) todo parece indicar que nos hallamos ante un año bastante antipático, pero yo no soy adivino, como nuestros queridos políticos, y desconozco las alegrías y las penas que me reserva este 2012 que aún huele a cava y mazapán.  Mi propósito, un año más, es ser feliz, lo cual os deseo de todo corazón a quienes visitáis esta humilde bitácora, una empresa complicada dados los tiempos que corren y el altísimo precio al que cotiza la felicidad; un bien escaso, cuyas mieles no son suficientes para alimentar a gran parte de la población. Nos queda por lo tanto ser felices con los pequeños detalles, con los gestos que muchas veces pasan desapercibidos: sonrisas, abrazos y besos que si bien no nos ayudan a llegar a fin de mes sí que contribuyen a hacer más placentero nuestro breve paseo por este mundo. Y nos queda, como siempre, la música, esa vieja compañera que lleva dibujándonos sonrisas desde tiempos inmemorables, un arma que potencia nuestra imaginación, nuestros sueños, que alimenta nuestra alma; un bien intangible al que jamás podrán poner nota ni Standard and Poor's ni Fitch. De eso precisamente es de lo que hablamos aquí en Rainy Day Music, de música, de sueños, de sentimientos, y lo hacemos por puro placer, por una necesidad que nos empuja a compartir con los demás aquello que nos emociona. No sé si este blog será el próximo en caer, ya os comenté en el anterior post que últimamente ando obsesionado con esa idea, pero lo que está claro es que nadie nos hará sentir como unos delincuentes por dedicar nuestro tiempo, e incluso nuestro propio dinero, a aquello que más amamos. Se avecinan tiempos difíciles, de eso no me cabe la menor duda, y lo mejor que podemos hacer es esperarlos con una sonrisa en los labios y escuchando un buen disco, reivindicando nuestro derecho a ser felices; ése que nos quieren arrebatar con sus políticas basadas en el miedo y en la coacción. Este 2012 quiero abrir fuego con un disco difícil, muy difícil, un trabajo que no deja a nadie indiferente, un ejercicio de exorcismo sentimental, uno de los discos más crudos y melancólicos de cuantos se han grabado jamás, hiel hecha poesía. Amigos "pluviófilos", dad la bienvenida a uno de los trabajos más desasosegantemente bellos de todos los tiempos, un clásico instantáneo no exento de controversia, "Last of the Country Gentlemen" del inclasificable Josh T. Pearson. Os guste o no, no olvidéis sonreir.

A Josh T. Pearson se le conocía en el circuito musical por ser componente de la banda Lift to Experience, una formación de culto, atípica, como todo lo que hace este texano, que se formó en 1996 y que sólo grabó un EP, un single y un doble LP que ha acabado convirtiéndose en objeto de culto, "The Texas-Jerusalem Crossroads". En 2001 la banda se separa y nuestro atormentado trovador comienza a girar en solitario, es el pistoletazo de salida a una carrera de fondo, una década en la que sólo verán la luz una grabación oficial en directo titulada "To Hull and Back", y un tema que figurará en una de las caras de un single compartido con la banda australiana Dirty Three, se trata de una versión del clásico de Hank Williams "I'm so Lonesome I Could Cry"; el único tema que grabaría en un estudio en 10 años. Josh se lo toma con calma a la hora de grabar, pero no para de tocar y de colaborar con otras formaciones, es el caso de Bat for Lashes, en cuyo debut figura en dos temas en el apartado vocal, o My Bloody Valentine, a quienes acompañará durante el tour de refundación de la banda en 2009. Más tarde se desplazará a París, donde tocará en un nightclub junto a otros músicos, finalmente abandonará la Ciudad de la luz para instalarse en Berlín, donde en un doloroso parto dará forma a su puesta de largo discográfica: "Last of the Country Gentlemen", editado por Mute Records en 2011. Grabado durante dos noches, el disco se compone de siete temas (ocho en la rodaja vinílica de este artefacto) , de los cuales cuatro superan los 10 minutos de duración, la estructura no puede ser más simple: voz y guitarra, sin artificios, sin trampa ni cartón.

No sé hasta qué punto se puede hablar de "Last of the Country Gentlemen" como un album conceptual, ya que todo en él gira en torno a la ruptura matrimonial de Josh T. Pearson. Un naufragio emocional que dejaría abatido a nuestro vaquero barbudo, que decidiría exorcizar todos sus demonios de la única manera en que sabe hacerlo, componiendo canciones. Pearson se decidió a grabar el disco tras un largo período de observación, durante el cual fue percatándose del efecto que estas canciones causaban en el público cada vez que las interprtetaba en sus directos, la gente se quedaba conmocionada, lo que le llevó a la conclusión de que existía una identificación por parte de la audiencia con sus historias de desamor y de dolor; quien más, quien menos, ha pasado por algo semejante, y si no es así que se considere afortunado. Si hay un adjetivo que defina a la perfección el debut en solitario de Josh T. Pearson ese es doloroso, el propio músico ha contado en más de una ocasión el penoso estado en que se encontraba tras grabar cada una de las dos sesiones en que se estructuró el album, su sufrimiento fue tal que al regresar a París estuvo seis meses sin apenas salir de la cama. A día de hoy Pearson no es capaz de escuchar su propio disco, al menos no por placer, y la carga emocional que implica interpretar sus canciones en directo le resulta prácticamente insoportable. El precio que ha pagado el cantante texano al modelar una obra como "Last of the Country Gentlemen" es altísimo, no sólo en lo personal sino también en lo comercial, casi podríamos hablar de un disco que se autocondena al ostracismo, un disco lleno de aristas e incómodo por su honestidad, un disco que difícilmente sonará en alguna emisora de radio. La búsqueda de la perfección linda con la obsesión en el caso de Pearson, ya dejó muestras de ello con Lift to Experience, cuyo LP rehizo hasta la saciedad, tomándose cinco años de tiempo hasta decidir que estaba perfectamente pulido. Esa misma obsesión le ha acompañado en su debut como solista, cuyas canciones ha madurado durante años antes de tomar la decisión de encerrarse en un estudio. Para entender la música de Josh T. Pearson es necesario conocer su relación con Dios, una relación muy pronunciada y presente en las letras de sus canciones, aunque no exenta de sus particulares crisis. El padre de Pearson era predicador, una circunstancia que marcó profundamente su infancia, una niñez estricta, alejada del mundo lúdico y relajado de otros menores. Su vida ha estado muy ligada a la fe, pero no entendida como un cristiano militante o fundamentalista sino más bien como un instrumento de salvación, una fe que le ayuda a ser mejor persona y que tira fuerte de sus brazos cuando está a punto de ahogarse en los pozos más profundos. Por ello cada uno de los cortes de "Last of the Country Gentlemen" puede interpretarse como un salmo, cánticos que cabalgan entre la amargura y el dolor pero sin cerrar la puerta a la esperanza, dejando una pequeña rendija para que entre un haz de luz capaz de mantenernos vivos.

