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HANAKOTOBA, Alex Pler

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ALEX PLER, Hanakotoba. El lenguaje de las flores, Satori, Gijón, 2019, 216 páginas.

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Este diccionario reúne 113 términos japoneses que no están acuñados en otros idiomas, pero que denominan conceptos y sentimientos universales. Así, tal vez muchos lectores hayan podido experimentarlos sin saber que, en otra lengua como la japonesa, sí que existe el nombre preciso para ellos.
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KOI-NO-YOKAN
恋の予感

El presentimiento de que acabaremos enamorándonos de una persona a la que acabamos de conocer.

   Literalmente significa «premonición (予感) de amor (恋)», pero es diferente de un flechazo o del amor a primera vista (palabra que también existe en japonés: hitomeboreひと目惚れ). El concepto koi-no-yokan no describe una atracción inmediata sino la sensación, casi certeza, de que en el futuro llegaremos a tener una relación amorosa o de que a la larga será alguien decisivo en nuestra vida. Es como la chispa que precede al amor.
   Aunque esta expresión describa un sentimiento espiritual, curiosamente la palabra koi () suele usarse para hablar de un tipo de amor físico y sexual, mientras que la palabra ai (), más popular, equivale al amor romántico tal como lo entendemos nosotros. Así, koi-no-yokan sería algo que podemos sentir físicamente, como un vértigo.

LUNA DE ARENA, Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala

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FERNANDO RODRÍGUEZ-IZQUIERDO Y GAVALA, Luna de arena, Satori, Gijón, 2019, 80 páginas.
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Susana Benet destaca en su prólogo el universo poético del contrastado traductor y especialista en literatura japonesa Rodríguez-Izquierdo, "donde lo sublime convive con lo mundano en armonioso contraste, impregnado siempre del auténtico sabor a haiku".

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Se desmorona 
la noche, alumbra el día: 
luna de arena.

UNA ESTRELLA FUGAZ, Takarai Kikaku

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TAKARAI KIKAKU, Una estrella fugaz, Satori, Gijón, 2019, 160 páginas. Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo.
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 kono ame wa atataka na ran-bi-nami kana


Esta lluvia 
se irá volviendo templada 
al compás del día.

SAKURA. DICCIONARIO DE CULTURA JAPONESA

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CARLOS RUBIO, HIROTO UEDA, JAMES FLATH & ANA ORENGA, Sakura. Diccionario de cultura japonesa, Satori, Gijón, 2016, 332 páginas.
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Historia, religión, gastronomía, arte, lengua, literatura... Alrededor de 3400 términos de la cultura japonesa se incluyen en este diccionario, en el que cada entrada contiene una información tan completa como precisa: el término japonés, escrito en rōmaji, hiragana (escritura simplificada) y kanji; el ámbito léxico al que pertenece y la sugerencia de adscripción a un género gramatical en español, y una definición en castellano y en inglés. En algunos casos, se agrega una frase de uso relativa al artículo presentado. El esfuerzo colaborativo entre distintos expertos y entidades deja como resultado un cuidado material tanto para consulta como también para el disfrute del lector, tras haber sido elaborado con "la meta de tender un hermoso puente entre dos universos culturales tan llamativamente diversos entre sí, un puente tanto más necesario cuanto más nos adentramos en la era de la globalización y más se intensifican los intercambios internacionales".
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dendentaiko でんでんたいこ | でんでん太鼓 > (et) /el/ Juguete infantil en forma de pequeño tambor unido a un mango con cascabeles colgantes de una cuerda a cada lado.

dorayaki どらやき | どら焼き > (co) /el/ Dulce de mermelada de alubias entre dos rebanadas redondas.

hanafuda はなふだ | 花札 > (ju) /la/ Baraja de cartas, con 12 palos, cada uno de los cuales consta de 4 cartas y todos simbolizados por una flor diferente que representa un mes.

kanji かんじ | 漢字 > (le) /el/ "Sinograma": signo gráfico de origen chino usado tradicionalmente para escribir en Japón y otras partes de Asia. // La mayor parte de los kanji poseen dos lecturas: una japonesa y otra china, pero algunos tienen más de diez.

koeoke こえおけ | 肥桶 > (tr) /el/ Antiguo sistema de transporte consistente en un palo sobre los hombros de cuyos dos extremos colgaban sendos cubos.

koi nobori こいのぼり | 鯉のぼり > (et) /la/ Carpa gigante hecha de papel o tela, desplegada al viento el Día de los Niños (5 de mayo).

