"En verdad soy mi única compañía.

Se me ha dado una vida para que haga algo con ella.
Puedo pensar en algunas de las cosas que he vivido que hacen que la vida valga la pena ser vivida, pero sé que aún quedan muchas cosas en el camino. Cosas que tendré que enfrentar, que tendré que construir, que tendré que vivir, pero siempre desde mi unicidad, desde mi personalidad.
No soy perfecta. Tampoco quiero serlo. Entonces no tendría nada por arreglar, nada por pulir, nada por aprender,...
Veo a las jóvenes de hoy y se les ofrecen constantes mensajes de perfección, distintos artículos para emular la vida de sus ídolos e, incluso, la posibilidad de crearse otra vida, pero no ya como un juego, sino como una realidad paralela, absorbente y alienante.
¿Quién les va a enseñar que son únicas, que sólo ellas pueden vivir su vida, que tienen algo importante que hacer, quizás desde abajo, pero que ayudará a que este mundo siga adelante y la vida no pierda su sentido?"
Enseñemos a las nuevas generaciones a reivindicarse, a decir:
"SOY YO. ¡QUIERO SER YO!"
Enseñémosles a saber que tienen una vida por delante. Que ya saben cómo son las vidas de los famosos, pero no saben cómo puede ser su vida. Que puede ser una aventura apasionante planificarla, desarrollarla, descubrir qué cosas les sorprenden en el camino...
Hace algún tiempo, me llegó por internet un correo con una fabulilla, corta pero intensa, como a mí me gusta, con un mensaje muy al hilo de este tema y que me gustaría compartir.

Un Rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.
El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.
Volviéndose al Pino, lo encontró caído porque no podía dar uvas como la Vid.
Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.
La Rosa lloraba por no ser fuerte y sólida como el Roble.
Entonces encontró una planta, una Freesia, floreciendo y más fresca que nunca.
El Rey preguntó:
- ¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín mustio y umbrío?
La flor contestó:
- No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste querías Freesias, si hubieras querido un Roble o una Rosa los habrías plantado. En aquel momento me dije: intentaré ser Freesia de la mejor manera que pueda.
Hermoso, ¿verdad?Creo que todavía tenemos mucho que aprender de la pequeña freesia.