"Don't cry for me baby, you'll learn to live without me, don't cry for me baby, i'll learn to live without you", así se abre el disco, con "Thou Art Loosed"; se puede decir más alto, pero no más claro. El nylon de la guitarra de Pearson entona su nana y respira trazando ritmos elípticos e hipnóticos, esa va a ser la tónica habitual de "Last of the Country Gentlemen", la voz desgarrada de barítono con vegetaciones del texano y la sola compañía de su guitarra, la verdad más absoluta de cuantas se pueden cantar. La técnica de Pearson se mueve entre el caos y el virtuosismo, hasta el punto de que uno no sabe si está improvisando cada nota o si por el contrario nos hallamos ante un innovador de la rítmica y de la métrica. Si no se te eriza el vello con "Sweetheart I Ain't Your Christ" es que tienes un verdadero problema, eso o te han cambiado el corazón por una piedra pómez. Droga dura, eso es el segundo corte del LP, casi 12 minutos de poesía escrita e interpretada desde las cañerías del alma, aquellas a las que no llega ningún producto de limpieza. Ver girar el disco y disfrutar de los silencios de esta cancion es un lujo, silencios plenos de contenido, segundos robados al tiempo que se integran perfectamente en la canción. La autoflagelación de Pearson es cíclica, y le lleva a volver al punto de partida, a repetir la letra como un mantra, así hasta quedar satisfecho o tal vez exhausto ante tanto dolor. La desnudez de Pearson es absoluta, tan sincera que a veces resulta intimidatoria, el artista y la persona quedan expuestos con una honestidad brutal; eso es lo que hace tan difícil para el músico interpretar sus canciones en directo, porque se siente tremendamente vulnerable. Si hay un tema que refleje esta circunstancia ese es "Woman when I've Raised Hell", una canción dura, un enfrentamiento cara a cara con las miserias que todos nos empeñamos en esconder bajo la alfombra. Un ejemplo: "Honestly, why can't you just let it be, and let me quietly drink myself to sleep. I said honestly, it's not what it appears to be but only memories that ain't got shit to do without you"; ahora desempolvad el viejo Collins e intentad digerir este puñetazo en el estómago. Un sutil acompañamiento de cuerdas pone el contrapunto delicado y exquisito a este tercer corte del disco. Las cuerdas aparecen de nuevo en el siguiente tema, "Honeymoon's Great, Wish You Were Her", 13 minutazos de épica acústica, 780 segundos de descarnada lírica, una de las canciones más conmovedoras, melancólicas y crudas de todos los tiempos, sí, habéis leído bien, de todos los tiempos. "Hell knows what any of this means, Heaven knows a man can’t control his dreams God knows I ain’t no Christ and Christ knows I’d never dream of harmin’ my wife And yeah the honeymoon’s great, but I wish that she were her"; ahí lo tenéis: el sentimiento de culpa judeocristiano. Una auténtica crisis de pareja y de identidad que perfectamente habría firmado el mismísimo Raymond Carver, pero lamentablemente para el bueno de Josh esto no es ficción, es su vida y está volando en pedazos. Sin duda, estamos ante uno de los momentos álgidos del disco, llanto contenido capeado por un magnífico acompañamiento de cuerdas y por los silencios, otra vez los silencios. "Sorry with a Song" es otro de los platos fuertes confesionales del album, un mea culpa sin adulterar, Josh se sincera sin esconderse, sin caer en tópicos ni en clichés románticos, aceptando sus errores sin autocompasión, sin escatirmar un gramo de crudeza. Guitarra y voz, nada más, y nada menos. Una voz que por momentos se apaga, un aliento que se empapa de lágrimas, una guitarra que es capaz de emocionarnos con su ritmo asincopado y su desordenado lamento. "Country Dumb" es el sexto tema del disco, es posible que a estas alturas algunos ya hayan abandonado, pero estoy seguro de que quienes no hayáis arrojado la toalla estaréis ante una de las experiencias más impactantes (musicalmente hablando, se entiende) de vuestras vidas. Podríamos decir que este sexto corte es uno de los temas más accesibles del LP, una canción que vuelve a apostar por unas cuerdas que la arropan y la miman, confiriéndole la forma de una preciosa nana, de más de 10 minutos de duración, capaz de emocionarnos. "Last of the Country Gentlemen" está incluída en la edición en vinilo del LP, que viene acompañada además de una copia en CD del album, cuenta de nuevo con las cuerdas de Warren Ellis (miembro de Dirty Three, Nick Cave and the Bad Seeds y Grinderman) y muestra a un Pearson susurrante, antesala del mántrico punto y final que supone "Drive Her Out", en la que el atormentado texano suplica una y otra vez, a algo o a alguien, que le ayude a sacarse de la mente a esa mujer que le está arrancando la vida. Es el único tema del disco en el que se pueden oír coros y un piano, el fin de fiesta perfecto a este despliegue de emociones y dolor que es "Last of the Country Gentlemen".

Supongo que habréis llegado a este parrafo final exhaustos, no es para menos, hoy os he servido una buena ración de droga dura, acompañada de un texto denso y extenso; si todavía estáis ahí sólo me queda felicitaros y daros las gracias. Como premio, si es que queréis más, os dejo una amplia selección de enlaces y unos videos. Además de las webs oficiales de Josh T. Pearson (visitad la web oficial del cantante para encontrar las letras de las canciones; indispensable para disfrutar del disco), os recomiendo la reseña y la entrevista que le hicieron en Rock de Lux, junto con el interesante artículo que le dedicó El País, y además, para los que amáis la lengua de Shakespeare, también os he dejado un link a la reseña que se hace del disco en la web de la BBC. Especialmente interesante es el post que le dedicó a este disco mi buen amigo Chals, habitual de estos pagos y bloguero de pro, que se adelantó a su tiempo ponderando las virtudes de este disco nada más salir a la calle; enhorabuena por tu entrada, compañero; y a vosotros, os recomiendo encarecidamente que visitéis la Route de Chals, un blog imprescindible. Cerramos los enlaces con la sesión que el hirsuto texano grabó para Daytrotter, muy recomendable. En cuanto a los videos, encontraréis a Josh interpretando "Woman When I've Raised Hell" en una sesíon para una radio de Dijon , acompañado del pianista Dustin O'Halloran, Pearson raya la perfección cantando "Country Dumb", y por último, un tercer video muestra la sesión que el músico grabó para la Blogothèque, una de las mejores de la serie Concerts à emporter, en la que todo parece detenerse al paso del inquietante y conmnovedor Josh T. Pearson. Espero que os guste.


JOSH T. PEARSON- LAST OF THE COUNTRY GENTLEMEN



WEB OFICIAL DE JOSH T. PEARSON


MYSPACE DE JOSH T. PEARSON

JOSH T. PEARSON EN LA WEB DE MUTE RECORDS



RESEÑA DE LAST OF THE COUNTRY GENTLEMEN EN ROCK DE LUX

RESEÑA DE LAST OF THE COUNTRY GENTLEMEN EN LA WEB DE LA BBC

ARTÍCULO SOBRE JOSH T. PEARSON EN EL PAÍS



ENTREVISTA A JOSH T. PEARSON EN ROCK DE LUX

POST DEDICADO A JOSH T. PEARSON EN ROUTE AMERICANA


JOSH T. PEARSON EN DAYTROTTER SESSIONS


viernes, 11 de noviembre de 2011

Damien Jurado- Saint Barlett (2010)

ImageOcurrió la semana pasada, un día de intensa lluvia. Cortaron la calle e irrumpieron con los insoportables ruidos de sus máquinas en nuestras casas, su efecto narcótico nos preparaba para lo que iba a ocurrir. Estuvieron toda la mañana recorriendo la calle, número por número, deteniéndose en aquellos ejemplares que consideraban que necesitaban una intervención. Desde mi ventana, observaba la escena inquieto, aguardando a que llegase nuestro turno. Pasadas unas horas aparecieron los primeros indicios de su presencia, tan cercana que resultaba intimidatoria, tan violenta que cortaba la respiración. Abrí la ventana y lo vi allí, a escasos dos metros de mi casa, pude ver a aquel tipo subido en ese armatoste, sin ningún tipo de protección, burlándose del sentido común y de la mismísima muerte. Le miré a la cara, él no me devolvió la mirada. No pude soportar la escena y aturdido por el ensordecedor ruido cerré la ventana. Se escucharon fuertes golpes, pronto intuí que se estaba desplomando. Cuando cesó el estrépito abrí de nuevo la ventana, lo que vi me sobrecogió: lo habían talado de raíz. Con la excusa de realizar unas rutinarias tareas de poda, aquellos sicarios de la motosierra se habían llevado por delante al pino que teníamos en frente de casa, un noble compañero cuyas ramas casi podía tocar desde mi dormitorio. Os aseguro que nunca he sido un ecologista a ultranza, pero en este caso no hablamos de un simple árbol, hablamos de sentimientos. Vivo en la que fue casa de mis abuelos paternos y ese pino siempre estuvo allí, observó cómplice cómo devoraba a la vuelta del colegio mi bocadillo de mortadela, asistió boquiabierto a la goleada que España le infligió a Malta, 12 goles 12, se aburrió junto a mí en aquellas interminables tardes de toros, se rió y se enamoró conmigo, y lloró cada vez que uno de los miembros de este hogar nos decía adiós. Cada vez que pienso en esta casa veo ese pino, un árbol humilde y leal que nos ha protegido de los curiosos y que nos ha proporcionado durante décadas la dosis exacta de sombra. Ahora miro por la desnuda ventana y me siento como L.B. Jeffries, observando a mis vecinos dominicanos que se pasan el día conectados a Facebook y escuchando reggaeton. Como sólo una buena compañera es capaz de hacer, A. me tranquilizó diciéndome que tal vez el pino estuviese enfermo, pero pensé que incluso un caballo con las cuatro patas rotas tiene un final más digno. A los pocos minutos su cadáver yacía a lomos de un camión, por más que lo miraba no podía hacerme a la idea de que nunca más vería su silueta, de que jamás me volverían a despertar en verano los pájaros que se posaban en sus ramas, aquellos a los que había deseado apedrear tantas veces y que ahora tanto echaré de menos. Buena suerte compañero, allá donde estés, ojalá tu reencarnación sea digna, y tu añeja madera se transforme en las hojas, o el lapicero con el que escribir una buena historia.