mono no aware もの の あわれ | 物の哀れ > (es/li) /el/ Ideal estético y literario cultivado especialmente en la Era Heian (794-1185) consistente en un aprecio profundo y empatético de la belleza efímera de la naturaleza y la vida humano con tintes de suave melancolía.

omamori おまもり | お守り > (fo) /el/ Amuleto, talismán.

shōju しょうじゅ | 摂受 > (re) /el/ Método de exponer el budismo según el cual una persona lleva a otra gradualmente hacia la enseñanza correcta según la capacidad de la segunda persona y sin refutar su apego al error. 

torii とりい | 鳥居 > (arq) /el/ Edificación a modo de puerta de madera o de piedra levantada en los puntos clave de un recinto sintoísta o en la senda que lleva al mismo, y que funciona tanto como puerta que delimita el espacio sagrado como símbolo del santuario. // Me impresionó la serena majestad del torii, en medio de las aguas, del santuario de Itsukushima.

CUANTO ABARCAN LOS OJOS, Takahama Kyoshi

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TAKAHAMA KYOSHI, Cuanto abarcan los ojos, Satori, Gijón, 2018, 160 páginas.

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Fernando Rodríguez-Izquierdo traduce y comenta 70 haikus inéditos en español de Takahama Kyoshi, uno de los discípulos de Masaoka Shiki más destacados.
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 taka no me no tatazumu hito ni mukawazaru


Los ojos del halcón
no se fijan en alguien
que quede inmóvil.

FLORES DEL BUDA, Yosa Buson

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YOSA BUSON, Flores del Buda, Satori, Gijón, 2018, 160 páginas.

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Nuevo volumen de la colección "Maestros del Haiku": una edición bilingüe que presenta, traducidos por Fernando Rodríguez-Izquierdo, 70 poemas de uno de los haijin más destacados e influyentes de la tradición japonesa.
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 botan chirite uchikasanarinu nisan pen


Cae la peonía
y se apilan sus pétalos:
ya dos, ya tres...

LEVE PRESENCIA, Matsuo Bashō

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MATSUO BASHŌ, Leve presencia, Satori, Gijón, 2017, 160 páginas.
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Cuatro años después de la publicación de Por sendas de montaña, la editorial Satori repite con una antología del gran maestro del haiku Matsuo Bashō: 70 poemas en traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo en los que la contemplación de la naturaleza no desafina al entretejerse con una mirada más personal e íntima.
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 chichi haha no shikiri ni koishi kiji no koe


Añoro a padre y madre
muy dentro, cuando escucho
el canto del faisán.

GATO SIN DUEÑO, Tan Taigi

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TAN TAIGI, Gato sin dueño, Satori, Gijón, 2017, 160 páginas.

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Tan Taigi, uno de los haijin más destacados de la literatura japonesa, se incorpora con este volumen a la magnífica colección "Maestros del Haiku" de la editorial Satori y su cuidada edición bilingüe: 70 poemas en traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo.
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 太


hakikeru ga tsui ni wa hakazu ochiba kana


Iba a barrerlas
y acabé no barriéndolas:
las hojas secas.

CUENTOS DE HADAS JAPONESES, Grace James

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GRACE JAMES, Cuentos de hadas japoneses, Satori, Gijón, 2017, 328 páginas.

