Mostrando entradas con la etiqueta Credo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Credo. Mostrar todas las entradas

martes

Un Diccionario Especial 6

ImageNo sé si leíste los dos artículos anteriores, pero forman una trilogía con este, de modo que no te los pierdas si quieres entender mejor lo que continúa, una “historia” acerca de la última aventura de Davide Peregrinum…

Nuestro osado amigo, después de quedar absorto al leer la introducción del “Libro Sagrado de la Hermandad Callatvm Ya”, decidió tomar prestada la reliquia para continuar la lectura del tomo que tenía en sus manos con más detenimiento. Por eso los de la Hermandad lo buscan por cielo, tierra, mar, ya que peligran los cimientos de su milenaria y secreta organización, y como muestra de ello dejo aquí al lado el recorte de un periódico de la ciudad donde está afincada la secreta organización; como se ve, incluso los medios de comunicación están ya en sus manos en aquel lugar. Davide está oculto pues teme por su integridad física, y me ha asegurado, por si alguien de la “Hermandad” llega a leer este artículo, que devolverá el maquiavélico tomo en cuanto termine de examinarlo y estudiar sus argumentos. Por suerte, los “Callatvm Ya” se han olvidado de controlar el tráfico aéreo de “palomas mensajeras”, y por ahora ha servido este antiquísimo sistema para hacerme llegar varios fragmentos que componen un nuevo documento informativo referido a dicho libro… Ahora que lo pienso ¡He revelado el sistema de comunicación! ¡Estamos perdidos! (Bueno, las palomas están perdidas, al menos las de las inmediaciones de aquella ciudad). No sé si podremos seguir usando palomas a partir de ahora… (je,je)

Como breve resumen de lo anterior, decir que un ser siniestro dejó escritas en este libro instrucciones precisas para cierto falso maestro, hermano mayor de la “Hermandad Callatvm Ya”, con el fin de que sus palabras maliciosas sirvieran para sustituir a la propia Biblia en la vida cotidiana de la Iglesia. Tras los consejos de su prólogo, entró en materia y dejó palabras precisas que cumplieran ese fin, palabras que no aparecen (o casi nada) en las Sagradas Escrituras, pero que debían tomar un lugar relevante en las congregaciones cristianas, como método encubierto pero seguro para controlarlas desde adentro.

Ahora dejo una relación de algunas de esas palabras. Pido perdón porque sé que el documento es demasiado extenso, pero he creído que era mejor hacer una sola entrega de este calibre, antes de que los de la “Hermandad” puedan actuar. Necesito la colaboración de los entendidos que puedan llegar a leerlo, como tú: Juzga si estas palabras (que me atrevería a decir que pertenecen a la “sinagoga de Satanás”), están cumpliendo o no su propósito de entrar encubiertamente en la “cultura” de la Iglesia.

Por cierto, como primicia mundial, Davide Peregrinum ha decidido donar este descubrimiento al Diccionario RAEvangélico, y se ha atrevido a escribir de su puño y letra unas anotaciones que él ha creído pertinentes. Esta vez no las ha colocado un desconocido, ni un gamberro intelectual, sino él mismo. De modo que agudiza tu discernimiento, porque creo que es vital que descubramos la verdad de este asunto. ¿Quién tiene razón? ¿Las definiciones citadas en el libro sagrado de la Hermandad titulado “Como dirigir una iglesia sin usar la Biblia” (a) o las propuestas por Davide (b)?

EL SUPREMO DICCIONARIO DE LA R.A.E. (VI)
(Religiosa Academia Evangélica)

ImageUn listado de palabras revezadas que sustituyan a las de verdad. Si te consideras sensible o poco maduro en los camino de Dios, no continúes con esta lectura, que puede ser demasiado fuerte para ciertos oídos (je, je)... Repito: ¡No sigas leyendo!