Poco después de perder a mi viejo árbol, me vino a la cabeza la portada de "Saint Bartlett", el, hasta la fecha, último trabajo de estudio de Damien Jurado, su poético paisaje, con esa vegetación humilde en primer plano y los árboles gigantescos de telón de fondo me resultó reconfortante; hoy quiero compartirlo con vosotros. Mucho se ha dicho acerca de Damien Jurado, a quien la crítica no tardó en colocar esa extraña etiqueta de urban folk songwriter, que sigo sin saber muy bien qué quiere decir. Su carrera comienza a mediados de los noventa, fruto de la autoproducción a través de cintas de cassette que veían la luz mediante su propio sello, Casa Recordings. Será Jeremy Enigk, cantante de la banda Sunny Day Real Estate, quien levante la liebre y ponga en contacto al compositor de Seattle con su sello, Sub Pop, dando así comienzo a una prolífica carrera en la que han visto la luz una decena de discos de estudio, junto a un sinfín de EP's, singles y colaboraciones en recopilatorios. Damien Jurado es un tipo con una sensibilidad exquisita, que se sirve de la música, especialmente de las letras, para expiar sus pecados y exorcizar sus fantasmas. Su físico ha sido comparado a menudo con el de John Goodman, con quien tiene en común ese aire de tipo bonachón, aunque de mirada inquietante, una mezcla de yerno perfecto y muchacho atormentado. Su música ha transitado por diferentes paisajes, desde los eléctricos más desasosegantes hasta los acústicos más íntimos, mostrándose siempre partidario de la experimentación sonora, dotando a sus trabajos de curiosos efectos que contribuyen a cargar de significado las canciones. Sus discos han sido producidos por músicos y amigos, como Ken Stringfellow, aunque parece que junto a Richard Swift ha encontrado esa paz interior que tanto necesitaba para explotar como el buen escritor de canciones que es. Precisamente Swift es el productor de "Saint Bartlett", un disco que vio la luz en 2010 cobijado por el sello Secretly Canadian, encargado de alumbrar sus cinco últimos trabajos. "Saint Bartlett" se grabó en el transcurso de una semana, y nos descubre a un Damien Jurado más luminoso, liberado de ese peso que parecía atormentarle en algunos de sus discos anteriores, un compositor que se abre sin miedo a tiempos y propuestas más cercanas al pop convencional, aunque sin renunciar para ello a su particular manera de entender la música. Su voz es especial, diferente, de una fragilidad conmovedora, cercana en ocasiones a Vic Chesnutt; Damien Jurado no pretende cantar bien sino transmitir de la manera más honesta posible sus sentimientos, tal y como en su día hicieran Bob Dylan, Neil Young o Lou Reed. Sus canciones funcionan como historias cortas que consiguen atrapar al oyente, melodías impregnadas de un halo literario que a menudo le han valido comparaciones con el gran Raymond Carver. La crítica saludó a "Saint Bartlett" como un disco rompedor dentro de la carrera de Damien Jurado, ciertamente se puede hablar de un trabajo en el que se ha apostado por una mayor orquestación, aunque sin abandonar ese minimalismo acústico que tan bien le sienta al de Seattle. Sea como fuere, podemos afirmar que es uno de sus mejores trabajos hasta la fecha, y si no me creéis dejaos arrastrar por la magia de "Cloudy Shoes", "Arkansas", Rachel & Cali" o "Beacon Hill", cuatro de mis canciones favoritas del abum.

Si queréis más información podéis completar la entrada con una buena ración de enlaces. En primer lugar: web oficial y Myspace de Damien Jurado, acompañados del apartado que le han dedicado en la web de Secretly Canadian. Y para continuar: dos reseñas del album, una en lengua culta en Jenesaispop, y la otra en la lengua del Imperio Británico en Pitchfork, y por si esto fuera poco, podéis disfrutar de una entrevista, también en castellano antiguo, en Muzikalia, y de la magnífica sesión que Damien Jurado grabó para Daytrotter. En el apartado de videos, os dejo tres elecciones: 1- la oficial, el videoclip de "Arkansas", tal y como suena en el disco, 2- la banda, Damien y los suyos interpretando "Rachel & Cali" en una sesión para la emisora de Seattle KEXP y 3- la minimal, el Damien Jurado más íntimo tocando para los Tiny Desk Concerts de la NPR, donde interpreta tres temas del disco ("Cloudy Shoes", "Arkansas" y "Beacon Hill") y un corte inédito ("Newspaper Gown"). Espero que os guste.

DAMIEN JURADO- SAINT BARTLETT

WEB OFICIAL DE DAMIEN JURADO

MYSPACE DE DAMIEN JURADO

DAMIEN JURADO EN SECRETLY CANADIAN

RESEÑA DE SAINT BARTLETT EN JENESAISPOP

RESEÑA DE SAINT BARTLETT EN PITCHFORK

ENTREVISTA A DAMIEN JURADO EN MUZIKALIA


DAMIEN JURADO EN DAYTROTTER SESSIONS

jueves, 22 de septiembre de 2011

Laura Gibson- Beasts of Seasons (2009)

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Si hay un sabor que evoque mi infancia y dibuje una sonrisa en mi cara, ése es el de la mortadela con tomate Orlando; permitidme la publicidad, pero es que los datos han de ser exactos para conseguir el efecto deseado. Recuerdo la llegada a casa de mis abuelos, la tele encendida, los besos en la mejilla y el agujero en el estómago; si cierro los ojos puedo verlo todo, como si fuera ahora mismo, incluso puedo ver a los que ya se han ido, y todo es gracias a ese mágico bocata. Es increíble cómo funciona nuestra memoria, cómo crea esos links que te conducen velozmente a un lugar del pasado a través de un sonido, un sabor o un aroma determinado. Hablando de sonidos, hay una voz, que hace poco volví a escuchar en la tele, que me conduce a esa entrañable franja de edad que uno disfruta entre los 10 y los 14 años; probablemente el último paraíso de nuestra inocencia antes de que la adolescencia lo eche todo a perder. Me refiero a Ramón Trecet, periodista español relacionado con la prensa musical y la deportiva. Precisamente fue gracias a esta segunda faceta como yo lo conocí, a través del mítico programa de TVE Cerca de las estrellas. Trecet acercó el espectáculo de la NBA a este país, sirviéndonos en bandeja a una legión de prepúberes todo un Olimpo de dioses a los que venerar. Aquello supuso una verdadera revolución, y para mí, que formaba parte del equipo de baloncesto de mi colegio, aquel programa se convirtió en todo un catecismo. Para empezar, había que elegir un equipo y un jugador con el que identificarse, algo realmente complicado, ya que sentirse emocionalmente ligado a una ciudad que no conoces es tarea imposible, bueno, eso para quienes no saben soñar.

La mayoría de la chavalería tiraba por el camino fácil: Chicago, Los Ángeles, Boston, Detroit, clásicos de la liga que acostumbraban a jugar las finales allá por los ochenta. Pero qué interés tienen las cosas fáciles, qué placer encuentra en la victoria quien acostumbra a ganar; lo que realmente hacía emocionante aquel tinglado era hacerte de un equipo diferente, uno que en el remoto caso de ganar una liga te iba a dar la alegría de tu vida, al menos así me lo pareció a mí. De modo que analicé bien los uniformes de cada equipo, me interesé en sus escudos y distintivos y situé las ciudades en el mapa, tras analizarlo seriamente decidí hacerme seguidor de los Portland Trailblazers. Como también tenía que identificarme con un jugador, lo hice con una de las estrellas de este equipo, concretamente el número 22, Clyde Drexler, cuyo apellido me pareció fantástico. Y así pasaron nuestros días en aquel campo de cemento, soñando con emular a nuestros ídolos y conseguir un pasaporte que nos catapultase a lo más alto de la NBA, donde el gran Ramón Trecet comentaría nuestras mejores jugadas exclamando aquello de "ale hoooooooooooooooooop". Obviamente nada de aquello ocurrió y poco a poco fuimos abandonando la práctica del baloncesto, algunos antes que otros, para empeñarnos en vivir un mundo de mayores que todavía no nos pertenecía, sin ser conscientes del dolor y de la frustración que acechaban a la vuelta de la esquina. Pero a mí, que cuando empiezo un libro o una película tengo que terminarlos, por muy malos que sean o por mucho que me disgusten, no se me iba a pasar aquello así como así, yo seguí siendo incondicional de los Blazers y seguí venerando a Clyde "The Glide" Drexler. Y no sólo eso, sino que desarrollé una extraña empatía hacia la ciudad de Portland que, a día de hoy, sigo cultivando, siendo ésta una ciudad con la que me identifico y de la que, de alguna manera, me siento ciudadano. Por eso me alegra que el primer español que jugó en la NBA, Fernando Martín, lo hiciese en el equipo de Portland, por el que luego pasarían otros talentos como Sergio Rodríguez o Rudy Fernández, y por eso me encanta descubrir cosas y gentes relacionadas con aquella ciudad a la que pertenecí y que nunca visité. Y así es como he ido descubriendo, en mi militancia melomaníaca, músicos relacionados con esta bella urbe, como por ejemplo The Kingsmen, punta de lanza del sonido Northwest, Defiance, exponentes del punk de tachuelas e himnos cerveceros, The Decemberists, que ya han paseado su vodevil folk por este blog, y por supuesto la dulce dama que hoy quiero presentaros, Laura Gibson, cuya música se ha convertido en la banda sonora perfecta para cerrar los ojos y contemplar en el horizonte la silueta del monte Hood. Cómo, qué vosotros tampoco tenéis equipo en la NBA, no os preocupéis, agarrad mi mano y la de Laura Gibson y venid a Portland, seguro que repetís.

