Ignacio hizo mucho más que eso.
Gestionó para mi un alojamiento baratísimo en Castelldefels, toda una mañana me hizo un recorrido por el centro de la ciudad y, más aún, me pidió predicar en su iglesia. Sí, predicar. Yo en mi mente decía: "¿Está Ignacio seguro de lo que está haciendo?"
El domingo tomé el tren, me encontré con Ignacio y Joana, su esposa, y fuimos a la iglesia en L' Hospitalet de Llobregat. Resultó ser una comunidad agradable, acogedora, y excelente. Me hizo recordar lo que deben ser las iglesias siempre: un sitio donde uno pueda sentirse en familia, deseando siempre estar allí porque sabemos -y sentimos- que estamos con los hermanos en la fe, que nos aceptan, soportan y quieren tal como somos. Así es Betel, y al salir de allí mi esperanza en la iglesia se incrementó exponencialmente, comprendiendo que el ideal de vivir el reino de los cielos aquí y ahora puede ser vivido de verdad: ¡Lo vi en Barcelona! Gracias, Ignacio, por mostrarme eso.
Y la prédica... creo que estuvo bien. Mejor estuvo el almuerzo que vino luego, donde comí por primera vez caracoles :-o