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EN BUSCA DEL FUEGO

   El sabio poeta estaba leyendo a la luz de la candela. Era la noche del séptimo mes. La cigarra cantaba sobre la flor del granado, la rana croaba en el estanque. La luna y las estrellas habían salido, el aire estaba pesado, cargado de dulces fragancias. El poeta no era feliz, ya que las polillas se congregaban por docenas alrededor de la candela, y no solo las polillas, sino también escarabajos sanjuaneros y libélulas con sus alas iridiscentes. Todos los insectos sin excepción llegaban en busca del calor, y todos sin excepción se quemaban sus brillantes alas en la llama y así morían. Y el poeta estaba afligido.
   —Pequeños e inofensivos hijos de la noche —dijo el poeta—, ¿por qué continuáis volando en busca de la llama? Jamás lo lograréis, aunque os esforcéis y muráis. Necios, ¿acaso no habéis oído jamás la historia de la Reina de las Luciérnagas?
   Las polillas, los escarabajos sanjuaneros y las libélulas se agitaron alrededor de la candela y no le prestaron atención.
   —Conque no la habéis escuchado nunca —dijo el poeta—, aunque es bastante antigua. Prestad atención:
   «La Reina de las Luciérnagas era la más bella y más brillante de todos los pequeños seres que vuelan. Ella moraba en el corazón de un loto rosa. El loto crecía en un lago tranquilo, y se mecía de aquí para allá en el seno del lago mientras la Reina de las Luciérnagas dormía en su interior. Parecía el reflejo de una estrella en el agua.
   Debéis saber, oh, pequeños hijos de la noche, que la reina luciérnaga tenía muchos pretendientes. Innumerables polillas, escarabajos sanjuaneros y libélulas volaban hasta el loto del lago. Y sus corazones estaban repletos de apasionado amor.
   —Ten piedad, ten piedad —imploraban—, Reina de las Luciérnagas, Brillante Luz del Lago.
   Pero la Reina de las Luciérnagas se sentaba y sonreía y brillaba. Parecía que no era sensible al incienso del amor que la rodeaba.
   Al final les dijo a sus admiradores:
   —Oh, vosotros amantes, todos sin excepción, ¿qué hacéis aquí tan ociosos, abarrotando mi casa del loto? Demostrad vuestro amor si me amáis de verdad. Id y traedme fuego, y después yo os daré una respuesta.
   Entonces, oh, pequeños hijos de la noche hubo un rápido zumbar de alas, ya que las innumerables polillas y escarabajos sanjuaneros y libélulas partieron de manera inmediata en busca del fuego. Pero la Reina de las Luciérnagas se quedó riendo. Luego os contare la razón de su risa.
   Así que los amantes volaron aquí y allá en la tranquila noche, llevando con ellos su deseo. Descubrieron luz en celosías entreabiertas y penetraron en el interior de las habitaciones. En un cuarto había una muchacha que sacaba una carta de amor de su almohada y la leía entre lágrimas, a la luz de una candela. En otra habitación una mujer estaba sentada sujetando una luz cerca de un espejo, ante el que se miraba y se pintaba la cara. Una gran polilla blanca apagó la temblorosa llama de la candela con sus alas.
   —¡Ay, qué miedo! —gritó la mujer—. ¡Qué horrible oscuridad!
  En otro lugar yacía un hombre agonizando que dijo:
  —Tened piedad de mí, encendedme la lámpara, pues la negra noche está cayendo.
  —Ya la hemos encendido —le respondieron—, hace rato ya. La tienes a tu lado, y una legión de polillas y libélulas aletean a su alrededor.
   —No puedo ver nada en absoluto —murmuró el hombre.
   Pero todos aquellos que volaron en busca del fuego quemaron sus frágiles alas en la llama. Por la mañana yacían muertos por centenares y fueron barridos y olvidados.
   La Reina de las Luciérnagas permanecía segura en su flor de loto con su amado, que era tan brillante como ella, ya que era un gran señor de las luciérnagas. No tenía necesidad de emprender la búsqueda del fuego, pues llevaba una llama viva entre sus alas.
   Así fue que la Reina de las Luciérnagas embaucó a sus amantes, y de eso se reía cuando los envió a una vana aventura».
   —No seáis engañados —aconsejó el sabio poeta—, oh, pequeños hijos de la noche. La Reina de las Luciérnagas es indiferente a vosotros. Poned fin a la búsqueda del fuego.
   Sin embargo las polillas, los escarabajos sanjuaneros y las libélulas no prestaron atención a las palabras del sabio. Ellos seguían revoloteando alrededor de la candela, y se quemaron sus brillantes alas en la llama y así murieron.
   Rápidamente el poeta apagó la candela.
  —Tendré que sentarme en la oscuridad —dijo—, es la única manera.

VIDA DE UN IDIOTA Y OTRAS CONFESIONES, Akutagawa Ryūnosuke

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AKUTAGAWA RYŪNOSUKE, Vida de un idiota y otras confesiones, Satori, Gijón, 2011, 200 páginas.

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MUERTE

   Aprovechando la suerte de estar solo en el dormitorio, colgó el cinturón del enrejado de la ventana e intentó ahorcarse. Pero al tratar de introducir el cuello en el cinturón, lo asaltó el miedo a la muerte. No temía el dolor físico que se siente en el instante de morir. Sacó por segunda vez el reloj de bolsillo y decidió hacer la prueba de medir el suicidio por ahorcamiento. Entonces, después de una breve agonía, todo se volvió confuso. Si fuera capaz de superar al menos ese paso, sin duda alcanzaría la muerte. Consultó las agujas del reloj. El sufrimiento había durado más de un minuto y veinte segundos. Las tinieblas reinaban más allá de la ventana enrejada. Pero, de repente, la oscuridad fue quebrada por el canto fogoso de un gallo.