Llama la atención la escasa información que acerca de Laura Gibson se puede encontrar en la red. Esto me facilita el trabajo, ya que no tengo que bucear en un montón de páginas, desempolvar mi rudimentario inglés y hacer un corta-pega mental para hacer mínimamente atractivos todos esos datos. De hecho este post podría terminar aquí, pero me conocéis suficientemente bien y sabéis que no me voy a resistir y que os espera otro ladrillo, sí he vuelto a las andadas, aunque durante poco tiempo; se avecinan tiempos austeros en cuanto a los textos de las entradas, avisados quedáis. Como iba diciendo, me he encontrado con una sorprendente falta de información básica acerca de la formación de esta artista de Portland, así como de sus primeros pasos en la industria. Sólo puedo contaros que la primera referencia discográfica de Laura Gibson que he encontrado es el mini-LP "Amends", una grabación autoeditada que data de 2004 y que se compone de seis canciones. Dos años más tarde comienza la relación de Laura Gibson con el sello Hush Records, que ese año editará dos trabajos de la cantautora americana, "Six White Horses", es el primero de ellos. Se trata de un disco grabado en una semana en una residencia victoriana de Sellwood, Oregon, en el que Laura Gibson reinterpreta con su personal estilo seis viejos blues; un álbum encantadoramente amateur, con un sentido de la interpretación muy cercano al acervo popular y con una peculiar selección de instrumentos. El otro disco que verá la luz en 2006 será "If you Come to Greet Me", que muchos consideran el primer gran paso adelante en la carrera de Laura Gibson, su consagración como artista. "If you Come to Greet Me" nos descubre a una intérprete con un registro diferente, que bebe de las grandes damas del jazz vocal clásico, tales como Billie Holiday o Ella Fitzgerald, una autora que apuesta por el minimalismo y que utiliza en su repertorio técnicas de guitarra propias del blues y del folk. Laura Gibson no renuncia a los arreglos orquestales, introduciendo en sus canciones sutiles pinceladas de metales o de cuerdas, que dotan de mayor profundidada a sus composiciones. En este disco estaría acompañada en la parte musical por el núcleo de Norfolk & Western, que arroparían con su savoir faire las creaciones melancólicas y frágiles de la artista de Portland. En 2008, Laura Gibson se embarcaría en una gira como telonera de Colin Meloy, a quien ayudaría más tarde en la grabación de su disco "Colin Meloy sings Sam Cooke". En 2009 verá la luz su segundo trabajo para Hush Records, "Beasts of Seasons".

"Beasts of Seasons" es un disco conmovedoramente bello, triste y melancólico hasta la médula, un disco grabado en una casa con vistas a un cementerio y que la artista divide temáticamente en dos partes: 1- Communion Songs y 2- Funeral Songs. El segundo LP de Gibson para Hush se concibe como un disco compuesto por nueve meditaciones acerca del concepto de mortalidad, pero no nos hallamos ante un disco conceptual ni filosófico, sino más bien ante un conjunto de canciones que guardan cierta semejanza temática, y que funcionan como una reflexión cotidiana y sin grandes ambiciones sobre uno de los temas centrales de la existencia humana: la muerte. Laura Gibson aboga por la tecnología analógica, que dota de mayor naturalidad a sus grabaciones, y muchos de los instrumentos y de los pasajes de "Beasts of Seasons" están grabados en directo. El sonido de ambiente suele jugar un papel importante en las canciones de Gibson, contribuyendo a incrementar la autenticidad de los temas y fomentando la inmediatez de los mismos. A nuestra amiga de Portland le gusta rodearse de sus amistades, y además tiene muy buenos amigos, que colaboran en sus discos; entre los invitados de este álbum podemos encontrar a gente como Laura Veirs, Rachel Blumberg, Nate Query, Adam Selzer o Shelly Short, entre otros. Pero si hay que destacar un elemento de los discos de Laura Gibson, y "Beasts of Seasons" no es una excepción, ése es la voz, esa voz que lo llena todo con su plácida quietud, con su parsimonioso fraseo, con su bella fragilidad. La forma de cantar de Gibson tiene mucho de intuitiva, no hay en ella una técnica especial, ni ha habido un aprendizaje previo, simplemente es un proceso sensitivo, que tiene mucho de autoexploración. Ella misma confiesa que le gusta sentir el sonido en su esternón, así como la vibración de la parte posterior de su garganta cuando canta, como si se tratara de un proceso curativo, casi exorcizante. En cuanto a los arreglos, "Beasts of Seasons" se mantiene fiel a los postulados de su antecesor: sobriedad y minimalismo, sin descuidar la elegancia y la capacidad evocadora. De nuevo, metales y cuerdas pueblan las canciones de la Gibson como discretos habitantes que viven sin causar estruendo en el corazón de cada verso, de cada nota. Buen ejemplo de ello es la canción que abre el disco, "Shadows on Parade", uno de los mejores cortes del álbum, más de siete minutos trufados de sutiles pinceladas instrumentales que resultan tremendamente evocadoras. Otro gran momento del LP llega con "Come by Storm", donde la guitarra de Laura Gibson suena más folkie que nunca, y se deja guiar por un discreto banjo, violines, metales, vibráfonos, y demás instrumentos de mal vivir, de esos que te hacen descender a lo más profundo del alma. "Spirited" es quizás la canción más comercial del disco, y en la que el fraseo de la cantautora de Portland se vuelve más convencional, siendo uno de los escasos momentos del álbum en el que se introducen guitarras eléctricas. "Postures Bent" toma el relevo para brindarnos un pasaje brillante, un lentísimo vals que crece instrumentalmente conforme avanza la canción, cuerdas de nylon irresistibles en los delicados dedos de Laura Gibson. "Funeral Song" es una muestra de la querencia de la Gibson por el folk tradicional, aquellas interpretaciones del período de entreguerras a cargo de músicos aficionados, y que introducían instrumentos caseros como la tabla de lavar o la sierra, presente precisamente en este corte. "Where Have all your Good Words Gone?" no es sólo un reproche, sino también una de las cimas emocionales del disco, un tema con un fantástico e inquietante arreglo de cuerdas. "Sleeper" es el preludio de otro gran momento, una canción en la que el piano cobra gran protagonismmo. Y "Sweet Deception" es otro brillante tema, una composición agridulce, una especie de vals mántrico con exquisitas pinceladas de slide guitar. Por último, "Glory" cierra el disco de manera conmovedora, convirtiéndose en la canción más desnuda del álbum, un tema con unas voces magistrales que le otorgan un fuerte contenido espiritual.

En 2010 Laura Gibson grabó un nuevo disco, en este caso junto a su amigo Ethan Rose, un curioso LP titulado "Bridge Carols" en el que el paisaje cobra un especial protagonismo, un trabajo de experimentación en torno a material inédito de la cantante de Portland, que en ocasiones improvisa partiendo de frases descubiertas en viejos cuadernos o en hojas sueltas. Posteriormente Laura Gibson ha contribuído con su trabajo en recopilatorios benéficos y ha colaborado con compañeros y amigos en diferentes grabaciones, finalmente se ha decidido a lanzar un nuevo trabajo, que llevará por título "La Grande" y que verá la luz gracias a City Slang Records en enero de 2012.

Y de esta manera llegamos al final de esta entrada, no sin antes recomendaros un buen número de links. Por supuesto, la web oficial y el myspace de Laura Gibson, y además el espacio que la página de Hush Records dedica a la artista. También he seleccionado una reseña de "Beasts of Seasons" aparecida en Pitchfork y una entrevista en la web Muzikalia. Y por si esto fuera poco, he ido directamente al turrón y he buscado actuaciones de la Gibson, así que podréis disfrutar de sus sesiones para Playgrrround y para NPR, ambas recomendabilísimas, y no sólo eso, sino que también podéis escuchar la sesión de la cantautora de Portland para las maravillosas Daytrotter Sessions; ¿de verdad alguien os da más por menos? En cuanto al apartado de videos, he elegido dos, uno en el que Laura Gibson interpreta la canción "Funeral" en el cementerio Lone Fir Pioneer de Portland, y otro grabado para They Shoot Music en el que canta "Postures Bent" en una librería de Viena. Ahora sí, mañana a las 9:04 a.m. tendrá lugar el equinoccio de septiembre; adiós verano, deja tu sitio al maravilloso otoño. Espero que os guste.


LAURA GIBSON- BEASTS OF SEASONS



WEB OFICIAL DE LAURA GIBSON

MYSPACE DE LAURA GIBSON

LAURA GIBSON EN HUSH RECORDS

RESEÑA DE BEASTS OF SEASONS EN PITCHFORK


ENTREVISTA A LAURA GIBSON EN MUZIKALIA



LAURA GIBSON EN PLAYGRRROUND

LAURA GIBSON EN TINY DESK CONCERTS DE NPR


LAURA GIBSON EN DAYTROTTER SESSIONS

jueves, 30 de junio de 2011

The Dutchess and The Duke- She's The Dutchess, He's The Duke (2008)

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Hoy quiero dedicarle esta entrada a mi buen amigo Iñaki, lector en la sombra de esta bitácora, que de vez en cuando asoma la patita en los siempre necesarios comentarios que acompañan a cada post. Hace unos meses (realmente ha llovido ya mucho desde entonces) estuvimos juntos en la magna Caesaraugusta compartiendo mesa y mantel, latas de cerveza barata (la más barata, de hecho), festejando la amistad y por supuesto, escuchando discos, ese vicio que jamás podremos desterrar de nuestras pecaminosas vidas. Cuando Iñaki y yo nos juntamos nuestras respectivas ejercen, más si cabe, de santas sufridoras y tienen que aguantar conversaciones interminables acerca de música y músicos, nos ponemos al día acerca de nuevos descubrimientos, reseñamos los últimos conciertos a los que hemos asistido y traficamos con todo tipo de "drogaína" musical; llegamos a ser verdaderamente cargantes, algo que también me ocurre con otros tunantes, como por ejemplo Lobok75, ése sí que es peligroso... Pues bien, estando en mi humilde hogar realicé una pinchada a modo de homenaje a mis insignes invitados donostiarras, y me detuve especialmente en un disco que sabía que le gustaría a mi vicioso colega. Evidentemente no me equivoqué, son muchos años juntos como para saber qué le puede gustar a mi amigo y qué no, el bueno de Iñaki se mostró sorprendido ante tamaña delicia discográfica y prometió hacerse con ella en cuanto se pasase por la guarida de uno de nuestros principales camellos, JC, regente de Bloody Mary y verdadero Pablo Escobar de la droga vinílica en Euskadi. Han pasado, como ya señalaba, muchos meses, y como en nuestras últimas conversaciones no me ha confirmado la adquisición de esta preciada mercancía, algo me hace pensar que se le ha olvidado el nombre de la banda, el título del disco, o ambas cosas; efectos secundarios de la cerveza barata (ojo, la más barata, repito). Aprovecho pues esta dedicatoria para refrescar la memoria de mi querido Iñaki, y de paso compartir con todos vosotros un disco que debería figurar entre lo mejorcito de cuanto se ha grabado en lo que llevamos de siglo XXI ¿Que exagero? Lo siento, cuando algo me apasiona soy así, y este disco me enamoró desde la primera vez que la aguja lo arañó, extrayendo toda la magia que la música puede desprender.