DENOMINACIÓN

a) En la antigüedad funcionó muy bien para dividir a los creyentes (entonces se llamaba “secta”, y existían muchas: Fariseos, saduceos, zelotes, esenios...) En la actualidad se usa la palabra “denominación” con el mismo fin, pero sirve para diferenciar las sectas de dentro del cristianismo (a las de fuera se las sigue llamando sectas, por despecho). Cada denominación se escuda en la llamada diversidad, pero lo que realmente hace es ocultar la falta de criterio y paciencia entre diversos grupos “llamados cristianos” para encontrar la Verdad. Cuando alguna cosa se convierte en “no tolerable” en un grupo o denominación, cuando el orgullo vence y nadie cede, cuando alguno intenta imponer su propia visión (porque a veces al Espíritu Santo no se le deja ni opinar), pues se crea una nueva división, una “secta” (perdón, quise decir denominación) que si perdura por algo de tiempo se “denomina” con un nombre que exalte su diferencia con respecto a las demás. Resultado: Crear división, desconfianza y recelos, para evitar un crecimiento sano de la Iglesia.

b) Esta palabra NO aparece en toda la Biblia, por lo que entendemos que las denominaciones no entran en el plan de Dios. Quizás sea más acorde a Su propósito la frase de: “Sed todos de un mismo sentir” (2Cor. 13:11; 1Cor. 1:10-15; 1Pd. 3:8)

CREDO

a) Límite establecido por una denominación. Cada grupo tiene que asegurarse de perdurar, de modo que se escribe un “credo”, una declaración de las cosas que cree y de las que no. Evidentemente, en cada clero se denotan las diferencias, a veces insignificantes, a veces tremendas, entre cada tendencia de pensamiento cristiano. Pero todos los credos (sobre todo los denominacionales) tienen algo en común: Marcan las fronteras que nadie debe intentar pasar, aún a costa de cerrarle la puerta al propio Dios, pues los credos no dejan al creyente institucional salir de sus límites sin convertirlo en un trasgresor o rebelde. Resultado: La Inquisición encubierta: Quien no se ciña al credo podrá ser tachado de blasfemo y rebelde.

b) Por más que he buscado (*) tampoco he encontrado esta palabra en la Biblia. Para ampliar el tema, puedes consultar el final del artículo publicado en este sitio, titulado “Creo en la Iglesia”.

CONGRESO

a) Periodo de tiempo de dos o tres días (puede variar) donde “con gran bondad en el corazón”, se accede a no mirar la denominación del hermano que se sienta al lado de uno. Se organiza algo grande, donde se puedan reunir muchos creyentes, se llaman a predicadores de renombre y a cantantes famosos, se consigue armar un llamativo espectáculo que entretenga y motive a los asistentes (normalmente, a cambio de una curiosa suma de dinero). El resultado suelen ser unos días que llevan a tomar “decisiones importantes” y con gran carga emocional… Al pasar unas semanas, nadie recordará lo que ocurrió allí, lo que dará pie a organizar un nuevo negocio, quiero decir, un nuevo congreso… Resultado: Recaudar fondos a cambio de las ilusiones de la gente… Todo sea por el iglecrecimiento emocional.

b) En la Biblia aparece la palabra congregar y algunas similares, con el hincapié en reunirse con un propósito. Pero la variante “congreso”, no es citada en las Escrituras, y aún menos con el carácter de espectáculo, y por supuesto sin relacionarlo a una reunión que suponga un importante desembolso económico con el fin “egoísta” de bendecirse a uno mismo con lo que supuestamente se recibe allí… Dicen que es para que luego bendigas a los demás, pero como eso no suele durar más de una semana, no hay problema: Los de la “Hermandad” pueden descansar tranquilos en que el poder emocional dejará de actuar pronto, el fruto del magno evento será casi nulo, y… A cambio, “sus” bolsillos estarán mucho más llenos.

LEMA

a) Parte fundamental de cualquier congreso que se precie (y también de los principios de etapa o de año en muchas congregaciones cristianas). Consiste en una frase “mágica” que parece ser que obligará a Dios a cumplirla (aunque en ocasiones, ni Dios mismo dijo nada acerca de ella). Ejemplos de lema: “Este es el tiempo de Dios para tu vida”,”Este es el año del favor de Dios”, “Prepárate para la conquista”, “Viene el Fuego de Dios”, “El Avivamiento está este lugar”, “Ven a recibir la doble porción”, “Un nuevo derramamiento para una nueva nación”, “La profecía se cumplirá y serás prosperado” o “Por una iglesia relevante que influencie esta sociedad”... Es importante que la gente memorice estos lemas, pero no importa si olvidan las palabras de Jesús. Resultado: Menos Palabra (de Dios) y más “palabrería” (de hombres).

