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sábado, 21 de abril de 2012

Lo siento


(Breve poema escrito un tiempo atrás, un sentimiento que por suerte nada tiene que ver con mi sentimiento actual. Espero que os guste.)

Siento sentirlo,
pero lo siento,
siento vivirlo
siento sufrirlo,
siento no poder seguir,
siento mi cabeza sucumbir
al agónico sufrir de sentir soledad estando ella al lado.

Siento no poder decir
que no sentía algo por ti,
y cuando lo dije mentí
intentando evitar sentir precisamente lo que ahora siento.

Mierda, me invaden los celos,
el mas horrible de los sentimientos,
y por ello vuelvo a decir lo siento,
siento escribir sobre esto.

Por supuesto siento haberla hecho sufrir,
también siento ser gilipollas,
y el humo acariciando mi boca,
y las lágrimas mojando mi ropa,
y el deseo de parálisis cerebral que dure hasta que amaine el temporal. 

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martes, 8 de noviembre de 2011

PARAÍSO EN LLAMAS



  Hoy, sin saber como, me he despertado en el paraíso.  Abro los ojos y todo son colores luminosos, placeres intensos, disfrute extremo. Me levanto y me dirijo a un árbol abundante de jugosos melocotones. Saboreo el jugo de su interior mientras sus ramas me abrazan y me dan calor y afecto. Y de camino al siguiente placer esparzo gasolina por todo el lugar.
  Me entrego al calor de las enredaderas que me sirven en bandeja manzanas rojas, mientras me fundo en su abrazo que me otorga todo el cariño y el amor que necesito. Mi cuerpo y mi mente se sienten totalmente relajados en el interior de esta espiral de sensaciones orgásmicas. Y entre el licor de los dioses que me provoca la mas sensacional embriaguez, el pan de las serenas tardes que me causa un sobrio bienestar casi extasiante y las lágrimas de tristeza de tiempos pasados que alivian la carga de los años, voy dejando montoncitos de pólvora unidos por una mecha.
  Jamás saldría del paraíso si pudiera, pero la realidad está allí fuera, y a veces es necesario salir. Será un periodo limitado, pero tal vez demasiado largo. Solo el tiempo lo dirá.
  Así que me levanto del paradisíaco lecho rodeado de abrazos y derribo, sin darme cuenta, otro bidón de gasolina. Abro la puerta de salida y enciendo mi último cigarrillo en el edén. El humo sabe mejor aquí dentro. Saboreo con nostalgia las últimas caladas. Cargo con la mochila a mis espaldas, dejo caer la colilla y cierro la puerta del paraíso detrás de mi, sin ver donde cae la colilla que lanzo, todavía encendida.
  La vida real, la vida fuera del edén, es dura, es jodida, pero se sobrevive. Recuerdos del tiempo de felicidad extrema en el interior del mas puro placer me dan aliento. La esperanza de poder volver a ello me da alegría, el recuerdo de lo vivido se presenta en mi mente por fragmentos. Son mis fragmentos personales del edén. Cuanto mas se acerca la fecha del regreso, mas dura se hace la espera debido al incremento de mi impaciencia. Pero finalmente llega, todo llega algún día.
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  Abro pálpito de emoción la puerta de mi edén personal. Todo parece estar igual a primera vista, todo tiene el mismo aspecto, o aproximado, la puerta se abre con la misma llave, pero algo falla. Huele a humo, huele a ceniza, huele a quemado. Y el paraíso no me acoge cono lo hacía. En lugar de ello me empuja hacia fuera, me rechaza, me desprecia. Comprendo que el paraíso ha ardido en mi ausencia, ha sido totalmente destruido, entiendo, por mi inconsciencia, y se ha vuelto a reconstruir en mi ausencia. Ahora soy un punto negro en el edén. Un elemento que agita la tierra e incomoda a los árboles. Las enredaderas ya no me dan afecto, sino que me empujan con rencor, me esquivan. Los frutos causantes de sensaciones orgásmicas se esconden y no quieren ser atrapados. Dejé el paraíso en llamas y tuvo que apagarlas por si solo, sin mi ayuda, y tuvo que aprender a reconstruirse, y no le fue mal en mi ausencia, aprendió a vivir una vida si mi y ahora no concibe mi reentrada. Ahora no me quiere ya mas en su interior.
  Triste y en soledad, no me queda otra que abandonar lo que fue mi edén. Me acerco a la salida, dejo caer una lágrima en su interior antes de partir y cierro la puerta a mis espaldas. Ahora solo queda dolor. 