The Dutchess and The Duke nacen en Seattle en torno al año 2007, fruto del apareamiento musical y creativo de Jesse Lortz y Kimberly Morrison, duque y duquesa respectivamente. Amigos desde la adolescencia, compartieron formación desde 2002 como miembros de la banda de garage punk y R&B pantanoso The Flying Dutchman, donde Morrison, única integrante femenino del plantel, era apodada The Dutchess. Tras un breve periplo por distintas formaciones, entre las que figuran los grandísimos Fallouts, donde Kimberly tocó el bajo, Lortz y Morrison se reencontrarán en The Sultanas, banda bajo cuyo nombre editarán un single en el sello Boom Boom Party Records (of Renton), creado por el propio Lortz. Poco más tarde surge la idea de crear un proyecto más estable, será cuando The Dutchess and The Duke vea la luz, un nombre que es un guiño a su etapa en The Flying Dutchmen, y bajo el que grabarán dos LP's y tres singles. La puesta de largo del dúo tendrá lugar tras las buenas críticas que cosechó el single "Reservoir Park", grabado en 2007 en el sello de Lortz, y llevará por título "She's the Dutchess, He's the Duke", un maravilloso compendio de canciones que apuestan por un folk y un r'n'r minimalista y lo-fi, pero sin caer en el ruidismo ni en el amateurismo mal entendido, sino apostando por una producción que nos retrotrae al mágico monoaural de los vinilos de los 60. Desde un principio se comparó al dúo de Seattle con los primeros Stones, y es cierto que el tema "Reservoir Park" podría haber sido incluído perfectamente en el repertorio de "Aftermath" o en el de "Between The Buttons", también se dijo que volvían la vista hacia el Dylan más acústico, incluso se relacionó su sonido y sus armonías vocales con Mimi y Richard Fariña; sea como fuere, esta pareja musical, que no sentimental, consiguió crear uno de los mejores discos de 2008, una joya a la que parece no habérsele concedido toda la atención que merecía, pero que seguro que de aquí a unos años aparecerá en esas odiosas listas de "discos de culto".

¿Qué hace de "She's the Dutchess, He's the Duke" un disco tan especial? Sin duda dos aspectos: la sencillez instrumental y los maravillosos juegos vocales. En muchos de los temas de este disco no encontaréis más instrumentación que dos guitarras acústicas, una pandereta y unas palmas; componer con estos elementos tan básicos un temazo como "Reservoir Park" tiene mucho mérito, muchas bandas de adolescentes con cresta multicolor matarían por sonar tan punk. El disco de debut de The Dutchess and The Duke está grabado en un ocho pistas y rehúye de todo aquello que se acerce levemente a la sobreproducción, sin embargo hace gala de un inteligente uso de las voces, lo que nos regala momentos de una intensidad sobrecogedora, como en el caso de la maravillosa "Strangers", una de mis favoritas, la pegadiza "Back To Me", otra joya de poco más de dos minutos, la oscura "I Am Just a Ghost", o la espléndida "Mary", folk de pata negra con actitud punk. Siempre me ha hecho mucha gracia aquellos grupos que graban cuatro temas en un estudio, otros tres en otro y dos en casa, luego se van a 5000 kilómetros a mezclar el disco y más tarde se meriendan otra kilometrada para producirlo (a ser posible en Nueva York, que siempre suena más "cool"), no entiendo por qué no se simplifican las cosas, por qué tanta ambición y tantas molestias, como si no se pudiese hacer un disco de calidad con menos medios. Lo que verdaderamente importan son las canciones, y cuando éstas se interpretan de manera honesta y sin grandes pretensiones es cuando se suele acertar en la diana; una buena producción puede sacar mucho partido de un tema, incluso puede hacerle triunfar, pero una buena producción nunca salvará a una mala canción. Lo que Jesse Lortz y Kimberly Morrison nos ofrecen son precisamente buenas canciones, temas de una engañosa sencillez que conectan con el oyente a la primera, como si entre los músicos y nosotros se estableciese una extraña complicidad ¿quién puede resistirse a ello? En 2009 The Dutchess and The Duke editaban su segundo LP, titulado "Sunset / Sunrise", y como era de prever el dúo decidió dar un paso adelante con respecto a su debut y ampliar la gama de instrumentos, además de trabajar con mayor ambición en la producción del disco. El resultado es muy bueno, aunque personalmente prefiero su primer disco, ya que éste posee una inmediatez y una frescura que no es tan nítida en el segundo. Sorprendentemente, cuando todos esperábamos nuevo material del dúo, The Dutchess and The Duke decidieron poner fin a su andadura en octubre de 2010, por lo que quienes tuvimos la oportunidad de verlos en directo en la visita que hicieron en mayo del año pasado a nuestro país podemos considerarnos unos afortunados. En la actualidad, Jesse Lortz está enfrascado en un nuevo e interesante proyecto llamado Case Studies, en cuanto a Kimberly Morrison, desconozco su paradero musical, si alguien la ve, díganle que la echamos de menos.

Hoy traigo un montón de links, allá van: en primer lugar el myspace de la banda, eso sí, no esperéis actualizaciones, descansen en paz, a continuación os dejo dos reseñas del disco, una en lengua bárbara, en la web de Pitchfork, y otra en lengua culta, en el magnífico blog amigo Kick Out The Jams, auténtica biblia del garage y del r'n'r actual, gracias Óscar. También he querido recoger un artículo que la revista San Francisco Weekly dedicó a la banda en noviembre de 2011, y una completa entrevista publicada en la web Austin Town Hall. Y por último he incluído dos interesantes enlaces, el primero de ellos a la web de Daytrotter, donde podréis disfrutar de la sesión que el dúo de Seattle grabó en exclusiva para esta web, cuatro canciones que podéis escuchar y descargar para vuestro disfrute, y el segundo de los enlaces os conducirá a la web Luxury Wafers, para quienes The Dutchess and The Duke también grabaron una sesión, de hecho podréis ver dos videos y emocionaros con la magnífica interpretación de "Strangers" que nos regalan Jesse Lortz y Kimberly Morrison en verdadero estado de gracia, además también podéis descargaros mp3 grabados en exclusiva para esta sesión y contemplar un montón de fotografías, no os lo perdáis. Y por último, dos vídeos para cerrar la entrada, como de costumbre, el clip oficial de "Mary" y una actuación en directo en una tienda de discos en la que el dúo interpreta la magnífica "Back To Me". Iñaki, toma nota, ahora ya no tienes excusa, y sí, en Bloody Mary lo venden, al menos lo tienen en su web; estoy convencido de que este disco te va a enganchar de por vida, espero que te haya gustado la entrada. Ah, se me olvidaba, y a los demás visitantes de Rainy Day Music, espero que os guste.