b) La Biblia no refleja tampoco esta palabra, que parece más bien una frase-amuleto que se torna en una de esas “vanas repeticiones” que a Dios no le agradan… Además, conseguir que la gente crea en cualquiera de estos lemas, ayudará al pastor del lugar a tener durante varios domingos seguidos un tema prefijado para su sermón (sin tener que buscar mucho más acerca de la dirección “real” de Dios) y de camino, se consigue el principal propósito de “la Hermandad”: Que la gente se aprenda dichos lemas y los crea, aún con más fervor que cualquier otro pasaje de la Biblia.

AVIVAMIENTO

a) Palabra que debe usarse en todo congreso que se precie, y en las iglesias que pretendan estar “llenas del fuego del Espíritu”. Es sinónimo de experiencias poco normales en la vida cotidiana de la iglesia. Cuanto más se hable y se manifieste y se declare el avivamiento, tanto menos se estudiará la Palabra de Dios, porque las experiencias tomarán desmedidamente el lugar de esa fe que CONOCE en intimidad a Jesús y Su Palabra. Esta es una buena herramienta para hacer pensar a la gente que tiene algo muy especial… Cuando pasen los años y se den cuenta que con todo eso del “avivamiento” las personas casi no crecieron, ni aprendieron, ni conocieron mejor a Jesús, quizás será demasiado tarde. Será el momento de cambiar el nombre del “avivamiento” por el de “visitación”, para dar a entender que solo fue algo temporal, y con el tiempo, la desilusión de la gente que creía vivir una experiencia magnífica con Dios, se tornará en apatía, desconfianza, y a veces amargura, por ver tantas “promesas” no cumplidas. Resultado: Muchas congregaciones desactivadas por la incredulidad inducida por las falsas expectativas producidas por “profetas” mentirosos.

b) En el Antiguo Testamento, aparece la palabra “aviva” en un par de ocasiones, con el sentido de aventar (literalmente, echar viento) en una de ellas, y reflejando ese mismo “símil” referido al pueblo de Dios, implicando quizás un resurgir, y despertar. Pero NI Jesús NI los apóstoles usaron esta palabra, lo que nos hace pensar: ¿De dónde sacan los predicadores de hoy día la idea de que es algo tan importante? ¿Crees que de veras esa experiencia es tan fundamental, si ni siquiera Cristo la citó? ¿No deberemos más bien buscar la llenura del Espíritu Santo, simple y llanamente? ¿No preferirá Dios que, en base a la fe que viene por el oír Su Palabra, nuestras vidas cambien y manifiesten un vivir diario lleno de eso que llaman fuego? ¿Por qué limitar el avivamiento a las cuatro paredes de un congreso o de un local evangélico? ¿Por qué hacer un espectáculo masivo (o televisivo) de algo tan serio como esto?

ÉXITO

a) Palabra que debe predicarse y repetirse hasta la saciedad: Tú puedes ser un campeón, tienes corazón de caballero, lucha por alcanzar "tus" sueños… Es muy útil para que la gente busque soluciones en sí mismas en lugar de depender humildemente de Dios. Tanto más crece la confianza de cada individuo en sus propios atributos y capacidades, tanto más se le cierran las puertas al Espíritu Santo para que sea Él quien capacite y regale sus dones. Resultado: Los creyentes olvidarán que Jesús es el Señor y a cambio pretenderán que se convierta en su servidor, “obligado” a trabajar para darles éxito.

b) Conseguir una congregación que busque el éxito, tendrá el “magnífico resultado” de que muchos dejarán a un lado a la propia Biblia porque cosas como: “En el mundo tendréis aflicción” (Jn. 16:33), “sufre penalidades como soldado de Cristo” (2Tim. 2:3-10), o “niéguese a sí mismo, tome su cruz...” (Mar. 8:34-38)… No concuerdan con la imagen exitosa proyectada en la mente de los crédulos que se dejan convencer por lo que proviene ni más ni menos que de la psicología, centrada al 100% en la capacidad humana (en ausencia completa de Dios). Es obvio que Jesús no enseñó nada acerca de este tipo de “éxito”, ni hay referencias al mismo en todo el Nuevo Testamento (Las 4 citas de esta palabra en el Antiguo Testamento, no tienen relación con el significado que hoy se le pretende dar a esta palabra en las iglesias; 1Sm. 18:30; 1Re. 22:13; Neh. 1:11; Dan. 11:17).

