IX ÉPOCA
Amosando publicacións coa etiqueta Educación. Amosar todas as publicacións
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17.3.13

No siempre, o casi nunca 'O povo é quem mais ordena'

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«Como el canciller germano occidental [Helmut Kohl] había previsto, la Unión Soviética estaba dispuesta a que la convencieran [de la reunificación de las dos Alemanias] por medios económicos. Al principio, Gorbachov intentó que las negociaciones fueran rehenes de un rescate de veinte mil millones de dólares, antes de acabar aceptando ocho mil, junto a dos mil más en concepto de créditos sin intereses. En conjunto, desde 1990 hasta 1994, Bonn transfirió a la Unión Soviética (y más tarde a Rusia) el equivalente a setenta y un mil millones de dólares (además de otros treinta y seis mil destinados a los antiguos Estados comunistas de Europa oriental). Helmut Kohl también aceptó mitigar el miedo de los soviéticos (y de los polacos) al expansionismo alemán, y se comprometió a aceptar, como hemos visto, el carácter permanente de los límites orientales de su país, un compromiso consagrado al año siguiente en un tratado firmado con Polonia.
Una vez conseguidas las mejores condiciones que pudo, Moscú aceptó abandonar la República Democrática Alemana. La Unión Soviética, en una especie de Casablanca en la que ella era Sydney Street y Washinton Humphrey Bogart, sacó el mejor partido que pudo a sus malas cartas y renunció a su diminuto y resentido adlátere germano oriental con las protestas de rigor, pero sin sentirlo apenas realmente. Tenía más sentido desarrollar una relación estratégica con una nueva Alemania amistosa y agradecida que convertirla en enemigo y, desde la perspectiva soviética, una Alemania unificada, firmemente sujeta —y contenida— por el abrazo occidental, no era un resultado tan negativo.»

Tony Judt, Postguerra, una historia de Europa desde 1945, Taurus, Madrid, 2010, 4ª ed. pág 920

7.3.13

Lo natural no es la igualdad sino el dominio de los fuertes sobre los débiles

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«En treinta y tantos años de democracia y después de casi cuarenta de dictadura no se ha hecho ninguna pedagogía democrática. La democracia tiene que ser enseñada, porque no es natural, porque va en contra de inclinaciones muy arraigadas en los seres humanos. Lo natural no es la igualdad sino el dominio de los fuertes sobre los débiles. Lo natural es el clan familiar y la tribu, los lazos de sangre, el recelo hacia los forasteros, el apego a lo conocido, el rechazo de quien habla otra lengua o tiene otro color de pelo o de piel. Y la tendencia infantil y adolescente a poner las propias apetencias por encima de todo, sin reparar en las consecuencias que pueden tener para los otros, es tan poderosa que hacen muchos años de constante educación para corregirla. Lo natural es exigir límites a los demás y no aceptarlos en uno mismo. Creerse uno el centro del mundo es tan natural como como creer que la Tierra ocupa el centro del universo y que el Sol gira alrededor de ella. El prejuicio es mucho más natural que la vocación sincera de saber. Lo natural es la barbarie, no la civilización, el grito o el puñetazo y no el argumento persuasivo, la fruición inmediata y no el empeño a largo plazo. Lo natural es que haya señores y súbditos, no ciudadanos que delegan en otros, temporalmente y bajo estrictas condiciones, el ejercicio de la soberanía y la administración del bien común, Lo natural es la ignorancia: no hay aprendizaje que no requiera un esfuerzo y que no tarde en dar fruto. Y si la democracia no se enseña con paciencia y dedicación y no se aprende en la práctica cotidiana, sus grandes principios quedan en el vacío o sirven como pantalla a la corrupción y a la demagogia.»

22.9.11

Impotencia ¿tan sólo automovilística?

La amistad obliga; y al cumplir, la amistad se engrandece. Tengo una compañera de trabajo que además es una de mis mejores amigas. Desde que se cambió de domicilio, ahora en las inmediaciones de la Alameda, casi todas las mañanas llega airada al trabajo. Me lo viene pidiendo reiteradamente: «Por favor, cuéntalo; cuenta el incivismo de los conductores y conductoras; pues al volante si que hay igualdad» y cuando dice «igualdad» su tono adquiere tintes de recochineo.