VIOLETA AGRESTE, Chiyo

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CHIYO, Violeta agreste, Satori, Gijón, 2016, 160 páginas.

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Con este volumen, Chiyo se convierte en la primera haijin que Satori incorpora a su magnífica colección "Maestros del Haiku" y su cuidada edición bilingüe, con la traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo.
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ne wo tsukete onago no yoku ya sumire soo



Pasión de una mujer:
de profundas raíces,
violeta agreste.

EN UN SUEÑO PINTADO, Yosa Buson

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YOSA BUSON, En un sueño pintado, Satori, Gijón, 2016.


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asagiri ya e ni kaku yume no hitodoori



Neblina al alba:
gente que pasa, como
en un sueño pintado.

RUEGO A LA MARIPOSA, Masaoka Shiki

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MASAOKA SHIKI, Ruego a la mariposa, Satori, Gijón, 2013, 160 páginas. Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo.
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夏嵐
机上の白紙
飛び尽す



natsu arashi
kijoo no hakushi
tobichirasu




Tormenta de verano.
Papeles de mi mesa
salen volando.

MI NUEVA PRIMAVERA, Kobayashi Issa

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KOBAYASHI ISSA, Mi nueva primavera, Satori, Gijón, 2015, 160 páginas. Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo.

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月花や
四十九年の
むだ歩き



tsuki hana ya 
shijuuku-nen no 
muda aruki




Flores y luna;
cuarenta y nueve años
de andar sin rumbo.

EN LA CENIZA ESCRIBO, Akutagawa Ryūnosuke

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AKUTAGAWA RYŪNOSUKE, En la ceniza escribo, Satori, Gijón, 2015, 160 páginas.

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Fernando Rodríguez-Izquierdo es el responsable de la traducción y comentario de cada uno de estos setenta poemas que se presentan, al igual que en todos los libros de esta colección, en una cuidada edición bilingüe.
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明け方や
蔦の葉滑る
露の音



akegata ya
tsuta no ha suberu
tsuyu no oto




Va amaneciendo;
se oye cómo resbala
por la hiedra el rocío.

TINTES DEL CIELO, Natsume Sōseki

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NATSUME SOSEKI, Tintes del cielo, Satori, Gijón, 2013, 160 páginas.

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Fernando Rodríguez-Izquierdo traduce y comenta 70 haikus inéditos de Natsume Sōseki.
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影法師
月に並んで
静かななり



kage booshi
tsuki ni narande
shizuka nari




Alineándome
con la pálida luna:
mera silueta.

SUEÑO DE LA LIBÉLULA, Natsume Soseki

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NATSUME SOSEKI, Sueño de la libélula, Satori, Gijón, 2013, 160 páginas.

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En la Introducción (pp. 7-12)  Fernando Rodríguez-Izquierdo, responsable también de la selección y la traducción, recuerda el lema del autor: "sokuten kyoshi identificarse con los caminos del cielo, renunciando al propio yo".
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吹き上げて
塔より上の
落葉かな



fuki-agete
too yori ue no
ochiba kana





Cayeron hojas,
y el viento las encumbra
sobre las torres.

MISCELÁNEAS PRIMAVERALES, Natsume Sōseki

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NATSUME SŌSEKI, Misceláneas primaverales, Satori, Gijón, 2013, 162 páginas.

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25 relatos y 10 narraciones de sueños componen esta atractiva muestra de la riqueza y profundidad del mundo interior de Soseki, expresado a través de un lenguaje que hunde sus raíces en una tierra de fertilidad onírica y simbólica.