DEVOCIONAL

a) Bonita palabra que enmascara la pereza espiritual. Una buena herramienta será fabricar libros con nombres como “El Mazapán Diario”, que cuenten historias amenas con alguna enseñanza que parezca piadosa; esto conseguirá que el “poco” tiempo dedicado a buscar la comunión con Dios se emplee en estas fábulas, en lugar de buscar la dirección directa para cada día de parte de Dios, o la verdadera riqueza escondida en las Escrituras, esas que sobreedifican la vida de cada discípulo verdadero de Jesús. De camino, llamar “devocional” a un rato apartado para hacer una rutina de lectura al azar (o lo que diga ese día el calendario) junto con unas oraciones para pedir lo fundamental, sirve para que la gente olvide versículos como “Orad sin cesar” (1Tes. 5:17-18) o el de “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica...” (Ef. 6:18), el de “Perseverad en la oración...” (Col. 4:2) y otros muchos más. Resultado: Conseguir que el cristiano crea la falsa idea de estar haciendo bien las cosas para tener comunión con Dios a la vez que deja de estudiar sistemáticamente Su Palabra, alejándose de Él por medio de la pereza y la ignorancia.

b) Vaya, vaya… Esta palabreja tampoco aparece en la Biblia, y la seguimos venerando como algo digno de imitar. Imagino que eso del devocional estará bien para el que no haga nada de nada, pues mejor eso que la ausencia de adoración (la lectura de la Palabra de Dios era parte de la adoración para los judíos). Pero de ahí a decir que puede hacernos crecer espiritualmente va mucho. Con suerte, puede ayudar a alguno a “sobrevivir” con simples migajas de ese banquete que Dios prepara a sus hijos, a aquellos que le buscan con corazón ardiente y deseoso de conocerle y dejarle hablar.

CREDENCIALES

a) Título que acredita que una persona deja de ser del vulgo, de los laicos, del pueblo común, y pasa a un nivel superior de entendimiento (solo por poseer dicho título). Una vez convencida la multitud de que está perdida sin estos “grandes siervos ungidos y con credenciales”, comenzará la carrera jerarquizada: A más miembros en la iglesia más escalones de “niveles de autoridad”, y tanto mayor la distancia entre el supuesto pastor y sus ovejas. El objetivo de las credenciales es tergiversar la Biblia introduciendo un término inexistente: Hay que intentar que la gente crea que la Palabra de Dios dice: “Somos el cuerpo de Cristo, donde Jesús es la cabeza, los asistentes son el cuerpo, y el pastor es el cuello (el “único camino” para llegar a Cristo y su sabiduría) ¡Tremenda falsa doctrina! Resultado: Consiguiendo esto, nadie cuestionará nunca a su líder supremo y solitario, y él podrá controlar a la congregación, fin primordial de este libro.

b) Para obtener estas credenciales, se necesita que otras personas que ya las tengan, se reúnan para dictaminar si alguien es merecedor de entrar en el grupo selecto y superior del nuevo “clero”. Lo curioso es que este grupo, a su vez, necesitó otro grupo anterior con credenciales, y este otro anterior… Si seguimos retrocediendo en el tiempo, llegamos a la conclusión de que los primeros que “dieron credenciales” no las tenían (alguno tenía que ser el primero) y ¿Quiénes eran ellos para otorgar dicho poder o titulación que ellos mismo no poseían? ¿Recibieron este encargo directamente de Jesús o del los apóstoles? Evidentemente este fue un invento que distorsionó por completo la dirección de la iglesia, pues dice la Biblia que la cabeza es Cristo, y TODOS los demás creyentes son real sacerdocio, nación santa… solo que cada cual cumplirá unas funciones distintas, según el llamamiento o los dones recibidos de Dios, pero los que estén a la cabeza, por decirlo así, lo harán "no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos [nota el plural]" (1Pd. 5:3). Además, el problema de una sola persona dirigiendo la iglesia con credenciales que le acrediten como superior, es que él correrá el serio riesgo de ser controlado por “otro”, por el “enemigo”… No es algo matemático que siempre deba suceder, pero la tentación del poder, del orgullo, de la vanidad y de la soberbia, todas ellas están ahí, acechando para ver quien las deja entrar, y una sola es presa mucho más fácil que un grupo de personas maduras en Dios. Entiendo que pueda haber circunstancias especiales en los que alguna persona comienza una obra en solitario, algún misionero, pastor o maestro que enseña, pero esa "soledad" no debiera ser peremne, pues hay más creyentes en el mundo que pueden ser parte activa de lo que ellos hacen. Es bueno recordad que: "El que piensa estar firme, mire que no caiga" (1Cor. 10:12-15).

