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VIOLENCIA
El perro se desquitaba con el gato, el gato con el ratón, el ratón con la pulga. Todos entraron en shock cuando la pulga entró con dinamita.
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Cada primer día del año, el visitante el prende fuego a tu lista de propósitos.
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Nadie sabe su procedencia, pero se especula que el visitante es oriundo de Comala.
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El visitante es el peso muerto que te impide volar.
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En las tardes frías y grises el visitante enciende una fogata con las hojas de los libros que nunca escribirás.
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El visitante quema todas sus pertenencias antes de partir; por eso, a veces estornudas ceniza.
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OTRO TIPO DE POLVOS MÁGICOS
Para tener buen sexo, el mago, a quien le cuesta ser fiel, entra con su amante al laberinto de espejos. Así, le parece que está amando a varias mujeres.
WILLIAM GRIGSBY GUEVARA,
Epifanías,
Parafernalia, Managua, 2014, 506 páginas.
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La muerte es más paciente que cualquier cazador en espera de su presa.
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La libertad vive enjaulada en las constituciones de cada país.
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Yo no quiero arrancarte una sonrisa, quiero que se quede en tu rostro.
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Iré muriendo poco a poco igual que una oración que empieza con mayúscula y termina con un punto final.
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Con el pañuelo de las banderas se ponen a llorar las geografías.
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La muerte es una idea imposible de recordar.
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Entre un hola y un adiós hay dos vidas de por medio.
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El hombre alcanza un sistema individual de vida para luego proyectar un sistema colectivo de muerte. Capitalismo.
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El universo es tan famoso que siempre usa gafas oscuras.
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Dichoso el viejo que ya no tiene espacio en el cuerpo para que le nazcan nuevas cicatrices.
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Cada gota de silencio llena con tedio el cristal de una lágrima.
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Cuando el televisor se fundió los niños lloraron incansablemente. Habían perdido a su madre.
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GRANDES IDEAS
El país era tan diminuto que cuando un ciudadano tenía grandes ideas se veía obligado a emigrar.
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LA CARTA DE SCHRÖDINGER
Mi padre se fue a la guerra cuando éramos muy niños. Pasaron los años sin saber nada de su suerte, hasta que un día nos llegó una carta que ponía el nombre de mi madre con su letra. Ella la miró en silencio y la puso encima del mueble donde se guardaba la vajilla de porcelana. Mi hermanita intentó tomarla pero mi madre le sujeto fuertemente la mano y con su mirada le hizo entender —y a nosotros también— que la carta jamás sería abierta.
Aquello se convirtió en nuestro silencio compartido. Por las noches jugábamos a imaginar su contenido: nuestro padre había liderado la batalla final y el enemigo, abatido y humillado —pero admirado por su heroísmo— le había convertido en su rey y ya no podría volver jamás. En otras ocasiones una bala de cañón había atravesado su estómago y con su sangre lograba escribir aquella nota; también lo imaginamos desertor, oculto en alguna isla del pacífico, viviendo a base de agua de coco y peces dorados. O bien secuestrado por un barco pirata que pedía como recompensa cuarenta lingotes de oro.
Nuestra madre murió después de una larga lucha contra la tuberculosis. Decidimos enterrarla con el sobre en su regazo; así la carta dejó de ser un objeto y se convirtió en la herencia que pasamos a nuestros hijos y nietos: todas las historias posibles de nuestro padre.
ALBERTO SÁNCHEZ ARGÜELLO,
MicroMundos,
Parafernalia, Managua, 2012, 108 páginas.
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MIRADA
El Sr. Torturador dudó una vez. La mirada de un hombre le recordó a su padre. Desde entonces siempre empieza por los ojos.
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SEDANTE
Luego de ser acorralada, la oveja ultimó saltar de un lado a otro sobre la cerca hasta que uno a uno los lobos se quedaron dormidos.