Me cuenta ella que cuando transita por su nuevo barrio al intentar cruzar la calle, día tras día se ve obligada a ceder el paso a los automóviles; cuando ya cansada de esperar decide ejercer su derecho de preferencia, invariablemente es insultada por los conductores además del amago de intento de atropellarla ¡toda una demostración de impotencia ¿tan sólo automovolística?! A saber. Todo ese barrio de la Alameda y su entorno es zona peatonal señalizada con prohibido circular a más de 30 km/h. Me hace especial énfasis en lo de la señalización «¡Hay carteles bien grandes en los que dice 'Preferencia peóns'. Ni puñetero caso. Y como no hay, lógicamente, semáforos pues a correr». La verdad es que puedo dar algo de fe de ello ya que cuando salimos a dar un paseo por su flamante barrio juntas... o corres al cruzar o te tocan el pito además de algún piropo escabroso. No sé calcular a ojo; pero soy conductora, y sé distinguir cuando se circula a 30 y cuándo a más de 50; cualquiera lo distingue. Ciertamente la agresividad al volante también es una de nuestras características de incivismo frente al de otras ciudades cercanas.

Claro que viene a cuento esta reflexión de Enrique Gil Calvo (El País de ayer) del que cito parte del párrafo final: «Sencillamente, la nórdica y la japonesa son las sociedades más igualitarias del mundo desarrollado, y por eso allí apenas hay espacio público para la frustración y la agresividad. En cambio, los países anglosajones son las sociedades más desiguales del capitalismo occidental, y por eso en su espacio público se manifiesta ante todo la envidia, la rapacidad, el resentimiento y la ansiedad por el estatus. Son sociedades presididas por la especulación institucionalizada en sus economías financieras que hacen de la codicia posesiva su primer imperativo categórico. Si los banqueros anglosajones carecen de escrúpulos para lucrarse con la ruina ajena, y esa clase de rapacidad depredadora se pone como ejemplo de éxito social, ¿cómo sorprenderse de que los jóvenes anglosajones también se crean con derecho a disponer sin freno de los bienes ajenos, ocupando el espacio público para saquearlo a placer haciendo impune ostentación de su rapaz avidez?»

La autoridad competente en materia de tráfico algo podría hacer.

(Cumplida, con mucho placer, la encomienda. Y, el denunciar esta agresividad también es una manera de hacer ciudad.)

14.4.10

res publica

ImageLa cosa pública nos hace cidadan@s de pleno derecho.