LÍDER

Imagea) Persona de gran influencia en la congregación por el simple hecho de ser poseedora de “credenciales”. Su capacidad de mando debe quedar patente, ser el monopolizador de la predicación en la “iglesia” del lugar, y convertirse en icono indispensable para la realización de toda la liturgia cristiana, sin el cual nadie se atreva a hacer nada. Resultado: La gente asocia la palabra líder con la de “jefe” (infalible e incuestionable) de modo que su voz cobra más peso que la de Dios (!!!) creando con ello el ambiente propicio para poder desviar a una congregación en pos del pensamiento de un solo superhombre-ídolo (o de una supermujer).

b) Esta palabra tampoco aparece en la Biblia (*). Solo se cita traducida en algunas versiones modernas, como la NVI. El término más genérico podría ser el de anciano, que indica un grado de madurez cristiana, así como de buen testimonio (y debiera ser obvio esto: Personas llenas de fe y del Espíritu Santo). Luego, entre ellos (en un mismo nivel, sin jerarquía) están los diversos ministerios, que no son cargos, ni títulos, sino funciones, trabajos, labores, entre los que podemos encontrar a los “conocidos” profetas, maestros, apóstoles, evangelistas, pastores… y a los no tan famosos “los que administran, los que hacen milagros, los que ayudan…” (1Cor. 12:27-31)

SERMÓN

a) Predicación de una persona, habitualmente el líder “superior” de cada congregación, y en la que puede decir lo que quiera. La mejor manera de prepararlo es esta: Pensar qué se quiere decir, explicarlo, y luego adornarlo con algún versículo bíblico (que se busca en la concordancia fugazmente), para que se vea el sermón bien espiritual. Lo importante es que mientras tanto, el líder controla todo lo que se habla en la reunión (porque lo dice casi todo él). Resultado: Entretener a la gente, apartarla de la mutua edificación, y destruir la comunicación horizontal entre todos los miembros. De camino, se apagan los dones de aquellos que en vez de ser “líderes” se ven obligados a convertirse en “pasivos oyentes” ocultos tras el silencio de los bancos.

b) El problema del sermón es que mientras uno solo controla el “micrófono”, todos los demás tienen que callar y asentir, sin poder preguntar, ni opinar, ni corregir, ni ampliar, ni apoyar, ni esclarecer nada de lo que el predicador diga. Los filósofos griegos inventaron el “sermón” y es un buen medio para mezclarlo con la vida de la iglesia con el fin de adormecerla (diría mejor entontecerla): Con él, la gente deja de estudiar y buscar, porque solo hay que esperar al siguiente domingo para ver lo que el “líder” ha masticado para darnos a comer. (Quien quiera una información más detallada de esta palabra, puede visitar el artículo de este blog titulado “El Sermón Dominical”). Cabe aclarar que la única mención a “sermón” de toda la Biblia, no pertenece a ninguna palabra de la traducción original, sino sólo a un “titulo añadido”, un encabezado que no estaba escrito en el griego, pero que alguien puso a cierto pasaje del Evangelio de Mateo, donde se inventó lo de “El Sermón del Monte” (en lugar de “las enseñanzas desde la montaña”, por ejemplo)

CÉLULA

a) Pequeño grupo de creyentes fácilmente controlable si está inmerso en una organización mayor, que a su vez está dentro de otra nacional, y que a su vez puede formar parte incluso de una organización (o denominación) internacional. La idea de grupos que se reúnen en las casas es bíblica, se ve en Hechos de los Apóstoles, y eso hará que sea fácilmente aceptable. Resultado: Controlar jerárquicamente a todo el mundo para hacerles llegar las enseñanzas de “la Hermandad”.

