Eres una femme fatale y es jueves. Se te está pasando el infierno que pasaste con tu ex-novio-formal, él que conocían tus padres. Hace un tiempo que no se te aparece por las mañanas a leerte la cartilla y a explicarte detalladamente lo malas que son las chicas que llevan la raya al lado. Así que hoy te dices: vamos a buscar un hombre de paso.
En el pub, vas descartando. Los de Derecho, no; demasiada gomina, demasiados Lacoste. No. Los de Medicina, tampoco. De filósofos, hoy, ni hablar. Buscas un tío muy canalla para darte un morreo en el portal y olvidarte de los malos rollos de tu ex-controlador-aéro.
Y lo encuentras. Te mira desde el fondo, por encima de los hombros de otra chica. Sus ojos se abren mostrando sorpresa y luego de golpe se hacen pequeños, fijos... te hacen el amor desde lejos. A tí también te ha pillado. Tus ojos se contraen. Te has enganchado a esa mirada. Te gusta. Mucho. Intentas mantenerla pero una súbita timidez te hace bajar la cabeza, un movimiento que empieza en la nuca, una señal. Cuando eres capaz de volver a levantar la mirada, disimulando.... él esta a tu lado, enfrente. Los hombres de paso son muy rápidos. Te sorprendes. Te suelta una tontería, te ríes demasiado... Preparados, listos, ya! C'est parti. Una historia que empieza. Acabáis delante del enorme portal de tu piso de estudiante... los planes de la "femme fatale" terminan justo ahí detrás de este portalón: en el vestíbulo. La femme fatale no se da... no busca más que un lote, un morreo en la oscuridad de la entrada. Luego dirá no. Solo hace por saber si puede ...
Es guapo. Una mata de rizos... aunque lleva la ropa de un muerto... esto es lo que, seguramente, llevaba el Che cuando lo mataron y unas gafas de pasta dura negras, pero con el nombre de una marca terriblemente cara en la patilla. Muy canalla, muy de lanzar cócteles molotov contra todo pero viene de una casona del interior donde la criada le llama Señorito. Todos tenemos cosas que ocultar.
Kamikaze también quiere ocultar que es una chica normal, sencilla... que en el fondo es una niña, aunque tenga veinte y pocos años.
Delante del número 39, del portal más hermoso de la ciudad vieja, una ciudad monumental... y él cada vez más guapo, más simpático, más inteligente... y que no. No hay manera de hacerlo entrar en el portal. Ya no sabes qué hacer. Te has reído, le has puesto morritos, te has apoyado indolente en el marco de la puerta para que pudiese verte bien el escote y nada... Creías que le gustabas... creías que se moría por llevarte adentro y decirte: " Nena, te vas a enterar" Se mete las manos en los bolsillos, encoge los hombros y se despide. No vas a tener ni quiera un beso apasionado... ¡De verdad que ya le vale! Entonces dejas de mirar sus labios, sus ojos y te concentras en sus palabras.... pero qué dirá, lo que le gusta hablar. ¡Si dejase de hablar de una vez y te diese un buen achuchón ya!
Que te va a llevar al cine mañana, a ver un ciclo en blanco y negro...¡ah! ¡Vale! ¡Vale! ¡Genial!
Muy rápido para ciertas cosas, no era y eso que era corredor de fondo, también, este mi primer marathoniano... Tuve que esperar quince días para el morreo en el portal... primero tuve que ir a la cinemateca, varias veces, conocer a sus amigos, a su hermana que pasaba por allí y visitar su piso.
Pero una vez que empezamos a besarnos parece que ya no eramos capaces de parar... Tenaz, si que era. No había quien le hiciera cambiar de opinión....Y además tenía todas las palabras, un montón de palabras escondidas que me recitaba cada día... Un amor. Kamikaze enamorada, sin querer, sin contar, sin tiempo.... Mi primer gran amor: un hombre de paso.
Una beca al final del curso nos separó: tú a Boston y yo a California. Un abrazo empapado de lágrimas en una estación del Norte, promesas, te quiero ...
Un amor incompleto que terminó con puntos suspensivos...
Mi conclusión de hoy: los hombres de paso llegan muy rápido pero se van muy, muy despacio y a veces nunca se van del todo.