THE DUTCHESS AND THE DUKE- SHE'S THE DUTCHESS, HE'S THE DUKE


MYSPACE DE THE DUTCHESS AND THE DUKE


RESEÑA DE "SHE'S THE DUTCHESS, HE'S THE DUKE" EN PITCHFORK

RESEÑA DE "SHE'S THE DUTCHESS, HE'S THE DUKE" EN KICK OUT THE JAMS


ARTÍCULO DEDICADO A THE DUTCHESS AND THE DUKE EN EL SFW



ENTREVISTA A THE DUTCHESS AND THE DUKE EN LA WEB DE ATH

THE DUTCHESS AND THE DUKE EN DAYTROTTER SESSIONS


THE DUTCHESS AND THE DUKE EN LUXURY WAFERS SESSIONS

sábado, 11 de junio de 2011

Una recomendación: El Brindador

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No se cansan de repetirnos que los tiempos están cambiando, hasta yo mismo lo he proclamado a los cuatro vientos desde esta bitácora, lo que uno no sabe muy bien es hacia dónde ni para qué está mutando nuestra dichosa suerte. Lo que parece evidente es que la libertad cada vez se parece más a un eslogan publicitario, una entelequia al servicio de unos gobernantes a los que no les tiembla el pulso a la hora de recortar derechos y de reconducirnos hacia las cavernas más oscuras de nuestra historia reciente. Hago esta reflexión al hilo de la decisión adoptada por algunos gobiernos de este Viejo Continente de revisar el Tratado de Schengen para así controlar la movilidad por Europa, lo que supondría reinstaurar las fronteras, llevándonos de vuelta al panorama sociopolítico que abandonamos hace casi dos décadas. Cerrarnos en nosotros mismos significaría alimentar nuestros más atávicos miedos y perder la posibilidad de enriquecernos mediante el contacto con otras culturas, impedir la libre circulación de personas por la Unión Europea sería uno de los más dramáticos daños colaterales de cuantos pudiera causar esta crisis, un error de esta envergadura se traduciría en el fracaso de la solidaridad entre pueblos y en el ocaso de la Europa plural. A quienes argumentan que a través de esas fronteras abiertas acceden a nuestros países pobreza y delincuencia, les diría que en primer lugar es muy peligroso generalizar, y puestos a ello observemos la cantidad de delitos cometidos por ciudadanos nacionales de cada estado de la Unión y los cometidos por los residentes extranjeros, y en segundo lugar les recordaría que es una obligación moral ayudar a aquellos que carecen de lo necesario para vivir y que debería ser propio de países civilizados y desarrollados ayudarles a emprender una nueva vida en la que no les faltase lo más elemental. Pero no sólo eso, también me gustaría recordar a los señores Sarkozy y Berlusconi que gracias a la apertura de fronteras y al libre tránsito de personas, un país puede verse afortunado con la presencia de artistas que contribuyen a crear una sociedad más madura, más crítica y mejor formada; quizás sea éso lo que tanto miedo les produce. Y digo ésto porque recientemente un interesantísimo músico procedente de otro país de la Unión se ha instalado en nuestra ciudad, se trata de El Brindador, y hoy me gustaría presentároslo dedicándole esta entrada de Rainy Day Music.

Eric Cihigoyenetche (lo siento pero no volveré a escribir este apellido a lo largo de esta entrada) llegó a Zaragoza procedente de Burdeos, y lo hizo persiguiendo al amor, la verdadera patria de los hombres libres. En Francia había militado en varias formaciones, como por ejemplo People on Holiday o Dollars, pero al aterrizar en nuestra urbe decidió emprender una carrera en solitario bajo el original nombre de El Brindador, convirtiéndose así en uno de los secretos mejor guardados de esta ciudad milenaria. El folk intimista de sus composiciones, junto a una pose entre canalla y melancólica, que le acerca a ese golfo entrañable llamado Gainsbourg, se convertirán en sus señas de identidad. Los acontecimientos se sucederán con rapidez y pronto Eric comenzará a tocar en los locales de Zaragoza, al mismo tiempo que perfila la grabación de una maqueta. Pedro Vizcaíno, cerebro del sello Grabaciones en el Mar, no tardará en fijarse en la personal propuesta de Eric y acabará estrechando su mano como muestra de una colaboración que, hasta la fecha, ha dado sus frutos en forma de dos Imagegrabaciones: un EP homónimo compuesto por tres temas y un mini LP de siete canciones, este último titulado "Weird Stories ". La música de El Brindador destaca por su desnudez, especialmente en el inspiradísimo EP que abre su carrera discográfica, una guitarra acústica y una mínima percusión suelen ser ingredientes más que suficientes con los que fabricar emotivas y elegantes canciones. El Brindador no es un virtuoso guitarrista, ni probablemente lo pretenda, pero se muestra como un interesante músico que huye de los acordes acomodaticios y repetitivos, un compositor interesado en los cambios de ritmo y en los originales arpegios que tanto abundan en sus canciones. La voz de Eric se mueve entre los registros de los cantautores más dramáticos, aquellos próximos a la figura del crooner más melancólico; ecos de Cat Stevens, Neil Young, Jim Croce e incluso de Scott Walker pueden encontrarse en algunos de sus temas, sin olvidar al eterno Nick Drake. No obstante, Eric no es un artista fácil de encasillar y sus canciones se mueven por terrenos heterogéneos que van desde la chanson hasta la psicodelia, pasando por el folk o los sonidos de raíces más americanas. En su primer EP, El Brindador muestra su lado más desnudo, aquel en el que una guitarra acústica y una voz de fuerte personalidad se bastan para cocinar tres maravillosas canciones; entre ellas "The Moonstone", una de sus mejores composiciones. En "Weird Stories", Eric abre su abanico instrumental a escuetos aunque efectivos arreglos, fundamentalmente de cuerdas, que contribuyen a enriquecer sus canciones, para ello contará con la colaboración de Cristian Barros y de Pablo Jiménez, ambos miembros de la inclasificable banda zaragozana Picore. La voz elegante de El Brindador y su inconfundible vibrato nos atrapan irremediablemente en temas como "Forks & Knives", que coquetea con el fantasma de Nick Drake, o en "The Trick", una canción a la altura del mejor Stuart Murdoch, en la que el dramatismo que emana de la voz de Eric resulta conmovedor, convirtiéndose además en el broche de oro a uno de los discos más interesantes del año, de cuantos se han editado en España. Personalmente prefiero a El Brindador más descarnado, más solitario, tengo la sensación de que algunas de las canciones de su mini LP sonarían mejor sin batería, sobre todo después de haberlas escuchado en directo sin acompañamiento alguno, a pesar de ello no hay que menospreciar la producción de "Weird Stories", un trabajo que ha sabido sacarle un lustre especial a temas como "Song from Another Time", "Jerks Around Midnight" o la ya citada "The Trick". Con respecto a este disco, me quedo con una duda, no sé si "Casual Day" me gusta o no, llevo tiempo escuchándola y aún no he llegado a una conclusión, eso sí, no puedo dejar de escucharla. ¡Salud, Eric!

Si queréis leer más acerca de El Brindador, os dejo unos enlaces, donde encontraréis la web oficial y el Myspace del artista, además de su página en Bandcamp, también podéis leer las reseñas de sus dos trabajos en JNSP y comprar sus discos en la web de Grabaciones en el Mar. Y como guinda a este suculento pastel, he seleccionado un par de vídeos, el videoclip de la maravillosa "The Moonstone" y una magnífica interpretación en directo, sin trampa ni cartón, de la no menos brillante "Forks & Knives" en la zaragozana sala La Lata de Bombillas. Espero que os guste.

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miércoles, 8 de junio de 2011

Bart Davenport- Game Preserve (2003)

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Es sorprendente la manera en que algunos músicos irrumpen en tu vida, cómo se instalan en tu subconsciente de una manera natural, sin promociones ni sobreexposiciones mediáticas, para acabar convirtiéndose en parte de tu existencia. Algo así me ocurrió con Bart Davenport, pero ojo, éste no es un caso aislado, quienes padecemos esta incurable enfermedad que es la adicción a la música pop y al r'n'r, hemos acabado desarrollando una relación tan estrecha con algunos de nuestros ídolos que casi hemos acabado por considerarlos miembros de nuestra propia familia. La primera vez que mi camino se cruza con el de Bart Davenport se debe a una cinta de VHS, entrañable sistema de video doméstico que aquellos que han nacido pasados los 90's apenas recordarán. El Templo del Gato, legendario garito madrileño, editaba un video con algunas de las mejores bandas que habían pisado sus tablas, ahí estaban formaciones como The Pleasure Fuckers, New Bomb Turks, D.O.A., y junto a ellos una banda californiana llamada The Loved Ones. Aquellos chavales le daban al soul y al R&B que daba gusto, y por encima de todo destacaba la voz de su frontman, un flacucho de veintipocos años llamado Bart Davenport, que se desgañitaba y se retorcía en el escenario. Aquel día conocí a Bart Davenport, ya han pasado más de quince años pero nuestra amistad se ha afianzado con el paso del tiempo, convirtiéndose en un fijo de mi tocadiscos, en una apuesta ganadora, en uno de esos amigos que nunca te falla cuando lo necesitas; así son los buenos músicos y así son los buenos discos.

Bart Davenport crece devorando la colección de discos de sus padres, hippies californianos de refinado paladar musical, por lo que no tardará en involucrarse en la escena musical de San Francisco. Primero junto a The Loved Ones, junto a quienes editará dos LP's, más tarde junto a The Kinetics, y por último en solitario, aunque sin renunciar a diversas aventuras, como es el caso de Honeycut o los más recientes Incarnations. "Game Preserve" es el segundo LP en solitario de Davenport y, hasta el momento, su trabajo más brillante. En él está acompañado de músicos de bandas amigas como Call and Response, Cake, Subtle, Dave Gleason's Wasted Days, y sobre todo de The Moore Brothers, responsables de algunos de los mejores momentos vocales del album. La producción, totalmente analógica y sin ningún tipo de exceso, correrá a cargo de Jon Erickson. Si por algo me gusta Bart Davenport es por su versatilidad, porque es un músico capaz de sorprender en cada disco y de no aburrir nunca, buena muestra de ello es "Game Preserve". Este es un trabajo en el que se dan cita todas las influencias del californiano, desde la bossa nova ("Swetest Game") hasta el soul ("Euphoria or Everyone on Earth is so Beautiful, Even You"), pasando por sonidos cercanos al pop independiente ("Summer in her Hair"), sin olvidar el soft rock ("Bar-Code Trees") de calidad que tanto reivindica Davenport en todos y cada uno de sus discos. Todos ellos son los ingredientes con los que nuestro entrañable trovador fabrica un disco de una calidad soberbia, un album que se vuelve enorme con cada escucha, una colección de canciones en la que, es cierto, asoma la sombra de alguno de los grandes, pero qué demonios, mi colega Bart ya es, por derecho propio, uno de los grandes.