b) La trampa de esta “verdad bíblica” está en ese control “superior”: Que cada pequeño grupo no sea independiente, que no tenga autonomía para decidir, que no sea autodidacta, que entregue sus diezmos y ofrendas a una “organización” superior para que nunca jamás pueda hacer nada sin el consentimiento de la iglesia madre. Es una obra maestra esta idea de usar algo genuino para controlar a los que pretenden acercarse a la manera de conducirse la iglesia primitiva; dicho de otro modo, es convertir lo que sinceramente sería imitable en pura manipulación, y todo con ese toque sutil de la “cobertura pastoral”, que por cierto, es otro término que no aparece en toda la Biblia… Tampoco el de “célula”, claro. Hay constancia de grupos que se reunían por las casas, en lugares ocultos, o al aire libre… pero no “grupos homogéneos y controlados por una cúspide”. Una cosa es imitar a los primeros cristianos, y otra muy distinta es dejarse controlar por algunos personajes con ansias de poder y control sobre “los números”, perdón, sobre las personas…

_________________________________________________________

NOTA (*): Para las todas las palabras citadas en este Diccionario, se usa como base la traducción al castellano de las Sagradas Escrituras de “Reina Valera, revisión del 1960”

_________________________________________________________

¿Has llegado hasta aquí? No me lo puedo creer...Te felicito, porque estoy convencido de que Dios está aumentando tu paciencia a límites insospechados, ja, ja, ja...

Bueno, creo que Davide Peregrinum se ha pasado con sus comentarios, aunque las definiciones tipo "a" las ha copiado fielmente de ese pernicioso manual... No sé. ¿Tú que crees?


Por cierto, se permite tirar piedras (je, je)
así que ¡Adelante!

viernes

Creo en la Iglesia

Image
Creo en la Iglesia... en personas que tienen un centro en común llamado Cristo.

No Creo en iglesias que tienen “centros” construidos de ladrillo, y pocas cosas en común.

Creo en la Iglesia que ora unánime con el fin de traer el reino de Dios a la Tierra.

No Creo en las iglesias que oran egoístamente, como si Dios fuera el criado en vez del Señor.


Creo en la oración, una forma sencilla de hablar con Dios, con amistosa reverencia, y confianza paciente; el placer de comunicarse con el Hacedor con el premio mismo de poder hacerlo.

No Creo en oraciones fabricadas para impresionar a los oyentes, ni las que pretenden demostrarle a Dios cuánto sabemos de Él, ni las que imaginan que pueden subir hasta el cielo por su alto volumen en vez de por su intensidad ferviente...


Creo que la Iglesia se compone de personas integrales que se entregan para ser instrumentos útiles y aprobados por Dios, que lo hacen para rendirle culto racional y voluntario con sus propias vidas.

No Creo en iglesias que preparan “cultos” con luces de colores, músicas magníficas y programas inspiradores profesionales, porque parecen buscar entretener a los asistentes como si estuvieran en un espectáculo, y se centran en adorar al propio culto y a los “cultistas”, en lugar de rendir pleitesía al único que lo merece: Jesús.


Creo en la Iglesia donde impera la ley del amor y de la gracia, la que surge fruto de la gratitud a Dios, la que debe movernos a entregarnos a Él con todo nuestro ser, y a hacer con los demás lo que quisieramos que hicieran con nosotros (eso como poco).

No Creo en las iglesias con leyes impuestas a través de normas denominacionales que coartan la libertad del cristiano, ni creo en el hacer por hacer, en el obrar con el único propósito de recibir una recompensa divina.


Creo en la Iglesia que entiende que nada hay sagrado, sino solo Dios.

No Creo en las iglesias que sacralizan sus propias ceremonias, sus propias doctrinas, sus propios “siervos ungidos” y crean un mundo con tantas “vacas sagradas”, que Cristo deja de tener cabida en él... Recuerda que Jesús esta llamando a la puerta de esas “iglesias” para entrar, porque lo dejaron fuera. (Apocalipsis 3:20, no es un mensaje “al mundo”, sino a la iglesia en Laodicea)


Creo en la Iglesia donde se ve y se vive el amor fraternal, el que muestra el interés mutuo y sincero entre los hermanos.