domingo, 13 de febrero de 2011

DESAFORTUNADO EN EL JUEGO...

DESAFORTUNADO EN EL JUEGO...

Image  Desafortunado en el juego, afortunado en amores. Eso dicen. Por lo que, por esa regla de tres, desafortunado en amores debería de significar afortunado en el juego. Así que decido coger mis últimos ciento cincuenta pavos y jugármelos al póker. Acudiré a una timba que organiza semanalmente un conocido. Algo entre colegas, pero que puedes ganar un buen pellizco. Cada uno de los cuatro ponemos cien Euros, con opción a recompra de cincuenta. Cosa que pasa casi siempre. El primero se lleva el dinero de los dos perdedores, y el segundo recupera lo invertido. Por estadística, tengo el cincuenta por ciento de probabilidades de no perder y, teniendo en cuenta como han funcionado mis relaciones amorosas últimamente, seguro que consigo estar dentro de esa mitad no perdedora.

  La semana pasada, mi mujer, tras dos años casados, va y me dice que quiere el divorcio. Sin posibilidad a discutirlo. Que ha conocido a alguien. Y ese alguien es mi amante. Vale, sabía que había tenido relaciones con otras mujeres en el pasado, pero,  no pensé que lo haría con una amiga mía. Mi amante. Y la verdad, aunque dicho así suene mal, yo las quería mucho a las dos. Estaba en una encrucijada mental en la que no sabía por cual de ellas decidirme. Son dos mujeres encantadoras, buenas, y listas. Y ahora son pareja. Y a mi me han dejado solo, solo con mi mano. Tal vez me está bien empleado, por haber jugado a dos bandas durante tanto tiempo. En el facebook no he querido cambiar el estado civil de mi perfil. En lugar de eso, he creado un perfil ficticio de una tal Mimano Sakasuko, originaria de Japón, y la he añadido como mi esposa. Su fotografía de perfil es una foto de mi mano. Para evitar una noticia de cambio de estado en el muro, y no tener que contestar preguntas absurdas ni agradecer consuelos hipócritas de mis contactos. Sin ellas, ni dinero para prostitutas, mi mano es lo único que me queda. Mi mano y la esperanza de ganar esta jugada. Con dos ases en la mano me dan ganas de hacer "all in", pero entonces seguro que nadie iría y solo me ganaría las apuestas ciegas de los dos jugadores que me preceden, así que, de momento, solo lo veo, igualo apuesta. Necesito ganar esta mano, pues he sido el primero en recomprar, y no puedo permitirme el lujo de perder más manos a lo tonto. Con está mano espero dejar a alguien al borde de la bancarrota.  

  Mientras tanto, mi mujer, que lo es desde que institucionalizamos un sentimiento, y lo seguirá siento hasta que rompamos el contrato, debe estar haciendo disfrutar a mi amante como una enana. Las conozco, se lo hábil que es mi mujer con la boca, y lo que le gustan los orales a mi amante. Es como si las viera. Mi amante teniendo un gran orgasmo, de esos en los que se le contraen todos los músculos, y gimiendo. Lo he visto un par de veces, o tres. Vale, no son muchas, pero mira, es lesbiana, y no me vengas con ese rollo de que he sido tan malo en la cama que se ha pasado al otro lado debido a la insatisfacción y decepción provocada por mí. Con mi mujer funcionó bien. O, bueno, eso creo. Aunque, teniendo en cuenta que hace unos días me dijo que me amaba locamente y estaría siempre conmigo, podría ser que todos sus orgasmos hubieran sido fingidos. Tal vez era su manera de deshacerse de mí, sabía que a mi me gustaba cumplir, entonces, a lo mejor fingía el orgasmo para que yo acabara rápido y así deshacerse de mi en cuestión de diez minutos o así. Igual nunca le gusté.