Vamos poniendo el punto y final a esta entrada, que casi sin darnos cuenta estamos volviendo a las andadas y esto se está alargando. Si alguien quiere un poco más de información, os dejo unos enlaces, y como traca de fin de fiesta un video ¿alguien da más por menos? Ojalá este post sirva para que muchos de vosotros descubráis a este músico elegante y talentoso, que estoy convencido de que pasará a formar parte de vuestras vidas; otros seguro que os reencontraréis con un fiel amigo y os tomaréis unas cervezas mientras recordáis los viejos tiempos. Espero que os guste.

BART DAVENPORT- GAME PRESERVE




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CRÍTICA DE GAME PRESERVE EN EL OJO CRÍTICO

ENTREVISTA A BART DAVENPORT EN BUSCAMUSICA (2008)

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jueves, 17 de marzo de 2011

Fionn Regan- The End of History (2006)

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En estos tiempos que corren uno tiene que hacer verdaderos esfuerzos por no convertirse en un paranoico. La visión sesgada que se nos ofrece de la realidad, así como la manipulación a la que somos sometidos por parte de los medios de comunicación y por parte de quienes ostentan el poder (que en muchos casos acaban siendo las mismas personas), hacen que nos preguntemos hasta qué punto somos conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor, o, por decirlo de otra manera, si es verdad todo cuanto se nos muestra. Es inevitable sentirse como un títere indefenso, a merced de una oligarquía mundial que teje y desteje a su antojo. Hace poco más de un mes tuve la ocasión de ver un documental excepcional, que recomiendo encarecidamente a todo el mundo, titulado "Comprar, tirar, comprar" (podéis verlo aquí), en él se analizaba el fenómeno de la obsolescencia programada, es decir, cómo algunos objetos, fundamentalmente electrodomésticos, se conciben y manipulan para tener una duración notablemente inferior a la que podrían alcanzar. En aras del voraz sistema capitalista, que se nutre principalmente del consumo, productos como las bombillas son manipulados para que no sobrepasen las 1500 horas de vida, mientras que existen estudios que han demostrado que podrían alcanzar hasta las 100000 horas de duración. Ese concepto de realidad distorsionada y, lo peor de todo, condicionada, me resulta aterrador, ya que genera una absoluta desconfianza hacia todo aquello que nos rodea. El mundo de la música no escapa a esta mezquina estrategia de control de las masas, y si no decidme ¿qué otra cosa es la radiofórmula? Seguro que más de uno de vosotros ha tenido que aguantar que le llamen "rarito" por escuchar discos que no figuran en los diales más convencionales; como bien señala un buen amigo mío, todo ese tipo de sonidos son "música para gente a la que no le gusta la música". A través de las emisoras más populares se crea un criterio único de lo que debe ser la música y, lo que todavía es peor, de cómo deben sonar las canciones que merecen ser populares o gozar de cierto éxito. Con todo ello se configura un panorama sonoro estándar, un patrón con el que someter a la población, una música de valores planos y sin mensaje que acaba creando ciudadanos acríticos y sin interés alguno en aquello que se sale de la norma; ciudadanos fáciles de controlar. Ellos marcan la pauta, son pocos, en comparación con la cantidad de propuestas sonoras que nos brindan otras alternativas, pero en cambio se arrogan derechos de autor y tienen la poca vergüenza de llamar a lo que hacen "arte". A mí me la traen al pairo los derechos de autor de Alejandro Sanz, como si se quiere gastar todo su dinero en una dentadura de diamantes, sólo quiero que me dejen descargarme libremente la música que me interesa para luego decidir si quiero comprarla, porque sigo siendo uno de esos enfermos que destina parte de su sueldo a adquirir discos, y algunos en vinilo ¿cuánto hace que tiró usted su tocadiscos, señora ministra? Si algo tengo claro es que, como cantaba el viejo Dylan, los tiempos están cambiando, y que internet es la herramienta más poderosa de cuantas ha creado el hombre después de la imprenta. Internet es un grano en el culo para el poder establecido, por eso en países como Irán o Corea del Norte el acceso a la red está controlado y sometido a una férrea censura. El poder de la red en los últimos acontecimientos históricos no es ni mucho menos anecdótico, como ejemplo podemos citar las revueltas en el mundo árabe, y cada vez son más las personas que utilizan internet como medio para exponer una verdad desnuda, a veces descarnada, cruel e incómoda que debería sonrojar a aquellos que se empeñan en maquillar la realidad a su antojo. Internet está cambiando el mundo y la concepción que tenemos de asuntos como la información o el acceso a la cultura, luchar contra ello con la beligerancia que muestran algunas administraciones es negar una realidad, es un acto de cobardía y una muestra de incultura que equivaldría a vivir en los albores del siglo XIX y estar en contra de la máquina de vapor. También hubo quien dijo que el cinematógrafo era un invento condenado a fracasar, e incluso hasta hace poco más de veinte años había quien negaba a la fotografía su entidad artística, el tiempo es un juez verdaderamente cruel con aquellos que se empeñan en negar la realidad. Hoy visita Rainy Day Music un joven que apuesta en su música por la desnudez y la honestidad, valores que muchos asociados de la SGAE desconocen; podéis estar tranquilos, Fionn Regan no manipula absolutamente nada, todo es lo que parece, y a veces es tan bello que asusta.

Fionn Regan nace en Bray, Irlanda, en 1981, sólo un año antes que Naranjito. El pequeño Fionn crece en un ambiente bohemio, auspiciado por las inquietudes artísticas de su familia, parte de su infancia se desarrolla en un hotel junto a la costa, donde los Regan vivían y trabajaban. Su padre, músico, le familiarizará con los instrumentos, así, este jovencito irlandés ya tocaba el piano, el violín y la guitarra antes de los 10 años. Fionn Regan creció escuchando blues y folk, en múltiples entrevistas cita a Leadbelly o a Woody Guthrie como grandes influencias, pero también se acercó a grandes bandas como The Velvet Underground, e incluso disfrutó de formaciones como Nirvana, al igual que cualquier teenager de mediados de los 90. Fionn Regan no tardaría en subirse a un escenario y en recorrer el país siendo todavía un adolescente, por lo que se puede afirmar que desde muy joven tuvo clara su vocación. La primera grabación oficial de Fionn Regan tiene lugar bajo el nombre de Bilbo, se trata de un EP titulado "Slow Wall", corría el mes de octubre del año 2000. A principios del nuevo milenio Fionn Regan se muda a Brighton, donde acabará firmando con el pequeño sello independiente Anvil Records, con ellos grabará un single y tres EP's: "Little Miss Drunk" en 2002, "Reservoir" en 2003, "Hotel Room" en 2004 y "Campaign Button" en 2005. Regan se mostrará en estas grabaciones como un cantautor clásico, en la línea del folk de principios de los 70, un músico influenciado por Nick Drake, y por su contemporáneo, Damien Rice, con quienes será comparado en lo sucesivo. En poco tiempo, Fionn se convierte en un músico con un futuro muy prometedor, un pequeño genio al que no tardaría en echar sus redes el exquisito sello Bella Union, que le ofrece grabar su disco de debut, será en 2006 bajo el título de "The End of History".