No Creo en las iglesias del “¡Dios te bendiga!”, si es que ese saludo nace del amor fingido y se usa tal expresión para decirle “Hola” al hermano, olvidándolo el resto de la semana.


Creo que el Evangelio es una noticia buena que exige una respuesta clara: Fe, arrepentimiento y gratitud.

No Creo en evangelios descafeinados, ni parciales, ni el que enseña la oración mágica del pecador como único requisito para salvación…


ImageCreo en un Evangelio sencillo: Dios amó a TODOS por igual, Jesús se acercó a la Humanidad para saldar nuestras cuentas pendientes con el Padre, que es quien perdona a todos los que se arrepienten de veras, a los que creen que el pago de Jesús (su muerte) es todo-suficiente para darles perdón y esperanza de vida eterna; el Espíritu Santo capacita al creyente para perseverar hasta el fin y vivir en plenitud, pero no sin problemas…

No Creo en el evangelio de la prosperidad, el que promete que tomo irá bien y al final solo ofrece decepción; ni en el evangelio “emergente” con medias verdades muy atractivas… y que hace vivir en medias mentiras muy escondidas, terminando en engaño y frustración. Ni creo en el evangelio del positivismo, donde no se puede decir nada malo por puro miedo, viviendo una cosa y declarando otra: A eso lo llaman fe y yo lo llamo mentir y ser hipócrita. No creo en ningún falso evangelio que cambie el fundamento Cristocéntrico por el mensaje de “la vida color de rosa”.


Creo en la Palabra de Dios, la que surge pura de Su corazón amante para dar vida y libertad.

No Creo en las palabras de hombres (aunque se disfracen de celestiales), las que entran con suavidad pero no provienen de Dios, las que por avaricia, ignorancia o afán de poder , proclaman mentiras que esclavizan a los que las oyen.


Creo que no lo sé todo, que me queda mucho por aprender, que no puedo limitar la sabiduría de Dios a unos pocos renglones (por muy bien intencionados que estén). Eso quiere decir que toda estas palabras que has leído no son un Credo, porque…

No Creo en los Credos, porque son límites al aprendizaje, fronteras que no dejan pasar nada que esté fuera de ellos mismos; no creo en los credos porque de haberlos querido Jesús, nos habría recitado alguno… Pero Él prefiere que estemos toda una vida creciendo, aprendiendo que no podemos limitar la obra de Dios pues, si ponemos barreras doctrinales infranqueables por temor a equivocarnos y las llamamos “Credos”, podríamos estar impidiendo que se abrieran caminos nuevos en el desierto, ríos en el sequedal, sendas en la soledad, vida en la moribunda religiosidad…


Entiendo que hay enseñanzas básicas que deben servir de base al crecimiento cristiano, que hemos de profundizar en cada tema, crecer en toda sabiduría, y en carácter, y que muchos han intentado proveernos de un "Credo" para decir qué es correcto y que no (según los que desarrollaron dicho Credo) con tal fin.

Pero establecer un Credo conlleva un peligro, porque para muchos, hablar de un "Credo" es como decir: Hasta aquí hemos llegado, y de aquí no podemos pasar: Los que se atrevan a cruzar sus fronteras (¡Incluso Biblia en mano!) serán transgresores… Así comenzó a funcionar el Santo Oficio, es decir, la Inquisición. Dios quiera que con el paso de los años, no se repita sutilmente la misma y trágica historia. Dios es demasiado grande para encerrarlo en nuestras reglas y pensamientos: Podemos estar toda la vida aprendiendo y creciendo, y no llegaremos ni de lejos a todo lo que Dios es capaz de dar.

Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.” (Puedes leer 1ª Corintios 1:20-25)





¿Qué es un MITO?


Un Mito es una cosa que no tiene una realidad concreta, que puede llegar a ser una fábula, una fantasía. Cuando un mito se confunde con algo real, la verdad se distorsiona. Algo así ha sucedido con el cristianismo actual, del que muchos escapan por el mítico concepto que tienen de él. Aún estamos a tiempo de hablar las verdades, a la luz de las Escrituras, la Palabra fiel y verdadera de Dios.