1.9.09

Laura, Laura

Acaban de enterrar en A Xestosa (Toén) el cadáver de la quinta Imagevíctima de la violencia machista que se produce este año en Galicia. Laura Alonso tenía 19 años y un nuevo novio más joven que su anterior compañero, pero éste no aceptó la situación y la estranguló.
Hasta aquí la síntesis de una crónica de sucesos, desgraciadamente más habitual de lo tolerable.
Pero ahora me ha dado a mí por comenzar otra crónica, probablemente de menor "interés humano" (según la perversa clasificación establecida por el cotidiano hurgar en el morbo de todos los medios de comunicación), pero de innegable "interés general": la de la indecencia y/o incompetencia de algunos poderes públicos. Me explicaré:
Presidiendo la concentración de repulsa del gobierno gallego en Santiago, el titular del ejecutivo atonómico, Alberto Núñez Feijóo, se aprestó a cumplir el protocolo y expresó su repulsa por la violencia de género, asegurando que la Xunta "seguirá implementando políticas de igualdad y hacer todo tipo de esfuerzos para que este tipo de cuestiones no se produzcan", de acuerdo con la reseña de La Voz de Galicia.
¿Alguien puede explicarme cómo se compadece esa declaración con volver a subvencionar la enseñanza privada de colegios que separan a niños y niñas en sus aulas? No puedo por menos que manifestar mi estupor ante tan flagrante contradicción, se mire por donde se mire, a pesar de que el cinismo ideológico de la "simpática" Esperanza Aguirre (que hace lo mismo que Feijóo) se haya salido por el registro de que permitir la elección de los padres sobre educar a sus hijos separando niños de niñas supone "no discriminarlos" (a los padres, se entiende). Si no es cinismo esto, ¡Baja, Manolo, y échale un vistazo!
Educar por separado a niños y niñas contribuye a la incomprensión mutua, perpetúa el machismo en los niños y frustra cualquier atisbo feminista en las niñas. La segregación por sexos Imageen la enseñanza es caldo de cultivo de eso que se ha dado en llamar violencia de género. ¿O es que nadie quiere relacionar los casos actuales con la educación que durante muchos años hemos recibido los niños por una parte y las niñas por otra?
Las estupideces proferidas por organizaciones tan queridas por la iglesia católica como la Concapa o la Cofapa (ésta, del Opus) resultarían simplemente una coña si no fuese porque nos va el futuro en ello, además de evidenciar cómo algunas ideologías promueven la ignorancia como forma de ocultar la de sus impulsores.
¿Hasta cuándo vamos a mantener la cabeza oculta bajo el ala sin exigir de quienes dicen representarnos que no hagan como la gallina del Martín Fierro poniendo un huevo en un sitio y cacareando en otro?
Decir que se impulsarán políticas de igualdad mientras se alienta la desigualdad educativa entre niños y niñas, además de un cinismo deslumbrante, revela una penuria intelectual lamentable. Y debería provocar indignación en cualquier ciudadano responsable, al tener que asistir a tamaño desafuero cometido con su dinero. Porque da la impresión de que la política de austeridad proclamada por Feijó09 es como la de los cerdos de la granja de Orwell, donde todos los animales son iguales, aunque algunos son más iguales que otros.
Mire usted, así lo veo yo; qué quiere que le diga, señor Presidente.
Laura, Laura: ¿qué es lo que estamos haciendo contigo?

15.5.09

Carlos Castilla del Pino, in memoriam

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Esta madrugada ha fallecido Carlos Castilla del Pino: psiquiatra, académico de la lengua, ensayista... Un gran humanista.

Gracias infinitas, maestro. En justicia, y para nuestra salud mental, tu magisterio debe ser impartido ya en Primaria.

Gracias, doctor. Siempre en nuestra memoria tus palabras.

13.9.07

A mala educación

Voltan os pequenos á escola. Á hora da saída escoitamos cada vez máis acentos novos. Xunto ós familiares ourensán ou o pontevedrés do interior, sonan as músicas uruguaias, arxentinas, brasileiras ou da europa do leste. A escola, a pública, vainos dando un adianto do que será (ou xa é?) a cidade de mañán.
Conscentes ou inconscentes, non o sei, desa realidade os noso gobernantes porfían en grandes debates sobre a educación. Aquel quere introducir elementos identitarios a base de mandilóns e hinos cantados ós dous anos. Este pretende fomentar as linguas extranxeiras extramuros da escola. Esoutros están dispostos a facer perder cursos obxetando unha asignatura que eles -¡eles!- consideran atentoria contra a súa moral, e dicir, a que un dia quixeron facer moral de todos sen reparar en medios.
E entrementras a realidade, tozuda, demostra que garderias, escolas e institutos son un axente máis na tarefa de educar. Se así non fose teríamos xa neste momento conductores responsables, persoas solidarias e mimadores do medio ambiente e da súa propia saúde. A educación é un proceso sen horarios con multitude de "profesores e profesoras". Pais, nais, conductores do vitrasa, camareiros, policias locais, peóns, médicas, enfermeiros, vendedores e tamén os políticos e políticas. Estes últimos poderían reflexionar un pouco e pensar que dificilmente podemos crer o seu discurso catrastofista sobre os males de tal ou cual educación se a renglón seguido pasan a insultar, berrear e patear. Como pode un xove convencerse da importancia da lei -mesmo da constitución- cando centos de violacións da mesma fanse sen repercusión nengunha? Como inculcar sentido da responsabilidade cando un pode empregar o seu posto para enchufar familiares e amigos, favorecer promotores ou destrozar a cidade e segue ostentando cargos sen , nin tan sequera, pedir desculpas?
Hai problemas grandes na educación pero sobre todo na falta de educación cívica que amosan unha grande parte dos nosos gobernantes. Aprobarémolos neste curso?