Fionn Regan quería que su disco sonase cercano e íntimo, de modo que no dejó que ningún divo con tendencia a la sobreproducción pusiese las manos sobre su retoño, él mismo produciría el disco, con la única ayuda de Simon Raymonde, capo de Bella Union y antiguo componente de The Cocteau Twins, en las mezclas. La idea que tenía Regan consistía en realizar una grabación analógica, haciendo tomas en directo, de este modo, no en vano, parte del disco está grabada en un abandonado granero de piedra con una grabadora portátil, sin trampa ni cartón. El disco se abre con "Be Good or Be Gone", el tema del disco que más difusión ha tenido gracias, entre otras cosas, a su aparición en la banda sonora de la exitosa serie Anatomía de Grey. Pero no os dejéis engañar, "Be Good or Be Gone" no tiene nada que ver con el pop facilón que suele sonar en la citada serie, ni despide el aroma a almíbar que caracteriza a las historias de estos médicos de ciencia ficticia, muy al contrario, estamos ante una cosa muy seria, algo que se demuestra en frases como ésta: "I Have Become an Aerial View of a Coastal Town That You Once Knew", tome nota, doctora. La guitarra arpegiada se convertirá en el santo y seña de Regan a lo largo de todo el disco, el irlandés se muestra como un buen guitarrista, con una técnica muy depurada que recuerda la forma de tocar de Nick Drake o de Bert Jansch. Aparte de eso, unos escuetos coros dan una nota de color a la canción, eso es todo. "The Underwood Typewriter" sigue los mismos esquemas, aunque añade una percusión prácticamente imperceptible y unas notas de cello; en tan solo dos canciones Fionn Regan ha planteado toda una declaración de intenciones y ha creado dos monumentos con los que se ha erigido en pieza fundamental dentro del panorama del folk contemporáneo. Más de uno se habrá quedado ya pegado al sillón, sorprendido ante lo que ha escuchado, pero todavía falta mucho por descubrir en este enorme disco, "Hunters Map", nos adelanta alguno de los instantes más brillantes de "The End of History". El tercer tema del disco tiene un halo oscuro que lo aleja del folk amable que tanto se estila hoy en día y lo sitúa próximo a las latitudes de otro gran maestro, Mark Kozelek y sus Red House Painters. La guitarra subiendo y bajando, las cuerdas pellizcadas y rasgadas, el sutil cello, la tenue percusión y las voces de acompañamiento, todo en esta canción me parece conmovedor y brillante. Pero espera, ni se te ocurra levantarte para ir al baño, porque Fionn Regan contraataca con otro de los momentazos del disco, "Hey Rabbit". Basta con escuchar las primeras estrofas del disco de debut de Fionn Regan para darnos cuenta de la importancia que le concede a las letras, sin duda nos hallamos ante un fantástico contador de historias, algo que sorprende por la temprana edad de Regan. En ocasiones parece como si Regan hubiese escrito la letra antes de componer la música, ello hace que resulte complicado insertar el texto en el cuerpo de la canción, forzando en determinados momentos la dicción y el fraseo, lo que otorga un mérito extra a la hora de cantar y resolver los temas con la brillantez con que lo hace el joven irlandés. "Hey Rabbit" es buena muestra de ello, pero no es una excepción, como veremos en lo sucesivo. Musicalmente hablando, el tercer corte del disco se asemeja a un vals, un formato que se ajusta cómodamente al fraseo de Regan y que le permite cierta versatilidad a la hora de cantar. Fionn Regan ha encendido la locomotora y no piensa parar, de modo que vuelve a la carga con "Black Water Child"; canela en rama. Esta vez la percusión es más patente, en forma de batería con escobillas, y la voz de Regan aparece empastada con otra que le dota de mayor profundidad. El ritmo se acelera un poco con respecto a los temas precedentes y Regan se atreve incluso con un leve falsete en la parte final del tema; todo ello hace que el disco no resulte plano a la primera escucha, aportando matices diferentes. Casi sin tiempo para recuperarnos de tanta intensidad emocional, nos topamos de frente con "Put a Penny in The Slot", uno de los puntos álgidos del album; sí ya sé que he dicho esto en más de una ocasión, pero es que el disco raya a un nivel muy alto. El sexto tema del disco es, como señala Stewart Mason en su reseña para allmusic, un clásico instantáneo, una canción que nos atrapa desde el primer acorde y que nos remite al folk de los años sesenta y a la música tradicional del período entreguerras. Únicamente suprimiría el coro que aparece en la parte central, preferiría que el total de la canción quedase desnudo, tal y como lo concibe Regan en la mayor parte del tema. A pesar de ello "Put a Penny in The Slot" es un tema como la copa de un pino, con una letra compleja , que cabalga entre la ironía y la melancolía, y que hace alusión a dos grandes escritores, como son Paul Auster y Saul Bellow.

Unos timbales abren fuego en el séptimo tema de "The End of History", dando paso a una guitarra rasgada y a la voz de Fionn Regan, se trata de "The Cowshed", una canción más convencional pero que no por ello baja el listón. La intensidad emocional se recupera rápidamente merced a otro gran tema, "Snowy Atlas Mountains", que recupera al Regan oscuro de "Hunters Map". Es curioso, pero oyendo temas como éste, y más leyendo atentamente la letra, uno tiene la extraña sensación de que algo está a punto de ocurrir, que algo va a explotar delante de nuestras narices, tal y como ocurre con alguna de las disputas conyugales de Raymond Carver; hay que reincidir en el talento literario de Fionn Regan, capaz de recrear escenas de una fuerza poética arrolladora. "Noah (Ghost in a Sheet)" es el noveno corte de "The End of History", una canción que sigue indagando en la faceta menos amable del folk, un tema que transmite una tristeza conmovedora. Personalmente, es la canción del disco que más me recuerda a Nick Drake, una canción mucho más compleja de lo que a simple vista puede parecer, una canción en la que las pausas y los silencios juegan un importante papel. La décima canción del LP es la que le da nombre, "The End of History", un tema con una letra ambigua y una base musical que deja pasar algún rayo de sol después de la oscuridad de los dos temas anteriores. Las voces están especialmente cuidadas y el trabajo de guitarras oscila entre los arpegios y las notas repetitivas a modo de mantra, una muestra de minimalismo bien entendido y enriquecido. "Abacus" es el penúltimo tema del disco, y muestra a un Regan desnudo que se enfrenta con la única ayuda de su voz y una guitarra a la titánica tarea de atrapar al oyente durante dos minutos y medio, un examen que el irlandés supera con nota. Y así llegamos al final de la mano de "Bunker or Basement", el duodécimo corte del LP, una maravilla en la que se introduce un tenue piano que acompaña a la voz y a la guitarra de Fionn Regan, que hace un trabajo sobresaliente con las seis cuerdas. En torno a los 3 minutos y 20 segundos, la canción da un giro, se oscurece y se vuelve instrumental, alcanzando un desarrollo que la llevará hasta los 6 minutos y medio de duración, y en los que piano y guitarra se reparten el protagonismo (acompañados de un escueto cello), creando entre ambos una bellísima atmósfera; imaginaos a Erik Satie haciendo folk a principios de los 70. Tras unos inquietantes instantes de silencio, Regan regresa para interpretar una canción sorpresa que permanece oculta en el minutaje de la última pista, se trata de "Campaign Button". En este caso merece la pena esperar, ya que nos encontramos a un Regan menos comedido en su fraseo y con más matices en su forma de cantar, un cantante como la copa de un pino que interpreta de manera soberbia una melodía con aroma a folk añejo; una bonita forma de cerrar un disco soberbio, uno de los mejores debuts de los últimos años.

La crítica sucumbió al encanto de "The End of History", a la frágil voz de Fionn Regan y a la sutil poesía de sus letras, el primer disco del irlandés apareció en un buen número de listas junto a lo mejor de 2006. El éxito del disco en el Reino Unido, haría que el sello estadounidense Lost Highway Recordings se hiciese con la distribución del album en los USA, abriendo las puertas de un enorme mercado al joven irlandés. Más tarde llegarían las giras, los festivales de verano y las nominaciones a importantes premios, como los Meteor Music Awards, que premian a los mejores artistas irlandeses, y en los que Regan estaría nominado como mejor intérprete masculino y como artista revelación, los Choice Music Prize, donde competiría para hacerse con el título de mejor album del año, o los prestigiosos Mercury Prize, a los que también optaría. No cabía la menor duda de que Fionn Regan había triunfado con su primer trabajo, ahora tocaba esperar la reválida con su segundo LP. Muchos eran los que se frotaban las manos pensando en el segundo disco del irlandés, los más mezquinos ya tenían escrita la crítica desde hacía tiempo, las plumas afiladas estaban listas para hablar de continuismo y de autocomplacencia, pero hete aquí que el joven genio les haría esperar cuatro años, los que han transcurrido hasta que "The Shadow of an Empire" viese la luz en febrero de 2010. Y justo cuando las críticas simplonas estaban a punto de enviarse a imprenta, los críticos descubrieron que el segundo disco de Regan se abría a la electricidad; justo como hiciese en su día Bob Dylan con "Bringing it All Back Home"; lo siento chicos, os han roto la cintura. Fionn Regan sorprende y se reinventa en su segundo largo, huye del camino fácil y del cliché y entrega un soberbio disco en el que explora registros diferentes del intimismo y de la melancolía de "The End of History", creando así una obra que se complementa con su antecesora ejerciendo de perfecto contrapunto y trazando una evolución coherente, que le lleva de lo acústico a lo eléctrico sin dejar de ser el magnífico contador de historias que es.

Como broche a esta entrada os dejo con los enlaces y los vídeos. Entre los enlaces encontraréis los ya habituales, que os conducirán al myspace y a la web oficial de Fionn Regan, además he seleccionado un link que os llevará al espacio que la discográfica Lost Highway Records tiene dedicado al músico irlandés, y que está bastante completo. Más adelante os daréis de bruces con dos reseñas de "The End of History", la primera en lengua culta, en Zona Musical, y la segunda en la lengua del Imperio, en la web de la BBC. Por si esto os parece poco, he recogido una entrevista a Fionn Regan realizada para la web Music Snobbery, y no sólo eso, sino que también podréis disfrutar de nuestro hombre en una de esas maravillosas sesiones a las que nos tienen acostumbrados los chicos de The Black Cab Sessions, y como colofón, he querido enlazar la web Lyricskeeper, donde podréis encontrar las letras de "The End of History". En cuanto a los videos, he escogido dos, el primero de ellos es el videoclip oficial de "Put a Penny in The Slot", mientras que el segundo muestra a Fionn Regan interpretando en directo, y al aire libre, el tema "Hey Rabbitt" para Electric Picnic TV; ambas canciones están incluídas en "The End of History" . Espero que os guste.

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FIONN REGAN EN LA WEB DE LOST HIGWAY RECORDS


RESEÑA DE THE END OF HISTORY EN ZONA MUSICAL



RESEÑA DE THE END OF HISTORY EN LA WEB DE LA BBC

ENTREVISTA A FIONN REGAN EN THE MUSIC SNOBBERY

FIONN REGAN EN THE BLACK CAB SESSIONS

LETRAS DE THE END OF HISTORY EN LYRICSKEEPER




FIONN REGAN- THE END OF HISTORY