  Y aquí estoy, rezando por ganar esta partida y poder pagar el alquiler. Al que le toca repartir, quien va después de mi, no ha ido. Se ha retirado de la partida. El resto se ha quedado igual y vemos cartas. El repartidor saca tres cartas sobre la mesa. Un as, un tres y una Q. De distintos palos, rechazo la posibilidad de que alguien tenga color, y yo ya tengo un trío, y de ases, siento que mi mano es ganadora. Y la suerte en el juego me acompaña. O el refranero español es una mierda. Mi rival hace un "all in". El otro se retira. Veo su "all in", feliz de pensar que le voy a obligar a abandonar la mesa. Y su cara de disgusto cuando le digo que voy me hace pensar que no tiene una mierda. Destapamos cartas y veo que, efectivamente, era un "all in" de farol. Tiene una insignificante pareja de dos, mientras yo tengo el poderoso trío de ases. Tomo un trago de mi vaso de whiskey saboreando mi victoria.

  Aunque es una victoria agridulce, no me quito de mi cabeza a mi mujer, que me ha dejado solo. La echaré mucho de menos, pero me está bien empleado. Nunca le presté la atención que se merece. En lugar de ello, me dediqué a golfear de un lado para otro, sin aparecer por casa durante noches enteras. Pero bueno, al menos espero, que sean felices juntas. Que se casen si lo desean. Son dos buenas chicas, se merecen algo mejor que yo. Sin dudarlo. Dicen que las cosas malas pasan por algo, tal vez yo fui la cosa mala en su vida que les tenía que pasar para que se conocieran, y obtuvieran la felicidad. Cuando me dijeron que me abandonaban, las dos, cogidas de la mano, les propuse un trío, y me dijeron al unísono que jamás volverían a acostarse conmigo. Mientras, a mí, sin dinero y en paro, solo me queda mi trío de ases.

  Se descubre la siguiente carta, un dos. Sigo teniendo la mano ganadora. Pienso en los trescientos Euros que me voy a llevar y como me van a salvar el culo para pagar el alquiler de este mes. Si me quedo sin luz puedo sobrevivir, pero no quiero quedarme en la calle. Y me permitiré comprarme un par de cartones de "don Simón", o "don García" que es más barato. Se que no me ayudarán con mis problemas, pero al menos me iré a dormir borracho y sin pensar en ellos. Solo podría ganarme si saliera otro dos... y las probabilidades son mínimas. Mínimas, pero están allí. Todo mi gozo acaba en un pozo en el momento en el que se descubre la última carta. Esa que forma el póker de doses de mi contrincante. Contamos las fichas y resulta que él tenía una mas que yo. Había calculado mal. El que se va de la mesa soy yo. Desafortunado en el juego, desafortunado en amores. El refranero español es una mierda.

  Me voy a casa, solo y sin dinero. Entro en el pequeño zulo que acabo de alquilar pensando en que haré cuando llegue el mes que viene y no lo pueda pagar. Pero lo importante es pensar en ahora, tal vez para final de mes ya esté muerto. Así que me pasaré por el supermercado y pienso robar la botella con mas graduación alcohólica que esté en mi mano, y fuera de la visión de las cámaras de seguridad. Voy a derrotarme del todo. No se en que momento pensé que podía ganar, al fin y al cabo, soy un perdedor nato.  

B.art.