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EL INCENDIO

   Sin aliento, me detuve y miré hacia arriba. Las chispas del incendio revoloteaban sobre mi cabeza. Desde un cielo limpio y helado, llegaban centenares de pequeñas virutas de fuego que, de repente, se desvanecían. Pero al instante eran sustituídas por otras chispas aún más rojas y vivas que las anteriores. Por todo el cielo, diminutos puntos rojos volaban, revoloteaban y se perseguían para de pronto desaparecer. Busqué de dónde provenía el fuego y pude ver como un chorro de luz se dispersaba por el cielo, alumbrando toda esa parte. A unos cuantos metros se hallaba un templo bastante grande con una escalera de piedra. A la mitad de la escalera se erguía un abeto de tronco grueso que, serenamente, extendía sus ramas hacia la noche. Se veía mucho más alto que el muro de adobe. El fuego surgía de atrás; por tanto, el tronco negro y las ramas inmóviles del abeto parecían ennegrecerse aún más, mientras que el resto era de un rojo intenso. Pensé que seguramente el foco del incendio estaría por arriba del muro de adobe. Si avanzaba unos cien metros y luego, doblando a la izquierda, subía la pendiente, podría llegar al lugar del incendio.
   Volví a caminar, ahora con más prisa. Pero mucha gente hacía lo mismo; me alcanzaban y gritaban algo al sobrepasarme. La calle oscura se había animado de pronto. Al llegar al pie de la pendiente, me di cuenta de que era muy empinada y además ahora estaba invadida de curiosos. Las llamas se elevaban con fuerza en la cima de la rampa. Si me metía en la corriente, sin duda alguna me arrastraría hacia arriba, y seguramente, antes de que pudiera dar marcha atrás, quedaría achicharrado por las brasas.
   Unos cincuenta metros más allá había otra cuesta más grande que también doblaba a la izquierda. Pensé que sería mucho más fácil y seguro subir por ella. Me dirigí hacia allá esquivando a la gente que iba en esa dirección. Cuando, al fin, pude llegar a la esquina, escuché las frenéticas campanadas del carro de bomberos de tracción animal que había irrumpido por el otro lado. Amenazando con atropellar a quien no se apartara de su camino, el coche avanzó a toda carrera entre la muchedumbre. En un momento dado, el sonido de los cascos sonó fuertemente, y el pescuezo del caballo dobló hacia la cuesta. El caballo echaba espuma por la boca; inclinó hacia adelante las puntiagudas orejas, y emparejando las patas delanteras dio un tirón y arrancó cuesta arriba. Su cuerpo pasó rozando el farol que sostenía un hombre con una túnica corta. El pelaje del caballo brilló como si fuera de terciopelo. Las gruesas ruedas de color bermellón pasaron casi pisándome la punta de los pies. El carro siguió su camino cuesta arriba a toda velocidad.
   Al llegar a la mitad de la cuesta, vi que las llamas ahora se inclinaban hacia atrás, en diagonal. Cuando llegara a la cima tendría que avanzar hacia la izquierda. Busqué un callejón por ese lado y encontré una calle estrecha. La gente me empujó hacia dentro y me di cuenta de que en esa calle ya no cabía ni una persona más. Todos gritaban a voz en cuello. Sin duda alguna el incendio estaba para ese lado.
   Al cabo de unos diez minutos, pude salir del callejón a una calle relativamente más ancha, que tambien estaba abarrotada de gente. Al salir del callejón, me encontré con el carro de bomberos que momentos antes se había lanzado cuesta arriba. Estaba allí inmóvil delante de mis ojos. El caballo lo había traído hasta aquí, pero la esquina de enfrente le cerraba el paso. No podía acercarse más, y no le quedaba más remedio que quedarse allí mirando las llamas que ardían frente a sus narices.
   La gente que llegaba preguntaba a gritos: «¿Dónde es? ¿Dónde es?». Los otros le respondían: «¡Allá, para allá!». Pero ni los unos ni los otros podían llegar al lugar del incendio. Las llamas habían crecido aún más y ahora parecían querer lamer el cielo entero.
   Al día siguiente, a mediodía, salí a dar una vuelta y, de pasada, por curiosidad, quise ver como había quedado el barrio después del incendio. Subí la cuesta, entré por la angosta calle y desemboqué en la esquina donde había quedado el coche de bomberos la noche anterior. Doblé la esquina y caminé un buen trecho mirando los alrededores. Para mi sorpresa, las casas de aquella zona parecían estar pasando el invierno muy tranquilas y silenciosas. No había ningún espacio hecho cenizas. Donde parecia que las llamas deberían haber causado estragos, solo se veía una hilera de hermosos cedros. Y del otro lado del seto se escuchaba el sonido tenue de un arpa japonesa.

POR SENDAS DE MONTAÑA, Matsuo Bashō

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MATSUO BASHŌ, Por sendas de montaña, Satori, Gijón, 2013, 160 páginas.


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Tanto la traducción como la selección de textos, notas y prólogo se deben al excelente trabajo de Fernando Rodríguez-Izquierdo, quien destaca, en sus palabras de la Introducción, la figura de Matsuo Bashō como pieza capital en la historia del haiku: gracias a este poeta "dejó de ser un entretenimiento literario divertido e intrascendente (...) para convertirse en un canto —sensible y espiritual a la vez— dirigido a la vida".

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郭公
声横たふや
水の上


hototogisu
koe yokotau ya
mizu no ue





Cantaba el cuco;
su voz aún recostándose
a ras del agua.